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	<title>Entrevistas archivos - Museo de Prensa</title>
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	<description>Facultad de Comunicación y Letras - Universidad Diego Portales</description>
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		<title>Alfredo Sepúlveda y la fascinante evolución del periodismo chileno</title>
		<link>https://museodeprensa.udp.cl/alfredo-sepulveda-y-la-fascinante-evolucion-del-periodismo-chileno/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Morales]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jan 2025 14:23:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Alfredo Sepúlveda, historiador y académico, revela las motivaciones que tuvo para escribir un libro que analiza profundamente la historia del periodismo chileno y describe hitos, personajes y transformaciones que marcaron el desarrollo de esta profesión en el país. —¿Cómo nació la idea de escribir el libro Historia del Periodismo en Chile? ¬–Yo realizaba la asignatura [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Alfredo Sepúlveda, historiador y académico, revela las motivaciones que tuvo para escribir un libro que analiza profundamente la historia del periodismo chileno y describe hitos, personajes y transformaciones que marcaron el desarrollo de esta profesión en el país.</p>
<p><strong>—¿Cómo nació la idea de escribir el libro Historia del Periodismo en Chile?</strong><br />
¬–Yo realizaba la asignatura hace varios años aquí y en otras universidades. Eso me llevó a tener una cantidad apreciable de información, que estaba en apuntes sueltos. No fue nada muy épico; estaba buscando un nuevo proyecto de difusión de historia y, en 2020, decidí ordenar este material y estructurarlo en capítulos.</p>
<p>La pandemia de 2020 fue un catalizador inesperado para ordenar ese conocimiento acumulado. Aprovechó el tiempo para estructurar sus apuntes y establecer capítulos que seguían el mismo esquema que utilizaba en sus clases. Lo que comenzó como un ejercicio académico, pronto se transformó en un proyecto ambicioso. “Al adentrarme en esto, me di cuenta de que el libro daba para mucho más”, confiesa.</p>
<p>El autor reconoce que el desafío principal fue dar coherencia narrativa a un tema tan amplio y lleno de matices. Escribir sobre el periodismo, una disciplina que él mismo define como “fundamental para entender la historia de Chile”, implicó un esfuerzo constante por equilibrar la profundidad histórica con la accesibilidad para el lector promedio. Sepúlveda tuvo que decidir qué temas incluir y cuáles dejar fuera, siempre consciente de las limitaciones de espacio y del interés del público.</p>
<p>Además, la obra se distingue por su enfoque crítico. Más que exponer datos, busca provocar preguntas: ¿Cómo influyó la prensa en la construcción de la identidad nacional? ¿De qué manera se enfrentaron los periodistas a la censura y la persecución política? ¿Qué significa ejercer esta profesión en el Chile actual? Estas reflexiones enriquecen un relato que, más allá de la cronología, es una invitación a cuestionar la relación entre los medios y la sociedad.</p>
<p>Por último, Sepúlveda destaca que escribir sobre periodismo también fue un ejercicio de autocrítica, pues considera que esta disciplina sigue siendo esencial para salvaguardar la democracia. Su libro, lejos de ser un homenaje nostálgico, es una herramienta para entender los errores y aciertos del pasado, con la intención de inspirar cambios en el presente.</p>
<h2>Más que hitos, etapas.</h2>
<p>Sepúlveda afirma que el periodismo chileno destaca más que por sus hitos, por “etapas”, porque considera que los cambios en esta profesión son el resultado de procesos históricos de largo aliento.</p>
<p>“Desde la llegada de la imprenta, la prensa chilena fue utilizada por la clase política como herramienta de propaganda. En los primeros años de la independencia, era una prensa propagandística, lo que no significa que no fuera periodismo&#8221;, explica. Durante este periodo, los periódicos cumplían un rol central en la difusión de ideas políticas, sirviendo a las élites que buscaban legitimar sus proyectos.</p>
<p>La segunda mitad del siglo XIX marcó un punto de inflexión con la llegada de los grandes periódicos nacionales como El Mercurio de Valparaíso y El Ferrocarril. Estos medios comenzaron a trascender las divisiones políticas y se establecieron como referentes informativos para una sociedad que se modernizaba rápidamente. “Fue en esta etapa cuando apareció el concepto de objetividad en el periodismo, aunque de forma incipiente”, afirma.</p>
<p><strong>—¿Cuándo surgen los periodistas como los conocemos hoy?</strong><br />
–Durante la segunda mitad del siglo XIX. Con la modernización y masificación de la imprenta aparecieron los primeros periodistas, a quienes se les llamó <em>reporters</em>. Por primera vez, los periodistas salían de las oficinas de los medios a buscar información, preguntar y reportear. Esto transformó la manera de hacer periodismo, dándole un carácter más investigativo.</p>
<p>El siglo XX trajo consigo una mayor diversidad de medios, impulsada por los partidos políticos. Cada sector democrático contaba con su propio periódico o emisora de radio, lo que contribuyó a una pluralidad inédita.</p>
<p>“Uno puede identificar una prensa de partidos políticos, en la cual los partidos son los dueños de los periódicos y de las radios”, relata el autor. “Es una etapa de mucha profusión de medios de comunicación, de gran pluralidad, en la cual todos los sectores políticos que participan de la democracia chilena están representados por un medio de comunicación. Pese a esto, van a haber serias limitaciones de la libertad de expresión, esto dado a que los periodistas empiezan a ser amenazas para la seguridad del estado o que abusan de la publicidad en términos morales. No hay periodista famoso en el XX, hasta más o menos el 1960, que no se haya ido a la cárcel durante algún tiempo”.</p>
<p>Al hablar de innovación en el periodismo nacional, Sepúlveda destaca a figuras como José Manuel Infante, Lenka Franulic, Juan Rafael Allende y Luís Hernández Parker. Este último, galardonado con el primer Premio Nacional de Periodismo en 1954, simboliza el esfuerzo y la excelencia de los reporteros en el país.</p>
<p>En cuanto a los medios, menciona a El Valdiviano Federal como un ejemplo de originalidad y compromiso en su época.</p>
<p>Este período culmina con la polarización de los años 70, que tiene un quiebre dramático con la dictadura militar, a partir de 1973. “La prensa de izquierda desaparece, es aniquilada y se reconstituye en los años 80 con la prensa opositora”, relata el autor.<br />
Sepúlveda aborda también la conducta del principal diario de Chile en esa etapa, El Mercurio.</p>
<p>-He estado reflexionando mucho sobre por qué &#8220;El Mercurio&#8221; no hizo más durante la dictadura. Primero que nada, yo creo que no quería, fue más una cuestión de voluntad. Y segundo es que, si hubieran decidido hacer algo, lo hubieran cerrado, así de simple. Es una mezcla de voluntad e imposibilidad en la prensa existente durante los años 70 de la dictadura. Luego más cerca del final del gobierno militar, se relajan un poco más a la hora de censurar-, afirma</p>
<h2>Democracia y modernidad, nuevos desafíos</h2>
<p>En la transición a la democracia, los medios jugaron un rol crucial en la construcción de consensos. Sin embargo, el autor subraya que también hubo problemas de autocensura. “En los años 90, los periodistas evitaban investigar demasiado sobre temas sensibles, como los crímenes de la dictadura, por miedo a desestabilizar el frágil sistema democrático”, comenta.</p>
<p>Esta relación continúa siendo tensa en la actualidad, especialmente con el surgimiento de líderes políticos que cuestionan abiertamente la labor de los medios. Para Sepúlveda, el reto está en mantener la independencia y la ética profesional en un contexto donde las presiones externas e internas son cada vez mayores.</p>
<p>Con el auge de las redes sociales, el periodismo ha experimentado una transformación radical. Alfredo Sepúlveda observa que estas plataformas han democratizado la información, permitiendo que cualquiera pueda publicar contenido. Sin embargo, esto plantea interrogantes fundamentales sobre la calidad y la veracidad de lo que consumimos.</p>
<p>“Las redes sociales han dado la posibilidad a los periodistas para que trabajen solos, sin el paraguas del medio de comunicación. Pero esto también implica desafíos”. Para Sepúlveda, la formación profesional sigue siendo crucial, especialmente en un entorno donde la inmediatez parece ser más importante que la precisión.</p>
<p><strong>—¿Cuáles son los principales retos del periodismo actual?</strong><br />
–Yo me pregunto en qué se va a traducir esto: ¿Qué código ético tendrán los periodistas? ¿Dónde aprenderán el periodismo práctico? ¿Se verificará la información? Los valores del periodismo tradicional deben adaptarse al contexto moderno.</p>
<p>En este nuevo escenario, los valores del periodismo tradicional, como la investigación rigurosa y la objetividad, deben adaptarse a las dinámicas digitales. Sin embargo, el autor advierte que este proceso no será fácil y que está en juego la credibilidad de la profesión.</p>
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		<title>Carlos Basso: “El crimen organizado amenaza las democracias, y el periodismo tiene un rol en enfrentarlo”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Morales]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jan 2025 14:07:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Basso Prieto es periodista, director de la Unidad de Investigación de El Mostrador y profesor de Periodismo de Investigación en la Universidad de Concepción. Además, es doctor en Literatura Latinoamericana y autor de libros como La CIA en Chile (2013), América nazi (2014), Chile top secret (2017) y La conexión chilena (2018). También ha [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos Basso Prieto es periodista, director de la Unidad de Investigación de El Mostrador y profesor de Periodismo de Investigación en la Universidad de Concepción. Además, es doctor en Literatura Latinoamericana y autor de libros como <em>La CIA en Chile</em> (2013), <em>América nazi</em> (2014), <em>Chile top secret</em> (2017) y <em>La conexión chilena</em> (2018). También ha incursionado en la novela con obras como <em>Código América</em> (2014) y <em>Código Chile</em> (2015).</p>
<p>Su trayectoria ha sido reconocida con importantes galardones, como el concurso de creación literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en dos ocasiones, y en 2015 fue seleccionado en el concurso de crónicas de la revista Libros de El Mercurio.</p>
<p>El fenómeno del crimen organizado, aunque creciente en Chile, sigue siendo un tema poco comprendido por la ciudadanía. En esta conversación, Basso profundiza en sus características, sus riesgos y el papel del periodismo en su cobertura.</p>
<p><strong>–¿Qué es el crimen organizado?</strong><br />
–Hay muchas definiciones académicas que, a mi juicio, ya no son suficientes para describir lo que estamos viendo hoy. Desde el punto de vista jurídico, el crimen organizado se entiende como la asociación de dos o más personas con el objetivo de cometer delitos de forma sostenida en el tiempo, con jerarquía y recursos físicos a su disposición.</p>
<p>Basso sostiene que esta definición era útil para entender cómo operaban los narcotraficantes en zonas específicas del país, pero que el crimen organizado actual tiene características mucho más complejas.</p>
<p>“Este tipo de crimen, además de ser mucho más violento, es transnacional. Las bandas que operan en Chile tienen conexiones internacionales y ya no se limitan a grandes ciudades; están presentes en comunas pequeñas donde antes no ocurría nada”, dice. “Además, estas organizaciones manejan estructuras sofisticadas de lavado de dinero, involucrando a abogados, contadores y otros profesionales. Esto hace que las definiciones clásicas queden obsoletas”.</p>
<h2><strong>La cobertura del crimen organizado</strong></h2>
<p>El periodismo tiene un papel crucial en la lucha contra el crimen organizado, afirma el profesional, ya que la información permite a la ciudadanía entender el fenómeno y enfrentarlo. Según Basso, el periodismo de investigación en este ámbito es fundamental para alertar sobre los riesgos que enfrentan las democracias.</p>
<p><strong>–¿Por qué el periodismo debe cubrir el crimen organizado?</strong><br />
–Basta con mirar la experiencia de países vecinos. México, Colombia y Ecuador son ejemplos claros de cómo el crimen organizado puede desestabilizar un Estado. Ecuador, hace 15 años, tenía tasas de criminalidad más bajas que Chile, pero hoy es un país militarizado, bajo el control de bandas con capital europeo y centroamericano. El periodismo debe narrar lo que está ocurriendo y, especialmente, aquello que representa una amenaza para nuestro sistema democrático. Desde ese punto de vista, el crimen organizado no solo es un problema de seguridad, sino una amenaza real hacia las democracias.</p>
<p><strong>–¿Qué desafíos enfrenta el periodismo al cubrir este fenómeno?</strong><br />
–El periodismo siempre ha estado expuesto al peligro. Quienes ejercemos esta profesión debemos asumir ese riesgo. Sin embargo, el desafío más grande es que los medios, grandes o pequeños, decidan cubrir el tema con profundidad. Si bien hay una buena cobertura de eventos cotidianos en los noticieros, la investigación de fondo sobre el crimen organizado sigue siendo insuficiente. Es necesario que los medios asuman un compromiso para abordar este tema con mayor exhaustividad.</p>
<h2><strong>El peligro para el periodista</strong></h2>
<p>El ejercicio del periodismo de investigación siempre ha conllevado riesgos, pero el auge del crimen organizado en Chile podría aumentar la exposición de los profesionales.</p>
<p><strong>–¿Qué dificultades enfrentan los medios pequeños al investigar el crimen organizado?</strong><br />
–Trabajo en un medio que podría considerarse pequeño, y hemos decidido abordar este tema. Hasta ahora, no hemos enfrentado mayores dificultades, pero sabemos que esto puede cambiar. En países como México, Colombia y Ecuador, las amenazas y agresiones hacia periodistas son comunes. Chile aún no ha llegado a ese punto, pero debemos estar preparados para implementar medidas de protección si la situación escala.</p>
<p><strong>–¿Qué críticas haría a la cobertura periodística en este ámbito?</strong><br />
–Creo que el periodismo en Chile es vigoroso y que contamos con buenos medios de investigación. Sin embargo, echo de menos más trabajo investigativo en temas como este. Además, existe una tarea pendiente a nivel legislativo: el Estatuto de Protección de Periodistas aún no se aprueba en el Parlamento. Este proyecto de ley es clave para garantizar la seguridad de los profesionales y ha sido elaborado con aportes significativos de colegas.</p>
<p>Carlos Basso fue invitado a dar una charla a los estudiantes de la Universidad Diego Portales, invitado por la Cátedra Unesco en Comunicación y Participación Ciudadana y por la Sociedad del Derecho de las Letras, SADEL. En esa conferencia, abordó esta temática en profundidad.</p>
<p><iframe title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/KqkRphZItRc?si=pLlb5GeJzOsp_njN" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Foto principal: De <a class="new" title="User:Roferbia (page does not exist)" href="//commons.wikimedia.org/w/index.php?title=User:Roferbia&amp;action=edit&amp;redlink=1">Rodrigo Fernández</a> &#8211; <span class="int-own-work" lang="es">Trabajo propio</span>, <a title="Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0" href="https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0">CC BY-SA 4.0</a>, <a href="https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=64803397">Enlace</a></p>
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		<title>Juan Cristóbal Peña: “Hay un afán distorsionador, negacionista y relativista de lo que fue la dictadura”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Morales]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jun 2024 16:11:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Juan Cristóbal Peña es autor de los libros La vida en llamas (2003), Los fusileros (2007), La secreta vida literaria de Augusto Pinochet (2013) y Jóvenes pistoleros (2019). Sus crónicas, reportajes y perfiles han aparecido en medios de Chile y Latinoamérica, en libros como Lo mejor del periodismo en América Latina (2010), Volver a los [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Juan Cristóbal Peña es autor de los libros La vida en llamas (2003), Los fusileros (2007), La secreta vida literaria de Augusto Pinochet (2013) y Jóvenes pistoleros (2019). Sus crónicas, reportajes y perfiles han aparecido en medios de Chile y Latinoamérica, en libros como Lo mejor del periodismo en América Latina (2010), Volver a los 17 (2013), Antología de la crónica latinoamericana (2012), Los archivos del cardenal (2014) y Los malos (2015). Además, ha sido editor de los libros; Apuntes de una época feroz (2015) y Joyitas: Los protagonistas de los mayores casos de corrupción en Chile (2021). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">También ha ganado distintos reconocimientos por su labor periodística, como el premio al Nuevo Periodismo Iberoamericano de la Fundación Gabriel García Márquez, Lorenzo Natali de la Unión Europea y el Premio Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado. El periodista cuenta sobre su dedicación por abordar y desentrañar nuevas luces de la dictadura y sus protagonistas.</span></p>
<p><em><b>Has dedicado mucho tiempo a investigar y escribir sobre la dictadura y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. ¿Qué es lo que te motivó a centrarte en ese tema?</b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Yo creo que primero tiene que ver con una cosa generacional. Yo crecí en dictadura y luego me formé profesionalmente en democracia, en los años noventa. Y en ese sentido, me parecía motivante poder hablar e investigar de esos temas ya no desde la urgencia de los años setenta y ochenta, años en los que se reclamaba sobre los abusos y los crímenes que estaban ocurriendo en esos años. A mi me interesaba analizarlo desde una mirada más reflexiva, que tuviera perspectiva en el tiempo y que pudiera abordar algunos ángulos que no necesariamente se habían visto hasta entonces. Y en ese marco es que me interesó lo que tenía que ver con lo que fue la lucha armada durante la dictadura, con las trayectorias biográficas de los protagonistas de esos hechos, y también con algunas trayectorias biográficas de los perpetradores de la represión.</span></p>
<p><em><b>Su trabajo ha dado luz sobre muchos aspectos de la dictadura.</b> <b>¿Podría compartir cuál es el desafío más grande al investigar y escribir sobre estos temas sensibles?</b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Primero, es tener algo nuevo que decir, que es el principio fundamental del periodismo. Me parece que en la actualidad lo que prima no es la denuncia. sino sobre todo una mirada crítica y distante de esos hechos. El paso del tiempo opera favorablemente para destrabar secretos, para abrir testimonios, para abrir pruebas de la verdad, para conocer documentos que no estaban visibles a la luz pública. Y es lo que he hecho a través de proyectos individuales o proyectos colectivos como el que realizamos ahora último sobre el papel que tuvo la policía política en los años ochenta, particularmente la Central Nacional de Informaciones (CNI), no como un organismo solamente represivo, sino que como un organismo político, propagandístico y partidariamente deliberante.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><b>Nuevas luces de la dictadura </b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">El trabajo de Juan Cristóbal Peña ha develado nueva información con respecto a la dictadura. Su investigación más reciente la realizó con la Revista Anfibia en colaboración con la Universidad Alberto Hurtado y el Museo de la Memoria y se llama “El Primer Civil de la Dictadura. Los Archivos Secretos de Álvaro Puga”, es un proyecto multimedia para el que se consultaron 166 archivos inéditos del régimen militar. Entre sus revelaciones está la dependencia económica que tuvo la dictadura de los grandes medios de comunicación, como </span><i><span style="font-weight: 400;">La Tercera</span></i><span style="font-weight: 400;"> y </span><i><span style="font-weight: 400;">El Mercurio.</span></i><span style="font-weight: 400;"> </span></p>
<p><em><b>Puede contar un poco más sobre el trabajo que hizo en conjunto con la revista Anfibia, donde denuncian el nexo entre los medios de comunicación y la CNI </b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Son archivos que no solamente contienen una revelación en sí mismos, sino que es también una revisión de esos archivos a través de una contextualización y una verificación. De lo que dan cuenta  es de la complicidad de la prensa como vocera de la dictadura, como un órgano de difusión, y también de la dependencia económica que tuvieron esos medios por préstamos millonarios del Estado para ser salvados de la quiebra en la crisis económica de la primera mitad de los ochenta. </span></p>
<p><em><b>Hablando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez ¿Cómo evalúa el impacto de la resistencia armada durante la dictadura?</b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-A mí me interesó este tema en parte porque me parecía que hasta entonces no estaba abordado desde el ángulo que me interesaba. Primero, desde las trayectorias políticas y vivenciales de los protagonistas de algunas de las acciones más conocidas y también del modo en que había sido visto históricamente desde los medios más conservadores, medios hegemónicos, que motejaban esas acciones como terroristas. No hablaban de terrorismo cuando calificaban las acciones de agentes del Estado. En mi opinión personal, un caso es de resistencia armada y el otro es de terrorismo armado. El FPMR es una respuesta al terrorismo de Estado, instalado desde las primeras horas del golpe de Estado. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Me interesó mirar esta organización desde un lugar desprejuiciado, con distancia periodística, pero con un punto de vista que no era condenatorio de por sí a estos grupos armados. Sí con una mirada crítica de lo que fue la puesta en marcha de lo que se propuso la organización armada. El FPMR pretendía desafiar a la dictadura mediante las armas y apoyar de esa forma las acciones de protestas populares que ocurrieron desde el comienzo de los ochenta. </span></p>
<p><em><b>¿Cuál fue el papel de Guillermo Teillier, difunto expresidente del Partido Comunista, en el contexto de la resistencia a la dictadura, y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez? </b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Guillermo Teillier era ni más ni menos que el responsable político de la lucha armada contra la dictadura. Era la contraparte en el Partido Comunista del grupo armado que se creó. Por tanto, tenía plena responsabilidad. Guillermo Teillier fue como cientos o miles de militantes de izquierda detenido de manera ilegal, y fue sometido a tormentos horrorosos durante seis meses en los subterráneos de la Academia de Guerra. Y luego permaneció otro año y medio detenido en diferentes centros. Cuando él salió en libertad había tres direcciones del Partido Comunista y cientos de militantes que habían sido detenidos, asesinados y hechos desaparecer. En los ochenta como jefe militar del Frente, fue el encargado de la experiencia armada del Partido Comunista. Lo que hubo fue una respuesta proporcional y una defensa, una respuesta de dignidad ante un exterminio sistemático. Cuesta entender esa experiencia armada sin los antecedentes que llevaron a su puesta en marcha. No se puede evaluar lo que fue la existencia de este grupo guerrillero en los años ochenta sin considerar las circunstancias en que surge. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><b>La necesidad de recordar </b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Para el periodista, la importancia de recordar la dictadura es latente, en un contexto que él caracteriza como negacionista </span></p>
<p><em><b>¿Cómo ve la evolución de la percepción pública sobre el tema de la dictadura y las violaciones a los derechos humanos?</b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Lo veo preocupante, pero también hay esperanza. Preocupante porque parece necesario volver a discutir, desde cero, cosas tan elementales como las circunstancias en que ocurrieron las violaciones de los derechos humanos, es decir, con la disparidad de fuerzas que hubo desde un comienzo, donde un Estado persiguió sistemáticamente a los opositores de izquierda con el propósito de exterminarlos. Tal como dice Manuel Guerrero en su último libro, lo que hubo en Chile fue una persecución sistemática con algunos asomos de resistencia tardía. Y en los ochenta (FPMR) hubo un desafío aislado como respuesta armada a las agresiones de la dictadura. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Es preocupante que los sectores que han apoyado siempre a la dictadura encuentren hoy un escenario propicio para decir lo que siempre han pensado. Los consensos sociales básicos que deberían primar en cualquier sociedad no existen actualemnte. Y, en segundo término, estoy con esperanza porque también creo que es una oportunidad para volver a discutir algo que, si no estaba claro, es necesario volver a revisarlo. Han surgido nuevos proyectos periodísticos, proyectos académicos, voces colectivas, voces aisladas, que ponen cuotas de humanidad. Ya ni siquiera de sensatez y justicia, sino de humanidad sobre aspectos esenciales del respeto a los derechos humanos y de los consensos democráticos básicos que deberían guiar a una sociedad</span></p>
<p><em><b>¿Cuál cree que es la importancia de recordar y analizar la dictadura en la actualidad?</b></em></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-La importancia tiene que ver con el afán distorsionador, negacionista y relativista de lo que fue la dictadura, con todos sus horrores, que no solo se enmarcan en lo que fueron los crímenes, que es la parte más notoria, sino que una destrucción, un afán fundacional no democrático de una nación.</span></p>
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		<title>Marcia Scantlebury, directora del Museo de la Memoria: “No me gusta ponerme de víctima, porque fui una resistente”</title>
		<link>https://museodeprensa.udp.cl/marcia-scantlebury-directora-del-museo-de-la-memoria-no-me-gusta-ponerme-de-victima-porque-fui-una-resistente/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Sep 2023 18:04:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Villa Grimaldi fue el centro de detención y tortura donde, en 1975, Marcia Scantlebury estuvo por 23 días enfrentando largos interrogatorios, durante los cuales también se le aplicaba electricidad. Tres Álamos, Cuatro Álamos y Pirque, fueron otros centros de detención por los que pasó la exmirista, hasta que partió al exilio en 1976. Tras su [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://museodeprensa.udp.cl/marcia-scantlebury-directora-del-museo-de-la-memoria-no-me-gusta-ponerme-de-victima-porque-fui-una-resistente/">Marcia Scantlebury, directora del Museo de la Memoria: “No me gusta ponerme de víctima, porque fui una resistente”</a> appeared first on <a href="https://museodeprensa.udp.cl">Museo de Prensa</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Villa Grimaldi fue el centro de detención y tortura donde, en 1975, Marcia Scantlebury estuvo por 23 días enfrentando largos interrogatorios, durante los cuales también se le aplicaba electricidad. Tres Álamos, Cuatro Álamos y Pirque, fueron otros centros de detención por los que pasó la exmirista, hasta que partió al exilio en 1976.</p>
<p>Tras su regreso a Chile, en 1987, trabajó como reportera de política y cultura en revista <em>Análisis</em>. También escribió para revistas <em>Caras</em> y <em>Sábado, </em>de El Mercurio.</p>
<p>También fue jefa de prensa de Ricardo Lagos y de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, durante su primera campaña presidencial. Y en la administración Frei fue la encargada de la División de Cultura del Ministerio de Educación.</p>
<p>Además, fue editora del Departamento de Prensa de TVN y, entre 2007 y 2016, ocupó un puesto en el directorio del mismo canal.</p>
<p>Desde su oficina den el Museo de la Memoria, del cual fue una de las impulsoras y hoy es presidenta del directorio, relata su paso por el periodismo, la Unidad Popular, la dictadura, el exilio y su lucha por los derechos humanos.</p>
<p><strong>-¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo?</strong></p>
<p>-Cuando estaba en tercer año de periodismo, fui a ofrecerme a <em>Ecran</em>, una revista súper antigua que hablaba mucho de cine y cultura, que era lo que a mi me gustaba. Empecé reporteando a las <em>fans </em>del Pollo Fuentes, unas que andaban con plumeros. Después me pusieron a reportear la noche, el Bim Bam Bum, por decirte, también casos policiales y cultura. Luego de todo eso, pasé a revista <em>Ercilla</em> donde hice mi carrera.</p>
<p><strong>-¿Cómo fue trabajar durante la Unidad Popular?</strong></p>
<p>-Yo había participado un poco en la creación de la revista <em>Paloma,</em> que fue un fenómeno editorial. Eso ocurrió en un periodo muy difícil para la Unidad Popular, donde estaba todo en contra. Pero en el caso de <em>Paloma,</em> llegó a imprimir más de 100 mil ejemplares. Después, me llamó Danilo Bartulin, que era asesor de Allende, para decirme que me quería presentar a Álvaro Covacevich, director de Emelco, que hacía los programas de cultura política del Partido Socialista y del Partido Comunista. Ellos querían que reforzáramos los contenidos, pero que no utilizáramos un lenguaje agresivo, porque eso perjudicaba a la UP. Ahí recuperamos una cinta que se llamaba <em>El Diálogo de América</em>, que era entre Fidel Castro y Allende, e hicimos una película que se llamó <em>Chile, El Gran Desafío</em>, sobre el viaje de Allende. Se estrenó días antes del golpe.</p>
<figure id="attachment_1981" aria-describedby="caption-attachment-1981" style="width: 1771px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-1981 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/09/MARCIA-SCANTLEBURY.DOS_.jpg" alt="Santiago, 30 noviembre 2022.&lt;br /&gt;Entrevista a Marcia Scantlebury en el museo de la memoria.&lt;br /&gt; Jonnathan Oyarzun/Aton Chile" width="1771" height="1181" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/09/MARCIA-SCANTLEBURY.DOS_.jpg 1771w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/09/MARCIA-SCANTLEBURY.DOS_-300x200.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/09/MARCIA-SCANTLEBURY.DOS_-1024x683.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/09/MARCIA-SCANTLEBURY.DOS_-768x512.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/09/MARCIA-SCANTLEBURY.DOS_-1536x1024.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1771px) 100vw, 1771px" /><figcaption id="caption-attachment-1981" class="wp-caption-text">Gentileza El Mercurio</figcaption></figure>
<p><strong>El golpe y el MIR </strong></p>
<p><strong>-¿Cómo se sentían los días previos al golpe?</strong></p>
<p>-Eran tensos y nosotros, que trabajábamos en prensa, sentíamos también la radicalidad. Todo se había radicalizado. La gente ya había perdido la paciencia y se usaba un lenguaje muy confrontacional.</p>
<p><strong>-¿Qué se encontraba haciendo el día del golpe? ¿Cómo se enteró?</strong></p>
<p>-Yo estaba en la casa de la periodista María Olivia Monckeberg, amiga mía desde la infancia, en una comida despidiendo a Óscar González, director de la revista <em>Debate Universitario</em>. Y me enteré porque mi pareja era del Partido Comunista. Era Enrique Paris, que sigue desaparecido hasta hoy. Él llamó para decir que había golpe. También nos avisó Patricia Lutz, su padre era jefe de Inteligencia Militar, y nos dijo que había golpe. Ahí nos despedimos todos y nos fuimos cada uno para su casa.</p>
<p><strong>-¿Cómo se vivieron los días posteriores? ¿Cómo los vivió usted?</strong></p>
<p>-Los viví con mucho dolor, porque estaban desapareciendo y tomando presa a mucha gente amiga de uno. A mí me echaron del trabajo. Trabajaba en el Canal 9, donde por razones obvias la gente que era más de izquierda no volvimos. Y en Emelco, donde también trabajaba, el control lo tomaron unos socios que eran de derecha. Uno de los socios era amigo de mi padre y él me llamó y me dijo: “Marcia, tú te puedes quedar”, y yo le dije que no, que en este contexto no. Porque un día estábamos haciendo la película <em>Chile, el Gran Desafío,</em> y al otro día estábamos haciendo una película que se llamaba <em>La Verdad Sobre Chile</em>, algo miserable.</p>
<p><strong>-¿Cuál fue el hecho más duro que le tocó vivir en dictadura?</strong></p>
<p>-Cuando me tomaron presa. Me llevaron en una camioneta a Villa Grimaldi y me bajaron y sentí los alaridos de la gente. Independiente de que yo sabía que había una situación de represión brutal, para mí, hasta ese momento, el odio era un concepto intelectual. Y darme cuenta ahí del odio, fue duro. Entonces, ahí entras en una dinámica perversa: me revisaron y de ahí pasabas a la parrilla, que era tortura, te ponían electricidad.</p>
<p><strong>-¿Cómo fue su paso por el MIR?</strong></p>
<p>-Cuando yo caí presa, pero en ese momento no era mirista<em>. </em>Era ayudista. Empecé ayudando a un cura que estaba siendo perseguido y lo acogí en mi casa. Después seguí ayudando a más gente, entre ellos gente del MIR, que eran los más perseguidos. Cuando caí presa, alguien me dijo: “Pensamos que tú eres mirista”, y yo les dije que no, pero acepté. Una cosa era ayudar, pero yo igual quería resistir, pertenecer a la resistencia y para eso tenía que elegir un partido político y el MIR era el más radical, y a mí siempre me interesó. Me parece que tenía una postura y una propuesta cercana a mí, porque el MIR era obrerista, tenía una política clara hacia la cultura, hacia la Iglesia Católica, hacia los pobladores. Las feministas, en general, estuvimos en el MIR.</p>
<p><strong>-¿Cómo fue vivir en el exilio?</strong></p>
<p>-Triste, pero también fue un tiempo de crecimiento. Viví un exilio fraccionado. Después de estar en la cárcel por Ley de Seguridad Interior del Estado, salí en libertad el año 76 y de ahí me fui a Colombia, porque mi padre conocía al Ministro de Justicia del régimen, Miguel Schweitzer, y le dijo que me sacara de Chile.</p>
<p><strong>-Cuando estuvo en el exilio, ¿pudo escribir lo que pasaba en el país?</strong></p>
<p>-Como mirista, lo primero que hacíamos al llegar a otro país, era constituirnos. En Colombia me nombraros representante del MIR. Era algo menos nostálgico, porque llegabas y te incorporabas a trabajar en las organizaciones locales. Trabajé en la revista <em>Alternativa</em>, presidida por García Márquez, que era un medio de izquierda muy interesante, y ahí pude escribir.</p>
<p><strong>Periodismo y memoria</strong></p>
<p><strong>-Después de casi 50 años, ¿qué puede decir del periodismo en dictadura?</strong></p>
<p>-Estábamos pasando por momentos muy difíciles. Hoy me encuentro con gente que siente que no hay libertades necesarias para expresar disidencia o cuestionar el sistema. Yo les digo que tendrían que haber conocido la época en la que trabajamos nosotros. Este museo (de la Memoria) es clave en esta época, en resaltar la importancia de la democracia. Lo terrible que significó perder la democracia y lo difícil que fue recuperarla. Mucha gente se quedó en el camino porque la mataron o la desaparecieron o la torturaron. A mí no me gusta ponerme de víctima, porque yo fui una resistente.</p>
<p>“Nosotros sabíamos que estábamos arriesgando la vida cada día. Los periodistas, jugaron un papel fundamental, por lo que fue la resistencia en medios como <em>Análisis, Apsi, Cauce</em>, y también<em> Ercilla</em>. Fue una lucha feroz por recuperar la democracia. <em>Análisis</em> no fue solo una revista, fue un centro de resistencia donde la gente tenía acogida. Hicimos muchas cosas para mostrar que había censura en Chile, también cuando Augusto Góngora creó <em>Teleanálisis </em>y ahí distribuíamos VHS y mostrábamos la realidad de Chile”.</p>
<p><strong>-¿Cómo fue participar en la creación del Museo de la Memoria?</strong></p>
<p>-Fue desconcertante al principio. La Presidenta Bachelet me llamó para que me incorporara al directorio de Televisión Nacional, donde había estado casi 10 años. Después de esa incorporación, me habló María Luisa Sepúlveda, que era la encargada de Derechos Humanos del gobierno, y me dijo: “Marcia, queremos que te ocupes de los contenidos del museo”. Luego de eso tuvimos una reunión las dos solas con la Presidenta Bachelet y me preguntó: “¿Estás segura de que quieres ocuparte de esto?”, y yo le dije, por supuesto que sí.</p>
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		<title>Ignacio González Camus:  “Era irresistible ser opositor a la dictadura”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Aug 2023 19:29:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 8 de septiembre de 1986, el periodista, miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Colegio de Periodistas, José Carrasco Tapia, fue secuestrado. Cuando se supo de la desaparición, fue Ignacio González, que entonces presidía el Colegio, quien se encargó de averiguar qué había pasado con “Pepe”. “En la morgue hay un cuerpo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El 8 de septiembre de 1986, el periodista, miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Colegio de Periodistas, José Carrasco Tapia, fue secuestrado. Cuando se supo de la desaparición, fue Ignacio González, que entonces presidía el Colegio, quien se encargó de averiguar qué había pasado con “Pepe”. “En la morgue hay un cuerpo con características similares”, le dijo un general de Carabineros. “Cuando nos describieron el cadáver, efectivamente se trataba de Pepe Carrasco”. Lo habían asesinado agentes de la Central Nacional de informaciones (CNI) del régimen militar.</p>
<p>Este fue uno de los momentos más crudos que le tocó vivir al periodista Ignacio González Camus durante la dictadura y aún lo recuerda con dolor.</p>
<p>Trabajó en la radio Presidente Balmaceda antes y después del golpe militar de 1973, vivió la censura y la clausura de esa emisora en 1976.</p>
<p>A partir de 1990, asumió como subdirector de Prensa de Televisión Nacional. Luego, pasó a  Canal 11 (hoy CHV), y fue director del diario La Nación.</p>
<p>Entre sus libros está <em>El día que murió Allende</em> (1988), una notable obra de periodismo de investigación sobre los hechos que sucedieron el 11 de septiembre de 1973.</p>
<p>Desde su hogar en Vitacura relata sus experiencias durante la Unidad Popular y el régimen dictatorial de Pinochet. Y reflexiona en torno al periodismo a casi 50 años del golpe.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fue su paso por la radio Presidente Balmaceda?</strong></p>
<p>—Fue una época muy bonita profesionalmente, muy motivadora y satisfactoria. Esta radio pertenecía a la Democracia Cristiana, opositora al gobierno de Allende y a la Unidad Popular, pero igual fue disuelta en 1976.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo se vivían los días previos al golpe? ¿Había rumores sobre lo que iba a pasar?</strong></p>
<p>—Absolutamente. Todo el país estaba lleno de rumores, sobre todo en Santiago y en los partidos políticos. Yo era reportero de La Moneda y le preguntábamos a los presidentes de partidos. Todos sabían que venía. Había una sensación térmica, una convicción.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-1974 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-scaled.jpg" alt="" width="2560" height="1438" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-scaled.jpg 2560w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-300x168.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-1024x575.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-768x431.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-1536x863.jpg 1536w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-2048x1150.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /></p>
<p><strong>Un relato del Golpe</strong></p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fue su día del golpe militar?</strong></p>
<p>—Me avisaron a mi casa que estaba pasando algo raro. Me asomé a la ventana y vi aviones, lo que era muy raro. Me levanté y fui a la radio, que quedaba en el octavo piso de calle Nueva York 53, en el centro. Bajé al Palacio de La Moneda. Quise ir a reportarme en mi lugar de cobertura, que era La Moneda, en “La copucha”. Golpeé la puerta pensando: “Si me meto, voy a estar en una especie de trampa”. Pero lo hice y me abrió un carabinero. Me identifiqué como periodista y dije: “Quiero entrar. Vengo a cubrir la información que se produzca en este día”. Y el carabinero se negó a dejarme pasar.</p>
<p>Ahí me fui a la radio de nuevo. Estando allá, un radiocontrolador me propuso que grabara todo lo que se veía desde la ventana. Me puse a grabar (audio) e hice un relato de todo y también del bombardeo a La Moneda. TVN compró este material años después.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo se vivieron los días posteriores?</strong></p>
<p>—Hubo una especie de romería para observar La Moneda bombardeada. Llegó mucha gente, muchos curiosos, algunos partidarios de Allende, otros partidarios del golpe. Nunca se había bombardeado antes, en la historia de Chile, el edificio del gobierno. Era inédito.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Qué pasó con radio Balmaceda durante esos días?</strong></p>
<p>—La radio continuó transmitiendo el relato que había hecho yo. Solo se emitía por frecuencia modulada porque los militares derribaron la antena de la radio que estaba a las afueras de Santiago.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo era trabajar ahí estando en dictadura?</strong></p>
<p>—Cuando se produjo el golpe, varios periodistas renunciaron: Gabor Torey, Manuel José Gamonal, etc. El nuevo gerente general, Belisario Velasco, me nombró jefe de prensa. Fue la primera radio que actuó como opositora a la dictadura. Desde el primer día, tuvo una posición disidente con el régimen militar. Dábamos a conocer los recursos de amparo que se presentaban por el desaparecimiento de personas.</p>
<p>“Dentro de la propia radio Balmaceda se produjo una lucha, porque estaba en manos de los ‘chascones’, el sector más progresista de la DC, y fueron los ‘guatones’, el sector más conservador del partido, quienes intentaron sacar de la dirección a Velasco, el pilar de la radio. Finalmente, Belisario Velasco fue relegado por el régimen y los &#8216;guatones’ de la DC tomaron el control.</p>
<p>“Ahí se generó una batalla por la libre expresión de la radio. Los ‘guatones’, una vez fuera Belisario Velasco, censuraron los libretos y crónicas. Lo que ellos hicieron fue impedir la libertad de prensa”.</p>
<p><strong>Un libro, una historia que contar</strong></p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fue su experiencia escribiendo <em>El día que murió Allende</em>?</strong></p>
<p>—Fue un trabajo muy bonito. En esa época, era casi artesanal. Uno lo hacía escribiendo a máquina, recortando o tachando algunas líneas y llevando un párrafo cortado con tijeras a otra página. Era una especie de confección, como la de los sastres, en la que ibas construyendo tu texto. De repente quería modificar un párrafo o cambiarlo de lugar y ese trabajo artesanal tenía mucho sabor.</p>
<p>“Entre reportearlo y escribirlo, me tomó dos años. Hablé con muchas personas y empecé por toda la gente que estuvo en La Moneda en el momento del golpe. Mi primer objetivo eran las personas que habían estado allí, aunque no fueran de primera línea. Esos eran testimonios inéditos, que no se habían recogido antes. Hablé con los detectives que estuvieron en La Moneda, que permanecieron leales a Allende. Conversé con algunos exfuncionarios. Entrevisté, incluso, a un general de Ejército, el general Javier Palacios, que fue el que protagonizó la entrada y toma de La Moneda después del bombardeo. En el extranjero recogí testimonios del secretario de prensa del Presidente Allende, Carlos Jorquera; de su secretaria, Miria Contreras (“La Payita”); del doctor y ministro de Educación, Edgardo Enríquez, y de otros”.</p>
<p><strong>—</strong><strong>Después de 50 años, ¿qué podría decir del periodismo en dictadura?</strong></p>
<p>—Fue nefasto. Claro, quedaban algunos pequeños territorios que no estaban controlados por el gobierno. Por eso nació un diario de oposición que fue <em>La Época</em> y las revistas de oposición como <em>Cauce</em> y <em>Hoy</em> y el diario <em>Fortín Mapocho</em>. Ahí había periodismo de oposición.</p>
<p>“En dictadura podías no tener un medio para publicar, pero sí recolectar información, hacer entrevistas, juntar material para, quizás, publicar en medios del extranjero. Un periodista siempre va a tener la oportunidad de trabajar por la libertad de expresión. Puedes pensar en reconquistar la libertad de prensa para tu país. Y, por mientras, trabajar publicando en medios clandestinos.</p>
<p>“En regímenes como el chileno, al menos en esa época, se podía intentar, por lo menos, ser escuchado. Se podía luchar. La dictadura fue un momento en el que era irresistible ser opositor”.</p>
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		<title>Sergio Campos: La voz de los 80. Cronología del 11.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Aug 2023 19:40:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sergio Campos (Curicó, 1949) es profesor normalista, periodista y locutor de radio. Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2014 y conduce, hace más de 40 años, “El diario de Cooperativa”, desde donde informó diariamente de los sucesos ocurridos en el régimen de Augusto Pinochet. En sus inicios, trabajó cuatro años en Radio Corporación. Eso, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Sergio Campos (Curicó, 1949) es profesor normalista, periodista y locutor de radio. Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2014 y conduce, hace más de 40 años, “El diario de Cooperativa”, desde donde informó diariamente de los sucesos ocurridos en el régimen de Augusto Pinochet.</p>
<p>En sus inicios, trabajó cuatro años en Radio Corporación. Eso, hasta el 11 de septiembre de 1973, cuando la emisora fue silenciada y expropiada. El día del golpe de Estado, Campos estaba en la radio localizada a una cuadra de La Moneda.</p>
<p>En esta entrevista, Sergio Campos habla sobre sus inicios en el periodismo, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, su exilio y su consolidación como la voz más reconocida de las radios chilenas.</p>
<p><strong>Desde la escuela a la radio</strong></p>
<p>Nació en Curicó, pero vivió gran parte de su infancia en Rengo. Luego se mudó a Santiago para estudiar en la Escuela Normal José Abelardo Núñez, donde —en 1967— se tituló de profesor de educación primaria. En ese momento se dio cuenta de que la comunicación era lo que le facilitó convertirse en profesor, cuenta el locutor.</p>
<p><strong>—¿Desde ese momento se inclinó por la radio?</strong></p>
<p><strong>—</strong>La radio te da una excelente oportunidad de comunicación. Era muy fuerte, tenía mucha audiencia en ese tiempo. La televisión recién apareció en Chile a fines del ’61 en la Universidad de Chile, la Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad Católica de Santiago, y había muy poca gente que tenía televisor. La radio era preponderante. Habían aparecido también las radios <em>transistors</em>, una radio portátil que era toda una novedad en esa época.</p>
<p>Era tan grande el entusiasmo que sentía por el medio, dice Campos, que se inscribió en un curso de locutores —mientras cursaba publicidad en la Universidad Técnica del Estado— hasta que Enrique Valladares, exdirector de programas de radio Corporación, lo invitó a trabajar en la emisora.</p>
<p><strong>—¿Qué sentía el joven Sergio Campos al tener espacio en la radio Corporación? </strong></p>
<p>—Una tremenda responsabilidad, pues yo leía las noticias y hacía un programa de música y entretención, el “Corporito Show” en el auditorio de la radio, donde cabían unas 250 personas. Invitábamos a artistas, humoristas y grupos musicales. Teníamos un libretista que preparaba concursos. También comencé a hacer narraciones de radioteatro, me entusiasmé con eso y creé un grupo con chiquillos de liceos.</p>
<p><strong>En la trinchera izquierda</strong></p>
<p>En 1971, el Partido Socialista adquirió la radio Corporación y, junto con otras radios de la red “La Voz de la Patria” <strong>—</strong>como Magallanes, del Partido Comunista; Portales, controlada por el círculo cercano a Allende; Luis Emilio Recabarren, de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); y Sargento Candelaria, del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU)<strong>—</strong> se convirtió en vocera y defensora de la Unidad Popular. “Ahí se instaló un ‘periodismo de trincheras’, donde disputaban estas radios contra las opositoras al gobierno de Allende, como la Agricultura, del Partido Nacional; y la Cooperativa y Balmaceda, propiedad de la Democracia Cristiana”, cuenta.</p>
<p><strong>—¿Cuál era el trabajo en apoyo a Salvador Allende y cómo se enfrentaban a las informaciones de las radios opositoras?</strong></p>
<p><strong>—</strong>Se trataba de dar a conocer los contenidos programáticos y las acciones del gobierno. Por otro lado, las radios opositoras buscaban desprestigiar a la UP. Era una situación muy tensa y conflictiva.</p>
<p><strong>—¿Cómo informaba la radio Corporación y de qué manera se replicaba la información a los sectores populares?</strong></p>
<p>—La radio reproducía los discursos del Presidente y las entrevistas de todos quienes formaban la Unidad Popular. Al mismo tiempo, existía el programa “Corporación a sus órdenes”, que se hacía en un auditorio. Ahí asistían las juntas de vecinos a plantear sus problemas. Se invitaba a los ministros que tuvieran competencia con las dificultades planteadas y ellos respondían. Aunque la información siempre iba a respaldar las políticas de la Unidad Popular.</p>
<p><strong>—¿Cómo recuerda los hechos previos al golpe?</strong></p>
<p>—El escenario era muy complejo. Se produjo un gran desabastecimiento de alimentos. Eso marcó, en gran medida, una crisis de otra dimensión. Había muchos que acaparaban alimentos y los vendían en el mercado negro, porque la fijación de precios fue una mala política aplicada por Allende. Los camioneros, opositores a la UP, recibieron mucha ayuda de Estados Unidos a través de la CIA y realizaron un paro que agravó la escasez de alimentos, creando una crisis en el transporte de comida. Por último, al interior de las Fuerzas Armadas se planteaban medidas económicas como máscara de la real intención de derrocar al Gobierno. Para eso organizaron el denominado “tanquetazo”, una señal muy potente de que había una articulación militar para hacer caer el gobierno de Allende.</p>
<figure id="attachment_1964" aria-describedby="caption-attachment-1964" style="width: 653px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1964 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/sergio-campos-3.png" alt="" width="653" height="354" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/sergio-campos-3.png 653w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/sergio-campos-3-300x163.png 300w" sizes="auto, (max-width: 653px) 100vw, 653px" /><figcaption id="caption-attachment-1964" class="wp-caption-text">Año 1990<strong style="font-size: 16px;"> </strong></figcaption></figure>
<p>Era la madrugada del 11 de septiembre de 1973 y Sergio Campos ya se encontraba en Morandé 25, lugar donde estaba localizada la radio Corporación. Desde la salida se podía apreciar, a unos 50 metros, La Moneda. “Ya había noticias sobre Valparaíso y Viña del Mar (del levantamiento de la Armada). Llegué en la madrugada a la radio. A las 6 am comenzamos a hacer el noticiero, dando cuenta de que la radio La Porteña, filial de Corporación en Valparaíso, había sido tomada por la Armada. También de que se habían copado todas las carreteras hacia Los Andes, punto de salida de Chile a Argentina. Esa era la panorámica que se tenía. Por esa razón, la gente comenzó a regresar a sus casas. Luego, el Presidente Allende habló en tres oportunidades, en las que describió la situación y señaló que la Marina se había levantado. Más tarde, describió al general César Mendoza, director de Carabineros en 1973, como un “general rastrero”, debido a su obsecuencia con el gobierno. Finalmente, anunció que él no iba renunciar y que pagaría con su vida la lealtad del pueblo”, recuerda el Premio Nacional de Periodismo 2014.</p>
<p><strong>—La radio Corporación tenía línea directa con La Moneda. ¿Recibieron algún llamado?</strong></p>
<p>—Sí. (Allende) había conversado con nosotros durante la mañana, a través del citófono, diciendo que él iba a permanecer en La Moneda y que les pediría a las mujeres que se retiraran del Palacio de Gobierno. Carabineros lo acompañó en su momento, pero luego también se retiró y se sumó al golpe</p>
<p>Desde las instalaciones de la radio, Campos y los demás trabajadores de Corporación fueron testigos directos del golpe: sintieron venir los Hawker Hunter y escucharon el momento del bombardeo del Palacio de La Moneda. Parapetados en las instalaciones, escuchaban los disparos de las armas automáticas de las fuerzas de a pie del ejército rebelde.</p>
<p>Corporación fue la primera emisora en quedarse sin comunicación y en dejar de transmitir puesto que, cerca de las 10 de la mañana, los militares atacaron la antena transmisora ubicada en el paradero 14 de la avenida Vicuña Mackenna.</p>
<p><strong>—Tras el golpe y la orden de silenciar a los medios, ¿cómo fueron los minutos posteriores? </strong></p>
<p>—Decidimos quedarnos en la radio. A eso de las 17:00 horas quisimos salir por la calle Morandé y la salida estaba cerrada, por lo que nos fuimos hacia Bandera. Ahí estaban los militares deteniendo a toda la gente y nos introdujeron al Banco del Estado. Nos olieron las manos por si teníamos rastros de pólvora. Como no teníamos armas, nos dijeron que si queríamos irnos deberíamos esperar un salvoconducto. Ese era un proceso largo, así que decidimos irnos a la casa de un amigo en el centro de Santiago.</p>
<p><strong>—Usted estuvo detenido en la Academia de Guerra de la FACH.</strong></p>
<p>—Estuve ahí por las transmisiones que hacía en la radio Corporación. Nos acusaban de transmitir los discursos, donde supuestamente Allende llamaba a la gente a salir a las calles. Nosotros lo negamos todo. Aún no existían las reproducciones de los discursos que fueron rescatadas, posteriormente, de la radio Magallanes. Ahí me dejaron detenido. Tuve mucha suerte. Finalmente, todo era muy arbitrario. A muchos los mataron por sospechas; otros fueron asesinados sin preguntar nada. Luego de las gestiones nacionales e internacionales de un amigo abogado, fui dejado en libertad.</p>
<p><strong>—Días antes del golpe, Carlos Altamirano dio a entender que, si había una insurrección militar, el pueblo armado sería quien triunfaría, pero el 11 de septiembre Allende llamó a la calma y al triunfo de la democracia…</strong></p>
<p>—El discurso de Altamirano no tiene relación alguna con la realidad. El tiempo demuestra que estaba equivocado en su diagnóstico, porque resistencia popular no hubo nunca. Existían los cordones industriales, que eran movimientos de defensa de los trabajadores en distintos sectores, los que no tuvieron reacción alguna. En estos 50 años estamos enfrascados en la discusión de cómo se vivió esa experiencia, pero hay sectores que aún no asumen su responsabilidad, sobre todo los grupos más ultras.</p>
<p>Campos se autoexilió en Argentina, fue corresponsal de una agencia con sede en Canadá donde hacía reportes de la situación chilena y argentina, y se casó con una chilena, con quien tuvo una hija<strong>.</strong></p>
<p><strong>La voz del Diario de Cooperativa </strong></p>
<p>—<strong>¿De regreso en Chile volvió de inmediato a las comunicaciones?</strong></p>
<p>—Empecé a hacer clases en un colegio. Luego, con el periodista Óscar Madrid montamos un programa en la radio Yungay, después migramos con el mismo programa a radio Chilena. Hacíamos reportajes sobre los comedores populares. También fui a hacer entrevistas a la Cárcel Pública y a la Penitenciaría. La gente se sorprendía, porque no sabía cómo yo entraba a esos lugares, pero yo tenía el contacto con un alto oficial de Gendarmería que me dejaba entrar.</p>
<p><strong>—En 1978 llegó a la radio Cooperativa. Desde allí a usted le tocó relatar los hechos más terribles de la dictadura. ¿Cuáles fueron los que más lo marcaron?</strong></p>
<p>—El caso de los quemados vivos, Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri. A nosotros nos clausuraron por transmitir esa situación. La primera protesta nacional en 1983 fue muy impresionante también. Fue encabezada por Rodolfo Seguel Molina, dirigente de los trabajadores del cobre y del Comando Nacional de Trabajadores. Esto representó el comienzo de la historia de protestas, donde la ciudadanía se involucró con los “cacerolazos” todos los días a las 8 pm. A nosotros nos prohibieron informar sobre los “cacerolazos”. Yo hacía un programa justo para el momento de la protesta, por lo que lo anunciaba sutilmente. Por ejemplo, si eran las 6 pm horas, yo decía: “Atención, faltan dos horas para las ocho de la noche”. La audiencia entendía el mensaje.</p>
<p><strong>—¿Cómo se luchó para recuperar la libertad de expresión? ¿Recibió amenazas?</strong></p>
<p>—Todos los días había persecuciones o seguimientos. Incluso, algunos auspiciadores mandaban el dinero y solicitaban que no se transmitieran sus avisos. Pero los trabajadores estaban muy enteros, muy comprometidos y entregados al trabajo periodístico de recuperar la democracia. Siempre hubo buena disposición y ánimo colaborativo para luchar contra la dictadura desde el área de la comunicación.</p>
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		<title>La sobrevivencia de Santiago Pavlovic post golpe: “Pinochet llamó al director ejecutivo de TVN para decirle que dentro del canal había un &#8216;infiltrado marxista&#8217;”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Jul 2023 20:01:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Santiago Pavlovic, egresado de la Universidad de Chile, entró a trabajar como practicante a Televisión Nacional en marzo de 1970. Meses después, en julio de ese año, fue contratado como periodista. Después de casi 53 años, sigue siendo parte del canal estatal, incluso integró el directorio de TVN en representación de los trabajadores. En 1975 [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Santiago Pavlovic, egresado de la Universidad de Chile, entró a trabajar como practicante a Televisión Nacional en marzo de 1970. Meses después, en julio de ese año, fue contratado como periodista. Después de casi 53 años, sigue siendo parte del canal estatal, incluso integró el directorio de TVN en representación de los trabajadores.</p>
<p>En 1975 fue nombrado jefe del Servicio de Informaciones de TVN. En 1981, participó en la primera expedición chilena al monte Everest, tras lo cual creó el programa “Sucesos”. En 1984, junto a Patricio Caldichoury, Guillermo Muñoz, Alipio Vera y Marcelo Araya, lanzó el programa de reportajes “Informe especial”, que perdura hasta hoy.</p>
<p>Hace cuatro años se sumó a la conducción del espacio de conversación “Sin parche”, que hace referencia a su característico parche en el ojo izquierdo. Ojo que perdió de niño jugando con su hermano a la guerra: recibió un flechazo.</p>
<p>Ha cubierto conflictos en Afganistán, Ucrania, Irak e Israel, entre otros. En 2011 fue premiado por la Universidad Adolfo Ibáñez como “Figura del año en televisión”.</p>
<p><strong>—Entró a TVN el año ’70. ¿Cómo fue trabajar en el canal durante la Unidad Popular?</strong></p>
<p>—No era lo que muchos esperábamos. Se había creado Televisión Nacional y muchas de las personas que estudiamos en la Universidad de Chile teníamos la idea de tener una televisión pública. Era como un sueño: un canal público que se iba a diferenciar del gobierno de turno y que resistiría las presiones políticas de la oposición o de los partidos de gobierno. En el fondo, un canal como el que existía en los países democráticos de Europa, en Alemania Federal o como la BBC. Ese era el sueño. Durante el gobierno de Frei, eso se mantuvo relativamente.</p>
<p><strong>—¿Y qué sucedió con el canal en la UP?</strong></p>
<p>—En el gobierno de Allende eso se extremó y el canal fue manipulado y manejado políticamente. Se transformó en un canal partidista, un canal que era parte del sistema de comunicaciones del gobierno.</p>
<p><strong>—Entonces, ¿el canal era completamente pauteado por el gobierno?</strong></p>
<p>—Lo que pasaba es que los principales directivos eran de gobierno eran del Partido Comunista, del Partido Socialista, o independientes de izquierda. Y los programas apuntaban a eso. El canal era un canal de gobierno. Teníamos dificultades con aquello. Nuestro sueño era tener un canal independiente y autónomo.</p>
<p><strong>La Moneda humeando </strong></p>
<p><strong>—¿Cómo vivió el día del Golpe?</strong></p>
<p>—Yo estaba en (la sección) Internacional de TVN en ese tiempo y sabía que había tensión, pero no estaba particularmente metido en el día a día de la situación política. Ese día partí con mi hija pequeña a la sala cuna y cuando llegué me dijeron: “Pero, Santiago, ¿qué está haciendo aquí si hay un golpe de Estado?”. Volví en taxi, mientras veía el desplazamiento de vehículos.</p>
<p>&#8220;A las 11 de la mañana llegué a mi departamento en la Villa Portales, en Quinta Normal. Y mi mujer me dijo que iban a bombardear La Moneda. Entonces, me subí a la torre del block y desde la torre de agua observé el bombardeo. A lo lejos vi los aviones, el humo, y el polvo. Yo estaba impresionado. Nunca me imaginé una situación como esa. Después bajé y me fui a caminar por la Alameda. Pasé por la Universidad Técnica (hoy USACH) que había sido atacada. Seguí caminando y llegué hasta La Moneda. Vi cómo un helicóptero disparaba contra el Ministerio de Educación. No me dejaron acercarme al palacio.</p>
<p>&#8220;Entonces sentí una explosión. Y partí para la sede del Partido Socialista. Luego a la Plaza de Armas y ahí apareció un amigo mío que había conocido en la escuela de periodismo. Era subteniente de la Armada y periodista. Se llamaba Magno Muñoz y estaba casado con Patricia Politzer. Este tipo me dijo que me iban a matar y que tenía que salir de ahí. A las 3:30 de la tarde estaba en el Ministerio de Defensa y vi La Moneda humeando. De ahí me volví caminado por la Alameda hasta mi departamento&#8221;.</p>
<p><strong>—¿Cómo fueron los días siguientes?</strong></p>
<p>—Al día siguiente andaban revisando los departamentos. La gente estaba deshaciéndose de publicaciones. Se escuchaban muchos disparos, no podíamos salir. Al otro día alguien de la población disparó, lo que provocó que el 14 llegaran militares a apuntar al edificio. El 15 volví al canal. Estaba la escoba: habían nombrado al coronel Héctor Orozco Sepúlveda como director de TVN.</p>
<p>A los tres meses del golpe de Estado, en diciembre de 1973, Pavlovic entrevistó a Augusto Pinochet en el canal. Y también le preguntó por las condiciones de los trabajadores. Luego de esta entrevista, Pinochet llamó al coronel Orozco para decirle que dentro de TVN había un “infiltrado marxista”. Se refería a Pavlovic.</p>
<p>En sus palabras, Orozco era más bien de centroizquierda, incluso, años más tarde, tendría una participación en la franja del “No”. Luego del episodio del “infiltrado marxista”, por el cual dice que pudieron haberlo despedido, el coronel le dijo que no se preocupara. Mantuvo al periodista en el canal.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1938 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos.png" alt="" width="1276" height="590" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos.png 1276w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos-300x139.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos-1024x473.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos-768x355.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1276px) 100vw, 1276px" /></p>
<p><strong>Periodismo y democracia</strong></p>
<p><strong>—¿Cómo cambió el canal tras el golpe?</strong></p>
<p>—Al producirse el golpe, el canal se transformó con un equipo propagandístico del gobierno y con militares aquí. El canal perdió toda suerte de credibilidad para buena parte de la población. Los primeros años de dictadura fueron con censura previa. El material que se emitiría tenía que ser revisado antes por los militares que estaban instalados aquí en TVN o por la gente del gobierno.</p>
<p><strong>—¿Qué hacía usted en el canal?</strong></p>
<p>—Estuve un tiempo como jefe de prensa, pero solo como cinco o seis meses porque me sacaron. Al mismo tiempo, me ofrecieron una beca en Alemania. Cuando volví de la RFA, fui jefe de informaciones. Ya después se me ocurrió hacer un programa de reportajes.</p>
<p><strong>—Dentro de TVN, ¿cuál fue el hecho más duro que le tocó presenciar?</strong></p>
<p>—Al segundo o tercer día que yo había vuelto, unos militares estaban quemando material gráfico que era de política. Era una locura. Estaban quemando rollos de películas de transmisiones de Allende, algo completamente impresentable. Además, éramos controlados directamente. Había un militar que se preocupaba de las noticias, de las cosas que se transmitían y de las que no. Eso era muy fuerte.</p>
<p><strong>—¿Y fuera del canal?</strong></p>
<p>—Yo me iba a la Villa Portales sin auto, porque no tenía. Y una vez vimos muertos en el río Mapocho. Un tipo estaba tirado debajo de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y había algunos entrando al río para sacarlo. Obviamente había sido asesinado.</p>
<p><strong>—Después de casi 50 años, ¿qué puede decir del periodismo en dictadura?</strong></p>
<p>—No hay periodismo en dictadura. Su quintaesencia es convivir, vivir y desarrollarse en democracia. En dictadura no puede haber un periodismo libre y autónomo. No existe. En Cuba no hay periodismo. En Rusia, en estos momentos, no hay periodismo. En los países autocráticos o dictatoriales o con un gobierno totalitario de izquierda o derecha, tú no tienes periodismo. El auténtico periodismo se da en los grandes canales de Europa: en la BBC, en Alemania. Se da en los diarios como <em>El País</em> de España, <em>La Repubblica</em> de Italia, y <em>The Guardian</em> del Reino Unido. Esos son íconos del periodismo de verdad. Son los medios que a mí me guían.</p>
<p>&#8220;Siento que, en los otros medios, en los cuales hay una ideología y donde está primero la política y el poder, no hay verdadero periodismo. Para mí está indisolublemente unido el periodismo con la democracia. Donde hay democracia, hay periodismo&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Óscar Martínez, editor de El Faro: “El periodismo no se debe a sus lectores, se debe a sus principios”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jun 2023 18:29:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Óscar Martínez, periodista y actual director de redacción de El Faro, ha sido múltiples veces galardonado por su rol como cronista tras cubrir el paso de migrantes indocumentados e historias de violencia en Centroamérica, que plasmó en algunos de sus libros: Los migrantes que no importan, Crónicas negras, desde una región que no cuenta, , [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Óscar Martínez, periodista y actual director de redacción de <em>El Faro</em>, ha sido múltiples veces galardonado por su rol como cronista tras cubrir el paso de migrantes indocumentados e historias de violencia en Centroamérica, que plasmó en algunos de sus libros: <em>Los migrantes que no importan</em>, <em>Crónicas negras,</em> <em>desde una región que no cuenta</em>, , <em>Una historia de violencia</em>, <em>El niño de Hollywood</em> en coautoría con su hermano Juan José y, el más reciente, <em>Los muertos y el periodista.</em></p>
<p>Entre los premios que ha recibido se encuentran, el Premio Internacional de la Libertad de Prensa en 2016, el María Moors Cabot otorgado por la Universidad de Columbia también en 2016 y el más reciente, que se otorgó hace pocas semanas, el Premio Libertad de Expresión de Deutsche Welle.</p>
<p>Martínez participó de la reciente Cátedra Abierta Roberto Bolaño a cargo de la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP.  Fue entrevistado por la periodista Patricia Poblete, académica e investigadora en la Universidad Finis Terrae, sobre la situación que vive el periodismo en Centroamérica, con la violencia que ha inundado a la región en los últimos años.</p>
<p>&#8211;<strong>Hace un par de años la administración de la violencia en El Salvador estaba preferentemente en manos de las pandillas. Hoy día, sobre todo después del Estado de excepción en el que están ustedes desde el año pasado, esto ha vuelto a las manos del Estado.</strong> <strong>¿Cómo cambió esto el ejercicio del periodismo?</strong></p>
<p>-El Salvador vive unos tiempos bien raros ahora mismo. Nosotros habíamos sido, como ya saben, uno de los países más violentos de América Latina. Llevábamos años con índices de homicidios de 103 por cada 100 mil habitantes. Y en marzo del año 2022 las cosas cambiaron drásticamente con el presidente Nayib Bukele, que nos ha vuelto a poner en el mapa y no por las razones más alegres.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1911" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-1.png" alt="" width="650" height="432" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-1.png 650w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-1-300x199.png 300w" sizes="auto, (max-width: 650px) 100vw, 650px" /></p>
<p>Bukele había pactado con grupos criminales, pero el pacto se acabó tras un fin de semana sangriento de 87 homicidios en 3 días. El sábado 26 de marzo del año pasado ha sido el día con más homicidios de la historia del Salvador en toda la posguerra desde 1992. Y luego empezó un régimen de excepción que no termina nunca. Se nos quita derechos ante un policía o un militar que permite que nos capturen por cualquier razón o porque les parecemos sospechosos. Que nos lleve a una prisión durante 15 días sin derecho a ver un juez y podemos estar presos 20 años sin una condena. Si nos acusan de tener vínculos con pandillas pueden intervenir nuestras comunicaciones sin permiso de un juez. Es decir, los policías y los militares son los jueces de la calle. En términos formales, eso ha llevado a que 67 mil salvadoreños hayan sido encarcelados en un año. Las torturas en las cárceles son sistemáticas. No lo decimos los periodistas, lo dicen los informes de <em>Human Rights Watch</em> y de <em>Amnistía Internacional</em>.</p>
<p>El gobierno salvadoreño está obsesionado porque nosotros sepamos poco y ellos controlen toda la información. El Salvador vivió una de las intervenciones más agresivas de <em>Pegasus </em>(un software de espionaje). En <em>El Faro </em>22 personas fueron intervenidas durante 17 meses.</p>
<p>Lo que ha cambiado todo, es la persecución a las fuentes, porque con la excusa del régimen de excepción, pueden encarcelar a quien se les dé la gana. Entonces, la protección de las fuentes ha sido algo que ha cambiado radicalmente para contar una historia. Hemos tenido que salir del país a reunirnos con fuentes, lo que antes te costaba un café que te tomabas con una persona que te contaba algo, hoy nos cuesta como mínimo alquilar un <em>Airbnb</em> para reunirnos con alguien.</p>
<p><strong>-Están viviendo un proceso de cambios en <em>El Faro</em>, la redacción está en El Salvador y la parte administrativa en Costa Rica. ¿Cómo es trabajar en esas condiciones?</strong></p>
<p>&#8211; <em>El Faro</em> estaría cerrado si nosotros no hubiéramos aprendido allá por el 2013 una lección. Tuvimos que contratar personas en la administración y  rodearnos de abogados que quisieran defendernos. Si sólo hubiera crecido la plantilla periodística, yo creo que estaríamos encarcelados todos nosotros.</p>
<p>Las auditorías maliciosas han sido defendidas por un equipo administrativo sólido. Un 40% de nuestro tiempo lo pasamos en reuniones administrativas tratando de salvarnos el pellejo del último invento para destruirnos que se le haya ocurrido al presidente. Hay algo de satisfacción con cada semana que logramos publicar una investigación y no nos logran cerrar, es un triunfo.</p>
<p>&#8211;<strong> El desafío es para usted narrar más allá del cliché de buenos contra malos.</strong> <strong>¿Cómo se narra la complejidad de un país como el suyo, donde tienen este gobierno autoritario, que goza de muchísima popularidad porque, efectivamente, ha logrado reducir los índices de violencia?</strong></p>
<p>-Uno de los grandes retos que hemos tenido es intentar seguir aspirando a la imparcialidad en algunas cosas, incluso cuando sos acosado brutalmente por un régimen, cuando sos espiado durante 17 meses, y cuando sos insultado a diario. Cuando desde las cuentas oficiales de RRSS de diputados, se te acusa de ser líderes de pandillas o cuando un presidente, que directamente te llama pandillero; es bien difícil.</p>
<p>Yo creo que algunos colegas están menos preparados para entender que esto no es un concurso de popularidad, que el periodismo no consiste en caerle bien a la gente. Cada vez más el periodismo consiste en decirle a un montón de gente lo que no quiere saber. Antes ya habíamos estado en la posición de no ser aplaudidos en las calles y escribir para una sociedad que en gran medida nos detesta.</p>
<p>Quizá es difícil de desmenuzar, pero todo periodista, sobre todo en Latinoamérica, debería entender que el periodismo no se debe a sus lectores, se debe a sus principios. El Salvador es una sociedad machista, misógina, los materiales más leídos en los periódicos populares, que más bien son periódicos vulgares, son “la muchacha del día”, así se llama la sección más vista en internet del diario popular. ¿Eso quiere decir que, para satisfacer a mi lector, voy a poner a una mujer en bikini en el periódico? No, porque el periodismo no se debe a sus lectores, se debe a sus principios y los principios del periodismo son principios democráticos, principios de revelación de la información como base de una decisión informada.</p>
<p><strong>-¿Cómo se enseña a reportear violencia?</strong></p>
<p>El despertar de la crónica de largo aliento fue que entre 1999 y 2005 tomaron mucho brillo cuando el tema del narcotráfico en México estaba en boga. Fue un ejemplo para quienes querían ejercer el oficio y cubrir temas de violencia. Empezó una bola de periodistas que querían cubrir el acto, la violencia como un <em>performance</em>. Todos empezaban describiendo los tatuajes en la cara de un pandillero sin tener idea de qué significaban. México se llenó de periodistas que querían cubrir el narco entendido como aquello que ellos tenían en su cabeza, un concepto telenovelesco de un señor gordo que recorre las calles de tierra repartiendo drogas de arriba para abajo.</p>
<p>Uno de los principios de cubrir violencia es tener una premisa ambiciosa.</p>
<p>En Latinoamérica, si no entendemos la violencia, no entendemos Latinoamérica. Si algo tenemos que explicarnos a profundidad es por qué seguimos siendo sociedades tan violentas.</p>
<p>&#8211; <strong>¿Estar constantemente en contacto con realidades que son terribles, muy violentas, deja huellas?</strong></p>
<p>-Yo no les estoy vendiendo ningún modelo, ni le pido a nadie que replique lo que yo hago. Yo opto por dos cosas para mantenerme caminando con un pie delante del otro: rodearme de gente que me entiende. Siempre he caminado con un grupo de gente que hace cosas parecidas a las que yo hago y entienden no sólo mis códigos, sino hasta el humor de un sarcasmo.</p>
<p>Revive aquí la Cátedra Abierta completa de Óscar Martínez:</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=E_PCbysNKHc">https://www.youtube.com/watch?v=E_PCbysNKHc</a></p>
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		<title>Luis Poirot: memorias de un testigo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2023 16:21:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se cortó la barba, el bigote y, con El Mercurio bajo el brazo y su hijo de la mano, Luis Poirot (82) partió rumbo a La Moneda a fotografiar el bombardeo que había tenido lugar días antes y con el que se inició la dictadura. “Como pude, saqué la cámara de entremedio del diario y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Se cortó la barba, el bigote y, con <em>El Mercurio</em> bajo el brazo y su hijo de la mano, Luis Poirot (82) partió rumbo a La Moneda a fotografiar el bombardeo que había tenido lugar días antes y con el que se inició la dictadura.</p>
<p>“Como pude, saqué la cámara de entremedio del diario y saqué unas pocas fotos, no muchas porque cualquier persona te delataba”.</p>
<p>A pesar de la conmoción, el objetivo del fotógrafo era capturar el balcón de La Moneda en ruinas, el mismo en el que casi tres años antes había retratado a Allende junto a su señora Hortensia Bussi, tras ganar las elecciones.</p>
<p>Poirot había acompañado a Allende durante su cuarta campaña presidencial (1970) y en su gobierno. Incluso fotografió momentos icónicos como la visita de Fidel Castro a Chile.</p>
<p>—Me pidió que hiciera la gira por Chile con Fidel Castro, aunque yo no pertenecía al gobierno en esa época. Era un fotógrafo independiente que me ganaba la vida haciendo fotos para la revista <em>Paula</em> y haciendo clases en la Universidad Católica. Allende me lo pidió, pero nunca me pedían que mostrara las fotos…</p>
<p>—<strong>¿Entonces para qué usted tomaba las fotos? </strong></p>
<p>— Yo creo que Allende quería un testigo imparcial, de afuera, a mi me quería como un testigo (no del gobierno), sino como una memoria exterior.</p>
<p>—<strong>¿Qué pasó con esas fotos después? </strong></p>
<p>—Algunas se perdieron después del golpe, pero otras las salvé. De hecho, cuando fue el fallido golpe el 29 de junio de 1973 yo fui el único fotógrafo que estaba adentro (de La Moneda), no había nadie más. Y llegó un momento en que Allende salió a caminar por los pasillos y me miró y me dijo: “¿Y usted qué está haciendo aquí?” y yo le contesté: “Hay que dejar testimonio de esto, esto es un momento histórico”. “No” me dijo, “usted tiene responsabilidades con su mujer y su hijo, váyase para su casa”. Pero no me fui, me quedé hasta el final. El 11 de septiembre traté de hacer lo mismo y no pude llegar porque Santiago estaba dividido en sectores. Quería estar adentro, aunque esta historia no la estaría contando ahora si hubiera estado ahí”.</p>
<p>El año 2017, Luis Poirot publicó <em>La sopa derramada, </em>de LOM Ediciones, una recopilación de fotografías de diversos países entre las cuales hay fotos inéditas tomadas entre 1964 y 1973 en Chile.</p>
<p><strong>Cámara en vez de ametralladora</strong></p>
<p>El día del golpe, el fotógrafo salió de su casa para dirigirse a La Moneda con el fin de retratar el momento histórico que estaba viviendo Chile. Un amigo, hijo de un general, que había sido avisado de los planes del Ejército, detuvo a Poirot mientras este caminaba por la calle.</p>
<p>—(…) Me paró y me dijo: “No, no vas a poder llegar a La Moneda, es imposible. Me dijo el general Brady que esta vez va muy en serio. Y le contesté: “¿qué hacemos?”. Estábamos cerca de Chile Films y nos fuimos para allá. Todavía no habían llegado los militares. Ese amigo tenía una camioneta y la llenamos con latas de películas y las escondimos en un departamento. Después las repartimos entre los corresponsales de televisión internacionales que estaban en Chile”.</p>
<p>Tras ir a las poblaciones a hablar con dirigentes sindicales para saber qué estaba sucediendo y si había instrucciones, el fotógrafo, sin tener respuestas concretas, se reunió con su familia y amigos en una casa en Las Condes.</p>
<p>—Nos quedamos ahí esperando a ver qué pasaba. Vino el toque de queda, ingenuamente hicimos guardia esa noche en la puerta con una pistola que tenía alguien. A las tres de la mañana, mientras escuchaba una radio de Mendoza, me enteré que había muerto Allende. Era tal la falta de comunicación que no sabías nada.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1897" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda.jpg" alt="" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda.jpg 1280w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda-300x201.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda-1024x686.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda-768x515.jpg 768w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></p>
<p>—<strong>Y ¿cuál fue su reacción al enterarse de la muerte de Allende?</strong></p>
<p>—Entramos a la casa y nos preguntamos: “¿Qué va a pasar ahora?”. Como trabajamos en asuntos de comunicaciones del Partido Socialista, pensamos que seguramente lo que venía ahora sería la clandestinidad. O sea, iban a empezar a buscar, a perseguir a la gente, pero no había ninguna comunicación con la directiva del PS, con nadie que te diera una instrucción.</p>
<p><strong> —¿Imaginó que usted y sus cercanos corrían peligro tras el golpe? </strong></p>
<p>— No pensé que el Ejército nos iba a dividir, a pesar de que yo había estado más de tres años en la Escuela Militar y sabía cómo pensaban, nunca imaginé la crueldad con la que fue el golpe. El bombardeo a La Moneda no tiene justificación porque ellos tenían tanques y tenían tropas, era una guerra que se terminaba en media hora. Eso fue un acto de terrorismo como los que hicieron después para asustar a la población, para decir nosotros vamos a golpear y vamos a golpear muy duro. Entonces yo dije: “Tengo que hacer lo que pueda para combatir eso, yo no voy a tomar una ametralladora, no voy a tomar una pistola, pero yo voy a combatir esto con lo que sé hacer, que es con la fotografía”.</p>
<p><strong>Humano antes que fotógrafo</strong></p>
<p>—<strong>¿Cómo se plantea el fotógrafo ante el peligro? Porque hay quienes señalan que el fotógrafo no debe involucrarse…</strong></p>
<p>—Después del golpe había que tener credencial de la junta de gobierno para fotografiar. Yo tenía un amigo que era el jefe del equipo de televisión española, había trabajado con él y me dijo: “Mira yo te puedo conseguir credencial y tú formas parte de mi equipo como fotógrafo y vamos a ir al Estadio Nacional a fotografiar a los presos” y yo le dije: “Yo no puedo, porque yo soy parte de esos presos. No puedo pretender que eso no me incumbe”. Entonces hay un momento que tienes que tomar la decisión, o formas parte o te quedas fuera. Yo dije: “No, yo soy parte de los prisioneros y por casualidad no estoy ahí, pero yo debería estar ahí también, son mis amigos no?”. (…) Creo que el fotógrafo cuando fotografía tiene que estar fuera y tener una mirada. Si uno está comprometido emocionalmente, no puede. Hay que dejar la cámara y participar. Es más importante ser humano antes que  fotógrafo.</p>
<p>Días después del golpe, Luis Poirot recibió un aviso. Su vecina se acercó en nombre de su marido, un coronel de la FACH, para decirle que destruyera sus negativos porque los iban a ir a buscar.</p>
<p>—Yo los fui sacando de a poco, repartiéndolos entre amigos, en paquetitos.</p>
<p>—<strong>¿Tenía miedo de que fueran a buscar esos negativos?</strong></p>
<p><strong><em> </em></strong>—Sí, entraron en varias ocasiones. Un año y medio después, yo ya estaba en Francia: Mi hermano menor que estaba en Chile empezó a pesquisar y a recoger estos paquetitos. Se reunía en un café con una secretaria de la embajada de Francia que, con el permiso del embajador, tomaba los negativos y salían por valija diplomática y llegaban a París. Así empecé a reconstruir el archivo. Si no hubiese sido por la embajada de Francia, se habría perdido todo. No tendríamos ni las fotos de la UP ni tampoco la memoria cultural de antes del golpe. No existirían los retratos de Víctor Jara, de Neruda, de Allende… Ese archivo empecé a reconstruirlo. Había fotos que yo sabía que tenía pero que nunca había imprimido. Por ejemplo, la fotografía de La Moneda incendiada, Para mí, enfrentarme al negativo y hacer la ampliación, fue un proceso emocional muy desgastador, muy fuerte.</p>
<p><strong><em>—</em></strong><strong>¿Y cómo fue finalmente enfrentarse a los negativos?</strong></p>
<p>—Ampliar esas fotos fue duro, había muchos amigos muertos ahí (…). En ese momento entendí que Allende me había dado esa misión de ser un testigo y me dije: ese es mi trabajo en fotografía. Aparte de lo que hago para ganarme la vida haciendo fotos de prensa, de publicidad o de arquitectura; mi trabajo es ser testigo, es dar testimonio, y que esto no se olvide.</p>
<p>El mismo año del golpe, Poirot se autoexilió en Francia donde residió hasta 1975. Después se mudó a Barcelona donde comenzó a elaborar su proyecto sobre la memoria de Pablo Neruda, el que en 1986 se convertiría en su libro: <em>Neruda, retratar la ausencia</em>.</p>
<p>—Yo conocí a Neruda y lo fotografié. Tenía el deber de transmitir esto a la juventud, y empecé a trabajar. Me dieron el pasaporte español y el año ‘82 entré a Chile.</p>
<p>—<strong>¿Y cómo fue volver a Chile?</strong></p>
<p>—Fue romper con el mito que tenemos los exiliados que piensas que vas a volver a Chile y va a estar lleno de amigos y banderas y que te van a decir “bienvenido”. No había nadie porque nadie sabía que yo volvía, fue un regreso anónimo. Fui a la casa de Matilde (de Neruda) a decirle que quería fotografiar la casa de Isla Negra. Ahí también empecé a trabajar con la memoria de Neruda, con la memoria de los amigos, a ver lo que estaba pasando en Chile. Cada cierto tiempo volvía a Barcelona, revelaba, ampliaba, y daba a conocer (…). Cada vez más ya se me olvidaba el sueño absurdo de ser un fotógrafo del <em>National Geographic</em> y de sacar fotos en color. Lo mío es la memoria, es el blanco y negro, yo tengo una responsabilidad de ser la memoria de Chile. Primero era la memoria política, después cuando volví yo me di cuenta que se estaba borrando la cultura y me dije: “Voy a trabajar en la memoria de la cultura, en lo que desaparece, en lo que borran”. Todos los libros que he hecho, tienen que ver con la memoria.</p>
<p><strong>Hoy</strong></p>
<p>Sentado en su escritorio mirando hacia afuera, pareciera que Luis Poirot es también de blanco y negro. Su barba blanca contrasta con el marco de sus anteojos y la oscuridad de su oficina llena de libros, fotografías y cámaras. Mientras responde la última pregunta juega con el lente de una cámara análoga:</p>
<p>—<strong>El presidente Boric ha mencionado en diversas ocasiones que desea que esta conmemoración de los 50 años del golpe sea una instancia de diálogo, y en una columna publicada por el diario El País mencionó que uno de los conceptos que marcará esta fecha es “futuro” pero siempre aprendiendo del pasado, ¿qué opina usted sobre esta actitud?</strong></p>
<p>—Yo creo que todavía no hemos vivido el luto, primero hay que vivir el luto para pensar en una reconciliación y en un futuro. En Chile todavía no se ha contado la verdad, todavía la verdad está oculta, disimulada. No sabemos de los asesinos de Víctor Jara, todavía el Ejército oculta, todavía hay tanta gente que tiene familiares desaparecidos y que no se sabe nada. Primero hay que saber la verdad, hay que enfrentarse con ella, después podemos hablar de reconciliación y de futuro. Si no eso tiene pies de barro.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Patricio Bañados: “Después de la dictadura se dijeron tantas estupideces sobre mí”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 15:10:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Patricio Bañados es un pionero de la televisión chilena: participó en la primera transmisión de un mensaje presidencial del 21 de mayo y en la primera emisión de un partido de fútbol. Pero asegura que su desinterés por la militancia política y por lo que él llama “el compadrazgo chileno”, le cerraron muchas puertas. Nunca, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Patricio Bañados es un pionero de la televisión chilena: participó en la primera transmisión de un mensaje presidencial del 21 de mayo y en la primera emisión de un partido de fútbol. Pero asegura que su desinterés por la militancia política y por lo que él llama “el compadrazgo chileno”, le cerraron muchas puertas. Nunca, eso sí, se alejó de los medios.</p>
<p>Bañados fue el inolvidable locutor en cámara de la campaña del No en 1988, votación donde el régimen de Pinochet fue derrotado.</p>
<p>Aquí desmenuza la televisión local, recuerda los obstáculos que enfrentó dentro de la industria y, de paso, dispara contra la clase política. “Están preocupados de imbecilidades”, sentencia.</p>
<p><strong> </strong>Son casi las 11:30 de la mañana de un jueves. Patricio Bañados está en Radio Beethoven después de grabar, como cada semana, su programa “Contrapuntos”. En la emisora, donde trabaja hace más de 30 años, la gente lo saluda con cariño y admiración. Hoy tiene 87 años, estudios en derecho y teatro, y mantiene un lento caminar, pero con una actitud segura.</p>
<p>“Lance sus preguntas”, dice antes de la entrevista, como si estuviera preparado para todo.</p>
<p><strong> </strong><strong>—¿Cómo ve la digitalización de los medios y la incursión de los <em>podcasts</em>? </strong></p>
<p>—La terminología específica de determinados medios que hay actualmente para hacer periodismo me es totalmente ajena. Empecé a trabajar cuando las escuelas de periodismo se estaban recién formando. Mi opinión general sobre los medios de difusión de Chile es que no puedo olvidar que cuando nació la televisión en Chile, bajo don Jorge Alessandri, él dijo que este medio de difusión era tan importante que había que encargarlo a las universidades y dio la concesión de televisión a las universidades de Chile y Católica.</p>
<p>Sobre los medios actuales tengo que dar una opinión muy global y atemporal. Encuentro una lástima que hayan abandonado los canales universitarios, primero, y luego que la televisión en general haya abandonado el papel formador que le otorgaban al entregarla a las universidades. Después, Eduardo Frei creó Televisión Nacional y mencionó como ejemplo a la BBC, vale decir, medios de difusión que tienen un gran cuidado en qué le ofrecen al espectador. Chile abandonó totalmente eso. Es lo único que podría decir. Y no es una crítica a la programación de determinado canal aquí en Chile. La televisión en Chile en general no tiende a nada y hay muchas cosas que se pueden enseñar sin majadería. Pero fue abandonado ese destino que tanto Jorge Alessandri como Eduardo Frei pensaron para la televisión. Era un destino con el cual yo concordaba absolutamente.</p>
<p><strong>—A partir de la revuelta social de 2019, se vio una profundización de la desconfianza en los medios. ¿Qué es lo que debería cambiar para que la gente se acercara más a la prensa, a la televisión y a la radio?</strong></p>
<p>—Creo que la televisión abrazó totalmente la filosofía del mercado: que hay que dar lo que se supone que le gusta a la gente, pero hay muchas cosas que la televisión no aborda. Es una lástima y un daño para el país. Hoy hay solo programas de distracción y el árbitro supremo de la televisión es el <em>rating</em>.</p>
<p><strong>—¿Hay algún programa de televisión o medio que considere que está haciendo un buen trabajo actualmente?</strong></p>
<p>—En su orientación, creo que se hacen buenos programas, como los concursos de canto donde parece que imitan a algunos cantantes. Eso, como entretención, lo hacen bien, pero siempre en ese plano de que lo único que interesa es ganarle al canal de al lado. ¿Cuál tuvo el mayor <em>rating</em>? Ese es el éxito. He visto unos programas que traen de Estados Unidos en que ya no se boxea en un ring con cuerdas y guantes, sino que se juega con una especie de malla de alambre, y se permiten patadas y todo eso. No sé cómo se puede dar esa brutalidad.</p>
<p><strong>—¿Y qué opina de la sección de cultura de los medios?</strong></p>
<p>—He escuchado por ahí algunos programas de muy buena calidad tanto en televisión como en radio. Invitan personajes de la literatura o de la ciencia o de la astronomía.¡Es muy necesario saber esas cosas! Algunos dicen: “¿Qué me importa a mí que haya 40 mil planetas?”. Momento, eso te pone en tu lugar. Los programas que hay los encuentro muy buenos.</p>
<p><strong>El descontento</strong></p>
<p><strong>—¿Cuál es el destino tras el triunfo del Rechazo sobre el Apruebo?</strong></p>
<p>—Encuentro que Chile ha caído en una confusión y en una falta de análisis tan grande que esto que me preguntas es un detalle. No sé lo que va a pasar ni me interesa, porque aquí se ganó el “No” a Pinochet, pero los gobiernos que vinieron continuaron su política. No los crímenes ni las torturas, eso ya habría sido lo último, pero continuaron exactamente la misma política monetarista avara que habían impuesto los Chicago Boys. El descontento estaba fraguándose. Viene a ser como el collar de María Antonieta: cuando el pueblo se estaba muriendo de hambre, ella se mandó a hacer un collar carísimo, y eso, en cierto modo, se dice que desató la Revolución Francesa. Aquí, a un par de ricachones los castigaron con clases de ética ¡eso es una bofetada al 90% del pueblo chileno! Se produjo el famoso estallido y parece que sorprendió. A mí no me sorprendió nada. Llegó un momento en que la gente estaba hastiada de esta estupidez. Nadie respetaba, entonces salieron ellos a no respetar. Luego, por supuesto, duró poco. Se han convencido de que fue una cosa pasajera y ahora siguen con estas leseras de las convenciones. No me preguntes, porque no lo sigo en detalle.</p>
<p>La clase política, que es la que tiene que representar al pueblo chileno, está divorciada de las inquietudes y las necesidades del pueblo. Están preocupados de imbecilidades. Cuando se levanta, al pueblo no lo puede parar nadie. Esta clase política ha sido absolutamente ciega, y sigue equivocada. Corremos el peligro de que haya un levantamiento en serio. Digamos que el famoso estallido de 2019 fue un ensayo general de lo que puede pasar, pero en menor escala, y los políticos no se dan cuenta, siguen peleándose. A todo esto, ganan 10 millones de pesos al mes. Tendría que haber una cierta proporción. Si el salario mínimo es poco más de 400 mil pesos, el salario máximo no puede exceder los cuatro millones. Diez veces está bien, pero no 100, ni 200, ni mil veces. Mientras tengamos esta clase política…</p>
<p><strong>—¿Qué le pareció el borrador de constitución que fue rechazado el año que pasó?</strong></p>
<p>—No sé quién inventó que yo estaba por el Apruebo. Es indudable que la prensa entera, que pertenece a la gente con plata porque un sindicato obrero no tiene plata para sacar un medio, estaba furiosa con este proyecto de constitución, que además era bastante disparatado porque pedía cosas que no tienen nada que ver. Una constitución da las grandes líneas de las cuales se van a desprender cada uno de los reglamentos específicos.</p>
<p>Yo no era partidario de eso, pero tampoco lo era de la prensa que está en manos del dinero. Que hagan una nueva constitución, pero tú no puedes invitar a un pescador de Antofagasta o un minero del cobre a participar en una cosa que no entiende.</p>
<p><strong>Ni izquierdista ni pinochetista </strong></p>
<p><strong>—¿Cuál es el momento de su carrera que recuerda con más orgullo?</strong></p>
<p>—Esos dos primeros años de la televisión en Chile, cuando hicimos la primera transmisión de un mensaje del 21 de mayo y  la primera transmisión en exteriores. Son hitos. La primera Parada Militar, el primer partido de fútbol. Vino el Zaragoza de España y jugó con la selección, que se preparaba para el Mundial. Eso es lo que más me enorgullece. (…) Me alegro de haber trabajado en el extranjero. Trabajé en Holanda tres años, en Inglaterra dos años, en Estados Unidos tres años, en Suiza dos años. Todo eso da una mirada. Europa la conozco como la palma de mi mano. Me gusta haber conocido Alaska y la Antártica chilena. Estuve en Australia, en Sudáfrica, en India, en Rusia. Lo único que me falta es China y Japón, y ya no lo hice porque ya estoy cachencho.</p>
<p><strong>—¿Cuál es la diferencia entre los medios de Chile y los europeos?</strong></p>
<p>—Creo que la dije sin querer: en Europa los medios de difusión están muy controlados, no en el sentido político sino en el sentido de que no dan cualquier cosa. En Holanda daban dos programas norteamericanos no más: uno era “El Show de Dick Van Dyke”, que era bastante divertido; el otro, media hora de <em>cowboys</em>. En cada país la televisión y la radio reciben especial atención, de manera que el cuidado de los medios de difusión y la calidad de los diarios es fantástica. No así en Estados Unidos, donde la calidad de los diarios es buena, pero la televisión y la radio no. Son puro comercio y tonterías.</p>
<p><strong>—Usted escribió varios libros, entre ellos <em>Confidencias de un locutor</em>. ¿Qué lo llevó a escribir sobre su experiencia en los medios?</strong></p>
<p>—Principalmente, la presión que ejercieron sobre mí mis hijas y mi señora. Me querían convencer y no les costó nada. No, pero es algo más que eso: todos queremos que quede algo de nosotros.</p>
<p><em>Confidencias de un locutor</em> fue porque a raíz del allendismo y después de la dictadura se dijeron tantas estupideces sobre mí que decidí poner ahí clarito qué fue lo que pasó. Incluso decían que yo había leído los primeros noticiarios de la dictadura, pero resulta que durante la dictadura yo estaba en Suiza. ¿Cómo iba a leer los noticiarios? Me enteré allá del golpe de Estado. Tú sabes el dicho: pueblo chico, infierno grande.</p>
<p>Se dijo tanta estupidez que decidí escribir ese libro en el que narro todo cómo fue. Nunca fui allendista: creo que el gobierno de Allende fue uno de los grandes errores históricos de Chile. La Democracia Cristiana había hecho una Reforma Agraria y había nacionalizado parte del cobre. Si la izquierda se hubiese unido con la Democracia Cristiana para profundizar esos cambios e ir paso a paso, eso habría sido imparable. Habría sido apoyada por más de los dos tercios del país haciendo los cambios en la medida de lo posible: así es como resultan las cosas.</p>
<p><center><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-1882 size-medium" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/confidencias-de-un-locutor-e1683565359175-194x300.png" alt="" width="194" height="300" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/confidencias-de-un-locutor-e1683565359175-194x300.png 194w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/confidencias-de-un-locutor-e1683565359175.png 233w" sizes="auto, (max-width: 194px) 100vw, 194px" /><center></center>Portada del libro <em>Confidencias de un locutor</em> de Patricio Bañados</center><center></center><center></center>&nbsp;</p>
<p>Por eso escribí ese libro. Ahí cuento bien clarito porque nunca fui de izquierda ni fui pinochetista. Fui un adversario de las dos cosas.</p>
<p>Cuando terminé mi contrato en Suiza, en 1975, volví, porque para mí no hay país como este para vivir. Aquí vivo feliz. Pero inventaron muchas cosas. Cuando volví se cumplían dos años de dictadura y para qué te digo la propaganda que hicieron los diarios, porque en esa época todo el mundo arrancaba de Chile. Lo presentaron como que yo volvía “gracias a”. No tenía nada que ver: terminé mi contrato y me vine. Me integré a Televisión Nacional porque estaban mis compañeros de antes: Gonzalo Bertrán, Pedro Carcuro y el “Sapo” Livingstone.</p>
<p><strong>—¿Qué ámbito del periodismo le hubiera gustado desarrollar más si hubiera tenido más apoyo de los directores de los canales?</strong></p>
<p>—A riesgo de ser siútico, la vida se compone de política, pero no solo de política. Me hubiera gustado hablar más de fútbol.</p>
<p>Después de 30 minutos de entrevista, Patricio Bañados pide parar. Dice que la vejez lo ha sorprendido. No se esperaba todos los malestares que tiene. Con tranquilidad, apuesta que no pasará de este año.</p>
<p>Sobre el futuro de la televisión, admite que es pesimista, pero le da un consejo a los periodistas jóvenes: “que no se la crean”, que eviten volverse los protagonistas de las noticias.</p>
<p>—Y que sigan su vocación, que hagan lo que realmente quieren hacer.</p>
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		<title>Daniel Arrieta: “La bomba periodística es la gran diferencia que uno puede marcar como reportero”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Apr 2023 13:11:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No le gusta que se refieran a él como “periodista deportivo”, ya que se considera apto en todos los ámbitos de la profesión. En su época universitaria le gustaba el periodismo de investigación y, aunque siempre le interesó el fútbol, nunca pensó que llegaría a dedicarse a esa área. Estudió en la Universidad Diego Portales [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>No le gusta que se refieran a él como “periodista deportivo”, ya que se considera apto en todos los ámbitos de la profesión. En su época universitaria le gustaba el periodismo de investigación y, aunque siempre le interesó el fútbol, nunca pensó que llegaría a dedicarse a esa área.</p>
<p>Estudió en la Universidad Diego Portales y, durante la carrera, fue colaborador e investigador de los reportajes Casos de la Vicaría de la Solidaridad de Periodismo UDP. Comenzó su carrera en el área deportiva de Canal 13 durante la Copa América de Venezuela 2011, mientras hacía su práctica universitaria. Entonces solo “cortaba y pegaba cuñas”, recuerda. Luego, cubrió a la Selección Nacional de fútbol en las Copa América en que Chile fue campeón —2015 y 2016— y en la de Brasil 2021.</p>
<p>En 2019 fue galardonado con el premio al Mejor Periodista Joven entregado por el Círculo de Periodistas de Chile. Actualmente, trabaja como reportero en el canal deportivo TNT Sports. Desde hace tres años, cubre al primer equipo masculino de Colo-Colo y es panelista en el programa que analiza el fútbol local “Todos Somos Técnicos”.</p>
<p>Está en el peak de su carrera y es muy querido por la comunidad futbolera. Sus seguidores crearon una cuenta de Instagram llamada @arriestismo para publicar sus mejores momentos y sus chascarros televisivos.</p>
<p>Cree que, como periodista, siempre se tiene que estar preparado para todo.</p>
<p><strong>¿Cómo comenzó su interés por este tipo de periodismo?</strong></p>
<p>Desde pequeño que me gustó el deporte, el fútbol sobre todo. Cuando estaba en la universidad, nunca pensé que me iba a dedicar al periodismo deportivo, porque siempre me gustaron todas las áreas del periodismo. Después, cuando empecé a hacer la práctica, llegué al área deportiva Canal 13. Ahí me metí de lleno en el periodismo deportivo. Después me fui a Radio ADN, también a trabajar de periodista deportivo. Y agarré vuelo.<br />
<img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1863" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/04/Arrieta-02.png" alt="" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/04/Arrieta-02.png 862w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/04/Arrieta-02-300x164.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/04/Arrieta-02-768x419.png 768w" sizes="(max-width: 862px) 100vw, 862px" /><br />
<strong>¿Cómo fue su experiencia cubriendo las Copa América?</strong></p>
<p>Afortunadamente me ha tocado estar en coberturas importantes porque he seguido a la selección chilena como reportero. En 2011 trabajé en el área deportiva de Canal 13 en modo colaboración durante la práctica. Editaba y cortaba cuñas. Era un trabajo menor, detrás de pantalla. En 2015 y 2016 cubrí la Copa América en Chile y en Estados Unidos, y la de 2021 en Brasil. Estas coberturas me marcaron porque, además de que Chile fue campeón, aprendí mucho. Fueron 30 días de corrido trabajando sin descanso, pero se aprende a reportear y a salir al aire. Es muy gratificante realizar una cobertura, sobre todo en el extranjero: es otro tipo de trabajo. Es, sin duda, la experiencia más gratificante que he tenido en el periodismo.</p>
<p><strong>Cuando ganó el premio al Mejor Periodista Joven en 2019, le preguntaron qué faltaba en el periodismo hoy. Su respuesta fue: “Anhelo que todos los medios se la jueguen por el deporte, por ir a las coberturas y por abrir más espacios programáticos para el rubro”. </strong><strong>¿Cómo ve al periodismo deportivo chileno actual?</strong></p>
<p>Me refería a incursionar en más deportes y también a que los canales se la jueguen más. Es impresionante la cantidad de periodistas deportivos que hay en Argentina y en Brasil. Acá en Chile no se vive así. Obviamente, cuando hay mundiales viaja un equipo, pero nunca de esa magnitud. Siento que en Chile le falta todavía al medio. También hay un tema económico: Argentina y Brasil son más futboleros, son países con más recursos. Pero siento que en Chile todavía falta dar ese impulso.</p>
<p><strong>¿Cómo es cubrir a un equipo de fútbol?</strong></p>
<p>Es una responsabilidad grande, sobre todo cubrir a Colo-Colo, porque es el equipo que tiene más pantalla. Hay que estar en el día a día. En todos los equipos pasan cosas, pero en Colo-Colo, el equipo más grande mediáticamente, todo tiene más repercusión. En Colo-Colo se sabe todo y todo genera más resonancia. Incluso, a veces se agranda. Hay que informar bien, hay que tener fuentes. Nuestro trabajo es de mucho reporteo.</p>
<p><strong>En TNT Sports se ha caracterizado por tener siempre información fresca y dar “bombas periodísticas”. ¿Cómo lo logra?</strong></p>
<p>Si yo digo: “Tal jugador está listo para entrar a Colo-Colo”, es porque lo reporteé con dirigentes, con gente allegada al club y con representantes. A veces el dato uno lo busca, así como también a veces te llega. Siempre me ha gustado eso de la bomba: es la gran diferencia que uno puede marcar como reportero. Si voy a pararme al Estadio Monumental todos los días a presentar lo que dijo el entrenador de Colo-Colo en la conferencia de prensa, eso no genera ningún valor agregado. El valor agregado es contar la información que la gente no sabe y que yo le puedo traspasar.</p>
<p><strong>¿A qué episodios desafortunados se ha enfrentado reporteando?</strong></p>
<p>El contacto con las personas es súper entretenido y gratificante porque la mayoría de la gente a uno le tira buena onda por tu trabajo. También pasa mucho con los barristas que te marcan distancia o te dicen cosas pesadas, y eso es parte del trabajo. Puedes estar en vivo hablando en cámara y por detrás te están diciendo cosas, y uno tiene que seguir. Lo más desafortunado que me ha pasado fue cuando estuve en Bolivia en 2017. El día previo al partido estábamos haciendo un despacho en vivo. Había varios hinchas chilenos y bolivianos. Estaba hablando y llegó un hincha boliviano que me decía “Chileno puto”. Yo trataba de seguir hablando. En un momento dije: “Voy a tener que hacer algo”. Y le pregunté: “¿Qué pasa?”. Me empujó. Después se fue y le tiró un escupo a la cámara. Eso es, quizás, lo más desafortunado a lo que me he enfrentado. Tuvo harta repercusión, pero siempre traté de bajarle el perfil porque es parte del trabajo.</p>
<p><strong>¿Cómo es interactuar con los jugadores?</strong></p>
<p>Dentro del reporteo de un equipo hay que tener relación con todos: jugadores, dirigentes, cuerpo técnico y funcionarios. Obviamente, al periodista lo ven no como un enemigo, pero sí como alguien con el que hay que tener cierta distancia. En Colo-Colo los jugadores ya saben cómo soy, saben cómo trabajo, y siento que me tienen respeto. Yo también les tengo respeto a ellos. Con los jugadores uno debe tener una relación directa. Si tengo una información acerca de que a un jugador le pasó algo o que tiene una oferta, voy y le pregunto si es verdad y él me da su versión. Eso es lo más sano. Hay datos que tengo ratificados y que no necesariamente pregunto de manera directa, pero si hay algo potente que involucra a un jugador, trato de preguntarle siempre a él.</p>
<p><strong>¿Cuál ha sido su “bomba periodística” más relevante?</strong></p>
<p>Fue en 2017. Jorge Valdivia, en la era de Juan Antonio Pizzi, estuvo al margen de La Roja mucho tiempo. Nadie se explicaba mucho por qué no lo llamaban. Siempre se respondía que era una decisión técnica. En la previa de los partidos por eliminatorias, uno siempre trabaja para intentar dar la nómina de los jugadores titulares antes de que se publique. Esa vez dije que Jorge Valdivia volvía a la Selección. Obviamente, esto en base a reporteo, a chequeo con muchas fuentes. La nómina salía el lunes, por ejemplo, y lo informé antes. En la Selección Chilena es difícil tener este tipo de información. Recuerdo mucho esa bomba periodística porque causó harta repercusión.</p>
<p><strong>En Instagram se creó una cuenta de memes llamada @arrietismo_. ¿Dimensiona el furor que causa en el público?</strong></p>
<p>Es raro. Yo solo hago mi trabajo y me empecé a hacer más conocido. De repente la gente me saluda, me pide una foto. Es extraña esa sensación, pero también es gratificante saber que la gente valora tu trabajo. Acá tenemos un programa, “Todos somos técnicos”. Le ha ido muy bien, lo ve la gente y contiene harto humor. Eso nos ha ayudado a ser conocidos. Me crearon una cuenta de Instagram y es divertido.</p>
<p><strong>¿Cuáles son sus proyecciones? ¿Le gustaría incursionar en otros deportes?</strong></p>
<p>Mi fuerte es el fútbol, porque es lo que he hecho en los últimos años y donde me he especializado, pero uno tiene que estar preparado. Por ejemplo, si el día de mañana hay unos Juegos Olímpicos y me dicen que tengo que ir a la cobertura, sé que me metería de cabeza a estudiar. Quizás no sería el mejor especialista porque no tengo tanta experiencia haciendo ese tipo de deportes, pero lo haría. Si mañana me dicen que tengo que ir a CNN, por ejemplo, a cubrir una elección presidencial, uno tiene que estar preparado para eso también. No me gusta mucho el título de periodista deportivo. Soy periodista y obviamente me especialicé en el deporte, pero uno tiene que estar preparado para todo.</p>
<p>The post <a href="https://museodeprensa.udp.cl/daniel-arrieta-la-bomba-periodistica-es-la-gran-diferencia-que-uno-puede-marcar-como-reportero/">Daniel Arrieta: “La bomba periodística es la gran diferencia que uno puede marcar como reportero”</a> appeared first on <a href="https://museodeprensa.udp.cl">Museo de Prensa</a>.</p>
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		<title>Bárbara Walters:  “Hay periodistas a los que les gusta ser muy duros y agresivos para hacerse una reputación”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Jan 2023 13:48:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A sus 76 años, esta periodista se ha transformado en una celebridad tanto o más importante que muchos de sus entrevistados. Pionera en la televisión americana, fue la primera mujer ancla. Tras años de éxitos, llegó a conducir &#8220;20/20&#8221;, el emblemático show de noticias de ABC en el que trabajó por 25 años, con los [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://museodeprensa.udp.cl/barbara-walters-hay-periodistas-a-los-que-les-gusta-ser-muy-duros-y-agresivos-para-hacerse-una-reputacion/">Bárbara Walters:  “Hay periodistas a los que les gusta ser muy duros y agresivos para hacerse una reputación”</a> appeared first on <a href="https://museodeprensa.udp.cl">Museo de Prensa</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A sus 76 años, esta periodista se ha transformado en una celebridad tanto o más importante que muchos de sus entrevistados. Pionera en la televisión americana, fue la primera mujer ancla. Tras años de éxitos, llegó a conducir &#8220;20/20&#8221;, el emblemático show de noticias de ABC en el que trabajó por 25 años, con los más altos ratings e influencia.</p>
<p>Desde ese sitial de entrevistadora estrella, interrogó a los mayores líderes mundiales, y también a las celebridades más populares. Desde Richard Nixon hasta Monica Lewinksy, pasando por Martha Stewart y Hillary Clinton.</p>
<p>Pero el año pasado decidió dejar su programa y comenzar una nueva etapa, en que solo hará cuatro programas al año, además de un programa magazinesco de mediodía: &#8220;The View&#8221;. Y en este nuevo esquema de vida se propuso viajar a conocer países como el nuestro.</p>
<p>&#8220;Estas vacaciones en Chile han sido fantásticas. Antes solo había estado en un país de Latinoamérica, Venezuela, y por poco tiempo. También he estado en Cuba, pero eso es muy diferente. Cuando era joven y mis padres me llevaban de viaje, nos llevaban a Europa, no a Latinoamérica. Y los americanos todavía no lo hacen. Y no estamos muy bien informados de la realidad de acá. Este viaje ha sido una gran oportunidad. Estuvimos en Santiago, almorzamos con el Presidente (Ricardo Lagos) en Valparaíso, fuimos a la casa de Neruda, comimos con nuestro embajador y directores de diarios. Esa parte del viaje fue ocupada. Luego fuimos a Puyuhuapi, en el sur. Y llovió, llovió, llovió. Estuvimos en las termas y conocimos el glaciar San Rafael. Pude ver la tierra, la montaña, los volcanes, la ciudad.</p>
<figure id="attachment_1799" aria-describedby="caption-attachment-1799" style="width: 604px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-1799 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-1.png" alt="Walters en fotografía del Jewish Women´s Archive." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-1.png 604w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-1-227x300.png 227w" sizes="(max-width: 604px) 100vw, 604px" /><figcaption id="caption-attachment-1799" class="wp-caption-text">Walters en fotografía del Jewish Women´s Archive.</figcaption></figure>
<p><strong>-Después de todos sus años de profesión, ¿qué admira en un buen periodista?</strong></p>
<p>-A los que hayan hecho su tarea&#8230; Todos deberían hacerla. Pero todavía hay gente que pregunta: ¿a quién entrevistó?, ¿cómo partió? Además, con Google no hay excusa para no saber algo. Y también creo que es importante ser justo. Yo trato de serlo. A veces hay periodistas a los que les gusta ser muy duros y agresivos para hacerse una reputación, pero pienso que ésa es la manera fácil. Es fácil hacer preguntas rudas solo para obtener una reacción. Es más difícil realmente explorar y descubrir cuáles son las visiones de esa persona. En general, los periodistas conmigo -aunque doy pocas entrevistas- son justos. Pero tengo la ventaja de que soy vieja. Y mientras más viejo, menos te atacan. Ésa es una de las pocas ventajas de ser mayor.</p>
<p><strong> -¿Cuál es la idea más equivocada que hay sobre usted?</strong></p>
<p>-La peor que había sobre mí era que era autoritaria. Haciendo el programa de mediodía en los últimos años eso cambió. Porque es sin libreto, y eso me permitió ser divertida y relajada. Mi hija estaba muy feliz con eso, porque la gente le decía: debe ser muy difícil tenerla como madre. Era una impresión, porque por muchos años hice entrevistas políticas en que debes estar a cargo y tener autoridad, y la gente te considera muy directa. Pero la gente en Estados Unidos me conoce muy bien. Y por años, de años, de años. Incluso un niño me reconoció y me dijo: deme un autógrafo para mi abuela. ¿No para ti?, le pregunté; no, para mi abuela, me dijo.</p>
<p><strong> -¿Cómo se toma las críticas?</strong></p>
<p>-Hasta hoy, no leo las críticas. Y le digo a mi asistente que no me las lea.</p>
<p><strong> -¿Por qué?</strong></p>
<p>-Porque no creo que te ayude. Hago otras cosas para promover el programa. Y si es una buena crítica, no creo que haga la diferencia. Si es mala, probablemente seré herida.</p>
<p>El meditado adiós de &#8220;20/20&#8221;</p>
<p><strong> -Usted dijo que renunció a &#8220;20/20&#8221; porque quería irse en el punto alto de su carrera. ¿Cuándo y por qué se dio cuenta de que era el momento para irse?</strong></p>
<p>-Lo pensé por mucho tiempo. Y al único que le conté fue a David Westin, el presidente de ABC. Le conté tres meses antes, y lo había pensado por varios años. Y por más de una razón. Adoraba el show y a la gente. Y sigo trabajando con ellos, porque hago los especiales cuatro veces al año con el mismo equipo. Pero pensé que lo que estaba haciendo era repetido. Ya no era tan emocionante para mí. Además, sentí que estábamos haciendo más celebridades, asesinos&#8230; Estaba cansada de ellos. Ahora tenemos una tendencia en nuestro país de enfocarse en las audiencias más jóvenes, de 18 a 49. Y ellos quieren celebridades, y no jefes de Estado. Entrevisté en septiembre al nuevo rey de Arabia Saudí. No había dado ninguna entrevista antes. Y la di en &#8220;20/20&#8221;, y me dijeron: ¿Qué tal seis minutos? Hubo un tiempo en el que le hubieras dado 20, 15 minutos&#8230; pero ahora la gente joven no quiere verlo.</p>
<p>&#8220;Pero me costó irme, y sabía que el programa iba a cambiar cuando me fuera, y cambió, con más historias de estilo de vida. Y luego pensé: han sido 25 años&#8230; no podía creerlo. Y si yo esperaba a que mi contrato venciera, podría haber pasado que ya no me quisieran más. Así es que me fui dos años antes. Pero no me jubilé, porque ahora puedo hacer un viaje como éste. No recuerdo antes un viaje sin celular ni mail. Y el hecho de venir acá sin pedir una entrevista con la doctora Bachelet (N. de la R.: en ese momento candidata presidencial) requirió contenerme, pero sabía que si lo hacía, hubiera estado haciendo entrevistas con los productores, pidiendo el diario traducido todo el día, y no habrían podido ser vacaciones&#8230;”.</p>
<figure id="attachment_1800" aria-describedby="caption-attachment-1800" style="width: 1318px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-1800 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-2.png" alt="Barbara Walters entrevista al presidente Barack Obama en 2012 para The View, de la cadena ABC. GETTY IMAGES" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-2.png 1318w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-2-300x172.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-2-1024x587.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/01/Walters-2-768x441.png 768w" sizes="(max-width: 1318px) 100vw, 1318px" /><figcaption id="caption-attachment-1800" class="wp-caption-text">Barbara Walters entrevista al presidente Barack Obama en 2012 para The View, de la cadena ABC. GETTY IMAGES</figcaption></figure>
<p>*Esta entrevista fue publicada originalmente el 14 de enero de 2006 en revista Sábado de El Mercurio.</p>
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		<title>Fernando Paulsen: “La línea editorial de los medios debería estar en la página editorial”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Oct 2022 11:48:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Actualmente es rostro de Chilevisión, como conductor del histórico espacio político “Tolerancia Cero”, y de CNN, a cargo del programa nocturno “La última mirada”. Hace algunas semanas anunció su salida de Radio La Clave y ahora incursiona en el podcast de análisis político “La Cosa Nostra”, junto a Alejandra Matus, Alberto Mayol y Darío Quiroga. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Actualmente es rostro de Chilevisión, como conductor del histórico espacio político “Tolerancia Cero”, y de CNN, a cargo del programa nocturno “La última mirada”. Hace algunas semanas anunció su salida de Radio La Clave y ahora incursiona en el podcast de análisis político “La Cosa Nostra”, junto a Alejandra Matus, Alberto Mayol y Darío Quiroga. Amante de los relojes, tiene una pequeña colección que luce en televisión junto a sus características camisas Polo arremangadas.</p>
<p>También ha trabajado como director, subdirector, productor de medios y corresponsal para la revista <em>Time </em>y el periódico <em>The Wall Street Journal</em>, y hoy es docente de la Escuela de Periodismo de la UDP. Sin embargo, esta carrera no fue su primera opción: antes, estudió Licenciatura en Física y luego Geografía, pero, como dicen, la tercera es la vencida. Los sucesos en torno al Golpe de Estado de 1973 lo hicieron elegir un oficio que durante su vida profesional le provocó temor e incluso lo llevó a la cárcel, pero al mismo tiempo le entregó “experiencias incomparables”.</p>
<figure id="attachment_1732" aria-describedby="caption-attachment-1732" style="width: 272px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1732" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/BibliotecaNacionaldeChile.png" alt="" width="272" height="370" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/BibliotecaNacionaldeChile.png 272w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/BibliotecaNacionaldeChile-221x300.png 221w" sizes="auto, (max-width: 272px) 100vw, 272px" /><figcaption id="caption-attachment-1732" class="wp-caption-text">Biblioteca Nacional de Chile</figcaption></figure>
<p>En septiembre de 1985, cuando se desempeñaba en la revista <em>Análisis</em>, Fernando Paulsen golpeó al periodismo nacional, destapando uno de los episodios más feroces de la dictadura: el caso “Degollados”. Recuerda que recibió el llamado de una fuente que lo citó a su oficina prometiendo algo inédito. En el lugar, le entregó dos informes: uno, emitido por la Dirección de Inteligencia y Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR) y otro, por la Central Nacional de Informaciones (CNI). Rápidamente, Paulsen se dirigió a la revista y, literalmente, “pararon las prensas” para publicar uno de los casos más horribles y recordados en el país.</p>
<p>El periodista también fue director del noticiario chileno opositor al régimen de Pinochet, “Teleanálisis”<em>, </em>que se produjo y distribuyó entre 1984 y 1989.</p>
<p>En el canal <em>La Red</em> inició en 1993 la que sería una destacada trayectoria en televisión abierta, la que continuaría en <em>TVN</em>, <em>Canal 13</em> y <em>Chilevisión.</em></p>
<p><strong>¿Por qué entró a estudiar Periodismo?</strong></p>
<p>-Yo salí del colegio en 1973, el mismo año del golpe. Entré a Licenciatura en Física en la Universidad de Chile y allí estuve un año. Luego a Geografía, pero lo que yo quería estudiar era Periodismo y no podía entrar por mi puntaje. Entonces, la Universidad Católica creó un cupo para deportistas destacados del club. Yo jugaba rugby por la UC, era seleccionado chileno. Tenía que mostrar la última Prueba de Aptitud Académica, que estaba relativamente bien, y entré a Periodismo. Periodismo fue mi tercera carrera.</p>
<p><strong>-Además, usted era futbolista, deporte que lo llevó a estudiar a Estados Unidos…</strong></p>
<p>-Yo era muy buen rugbista, pero era mucho mejor jugador de fútbol. El año 1977 me encontré con un amigo de la selección de rugby de Chile. Él me dijo que necesitaba un delantero para el equipo de fútbol de la University of North Texas (Denton). Me pagaban alojamiento, comida y la colegiatura, y jugaría fútbol. Jugué tres años en la universidad y saqué mi título de Periodista allá.</p>
<p><strong>-De regreso a Chile, trabajó en medios opositores a la dictadura. ¿Qué recuerda de la censura a la prensa en esos años? </strong></p>
<p>-Tuvimos muchísima censura, desde las más atípicas que se hayan visto, hasta las típicas. Las típicas eran decirte que a partir de ahora no puedes publicar la revista durante dos semanas. La más atípica es cuando censuraban solo el uso de imágenes, pero podías escribir de todo. En la oficina de informaciones del Gobierno a alguien se le ocurrió que las fotografías impactaban más que los textos y, por lo tanto, lo que había que censurar era la imagen. Nosotros en revista <em>Análisis</em> dejamos los espacios vacíos que decían: “Esta es la foto de un soldado que está pegando a un niño con la culata de su rifle”. Fue mucho peor. Se dieron cuenta de que la foto era menos grave que lo que uno escribía, porque, automáticamente, la gente se imaginaba las cosas peores.</p>
<figure id="attachment_1733" aria-describedby="caption-attachment-1733" style="width: 272px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1733" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/MercadoLibre.png" alt="Mercado Libre" width="272" height="393" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/MercadoLibre.png 272w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/MercadoLibre-208x300.png 208w" sizes="auto, (max-width: 272px) 100vw, 272px" /><figcaption id="caption-attachment-1733" class="wp-caption-text">Mercado Libre</figcaption></figure>
<p><strong>&#8211; ¿Sufrió alguna amenaza o algún tipo de amedrentamiento? </strong></p>
<p>-Uno tenía que interactuar con el miedo. Cuando mi mamá me llamó una vez, me dijo: “Fernando, véngase para acá. Me llamó un señor por teléfono, me describió cómo usted estaba vestido y que no sabía si iba a volver igual”. Eso pasaba todo el tiempo. Hubo gente que se salió de la revista <em>Análisis</em> por amenazas. Ahí uno evaluó si es que la profesión valía o no valía el miedo. Algunos resistieron, muchos murieron.</p>
<p><strong>-A causa de lo anterior, ¿pensó en algún momento dejar el periodismo?</strong></p>
<p>-Todo lo contrario. Cagado de susto como estaba, con dos encarcelamientos en el cuerpo, no se me ocurrió salirme. De hecho, la revista <em>Time</em> me ofreció irme después de la segunda cárcel con una oferta de corresponsalía en Lima, pero lo rechacé.</p>
<p><strong>-A lo largo de su carrera profesional ha ejercido distintos roles en los medios de comunicación. ¿Cuál ha sido la experiencia que más le ha gustado?</strong></p>
<p>-Los diez años que estuve en la revista <em>Análisis</em> no se asemejan con lo que me haya pasado antes y después. Incluso si lo comparo con haber sido director de medios. Por paliza, lejos.</p>
<p><strong>-¿Por qué?</strong></p>
<p>-Porque muchas de las cosas que uno aprendió del periodismo, fueron allí. Por ejemplo, algunas de las fuentes (informativas) más extraordinarias que yo he tenido, las logré en dictadura. No estoy hablando de gente de la izquierda, hablo de gente de la derecha. Gente que costaba que confiaran y te dijeran cosas. Tengo tres o cuatro portadas de revistas con golpes noticiosos que me los entregaron personas de derecha en contra de Pinochet.</p>
<p><strong>-¿Cuál es el golpe noticioso que más le enorgullece?</strong></p>
<p>-Publiqué a quiénes mataron a los degollados. En un momento dado, recibí un llamado de una fuente muy exclusiva mía, con quien trabajé muchísimos años. Él me dijo: “Fernando, tengo algo que te puede interesar”. Fui a la oficina de esta persona en el centro y me dijo: “Tengo dos documentos”. Me entregó el primero, un informe de Carabineros, y luego la respuesta en que la CNI (Central Nacional de Informaciones) acusaba a Carabineros del crimen. Quedaba claro que había sido la policía la que degolló a los tres. Con esta publicación cayó toda la Dicomcar (Dirección de Inteligencia y Comunicaciones de Carabineros) y también el general César Mendoza salió de la Junta de Gobierno.</p>
<figure id="attachment_1734" aria-describedby="caption-attachment-1734" style="width: 275px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1734" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/BibliotecaNacionaldeChile02.png" alt="Biblioteca Nacional de Chile" width="275" height="371" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/BibliotecaNacionaldeChile02.png 275w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/10/BibliotecaNacionaldeChile02-222x300.png 222w" sizes="auto, (max-width: 275px) 100vw, 275px" /><figcaption id="caption-attachment-1734" class="wp-caption-text">Biblioteca Nacional de Chile</figcaption></figure>
<p><strong>-Ya en democracia, ¿sufrió censura editorial en algunos de los medios en los que trabajó?</strong></p>
<p>-La única persona en la vida que a mí me ha censurado, y en democracia, se llama René Cortázar, mientras fue director de <em>Televisión Nacional de Chile</em>. Fue en mi programa “Medianoche”, cuando el Papa Juan Pablo II había llegado a Cuba y yo necesitaba en el estudio a un experto en temas vaticanos. Llamé a Francisco Javier Cuadra, exministro de Pinochet y exembajador en el Vaticano, y le pedí que fuera a explicar, en términos eclesiásticos, la reunión del Papa con Fidel Castro en La Habana. Cuando salieron los anticipos del programa, me llamó René Cortázar: “Fernando, Cuadra no puede salir en el canal”. “¿Y por qué no puede salir en Televisión Nacional?”, le respondí. Resulta que esa semana hubo una entrevista en <em>Qué Pasa</em> donde Cuadra dijo que había parlamentarios que se drogaban (de izquierda y de derecha). “Cuadra no puede entrar al canal, ni siquiera para hablar de la familia Cuadra. Así que cambia el invitado”, mandó Cortázar. Es la única persona en la historia que me ha censurado directamente.</p>
<p><strong>-¿Cuál fue el mayor fracaso de su carrera? </strong></p>
<p>-No haber sido capaz de sostener <em>La Hora</em>. Seis meses después de asumir como director de <em>La Tercera</em>, en enero de 1997, pedí una reunión con el directorio y propuse sacar un vespertino que competiría directamente con <em>La Segunda</em>. Me dijeron que no, pero, de repente, Álvaro Saieh me dijo: “Prepárate un boceto, a ver cómo sería”. Lo hice. Fui al directorio y por seis votos contra dos aprobaron sacar <em>La Hora</em>. Un grupo de directores cedió a la presión de <em>El Mercurio</em> quienes, lo supe después, tenían un compromiso para que<em> La Tercera </em>no compitiera con <em>La Segunda</em> y <em>El Mercurio</em> no hiciera lo propio con la revista <em>Qué Pasa</em>.</p>
<p><strong>-¿Qué formato prefiere en los medios de comunicación?</strong></p>
<p>-Lejos, la radio.</p>
<p><strong>-¿Por qué?</strong></p>
<p>-Porque la radio tiene una particularidad extraordinaria: tiene un solo sentido, que es el oído. No está el ruido visual, sino que es puro contenido.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Le acomoda trabajar en equipo? </strong></p>
<p>-Me gusta trabajar en equipo. Echo de menos esas reuniones de pauta a la antigua. Largas, gritadas, con harto café.</p>
<p><strong>-¿A qué periodistas chilenos actuales admira?</strong></p>
<p>-A muchos. Encuentro buenísimos a los compañeros que tengo en <em>CNN</em>. Daniel Matamala, Matilde Burgos reportean muy bien y trabajan harto.</p>
<p><strong>-¿Qué le parece el culto a la personalidad a los rostros televisivos? </strong></p>
<p>-Inevitable. No hay forma de que eso no pueda pasar.</p>
<p><strong>-¿Qué medios de comunicación considera que están haciendo un buen trabajo hoy?</strong></p>
<p>-Me gustan algunas cosas que tiene <em>CIPER</em>, me gusta ese periodismo investigativo.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Qué medios están sorteando la crisis actual?</strong></p>
<p>-Los podcast. Me sorprenden las métricas de un podcast.</p>
<p><strong>-¿Qué cree que queda por mejorar en los medios de comunicación chilenos? </strong></p>
<p>-La línea editorial de los medios debería estar en la página editorial. Tal cual como pasa en Estados Unidos. Todo el mundo entiende en Estados Unidos que esa es la opinión de los dueños del medio, no de los periodistas. Y todo el resto es un trabajo profesional. Además, todavía somos “periodistas de pijama”, como le llamo yo. Básicamente, todavía somos muy ombliguistas. Ha mejorado porque las redes han expandido las cosas, pero es un tratamiento de la información muy cercano. Creo que es interesante ver cómo se despliega el fenómeno de las <em>fake news</em>. No solamente hay que invertir en educación periodística, creo que es mucho más importante, a largo plazo, invertir en capacitación de lectores para las fake news.</p>
<p><strong>¿Cooperan los periodistas en la difusión de fake news?</strong></p>
<p>-Cuando hacen mal periodismo, cooperan muchísimo.</p>
<p>*Este artículo fue hecho como parte de la práctica electiva Museo de Prensa, asignatura que imparte la profesora Andrea Lagos.</p>
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		<title>Abraham Santibáñez: “El periodismo es una pasión, pero hay mucha gente que lo ve como pega. Eso me parece terrible”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Aug 2022 19:15:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El periodista Abraham Santibáñez, Premio Nacional de Periodismo en 2015, vive en El Llano, comuna de San Miguel, en el barrio de toda la vida, junto a su señora, la marionetista Ana María Allendes. Aún tiene dificultades para moverse debido a la secuelas físicas que le dejó un accidente que sufrió en el metro de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El periodista Abraham Santibáñez, Premio Nacional de Periodismo en 2015, vive en El Llano, comuna de San Miguel, en el barrio de toda la vida, junto a su señora, la marionetista Ana María Allendes.<br />
Aún tiene dificultades para moverse debido a la secuelas físicas que le dejó un accidente que sufrió en el metro de Santiago en 2021.<br />
Pese a todos los problemas de salud y a sus 84 años, su actitud es positiva, se mantiene activo, lee prensa todos los días y está atento a la pauta noticiosa.<br />
Hijo de un obrero y una química farmacéutica, cuenta que tuvo una infancia nómade viviendo en lugares como Til Til, pero que finalmente su familia echó raíces en la comuna de La Cisterna.<br />
Su padre murió joven debido a la tuberculosis y fue Berta, su madre, quien se hizo cargo de los tres hijos del matrimonio. “A ella le debo todo. En mi casa se leía mucho. Revistas y diarios. Por ella supe de Ercilla y Vea en los años 50. Después descubrí la revista Paris Match en la librería francesa, donde daban noticias internacionales como las elecciones de Estados Unidos cuando triunfó Truman. Siempre pensé que lo más importante para mí era el área internacional”.<br />
Estudió en el Instituto Nacional y después cursó un año en Química y Farmacia en la Universidad de Chile, cumpliendo con el mandato familiar. “Me dediqué a confeccionar murales. No terminé primer año y, en vez de dar exámenes, me fui a averiguar los requisitos para entrar a Periodismo”.<br />
Entró a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile que se había abierto hacía solo tres años y se tituló en 1966. “Fui compañero de Raquel Correa y tuve como profesores al historiador Leopoldo Castedo y al diseñador Mauricio Amster”.<br />
<strong>-¿Qué periodistas chilenos lo influenciaron en sus comienzos?</strong><br />
-Como sempiterno lector de El Mercurio, leía a José María Navasal. Después fui ayudante de Mario Planet en la Universidad de Chile. Y luego conocí a los periodistas de Ercilla Lenka Franulic y Luis Hernández Parker.<br />
<strong>-¿Cuál fue su motivación para estudiar esta carrera?</strong><br />
-Lo mío fue simplemente una gran afición a la lectura, que me permitió conocer la realidad desde mi entorno inmediato hasta el mundo entero. El periodismo es una pasión, pero hay mucha gente que lo ve como pega. Eso me parece terrible.<br />
Su primer trabajo fue en el semanario La Voz, del Arzobispado de Santiago (1959-1965) y luego escribió en la revista Vea, donde “el alma periodística era Raquel Correa. Ella era la que sugería temas, la reportera”.<br />
<strong>-¿Se considera un buen reportero?</strong><br />
-Yo nunca he sido bueno para las entrevistas. Soy más de documentarme y aprovechar la entrevista para un trabajo más largo. Lo mío tiene mucho que ver con el periodismo interpretativo. Me gusta observar y tenía fama de ser buen redactor.</p>
<figure id="attachment_1723" aria-describedby="caption-attachment-1723" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1723 size-large" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/08/Santibáñez-foto-2-802x1024.jpg" alt="Con su señora, la marionetista, Ana María Allendes." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/08/Santibáñez-foto-2-802x1024.jpg 802w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/08/Santibáñez-foto-2-235x300.jpg 235w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/08/Santibáñez-foto-2-768x981.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/08/Santibáñez-foto-2.jpg 1002w" sizes="(max-width: 802px) 100vw, 802px" /><figcaption id="caption-attachment-1723" class="wp-caption-text">Con su señora, la marionetista, Ana María Allendes</figcaption></figure>
<p><strong>La época Ercilla</strong></p>
<p>En 1968 Santibáñez contribuyó a la reformulación de la revista Ercilla, de la cual fue editor internacional y subdirector hasta 1977.<br />
<strong>-¿Cómo llegó usted a trabajar a Ercilla?</strong><br />
-Llegué después de pasar por Vea. Y el que me llevó fue Emilio Filippi. Lo más importante que hicimos fue cambiar el formato siguiendo el modelo de la revista Time. Una especie de resumen organizado que le daba sentido a las noticias dispersas. Eso exigía escribir textos ordenados, como capítulos de un relato que van desarrollado una narración que se cuelga de la actualidad. Ercilla tenía mucho contenido interpretativo y estaba armada por secciones. Nos entusiasmamos con eso y partimos un equipo en el que todavía trabajaba Luis Hernández Parker. Estaba Hernán Millas y se incorporó gente como Guillermo Blanco, Ana María Foxley y María Olivia Monckeberg.<br />
<strong>-¿Qué color político tenía Ercilla?</strong><br />
-Era muy cercana a la Democracia Cristiana. Yo fui muy cercano a la DC, milité un tiempo, hasta que decidí que, como periodista, no era compatible. Creo que el periodista debe ser totalmente independiente. La revista era bastante cotizada. Un día Frei Montalva retó a un ministro y le dijo: “Y cómo no se ha enterado de lo que sale hoy día en Ercilla”. Eso éramos nosotros.<br />
El día del golpe de Estado de 1973, trabajando en Ercilla, escuchó junto a todo el equipo de periodistas el discurso final de Allende. “Filippi decidió que nos fuéramos y, cuando volvimos a tomar contacto, la revista había sido ocupada por los militares. Tuvimos que esperar como tres semanas para sacar la siguiente edición”.</p>
<p><strong>Lonquén, 1978</strong><br />
En 1977, junto a parte del equipo de Ercilla, creó la revista Hoy, una de las publicaciones más importantes de oposición al régimen militar, y la única revista no oficialista a la que se le permitió, tempranamente, circular en dictadura.<br />
Ahí le tocó vivir el hito periodístico más importante de su carrera. Cuenta que el 30 de noviembre de 1978 recibió un llamado telefónico de la Vicaría de la Solidaridad. “Me llamaron del Arzobispado para confirmar una denuncia que había recibido un cura en secreto de confesión de que en los hornos de Lonquén había cadáveres sepultados” .<br />
<strong>-¿Cómo enfrentó ese hallazgo?</strong><br />
-Se ordenó que una comisión de profesionales se dirigiera al lugar, verificara el hecho y confirmara que eran restos humanos de detenidos desaparecidos que habían sido ejecutados y luego sepultados. Los hornos eran dos antiguas chimeneas de cerca de nueve metros de altura que antes habían sido utilizadas para la preparación de cal. Había ropa y no se distinguía mucho si había cadáveres humanos. Pero toda la impresión confirmaba que ahí estaban algunos desaparecidos. Otra cosa que yo recuerdo muy íntimamente es que era un peladero y que había gente mirando a escondidas. O sea, la gente sabía que ahí había pasado algo terrible. Máximo Pacheco, que formaba parte de comisión, decidió que este hallazgo fuera presentado a la Corte Suprema para pedir que se investigara. Y así se hizo. Se llevaron algunos restos, huesos, para demostrar que eran humanos. Me marcó mucho Lonquén, porque tuve la posibilidad de dar la primera información.<br />
<strong>-¿Lo afectó psicológicamente?</strong><br />
-El periodismo es una profesión de contrastes entre la muerte y la vida. Cuando llegué a mi casa desde Lonquén, me duché y partí con Ana María a una recepción que tenía en una embajada. Ahí me encontré con Máximo Pacheco. Por supuesto no hablamos del tema. Fue un contraste brutal.<br />
-Ustedes hicieron periodismo de oposición en dictadura. ¿Cómo fue esa experiencia?<br />
-Eso fue lo que nos hizo salir de Ercilla y crear Hoy. En ese clima crispado, la información crítica era muy poca frente a la información oficial que dominaba la prensa escrita. Nosotros tuvimos la oportunidad de recoger ese sentimiento y proyectarlo. Sobre todo en dos temas cruciales: los derechos humanos y la crisis económica. El año 84 empezaron las protestas nacionales y aumentaron las revistas opositoras, como Cauce y Apsi.<br />
<strong>-¿Hasta cuándo trabajó en Hoy?</strong><br />
-Me desvincularon a fines del 89. Ahí me tomé las primeras vacaciones en muchos años y me fui a Tongoy. Un día llegó un carabinero y me dijo que el ministro Enrique Correa necesitaba hablar conmigo. Tuve que ir a la comisaría y Correa me dijo que me llamaba por orden del Presidente para que me hiciera cargo del diario La Nación.</p>
<p><strong>El fin de una era</strong><br />
A comienzos de marzo de 1990, antes que asumiera el primer Presidente de la transición, armó el equipo periodístico y se transformó en el director del diario hasta el siguiente cambio de gobierno, en 1994. “Y el 11 de marzo, mientras Patricio Aylwin estaba en Valparaíso, llegué a La Nación a media mañana. Me instalé en mi escritorio y, de a poquito, fueron llegando los periodistas. La sala de redacción era muy grande. Había 20 veinte máquinas de escribir, 30 periodistas peleándose las máquinas, y mucho ruido hasta tarde”.<br />
<strong>-¿Cuáles fueron los desafíos que debió asumir como director de La Nación?</strong><br />
-Como Pinochet seguía en el cargo el Ejército, era muy sensible a lo que nosotros publicábamos. No fue fácil dirigir una publicación en libertad de prensa en un momento democrático, donde existía una severa vigilancia por parte de los militares. La Nación tenía reportajes en profundidad. Yo estuve hasta el 94 y creamos la idea de un cuerpo de reportajes con Francisco Artaza y Manuel Salazar.<br />
<strong>-¿Qué problemas tuvieron?</strong><br />
-El delator y agente de la CNI Miguel Estay Reyno, “El Fanta”, apareció en Paraguay. Y nosotros lo pusimos en portada. Recuerdo que una señora muy respetada en la comunidad de derechos humanos vino a La Nación y me preguntó: ¿qué pasa si se arranca? Ahí me di cuenta de que habíamos cometido un error al anunciar la aparición de “El Fanta”. Un dilema ético que es más viejo que el mundo, pero a mí no se me había pasado por la cabeza hasta ese momento.<br />
<strong>-¿Por qué desaparecieron los medios opositores a la dictadura, como revista Hoy, cuando se recuperó la democracia?</strong><br />
-Haciendo una autocrítica creo que un punto fue la dificultad que tuvimos para encarar el nuevo panorama. Junto con el desarrollo económico de Chile, los medios de oposición a la dictadura se quedaron en la misma fórmula que les dio prestigio, la investigación y la denuncia, postergando muchas veces otros temas.<br />
<strong>&#8211; ¿Tuvo que ver la baja del avisaje?</strong><br />
-Estos medios también desparecieron por la falta de apoyo de los gobiernos de la Concertación. Los avisos del Estado se entregaron fundamentalmente a medios que habían favorecido a la dictadura. En el caso de los diarios, La Época y La Nación, recibieron poca publicidad estatal. La razón que se adujo fue la baja circulación, pero eso terminó siendo un círculo vicioso: el escaso avisaje generaba una imagen pobre en el público y ante los posibles avisadores.<br />
<strong>-¿Qué opina sobre la crisis actual de los medios?</strong><br />
-Esta se debe, más que nada, a los efectos en la comunicación de los revolucionarios cambios tecnológicos. En la medida que el público cree que se informa bien mediante las redes sociales, decide no comprar más el periódico. Y, además, la radio y la televisión optan por otro tipo de programas, especialmente de farándula. Este desafío ha obligado a los medios a repensarse. Existen muy buenas respuestas de los diarios en el mundo que combinan el papel con las multiplataformas.</p>
<p><strong>El premio</strong></p>
<p><strong>-Usted es especialista en ética periodística e hizo clases de periodismo por décadas. ¿Cómo llegó a ser un experto en ese tema?</strong><br />
-Me dediqué después en la Universidad Diego Portales, cuando Lucía Castellón era directora de la Escuela de Periodismo. Ella siempre se había interesado por el tema de la ética y tenía muy buenos contactos con la embajada de Estados Unidos. A fines de los 90 vinieron a Chile varios profesores. Y así fui aprendiendo. Empezamos a hacer seminarios y en varios de esos cursos fui ayudante. Me acuerdo que hicimos un seminario para la Escuela de Periodismo de la UDP y para Televisión Nacional. Después hice mi libro sobre ética.<br />
<strong>-¿Cuál es su visión de la ética en el periodismo?</strong><br />
-Hay dos temas básicos. Primero está la necesidad de hacer periodismo interpretativo, es decir, darle un contexto a la información, porque no basta responder a las preguntas qué, cuándo, cómo, dónde y por qué. Y el otro tema es la ética, sobre todo ahora con las redes sociales. Hoy se realizan publicaciones anónimas con acusaciones que no han sido verificadas. Y no se puede dar una noticia sin confirmar. La ética periodística se debe estudiar con casos específicos. Por ejemplo: ¿Qué pasó con el caso Spiniak? Spiniak apareció por un dato que le dio la policía a los periodistas. Había una jovencita, Gemita Bueno, que era la que sabía toda la historia. Entonces los reporteros se fueron detrás de ella sin comprobar si ella decía o no la verdad. Hasta que un día en The Clinic salió el titular de Gemita Bueno diciendo: “Me pasé por la raja a todo Chile”.</p>
<p>Abraham Santibáñez recibió el Premio nacional de periodismo en 2015. “He tenido mucha suerte. Ese día recordé al equipo de La Voz, donde coincidíamos en algunas cosas, incluso desde el punto de vista religioso. Ahí trabajé con varios periodistas que habían sido compañeros de escuela. Después, pensé en la gente de Vea. Y en equipo de Ercilla, el definitivo, que se fue mayoritariamente al Hoy y que lo armamos con Emilio Filippi. Yo creo que este trabajo es en equipo. Y lo contrasto con las redes sociales, que son el unipersonalismo. Cuando recibí el premio, pensé en mi entorno más inmediato. Lo vi como un logro y me hace sentir orgulloso.´</p>
<p><strong>-¿Qué opina del desempeño del actual Colegio de Periodistas, del cual usted fue presidente?</strong><br />
-Me inscribí cuando todavía estaba estudiando en la Universidad de Chile y fui presidente hace más de una década. Actualmente, el Colegio de Periodistas está siendo instrumentalizado por la izquierda más extrema y por el Partido Comunista. Como resultado, los periodistas de otras posiciones lo han ido abandonando. Yo no he pensado en renunciar. Mi idea es quedarme e invitar a más colegas que lo integren.</p>
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		<title>Álvaro Hoppe: “Mucha gente cree que los fotógrafos de los ochenta fuimos heroicos, pero yo no. Siempre le tuve miedo a los milicos”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jun 2022 17:13:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Álvaro Hoppe (Santiago, 1956) tiene un ojo privilegiado. Sus fotografías sobre la dictadura se han convertido en íconos para la memoria colectiva chilena. Su gran acierto como fotógrafo documental ha sido registrar lo que sucedía en Santiago con el encuadre de un transeúnte, reconstruyendo la memoria visual de una ciudad en blanco y negro, el [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Álvaro Hoppe (Santiago, 1956) tiene un ojo privilegiado. Sus fotografías sobre la dictadura se han convertido en íconos para la memoria colectiva chilena.</p>
<p>Su gran acierto como fotógrafo documental ha sido registrar lo que sucedía en Santiago con el encuadre de un transeúnte, reconstruyendo la memoria visual de una ciudad en blanco y negro, el Santiago de los años ochenta.</p>
<p>La fotografía desde el interior de una micro, en la que por el forado de una ventana baleada aparece un carabinero con gesto adusto, más allá de ser un símbolo de la represión de la dictadura, es una imagen que habla tanto de la biografía de Hoppe (su padre era policía) como de las tensiones internas de nuestro país.</p>
<figure id="attachment_1670" aria-describedby="caption-attachment-1670" style="width: 1600px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1670 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1.jpg" alt="Carabinero" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1.jpg 1600w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1-300x200.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1-1024x683.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1-768x512.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1-1536x1024.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1600px) 100vw, 1600px" /><figcaption id="caption-attachment-1670" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Santiago, 1983.</figcaption></figure>
<p>Estudió en la Escuela Foto Arte, siguió la cátedra de fotoperiodismo en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile, se integró al taller de Fotografía Periodística Latinoamericana en la ciudad de La Plata, Argentina, y asistió al taller de color impartido por el artista Eugenio Dittborn.</p>
<p>Algunas de las publicaciones en las que ha participado son <em>Plebiscito en Chile, 1988</em>, donde trabajó junto a Alexis Díaz Belmar. <em>El ojo en la historia</em>, <em>La desigualdad </em>(escrito por José Bengoa y Francisca Márquez), <em>Chile from Within</em>, <em>21 sueños</em> (junto a Marcelo Mendoza), <em>El artificio del lente</em> (junto a Javier Godoy y Héctor López), entre otros.</p>
<p><strong>– ¿Qué importancia, en tu mirada como fotógrafo, tuvieron en tu infancia revistas como <em>Vea</em> o <em>Life</em>?</strong></p>
<p>-Mi papá compraba el Clarín que vendía miles de ejemplares, pese a que él trabajaba para Carabineros. En tiempos de la UP, yo leí los reportajes de <em>Nosotros los chilenos</em> de Quimantú, de la revista <em>Mayoría</em> y <em>Hechos Mundiales</em>.Y miraba mucho la revista Vea, la antigua, grande, en blanco y negro, parecida a la revista Flash. En la Vea conocí al Chacal de Nahueltoro por las fotos. Las imágenes del fusilamiento me marcaron mucho. Quedé impresionado.</p>
<p>A los catorce años llegó una revista<em> Life</em> a la casa. Tengo recuerdos de fotos grandes en blanco y negro sobre la Guerra de Vietnam. Me interesaban los gestos, los retratos, las esperas. Las manifestaciones políticas, las escenas de dolor, las tragedias humanas. Mi papá también traía a la casa la <em>revista de Carabineros</em>. Eran fotos de pacos arriba de los caballos, y me gustaban las fotografías, pero eran raras porque yo encontraba que todo era demasiado perfecto. Y como veía a cada rato las cagadas que se mandaban los pacos, esas imágenes me daban risa.</p>
<p><strong>– ¿Cuándo tomaste la cámara fotográfica? ¿Cuáles son tus primeras fotografías?</strong></p>
<p>-Partí tarde. Yo salí el 73 del Liceo 7 con diecisiete años. Las primeras fotografías las saqué donde un amigo, Gustavo Fuenzalida, que tenía una Olympus Telémaco. El primer cuarto oscuro que yo tuve fue en mi casa en Bellavista, al lado de la cocina. Quedé impresionado con el papel, el revelado, y me encantaba la luz roja. Fue algo mágico. Ese fue el inicio. Comencé fotografiando el barrio y a algunos vecinos. La primera foto que saqué fue a mi pareja Astrid, que sería la madre de mis hijos. Yo comencé a tomar fotos más en serio después del golpe, el año 78, cuando tenía veinticinco años. Recuerdo que un día, volviendo a mi casa en Bellavista, me encontré con una señora que estaba borrando un rayado en la muralla de su casa. Después de la Unidad Popular descubrí que hacían borrar estos rayados en las murallas porque eran como gritos y yo les tomaba fotos. En ese momento entendí que la fotografía es un testimonio. También recuerdo que tomaba fotos a unos obreros que trabajaban en una fábrica de tallarines que quedaba atrás de mi casa. Me demoré años en comprarme mi primera cámara fotográfica, una cámara rusa barata, Zenit.</p>
<p><strong>– ¿Te influyó el trabajo de algún fotógrafo cuando estabas empezando en este oficio?</strong></p>
<p>– Todos tenemos maestros. Pienso en Juan Domingo Marinello, profesor de la Universidad Católica. Él hacía un programa de televisión de enseñanza a distancia en Canal 13 que se llamaba Teleduc.  Ahí las clases eran gratis, pero había que comprar el libro de estudio. Después tuve clases por dos semestres con él mientras estudiaba como alumno libre en la UC. Más adelante (en los ochenta), tuve el privilegio de estar en un taller que organizó la Susan Meiselas en La Plata, donde vi cómo trabajaba y tuve como profesores a fotógrafos internacionales como Sebastião Salgado y Abbas. Ahí conocí al fotógrafo mexicano Pablo Ortiz Monasterio.</p>
<p>– ¿<strong>Hubo alguna fotografía concreta que tuvo una incidencia directa sobre tu trabajo?</strong></p>
<p>-Más que una fotografía, lo que a mí me marcó mucho fue conocer a la Susan Meiselas, que hizo el libro <em>Chile desde adentro</em>. Esa fue una clase magistral porque editamos un libro colectivamente.</p>
<p>Hoppe se fue a vivir al centro en plena dictadura, en una casa que compartía con pintores y escritores:</p>
<p>-En paralelo, trabajaba en el departamento de fotomecánica de una imprenta. Ahí descubrí un libro que sacó la Vicaría de la Solidaridad, donde en la tapa aparecían los detenidos desaparecidos preguntando: “¿Dónde están?”. En ese tiempo nadie sabía qué había pasado con los desaparecidos. EN 1979 quedé impresionado con esas fotos.</p>
<p>“Yo ya estaba tomando fotos, participaba del grupo Cámara Chile y, como vivía con Andrés Pérez (director de teatro), en mi casa se juntaba el grupo de Teatro Callejero, y los veía ensayar. Hice muchas fotos del grupo de teatro en la calle. Era una época dura, peligrosa en Chile. Una vez estaba tomando fotos y me agarraron unos gallos de la CNI, me metieron a un auto. Por suerte no pasó a mayores, porque hasta ese momento no tenía antecedentes. La realidad era en blanco y negro y no había matices. La palabra estaba prohibida y, en ese sentido, la fotografía tenía una potencia increíble, porque daba cuenta de la realidad como ningún otro medio.</p>
<figure id="attachment_1691" aria-describedby="caption-attachment-1691" style="width: 1024px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1691 size-large" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/YA_1y2-1024x331.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/YA_1y2-1024x331.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/YA_1y2-300x97.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/YA_1y2-768x249.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/YA_1y2.jpg 1412w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-1691" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Las yeguas del Apocalipsis. Pedro Lemebel y Francisco Casas, años 80.</figcaption></figure>
<p><strong>– ¿Qué herramientas te dio el teatro para después trabajar en la fotografía?</strong></p>
<p>-El teatro me enseñó a trabajar la interioridad, la observación, la emoción, la verdad. Tanto Óscar Aguilera, Ana María Vallejo, Juan Edmundo González, como Andrés Pérez fueron guías para profundizar en ese ejercicio. En el teatro existen capas de la verdad. Por ejemplo, una conversación a través de los gestos te enseña a observar qué quiere decir el otro con su lenguaje corporal. El teatro me permitió mirar con otros ojos la interioridad de los seres humanos y sus emociones: la alegría y el dolor.</p>
<p><strong>– ¿De qué forma crees que aparece el teatro callejero en tu fotografía?</strong></p>
<p>-Te voy a dar el ejemplo de una foto archiconocida. Una vez yo iba camino a mi trabajo en la imprenta Müller, me subo a una micro y empiezo a cachar que hay un vidrio que está quebrado. Yo me pregunto, ¿qué pasó? En esa época no sabía de protestas. Siempre quedé con la duda si fue un balazo. Yo tomé la cámara y fui incorporando, con el visor, gente dentro del hoyo del vidrio quebrado. Tengo fotos en que aparece La Moneda en el agujero, pero, de repente en una, después que revelé, apareció un paco. O sea, en un trayecto de media hora en micro, justo pasó un carabinero por el hoyo del vidrio quebrado del bus. Yo creo que fue un regalo. No sé de quién, pero fue un regalo. Quizá tuvo que ver con mi viejo que era carabinero y apareció mi biografía en la foto.</p>
<figure id="attachment_1680" aria-describedby="caption-attachment-1680" style="width: 787px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1680 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Si-sras-imagen-y-politica.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Si-sras-imagen-y-politica.jpg 787w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Si-sras-imagen-y-politica-300x200.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Si-sras-imagen-y-politica-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 787px) 100vw, 787px" /><figcaption id="caption-attachment-1680" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Si señoras. Imagen y Política. 1988.</figcaption></figure>
<p><strong>– ¿Cuándo llegaste a trabajar a revista APSI?</strong></p>
<p>-El año 82 en la época en que APSI hacía una cobertura noticiosa exclusivamente internacional. Al comienzo yo publicaba fotos acompañando entrevistas o reportajes. Cubría las manifestaciones políticas que ocurrían en Santiago. Tampoco puedo olvidar el recital de Charly García en el teatro Gran Palace. Era muy particular ver un concierto en una sala de cine. Yo quedé pa’ dentro con la canción “Los dinosaurios”. Fuerte. Le tomé fotos a Charly, que estaba arriba de la pelota, pero lúcido y energético. El show fue impresionante. Después por APSI fuimos a Argentina a entrevistar a Luis Guastavino, que estaba exiliado. En esa época, con Alfonsín en el poder, Argentina era la libertad para nosotros. En cambio, acá en Chile estaba prohibido en ciertos medios palabras como “desaparecidos”, “justicia” o “dictadura”.</p>
<p><strong>– ¿Cómo conciliabas tu amateurismo fotográfico con tu trabajo remunerado en APSI?</strong></p>
<p>-El eslogan del APSI era “Por el derecho a no estar de acuerdo”. En ese sentido, siempre me sentí libre al tomar fotos. Nunca me hice rollos con ese tema. Una vez en APSI, Andrés Braithwaite hizo un reportaje sobre los rayados que se llamó “Las calles gritan”, entonces hice fotos de rayados.</p>
<p>–<strong>Me dijiste que la realidad en dictadura era en blanco y negro, con pocos matices. ¿Cómo recuerdas esa situación de control social?</strong></p>
<p>-Esto lo he conversado con colegas. Ciertas palabras estaban prohibidas en la prensa. En <em>El Mercurio</em>, entre el 73 y el 78, las palabras “desaparecidos”, “justicia”, “pan”, “trabajo”, “derechos humanos” estaban prohibidas. En dictadura existía la censura y la autocensura por miedo. Entonces la imagen que predominaba en Chile –como la televisión era un aparato de propaganda del régimen militar– era la de un país limpio, en orden y paz. Las fotos eran censuradas. Hoy tú aprietas un botón y tienes todo a tu alcance. Ahora vivimos bajo el “ojo vigilante” del que hablaba Foucault. No tiene nada que ver con la realidad que me tocó vivir. Yo soy de la época en que ser fotógrafo era ser un testigo vivo de la realidad. Para mí la palabra testigo es muy importante en el sentido en que uno estaba presente activamente en lo que sucedía. Yo estaba metido en la acción como testigo, por eso mis fotos tienen opinión sobre el contexto social.</p>
<p>–<strong>Tomaste una foto orwelliana que se relaciona con tu interés por el abuso del poder. Es una imagen del metro Toesca, donde aparece un tipo con lentes observando la escena. ¿Me puedes hablar de esa imagen? </strong></p>
<p>-El metro en los ochenta era limpio, ordenado, aséptico. Pinochet lo inauguró. Allí vi varias experiencias de persecución a civiles. En el metro no se rayaba nada. Recuerdo que, pasando por la estación Toesca, caché una paleta publicitaria de un tipo que aparecía con lentes oscuros, parecido a Pinochet. Era un aviso del bronceador Coppertone, pero para mí era sobre la CNI. En los ochenta, los servicios de seguridad andaban siempre con lentes oscuros. Era un símbolo de la dictadura. El tipo que todo lo mira. Es la latencia del vigilante. Entonces me bajé en la estación y esperé hasta que se viera la ventana de un vagón detenido en el carril contrario con unos gallos que me estaban mirando.</p>
<p><strong>-¿Eres un fotógrafo individual o de series?</strong></p>
<p>– Yo tomo fotos en forma individual. Me costó hacer series. Después, al revisar mi archivo fotográfico, me doy cuenta de que puedo juntar las fotografías. Pero siempre traté que una foto sintetizara todo. A lo mejor se arma una serie con el tiempo. Tengo muchas fotos de niños, de personas en situaciones de espera, de gente en tránsito de un lugar a otro, en micros. Revisando el archivo, me di cuenta de que tengo muchas fotos de micros, porque yo andaba en micro. Mi trabajo es un collage, por eso me gusta la poesía. A mí me interesa juntar los fragmentos de una narrativa visual que está dispersa. No soy lineal, me cuesta armar las historias de una forma clásica. Como soy autodidacta y no he tenido maestros, nunca fui domesticado por un tipo de fotografía.</p>
<p>–<strong>En tu fotografía, a veces, aparecen personajes vulnerables. ¿Te interesan esos sujetos fotográficamente?</strong></p>
<p>-Son las circunstancias las que determinan mis fotos. No soy obsesivo con la gente con problemas, como la Diane Arbus. En mi caso, me interesan los sujetos oprimidos en el sentido más amplio. Yo viví una época, cuando empecé a hacer fotos, donde quería expresar mis sentimientos porque me sentía agobiado y autoexiliado. Me interesaba rescatar la cotidianeidad del dolor. El dolor para dentro. Lo otro que me interesaba hacer era que mis fotos tuvieran una narrativa. Que una misma imagen expresara una historia.</p>
<p><strong>– ¿Crees que eres encasillado como un fotógrafo de los años ochenta?</strong></p>
<p>-Yo pienso que, más que encasillado, eso es algo real, porque yo empecé a trabajar en los ochenta, aunque ya había hecho fotos antes, y después, a partir los noventa, comienzo a hacer otro tipo de fotografías; en los 2000 trabajo en <em>El Mostrador</em>, paso a la foto digital; trabajo en La Nación y sigo fotografiando hasta el día de hoy. Tengo más fotografías, pero siento que estoy marcado por los ochenta.</p>
<p><strong>– ¿Tus mejores fotos son las de los ochenta?</strong></p>
<p>-Yo creo que hay fotografías que son marcadoras y que, por alguna razón, son más potentes que otras y resisten el paso del tiempo. Por ejemplo, tomé fotos en blanco y negro en el funeral del sacerdote André Jarlan, donde aparece un grupo de manifestantes portando una paloma de la paz en una arpillera. Son fotos que yo creo que nunca más voy a poder hacer, porque las temáticas ya no son las mismas. Después, entre el 90 y el 2000, tengo fotografías que a lo mejor no he publicado o a lo mejor no pasa nada con ellas. No sé. Lo que nunca dejo de hacer es insistir en mis obsesiones. Pero mis obsesiones ahora son diferentes a las de los ochenta.</p>
<figure id="attachment_1673" aria-describedby="caption-attachment-1673" style="width: 1000px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1673 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/2.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/2.jpg 1000w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/2-300x200.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/2-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><figcaption id="caption-attachment-1673" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Funeral del padre André Jarlan, asesinado por una bala de policía en La Victoria 1986.</figcaption></figure>
<p><strong>&#8211; </strong><strong>¿Qué rol tiene el azar en tu fotografía?</strong></p>
<p>-Una gran fotografía es 90% la escena y 10% el fotógrafo. También puede ser todo lo contrario. Uno juega con eso. La fotografía funciona con deseo, con empatía con lo que está ocurriendo, y trata de visibilizar ciertas realidades ocultas.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Qué significa para ti tu archivo fotográfico?</strong></p>
<p>-El archivo es mi biografía, pero también me sirve de reinterpretación constante. Ciertas fotos que tomé en una época, por ejemplo en los ochenta ahora cobraron otra vida. En ese sentido, la fotografía es un documento cultural que sirve para que las nuevas generaciones sepan qué sucedió en Chile en el pasado. En mi caso, el archivo de negativos es una oportunidad que tengo para reinterpretar esas imágenes y resignificarlas. Mis fotografías son las imágenes de un cronista visual que registró su cotidianeidad pero que con el paso del tiempo adquirieron importancia histórica.</p>
<p><strong>-Tienes una foto sobre un tipo que viene leyendo muy concentrado el diario en dirección contraria a un grupo de diez carabineros. Es una imagen ambigua donde uno se queda pensando si el civil que caminaba con tanta libertad era un sapo de la dictadura o un tipo cualquiera. ¿Me puedes hablar de esa imagen? </strong></p>
<p>-Ese gallo para mí representaba un camuflado. Es un tipo raro, con lentes oscuros, que está arrancando de una manifestación cerca de la Plaza de Armas, frente a la Catedral, al lado de la Vicaría de la Solidaridad. Esa imagen es como una obra de teatro, porque recoge la atmósfera de sospecha de la época de los militares. ¿Realmente estaba leyendo? Puede que la historia que te cuento sea una invención mía, pero esa fue mi interpretación de lo que estaba sucediendo. Yo primero interpreto con mi cámara y después es reinterpretada por los que ven la imagen. Esa fotografía no se publicó nunca en prensa.</p>
<figure id="attachment_1674" aria-describedby="caption-attachment-1674" style="width: 1200px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1674 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/3.jpg" alt="Álvaro Hoppe" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/3.jpg 1200w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/3-300x200.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/3-1024x683.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/3-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-1674" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe.</figcaption></figure>
<p><strong>-Otra fotografía tuya que me llama la atención es una que tomaste en el frontis de la Biblioteca Nacional en 1983. En la imagen salen cientos de personas exigiendo el retorno a la democracia. </strong></p>
<p>-Es una fotografía de mis primeras manifestaciones. Los trabajadores por la cultura piden el retorno a la democracia. Esa foto para mí es importante. Yo estaba con una cámara Praktica que tenía un lente normal, no era un gran angular. Fui a la Biblioteca Nacional, súper temeroso, y traté de hacer una vista general de los escritores, los músicos, los artistas plásticos, actores. Lo interesante son los lienzos que aparecen atrás, y tiene el elemento colectivo que me interesa.</p>
<figure id="attachment_1681" aria-describedby="caption-attachment-1681" style="width: 1843px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1681 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe-Biblio-Nacional.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe-Biblio-Nacional.jpg 1843w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe-Biblio-Nacional-300x225.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe-Biblio-Nacional-1024x768.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe-Biblio-Nacional-768x576.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe-Biblio-Nacional-1536x1152.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1843px) 100vw, 1843px" /><figcaption id="caption-attachment-1681" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Biblioteca Nacional, 1983.</figcaption></figure>
<p><strong>-¿Qué foto individual destacarías de tu producción fotográfica?</strong></p>
<p>-Tengo una fotografía de un hombre anónimo que, igual que un cabro chico, aparece trepado arriba de un árbol y observa desde las alturas los carteles y la multitud que protesta contra el gobierno de Pinochet. Esa es para mí la individualidad y representa la capacidad de asombro del ser humano.</p>
<figure id="attachment_1683" aria-describedby="caption-attachment-1683" style="width: 787px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1683 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/5.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/5.jpg 787w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/5-300x197.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/5-768x504.jpg 768w" sizes="(max-width: 787px) 100vw, 787px" /><figcaption id="caption-attachment-1683" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Joven arriba del árbol.</figcaption></figure>
<p><strong>&#8211;</strong><strong>Tienes una fotografía que se conoce como “Los gritos del silencio”, donde aparece el Cardenal Fresno arriba de un auto, y atrás el afiche de la película. ¿Cómo la tomaste?</strong></p>
<p>-La tomé como una manera de protesta con respecto a la censura. En ese momento esa fotografía no se publicó, porque las revistas de oposición estaban siendo censuradas. Salían revistas sin fotos, cuadros negros con pie de fotos. En ese momento la sociedad no quería ver ciertas cosas que estaban ocurriendo. La prensa era censurada, existía autocensura y reinaba el miedo. Había mucho, mucho miedo.</p>
<figure id="attachment_1677" aria-describedby="caption-attachment-1677" style="width: 787px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1677 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1985-Gritos-del-Silencio.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1985-Gritos-del-Silencio.jpg 787w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1985-Gritos-del-Silencio-300x199.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/1985-Gritos-del-Silencio-768x510.jpg 768w" sizes="(max-width: 787px) 100vw, 787px" /><figcaption id="caption-attachment-1677" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Gritos del silencio, 1985.</figcaption></figure>
<p><strong>-¿Tomaste fotos que fueron portada en las publicaciones que trabajabas?  </strong></p>
<p>-Hay una de Pinochet en la que el viejo estaba en un podio. Esa foto es interesante porque es de una época en que su gobierno ya estaba tambaleando, el año 88, antes del plebiscito. La ocuparon en el APSI porque mostraba a un Pinochet inseguro, frágil, que estaba hablando de la importancia de la libertad de prensa. Para tomar la foto yo me agaché, porque en ese tiempo la guardia de Pinochet no te permitía sacar fotos comprometedoras. Recuerdo que estábamos en el Hotel Crown Plaza, cuando hubo un encuentro de la Sociedad Interamericana de Prensa. A los colaboradores de APSI nunca nos dejaron entrar, entonces me hice pasar como fotógrafo de la revista Paula.</p>
<figure id="attachment_1679" aria-describedby="caption-attachment-1679" style="width: 1276px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1679 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Pinochet_Mirada_1988-jpg.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Pinochet_Mirada_1988-jpg.jpg 1276w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Pinochet_Mirada_1988-jpg-300x207.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Pinochet_Mirada_1988-jpg-1024x706.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Pinochet_Mirada_1988-jpg-768x530.jpg 768w" sizes="(max-width: 1276px) 100vw, 1276px" /><figcaption id="caption-attachment-1679" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Pinochet, Mirada, 1988.</figcaption></figure>
<p><strong>&#8211; ¿Fuiste un fotógrafo que luchó contra la dictadura?</strong></p>
<p>&#8211; Mucha gente cree que los fotógrafos de los ochenta fuimos heroicos, y no. Yo siempre le tuve miedo a los milicos. Trabajaba muerto de susto. Lo que sí es cierto es que, por la edad, en esa época era menos temeroso y más osado, pero después de que los militares quemaron vivo a Rodrigo Rojas Denegri yo quedé marcado.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Con los celulares inteligentes y las máquinas digitales, la fotografía se democratizó?  </strong></p>
<p>-Se ha masificado la fotografía, pero a su vez eso hace que haya más competencia. Hoy todos pueden sacar fotos desde sus celulares y sentirse fotógrafos, pero lo más importante es la mirada, el ojo, el contenido, lo que se quiere decir. Ahora la fotografía tiene otro sentido, estamos invadidos de imágenes. Ante eso, creo que hay que tener cuidado sobre qué cosa quieres mostrar. Ahora hay millones de imágenes, pero ¿cuántas perduran en tu cabeza? Lo importante es saber qué tomas, cómo lo haces, cuándo lo publicas.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Fuiste un cronista visual de la transición democrática? </strong></p>
<p>-Digamos que intenté hacerlo. Cuando entré por primera vez a La Moneda fue cuando Aylwin pidió tener una reunión con Pinochet. Recuerdo que Pinochet entró en el Mercedes Benz hasta el interior de La Moneda. Ese era el poder que tenía el gallo. Después fui a una actividad en un regimiento en San Bernardo, donde estaba el presidente Aylwin, y Pinochet tenía que llegar, pero se demoró, se hizo esperar por horas. Un colega de APSI le tomó una foto a Aylwin y Pinochet enojados. Lo que yo más recuerdo son esos gestos. Si hablamos de la transición, el plebiscito fue súper importante, marcador. Yo fotografié los comités que se armaron para las elecciones libres, a la gente que se iba a inscribir, las cicletadas: toda la antesala al plebiscito. Por otra parte, estaba la esperanza, la alegría, y a mí me tocó trabajar harto ese año 88. El 5 de octubre estuve hasta tarde reporteando los comicios donde ahora está el GAM, y recuerdo haber visto a Cardemil, el subsecretario de Pinochet, solo, retrasando el cómputo final. Quedé agotado. Ser fotógrafo se parece a la pega de cocinero. Uno hace un plato y después se lo comen los otros, los que no estuvieron presentes en la preparación. Uno es los ojos de los que no están.</p>
<figure id="attachment_1684" aria-describedby="caption-attachment-1684" style="width: 640px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-1684 size-large" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe.estallido-1024x1024.jpg" alt="Fotografía, Álvaro Hoppe." width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe.estallido-1024x1024.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe.estallido-300x300.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe.estallido-150x150.jpg 150w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe.estallido-768x768.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Hoppe.estallido.jpg 1382w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-1684" class="wp-caption-text">Fotografía, Álvaro Hoppe. Estallido, octubre de 2019.</figcaption></figure>
<p><strong>&#8211; ¿Fotografiaste el estallido social?</strong></p>
<p>-El 18 de octubre lo viví a través de la televisión. Tomé fotos a las imágenes que pasaban por la tele. Yo miraba, pero no me atrevía a ir a Plaza Italia, porque tenía un esguince en un pie. Después de unas semanas, tuve que ir a un control médico y ahí aproveché para pasar a mirar las manifestaciones. Me acerqué al estallido desde la diversidad de las pancartas. Cada persona tenía su propia demanda. Lo segundo que me interesó fueron los rayados en las paredes y murallas. Pero no viví la violencia, lo viví de otra manera, observando la rabia de la gente, pero desde lejos. Esta vez no fui primera línea. Lo que sí me dejó impresionado fue la destrucción. Hice fotos de los monumentos destrozados, pintados.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Mónica González: “Los periodistas de investigación no somos los más valientes y sesudos, somos los que más trabajamos”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jun 2022 19:47:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reportera de medios de prensa opositores a la dictadura, fundadora de Ciper, autora del libro La Conjura: los mil y un días del Golpe, ganadora del Premio Nacional de Periodismo 2019, Mónica González ha interpelado el poder en Chile a lo largo de su trayectoria profesional. En esta entrevista afirma que el periodismo es hoy el oficio más importante, que puede salvar vidas y que se hace en equipo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Formada bajo el alero del legendario reportero Mario Planet en la Universidad de Chile, Mónica González empezó su trayectoria profesional trabajando en <em>El Siglo. </em>Tras el golpe de Estado de 1973, se mantuvo durante 11 años realizando trabajos ajenos al periodismo, pero volvió al oficio majestuosamente con un reportaje que revelaba detalles sobre la mansión que Pinochet se estaba construyendo en Lo Curro, que fue portada de revista <em>Cauce. </em></p>
<figure id="attachment_1652" aria-describedby="caption-attachment-1652" style="width: 400px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1652 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Portada-Cauce-Casa-Pinochet.jpg" alt="" width="400" height="486" /><figcaption id="caption-attachment-1652" class="wp-caption-text">Portada revista Cauce, 17 de enero 1984.</figcaption></figure>
<p>En 1984, la periodista publicó una serie de golpes noticiosos sobre corrupción, que socavaron la imagen de la dictadura y la consagraron a ella como periodista de investigación.</p>
<p>Posteriormente trabajó en revista <em>Análisis </em>y fue corresponsal de diversos medios de prensa internacionales, como el diario argentino <em>Clarín</em>.</p>
<p>A partir de la vuelta a la democracia fue subdirectora de La Nación, editora de Cosas, directora de la revista Siete + 7 y Diario Siete, y se hizo conocida para las nuevas generaciones por ser fundadora de Ciper.</p>
<p>A sus 72 años sigue vigente. Escribe reportajes para el diario <em>El País</em> de España, es maestra del Consultorio Ético de la Fundación Gabo y conduce el programa televisivo Poder y Verdad de La Red.</p>
<p><strong>Mapas en la pared</strong></p>
<p><strong>-Su primer trabajo fue en <em>El Siglo</em> a los 18 años. ¿Cómo equilibraba su militancia política comunista con su trabajo?</strong></p>
<p>-En ese tiempo no tenía conciencia de que había una línea divisoria. La tomé después del golpe, asumí las consecuencias y tomé las decisiones que correspondían.</p>
<p>Mónica González cuenta que a los 24 años ya estaba casada, tenía dos hijas y militaba en el Partido Comunista. Sin embargo, la Unidad Popular duró poco y el martes 11 de septiembre de 1973 la vida de la periodista “se partió en dos”. Colegas, amigos, y compañeros de partido fueron perseguidos, encarcelados, torturados, asesinados y desparecidos.</p>
<p><strong>-Después del golpe de Estado estuvo 11 años sin trabajar como periodista, viviendo entre París y Santiago.</strong></p>
<p>-Sí, pero yo seguía siempre haciendo cosas relacionadas con el periodismo: juntaba testimonios, materiales, hacía archivos. Estuve cuatro años y medio en París y luego en Chile.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Por qué?</strong></p>
<p>-Pensaba que no tenía la capacidad ni dedos para el piano. Además, estaba muy abrumada por lo que sucedía en Chile y lo único que me importaba era terminar con las muertes que había a mi alrededor. En ese momento no me daba cuenta de que el periodismo era la mejor herramienta para terminar con la dictadura. Y fue un gran periodista, Edwin Harrington, el que me insistió a regresar al periodismo, y volví con en enero de 1984, cuando publiqué el reportaje de la gran casa que se estaba construyendo Pinochet en Lo Curro, pese a que desde el régimen decían que la obra estaba detenida por la crisis económica. Y desde ahí, no he parado más.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Cómo accedió al predio?</strong></p>
<p>-En ese tiempo ese lugar era un peladero y yo no tenía auto. Me fui en micro, caminé y cuando llegué, me bastó sentarme en la cuneta para darme cuenta de que la casa no solo se estaba construyendo, sino que la construcción se había acelerado. Se veían entrar y salir los camiones. Esa misma tarde, decidí seguir a los obreros que salían a tomar la micro para llegar a sus casas. Y, poco a poco, algunos que me fueron describiendo la casa.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Le tomó mucho tiempo el reporteo?  </strong></p>
<p>-Trabajé todos los días hasta muy tarde en la noche. La publicación hizo añicos la versión edulcorada que pregonaba el régimen militar y desmentía la suspensión de las obras producto de la crisis económica. Mientras la población chilena protestaba en las calles por el hambre, Pinochet y su esposa, Lucía Hiriart, construían una mansión en el barrio alto de la capital.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Por qué se le ocurrió investigar la dictadura desde el lado de la corrupción?</strong></p>
<p>-Aprendí que las dictaduras se alimentan de dinero sucio. Y que los dictadores una vez que acumulan poder, necesitan juntar dinero y ponerlo a salvo. Eché un vistazo y me di cuenta de que la corrupción en Chile era terrible. Había gente, dentro del régimen, que estaba muy molesta con las facilidades de las que gozaba Julio Ponce Lerou, que era el yerno de Pinochet. Y alguien como Ricardo Claro —que era el gran favorito de los empresarios del régimen— me entregó información muy valiosa que comprobaba la corrupción de Ponce.</p>
<p><strong>-En <em>Cauce </em>publicó un reportaje sobre Ponce Lerou ese mismo año… </strong></p>
<p>-Él acumulaba como 17 puestos públicos y ya tenía en la mira apropiarse de Soquimich, empresa estatal de la cual era ejecutivo. Entonces ahí me especialicé en buscar las redes de poder y hacer mapas en la pared. Y fui adquiriendo una <em>expertise</em>.</p>
<figure id="attachment_1653" aria-describedby="caption-attachment-1653" style="width: 409px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1653 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Portada-Cauce-yerno-de-Pinochet.jpg" alt="" width="409" height="558" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Portada-Cauce-yerno-de-Pinochet.jpg 409w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Portada-Cauce-yerno-de-Pinochet-220x300.jpg 220w" sizes="auto, (max-width: 409px) 100vw, 409px" /><figcaption id="caption-attachment-1653" class="wp-caption-text">Portada revista Cauce 31 de enero 1984.</figcaption></figure>
<p><strong>Pasarela del poder</strong></p>
<p>Mónica González habla de una época cuando se tipeaba en máquinas de escribir y no existía Internet. Dice que, en ese tiempo, para encontrar una escritura había que “aplanar las calles”. Era necesario recorrer notarías, localizar empresas que colocaban sus escrituras, y pesquisar información en los archivos judiciales. Siguiendo la pista del dinero sucio, sus reportajes tuvieron un impacto político en los años 80: fueron censurados y le costaron procesos judiciales, amenazas, encarcelamientos e intentos de asesinato en su contra.</p>
<p>Hasta, después de leer la prensa, selecciona y recorta las publicaciones más importantes del día.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Qué fuentes utiliza para encontrar historias para sus reportajes? </strong></p>
<p>-Durante la dictadura y gran parte de la transición, lo primero que hacía al abrir el diario era leer la vida social de<em> El Mercurio </em>y las revistas couché como <em>Cosas,</em> donde trabajé. Ahí encontré traficantes de armas que proveían a Pinochet y el quién es quién. Era una gran galería de las trenzas del poder. Ahí vi cómo los militares —que antes del 73 eran despreciados por la elite— pasaron de vivir en casas de clase media a aparecer en los directorios del Club de Polo, del Club de Golf y del Club de La Unión. Esa fue la manera que utilizó la dictadura para cooptar a estos generales nacionalistas y que no querían el modelo neoliberal. La plata y la adulación les hicieron creer que tenían el poder. Y el único que lo tenía era Pinochet y su séquito.</p>
<p>Tras el triunfo del No, vino la transición política. Esa época, cuenta, estuvo marcada por los secretos y las amenazas de una dictadura que aún seguía presente en el Congreso, en el Poder Judicial y, sobre todo, en las Fuerzas Armadas, ya que Pinochet continuaba al frente del Ejército.</p>
<p><strong>-En democracia se cerraron Apsi y La Época, dos medios importantes del periodismo hecho en dictadura ¿Fue la transición una época ingrata para los medios que se opusieron a la dictadura?</strong></p>
<p>-Ahí hay mucho mito. El desorden financiero fue fatal. Es una brutalidad. La Época tuvo 11 gerentes en 11 años de vida.</p>
<p>El Centro de Investigación Periodística, Ciper, es hasta hoy uno de los medios más innovadores y relevantes creados en democracia. González estuvo en su origen (2007) como fundadora y fue su directora hasta 2019. Esa plataforma aglutinó a un equipo de periodistas que publicaron reportajes de investigación que han marcado época.</p>
<p>-He tenido mucha suerte. Ciper nació cuando se acabó el Diario Siete que financiaba el grupo Saieh. Álvaro Saieh me preguntó qué me gustaría hacer. Y yo le dije que hacer investigación porque lo que se venía en el futuro era corrupción y teníamos que estar preparados.</p>
<p>Saieh creyó en la apuesta y Mónica González comenzó a comandar un grupo periodistas que hizo historia.</p>
<p>-Yo nunca voy a dejar de agradecerle a Álvaro Saieh que confiara en nosotros. Durante 11 años jamás se metió en la línea editorial de ningún reportaje. El único compromiso era el rigor. No acusar a nadie injustamente. Y tener pruebas de todo lo que se publicaba. Cuando publicamos las escrituras que daban cuenta de las irregularidades dentro de un grupo que estaba encabezado por un compadre suyo, yo no recibí ni un llamado de él (…). Hubo un compromiso ético muy fuerte en ese equipo de Ciper que me emociona. La convicción que ha mostrado a lo largo de los años ha sido un aporte (…). Hace 14 años que soy maestra de periodistas de investigación de la Fundación García Márquez. Conozco cómo se vive el periodismo de investigación en el continente. Se supone que somos los más valientes, los más sesudos. Mentira: somos los que más trabajamos.</p>
<p><strong>Esclavos del ego</strong></p>
<p>Trabajólica y vigente, afirma que el periodismo “es el oficio más importante del mundo” y que “el buen periodismo es el cordón umbilical que une a los seres humanos con información que puede salvar vidas”.</p>
<p>Pero considera que las redes sociales muchas veces convierten a los periodistas en esclavos del ego. “Yo no tengo redes sociales. No me interesa. Perdería mucho tiempo”.</p>
<p><strong>&#8211; ¿No le interesa para informarse o promocionar los trabajos que hace?</strong></p>
<p>-Ni para promocionar un trabajo ni para saber lo que hablan de mí. ¡Jamás! Porque eso es entrar en el espiral del ego. Y lo detesto porque es una droga tóxica. Soy de una escuela en que los periodistas no éramos protagonistas. Éramos anónimos. Soy de la escuela de Mario Planet.</p>
<p><strong>-Fue la primera mujer en trabajar en Tolerancia Cero y desde 2020 tiene un programa televisivo en La Red. ¿Le acomoda el formato?</strong></p>
<p>-No. Eso se lo debo al equipo de La Red. Ellos son los que confían en mí. Los que inventan programas para mí. Si ellos creen que lo hago bien, lo hago. Pero siempre es un horror porque siento que estoy al debe.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Le incomodan los tiempos?</strong></p>
<p>-Me incomoda la exposición.</p>
<p><strong>&#8211; ¿No le gusta aparecer en pantalla?</strong></p>
<p>-Es que yo siempre he estado detrás y eso me pone nerviosa.</p>
<p><strong>&#8211;</strong><strong>Participó de los debates presidenciales con preguntas largas y pausadas.</strong></p>
<p>-Ay, terrible, terrible. Eso sí que lo hice pésimo. Lo hice muy mal. Se me enredó todo.</p>
<p><strong>&#8211; ¿No hay tiempo para hacer preguntas articuladas en televisión?</strong></p>
<p>-No hay tiempo. Cuando tú tienes mucha información, ¿cómo lo haces? Terminé siempre haciéndolo pésimo. Hay personas que lo hacen muy bien. Yo no pude.</p>
<p><strong>El valor del archivo</strong></p>
<p>“Estamos construyendo algo desde cero y todas las piezas importan”. La frase es del investigador Lester Freamon, personaje de la serie <em>The Wire</em>, sirve para entender el trabajo que desarrolla Mónica González para armar sus reportajes a partir de fragmentos de revistas, páginas sociales, recortes de diario y fotos. Un archivo que cultiva con esmero y que considera su testamento periodístico.</p>
<p>&#8211; ¿<strong>Qué valor le asigna al archivo de prensa? </strong></p>
<p>-Tengo un gran archivo digital y mis minutas son un tesoro que estoy pensando a quién se lo voy a heredar. Tengo toda la historia sobre los casos de corrupción del grupo Penta. De cómo Délano está vendiendo Dominga a una empresa extranjera. Mis redes las voy armando en lo digital y, cuando necesito, hago dibujos en papel.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Y guarda un archivo físico de carpetas con casos que investigó en el pasado?</strong></p>
<p>-Sí, inmenso. Ocupa más de una pieza. Ahí está toda la investigación de la privatización de las empresas públicas. Se ve cómo todos estos prohombres se fueron enriqueciendo y contándonos la “chiva” que era un proceso de capitalización popular. Y el chorreo no vino nunca. Lo único que chorreó en Chile y que provocó el estallido, fue la desigualdad. A medida que fue avanzando la democracia, se estableció una fractura entre una elite que defendía con dientes y muelas sus privilegios, y una gran mayoría de chilenos que mastica ira, frustración y desolación.</p>
<p><strong>-Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2019.</strong> <strong>¿En qué o en quién pensó cuando lo recibió? </strong></p>
<p>-En mis hijas, pero en varias personas más.</p>
<p><strong>&#8211; ¿En los equipos periodísticos con los que trabajó?</strong></p>
<p>-Yo siempre he trabajado en equipo. Me acordé del equipo de <em>Cauce,</em> y del equipo de <em>El Siglo, </em>porque de allí muchos murieron y nunca los olvido. Uno tiene que ser muy agradecida. Cuando tuve hambre o necesidad de cariño, me sostuvieron. En el equipo del Diario Siete, la revista Siete+7 y Ciper, hubo una continuidad que ha sido maravillosa. Es gente que hasta hoy se mantiene muy unida por la convicción de que el buen periodismo se hace con ética y en equipo. Y me gusta cuando nos reunimos. Es como una familia periodística que no se apituta, que no se acomoda, que se respeta.</p>
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		<title>Luis Alberto Ganderats: “En esta profesión es bueno no tener un miedo paralizante, porque si no, te vas limitando a ti mismo”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jun 2022 19:40:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tuvo que desatarse una crisis sanitaria global para que Luis Alberto Ganderats se resignara a interrumpir, al menos provisoriamente, su periplo por el mundo. El periodista, quien ha recorrido más de cien países como corresponsal y cronista de viajes, lleva casi un año y medio confinado en su departamento de Las Condes, que abandona solo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Tuvo que desatarse una crisis sanitaria global para que Luis Alberto Ganderats se resignara a interrumpir, al menos provisoriamente, su periplo por el mundo. El periodista, quien ha recorrido más de cien países como corresponsal y cronista de viajes, lleva casi un año y medio confinado en su departamento de Las Condes, que abandona solo para dar caminatas breves. Cuando se declaró la pandemia, tenía los pasajes listos para viajar a España y luego a Irán.</p>
<p>-No es lo que a mí me gusta -dice una mañana desde su inusitado encierro-. Prefiero ser partícipe o espectador directo, y no dejarme llevar por las visiones de otros. Es natural: llevo más de 50 años tratando de hacer eso.</p>
<p>Sin embargo, no dramatiza su situación. Más bien al revés.</p>
<p>-Este es un fenómeno que uno leía en la historia. De repente, me ha parecido hasta un privilegio vivirlo antes de morir, algo de lo que debo estar cerca.</p>
<p>Lo que sí le preocupa últimamente es el estado de la salud mental de la población por efecto del coronavirus, de vuelta en la agenda a propósito de una ley que busca reconocer y proteger los derechos en este ámbito.</p>
<p>-Hablamos mucho de la pandemia y de los horrores que ocurren aquí, pero no miramos otros problemas que existen en Chile. Estamos en una situación bastante compleja en materia de salud mental, y eso no lo vemos.</p>
<figure id="attachment_1657" aria-describedby="caption-attachment-1657" style="width: 426px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1657 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Ganderats-1.jpg" alt="" width="426" height="284" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Ganderats-1.jpg 426w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Ganderats-1-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 426px) 100vw, 426px" /><figcaption id="caption-attachment-1657" class="wp-caption-text">Fotografía: Sergio Alfonso López.</figcaption></figure>
<p><strong>La televisión</strong></p>
<p>Exdirector del Departamento de Prensa de Canal 13, cargo que ejerció durante algunos meses en 1974, conoce de cerca la influencia de las imágenes en el ánimo general.</p>
<p>-Me parece bastante frívola la actitud que tenemos como sociedad, desde el Gobierno, la oposición y los medios de comunicación. No puede ser que los canales reaccionen a los intereses editoriales de sus dueños y no se preocupen de la sociedad entera. La competencia por quién habla de más muertos empeora nuestra salud mental. Lo más importante es el bienestar, principalmente el de la gente que vive más postergada.</p>
<p>No es primera vez que interpela a la industria televisiva. En sus años al frente de la <em>Revista del Domingo</em>, donde se desempeñó durante buena parte de su trayectoria, dedicó ediciones completas a cuestionar los contenidos que instala la pantalla en el imaginario colectivo.</p>
<p>-Siempre he sido muy crítico de la televisión. Es una de las razones por las que nunca voy. Jamás me invitan.</p>
<p>&#8211;<strong>Se dice que pronto será desplazada por internet. ¿Aun así hay que apostar por ella?</strong></p>
<p>-Sí, absolutamente. La gente que no tiene ingresos y que vive en pocos metros cuadrados no tiene Skype, no tiene Zoom. Muchas veces, ni siquiera tiene un computador en su casa. Lo que sí tiene es un televisor. Ahí es donde la televisión chilena debería hacer un aporte. Cuenta con la posibilidad y con la responsabilidad.</p>
<p>Al periodista le gustaría que, por ejemplo, existiera un canal destinado exclusivamente a la emisión de terapias físicas y psicológicas para el público.</p>
<p><strong> -¿Es factible su propuesta, o se siente haciendo un llamado en el desierto?</strong></p>
<p>-Yo creo que lo segundo.</p>
<p><strong>Ir y volver</strong></p>
<p>Luis Alberto Ganderats nació y creció en Lebu, provincia de Arauco, cuando la televisión aún no llegaba al país. De esos primeros años no recuerda nada parecido a una vocación, pero sí algunas señales de lo que más tarde se convirtió en su oficio de cronista.</p>
<p>-Mi aspiración era ir a las mejores fiestas que hubiera y hacer la vida lo más entretenida posible. Era mal alumno en el colegio, pero leía el editorial de <em>El Mercurio</em> y buscaba el significado de las palabras que no entendía. Ahí estaba el germen del amor y la curiosidad por el lenguaje. También llevaba un diario de vida donde comentaba las noticias. Lo tuve que botar, porque me daba vergüenza lo que decía.</p>
<p>Completó su formación escolar en Santiago y, a continuación, trabajó como auxiliar en la compañía Duncan Fox y como cajero en el Banco de Crédito e Inversiones, donde lo despidieron, según relata, por participar en una huelga. Hasta que en una de las fiestas que frecuentaba conoció a una estudiante de periodismo y su futuro se reveló. “¿Esa cuestión se estudia?”, preguntó sorprendido.</p>
<p>A los 23 años entró a esa carrera en la Universidad Católica y, desde entonces, no se detuvo. En febrero de 1967, mientras trabajaba en una recién creada <em>Revista del Domingo</em>, de <em>El Mercurio</em>, fue enviado a cubrir el vigésimo viaje de instrucción del buque-escuela &#8220;Esmeralda&#8221; con destino en Estambul (&#8220;Seguramente porque era el más prescindible de todos&#8221;), en mitad del cual lo derivaron a reportear la Guerra de los Seis Días entre Israel y sus países limítrofes.</p>
<p>Durante las décadas siguientes, entrevistó a líderes de todo tipo y se sumergió en los avatares culturales de media humanidad. Reconoce que su mal oído para los idiomas pudo afectar su percepción del entorno, pero que en cambio tenía a su favor el estudio minucioso y el olfato periodístico. Y la falta de temor.</p>
<p>-Iba al África negra y me metía en los parques nacionales con una grabadora y una máquina fotográfica que apenas sabía usar. Hacía todo tipo de tonteras, pero lo vivía intensamente y sin miedo. En esta profesión es bueno no tener un miedo paralizante, porque si no, te vas limitando a ti mismo.</p>
<p>La ausencia de miedo, asegura, también le ocasionó problemas, como cuando criticaba el abuso de las empresas y de las autoridades políticas durante la dictadura. A su alrededor, sin embargo, recuerda que oía una frase entre comprensiva y displicente: &#8220;Son cosas de Ganderats&#8221;.</p>
<p><strong> -Al menos, he tenido la satisfacción de ser lo más consecuente posible.</strong></p>
<p>En paralelo, cofundó medios -como la edición chilena de la revista <em>Muy Interesante</em> y el diario <em>El Metropolitano</em>, entre otros- e impartió clases en las universidades Diego Portales y Las Condes (hoy Del Desarrollo). Pero nunca aprendió tanto como en sus recorridos por los cinco continentes, determinantes en la evolución de su pensamiento.</p>
<p>-Los viajes me dieron una visión del mundo que me ha hecho cambiar como persona. Lo que soy ahora, mi posición frente a la política, es producto de haber conocido ese mundo y de haberme dado cuenta de los problemas con los que vivimos acá.</p>
<p><strong>-¿En qué lugares manejan la salud mental mejor que nosotros?</strong></p>
<p>-Están relacionados con sociedades religiosas, budistas y musulmanas. Tienen menos conflictos de vida. Si les va muy mal, ofrecen su sacrificio a su dios o a su pastor. Eso los hace estar más protegidos contra las enfermedades mentales.</p>
<p><strong>-¿Hubo algún sitio donde quiso quedarse a vivir?</strong></p>
<p>-No. Soy un chileno típico. Siempre quise volver.</p>
<figure id="attachment_1658" aria-describedby="caption-attachment-1658" style="width: 400px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1658 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Ganderats-2.jpg" alt="" width="400" height="600" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Ganderats-2.jpg 400w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/06/Ganderats-2-200x300.jpg 200w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /><figcaption id="caption-attachment-1658" class="wp-caption-text">Fotografía: Sergio Alfonso López.</figcaption></figure>
<p><strong>La intolerancia</strong></p>
<p>A inicios de mayo, Luis Alberto Ganderats terminó de escribir &#8220;Lavín: un hombre en borrador&#8221;, un libro -publicado en su sitio web personal- donde critica duramente &#8220;el truco de cambiar de ideas sin cambiar de partido&#8221; del precandidato presidencial de la UDI. Para él, eso sí, este último rasgo caracteriza a buena parte de la clase política tradicional.</p>
<p>-Este es un país de gente muy arribista y oportunista que se afirmó en los tiempos de la Concertación, cuando subió económica y socialmente. Me duele un poco que la mejoría económica de esas clases medias, incluso de gente que venía de la clase obrera, de repente se haya transformado en esta fiesta de máscaras en la que se sienten aristócratas y empiezan a defender los intereses de quienes no deberían defender.</p>
<p>También cree que, en general, en Chile &#8220;hay poca voluntad de conocer al otro&#8221;, un ejercicio que siempre se planteó como un objetivo importante en sus viajes por el mundo.</p>
<p>-Se nota la intolerancia contra el boliviano, el peruano, el venezolano. Somos un poco provincianos, la verdad. No tenemos curiosidad por conocer con generosidad otra manera de vivir, pensar y resolver los problemas.</p>
<p>Sin embargo, cree que el predominio del individualismo podría empezar a retroceder luego de las manifestaciones sociales de octubre de 2019 y el actual proceso constituyente.</p>
<p>-Se produjo una toma de conciencia que yo mismo no me imaginé que ocurriría. Llega un momento en el que la injusticia se desborda. En Chile quizás se hizo más notoria porque más gente tuvo acceso a la educación. Me tocó ver gente muy elegante, con cartera Louis Vuitton, marchando en Vitacura. Al final, se dieron cuenta de que la sociedad no estaba funcionando para ellos, y para qué decir para el resto.</p>
<p>En lo que a él respecta, espera el fin de la pandemia para poder emprender su suspendido viaje a Irán, un país cuya complejidad cultural lo fascina.</p>
<p>-Pero cuando cumples esta edad, ya no puedes tener demasiados proyectos -advierte.</p>
<p>Mientras, avanza en la escritura de un nuevo libro sobre la etapa de Pablo Neruda como cónsul en Oriente, una investigación en la que viene trabajando desde hace años. Sigue atento la actualidad noticiosa y, de vez en cuando, entra a los foros de internet y escribe sus opiniones sobre el tema del momento.</p>
<p><em>*Esta entrevista fue publicada originalmente en Revista Ya, de El Mercurio, el 1 de junio de 2021, bajo el título “La competencia por quién habla de más muertos empeora nuestra salud mental”.</em></p>
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		<title>Ascanio Cavallo: “El periodismo es un oficio peligroso intelectualmente”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Apr 2022 12:17:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>-¿De quién se acordó cuando recibió el Premio Nacional de Periodismo? El día que me avisaron, estaba almorzando con un amigo y no tenía mucha noción de que podría ocurrir, aunque sabía que estaba postulado. En ese momento recordé a los equipos de periodistas con los que he trabajado, como la gente del diario La [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>-¿De quién se acordó cuando recibió el Premio Nacional de Periodismo?</strong></p>
<p>El día que me avisaron, estaba almorzando con un amigo y no tenía mucha noción de que podría ocurrir, aunque sabía que estaba postulado. En ese momento recordé a los equipos de periodistas con los que he trabajado, como la gente del diario <em>La Época</em> y los de revista <em>Hoy</em>.</p>
<p>Es el único periodista en Chile que escribe para <em>El Mercurio</em> (cine) y <em>La Tercera </em>(política), en simultáneo.</p>
<p>Ascanio Cavallo (64), exdirector del diario <em>La Época</em> y de revista <em>Hoy</em>, crítico de cine y columnista político, autor de <em>La historia oculta del régimen militar</em>, —el libro de periodismo más reimpreso de Chile, con 23 ediciones—, reportero en medios opositores a la dictadura, académico, consultor comunicacional; ganó el Premio Nacional de Periodismo 2021.</p>
<p>De modo pausado y racional, al admirador del director de cine John Ford no le parece bien dictar cátedra ni cree que las opiniones de los periodistas sean importantes. Dice que prefiere escuchar, observar y preguntar.</p>
<p><strong>-Usted es crítico de cine. ¿Qué película muestra mejor una sala de redacción?</strong></p>
<p>-La película <em>His girls Friday</em> de Howard Hawks, que aquí en Chile la llamaron <em>Luna nueva</em>. Una sala de redacción es un espacio abierto. Las oficinas de las salas de prensa siempre son vidriadas, sin tabiques oscuros. Se necesita ese flujo de miradas, no solo de conversaciones. Recuerdo también <em>The Post</em>. Ahí existe una sala de reuniones de los editores que es totalmente transparente. Desde afuera, los periodistas aprecian cuál es el clima por las caras de los que están adentro.</p>
<p>La trayectoria laboral de Ascanio Cavallo se inició en el siglo pasado, en condiciones precarias. Dice que era un mundo muy masculino, donde se fumaba en las reuniones y los periodistas escribían en máquinas ruidosas, mientras discutían las noticias entre gritos y chistes de dudoso tono.</p>
<p>Recuerda que las antiguas redacciones eran espacios con mucho personal, en donde se aprendía a trabajar en equipo, a discutir, a pelear, a resolver y a decidir cuándo publicar. “Post años 50, lo característico fue la horizontalidad. El hecho de que estaban todos los periodistas juntos y que los rangos eran poco definidos. Parte del proceso productivo de la sala de redacción consistía en eso: en el diálogo entre los periodistas”.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Cómo ve el panorama en las salas de redacción post pandemia?</strong></p>
<p>-Hoy día las redacciones son como un templo. La gente está con audífonos y son lugares asépticos, mientras que antes eran ruidosos. A mí me han preguntado muchas veces cómo puedo escribir con gente conversando al lado y eso ocurre porque siempre lo hice así. No sé escribir de otra forma. Necesito tener bullicio y a personas dando vueltas.</p>
<p><strong>-Su relación con la escritura es colaborativa…</strong></p>
<p>-Esta es una pega colectiva. Hay un momento en que se vuelve individual y es cuando tienes que escribir, pero la generación de información es colectiva. Si no, no funciona. Y hay que escuchar otras opiniones y tienes que aceptar que te corrijan.</p>
<p>En Tironi &amp; Asociados, localizada en un edificio moderno en Las Condes, ejerce hoy su trabajo <em>full time</em>. En la consultora, una de las agencias de comunicaciones más importantes del país, es socio de Eugenio Tironi.</p>
<p>Trabajólico, su ética laboral lo ha convertido en un narrador infatigable de nuestra historia reciente, creando un fresco que va desde 1973 hasta 2010, gracias a una prosa estructurada, precisa, densa y clara.</p>
<h2><strong>Censura y creatividad</strong></h2>
<p>Hijo único, criado en la educación pública chilena, Ascanio Cavallo sufrió los rigores intelectuales del Instituto Nacional, pero tuvo una adolescencia cinéfila y pícara, en tiempos en que visitaba sitios bohemios como el café Il Bosco, en el centro de Santiago.</p>
<p>Vivió el golpe militar estando en el colegio y estudió en una Universidad de Chile intervenida por los militares que, ha dicho, se parecía más a una comisaría que a una escuela de Periodismo.</p>
<p>Tras egresar en 1978, hizo la práctica en revista <em>Hoy</em> bajo las órdenes del Premio Nacional de Periodismo Emilio Filippi.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Por qué estudió Periodismo?  </strong></p>
<p>-Yo quería irme de la casa. Esta carrera era corta, y me parecía que yo tenía algunas ventajas comparativas, porque tenía buena ortografía y había ganado unos concursos en el colegio. Entonces, creía que me iba a ser fácil y rápido. Quería trabajar pronto. Justo lo contrario a lo que pasa hoy con los jóvenes. No se me habría ocurrido irme a un año sabático.</p>
<p><strong>&#8211; ¿A qué periodistas chilenos admiraba?  </strong></p>
<p>-Al único que conocí como niño, que había escuchado en la radio de mi casa, fue a Luis Hernández Parker. Le tenía gran admiración. Y, bueno, la revista <em>Hoy</em> era un paraíso para el periodismo de calidad en ese momento. Los que estábamos en la escuela de la Chile soñábamos con entrar a <em>Hoy</em>. Estaba el firmamento ahí. Emilio Filippi, Abraham Santibáñez, Hernán Millas y gente más joven que después sería famosa, como María Olivia Monckeberg y Patricia Verdugo.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-1488 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/ascanio-caballo-emol.jpg" alt="" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/ascanio-caballo-emol.jpg 600w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/ascanio-caballo-emol-293x300.jpg 293w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></p>
<h2><strong>Historia oculta</strong></h2>
<p>Al diario <em>La Época</em> (1987-1998) llegó por quien sería su director fundador, Emilio Filippi. Él le pidió que diseñara el proyecto periodístico y, para armarlo, buscó la ayuda de dos amigos, los periodistas Óscar Sepúlveda y Manuel Salazar. Después, él mismo pasó a ser editor general; Sepúveda, editor político; y Salazar, editor nacional.</p>
<p><strong>&#8211; J</strong><strong>unto a Manuel Salazar y a Óscar Sepúlveda escribió <em>La historia oculta del régimen militar.</em> ¿Cómo fue el proceso? </strong></p>
<p>-En <em>La Época</em> había días de baja circulación y el martes nos empeoraba el promedio. No era posible producir permanentemente golpes noticiosos. Entonces, buscando subir las ventas, caímos en la cuenta de que no se había escrito sobre el régimen militar. La idea era bastante arrogante. Creamos una serie. Nuestro primer plan de publicación de <em>La historia oculta del régimen militar</em> suponía 20 capítulos. Al final, hicimos 53.</p>
<p><strong>-¿Cómo accedían a las fuentes?</strong></p>
<p>-Mientras más atrás te ibas, mas fácil era el trabajo. Encontrábamos fuentes que estaban alejadas o fuera del poder y que ya no eran protagonistas. Partimos con la teoría de que, una vez que comenzara la publicación de la serie, se nos iban a cerrar todas las puertas. Debíamos entrevistar sin parar, pero ocurrió justamente lo contrario. Nos empezaron a llamar cuando supieron que este libro era cronológico. Después pasó lo mismo con <em>La historia oculta de la transición, </em>en revista <em>Hoy</em>. Nadie quería quedar fuera.</p>
<p><strong>-A diferencia de otros libros de periodismo sobre la dictadura, donde prima la denuncia sobre derechos humanos, <em>La historia oculta del régimen militar</em> dialoga con el poder.</strong></p>
<p>-Siempre nos propusimos que el tema de los derechos humanos no nos consumiera el producto, sino que fuera una historia desde adentro. No queríamos perder la otra dimensión que era la menos contada, el régimen militar no estaba reporteado desde una perspectiva independiente.</p>
<p><strong>-En ese libro fue que ustedes le dieron voz a casi todos los actores, desde un conscripto a un general. </strong></p>
<p>-No queríamos mostrar solo el mundo del poder.</p>
<h2><strong>Fin de la transición</strong></h2>
<p>Miembro de La Academia Chilena de la Lengua, su segundo libro, <em>La historia oculta de la transición </em>(1998) es un texto clave para entender el cambio de siglo y el modelo político y social chileno que está en crisis desde 2019.</p>
<p><strong>-La historia oculta de la transición la escribe en revista <em>Hoy</em>. El libro termina en 1998. Según algunos, la transición aún no ha terminado. ¿Puso esa fecha porque fue el momento en que Pinochet dejó de ser comandante en jefe?</strong></p>
<p>-Coincidió con la visión que yo tenía de la transición y de que terminaba cuando Pinochet perdiera el poder militar.</p>
<p><strong>-¿Cuál fue su método para escribir estos libros? </strong></p>
<p>-El pilar fue la lectura de la prensa. Y el recurso fundamental fueron las entrevistas, que tenían que ser confidenciales, porque, de otro modo, la gente no te contaba mucho. Había que tener cuidado y chequear bien cuando uno se embarcaba en contar algo y ver que eso coincidiera con otras versiones.</p>
<p>Para Ascanio Cavallo, la pauta noticiosa contingente siempre tiene un lado oculto, al cual no accedemos de inmediato. Y el procedimiento que utiliza para llegar a esa “realidad fondeada” es a través de la investigación y del reporteo, para luego narrar sin moralejas. Sabe que la única verdad que existe en el periodismo es la verdad de los hechos.</p>
<p>Su moral periodística, dice, es jamás revelar sus fuentes.</p>
<p>-Nosotros estábamos siempre sujetos a amenazas de injurias y de calumnias, cosas peligrosas tratándose de la justicia militar. Teníamos que estar seguros de que los diálogos correspondieran. Me acuerdo de que discutimos mucho sobre un incidente en el que Pinochet golpea una mesa y se quiebra el vidrio. Por suerte había suficientes testigos de esa escena.</p>
<p>“La entrevista es un artefacto delicado. El más delicado de todos. Sobre todo porque tiene una similitud bien escalofriante con el psicoanálisis. Existe un grado importante de involucramiento de las personas y creo que hay un nivel de engaño. En general, tienes que ser amable con la gente para que te cuenten cosas. Nadie le va a contar algo a un conversador hostil. Tiene unos bordes éticos muy confusos, difíciles de manejar. Nosotros dijimos que nunca íbamos a revelar las fuentes y lo tomamos bien en serio”.</p>
<p><strong>-Está escribiendo junto a la periodista Rocío Montes un libro sobre los gobiernos de Lagos y Bachelet (2000-2010). ¿Por qué investigar ese período?</strong></p>
<p>-Empezamos a trabajar hace más de cuatro años. Entre los propósitos estaba saber cómo esos años determinaron lo que vino después, pero no el estallido en concreto, sino más bien la anomia social que se produjo desde 2017 para adelante. No partimos con una tesis, quisimos investigar porque nos dimos cuenta de que hubo una convergencia de hechos curiosos. En el comienzo estuvo la detención de Pinochet (1998-2000) y la crisis asiática, que detonó un cambio en el país. Por primera vez en Chile hubo una década en la que gobernaron dos militantes socialistas.</p>
<h2><strong>Periodismo y rostros</strong></h2>
<p><strong>&#8211; ¿Qué cosas debería hacer un estudiante para convertirse en un buen periodista?</strong></p>
<p>-La carrera que llamábamos Periodismo se ha fragmentado en subespecialidades como la comunicación política y la comunicación estratégica. En 2006, 10 por ciento de los estudiantes de Periodismo quería ser periodista. A ese porcentaje le diría que hay que tener ojo, porque esta es una disciplina de verificación, uno trabaja con hechos. Y que es muy importante la conversación, no solo con los amigos, si no que con los entrevistados, con las fuentes, con los conocidos, con los profesores. Y también es imprescindible mucha lectura.</p>
<p>“Esos son los elementos con los que vas a tener que trabajar después. Hay que saber que este es un oficio peligroso intelectualmente. Es muy fácil ponerse idiota con la fama. Y, generalmente, ese camino lleva a trancarte. Es una ruta indeseable e ineficiente”.</p>
<p><strong>-Hoy existe un culto hacia la personalidad de varios rostros que se han convertido </strong><strong>en líderes de opinión en televisión y redes sociales. ¿Qué opina?</strong></p>
<p>-Lamentablemente la televisión tiene la tendencia a personalizar el periodismo. Lo ideal sería que no estuviera una misma cara todas las noches, sino que hubiese mucha gente de una sala de redacción alternándose en la pantalla, pero es impracticable. Y este sistema tiende a producir estrellas. Y, además, para ahorrar dinero, los medios le encargan todas las tareas a una misma persona, incluyendo la lectura de la publicidad. Y a mí eso me pone histérico. Todo termina siendo una mescolanza entre lo comercial, el personaje, y la fama.</p>
<p>“Se crea esta idea fatal del periodista llanero solitario, del <em>cowboy</em> que enfrenta a los malos de la sociedad y que los evangeliza. Las redes sociales multiplican este fenómeno y hay colegas que se pasan el día en twitter. Creo que eso es tóxico, tóxico, tóxico. Por razones de privacidad no entré a las redes y, por razones doctrinarias, no entraré”.</p>
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		<title>Mónica Pérez: “No creo que un periodista hombre sienta menos miedo que una mujer en una guerra”.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Apr 2022 12:58:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La periodista de Canal 13 Mónica Pérez está en medio de una transición. De leer el noticiero central (Teletrece) con Ramón Ulloa, pasó a conducir Teletarde junto a Iván Valenzuela. El deseo de hacer nuevos proyectos y más reportajes en el canal, junto con la conducción de noticias, hizo que su rutina se reorganizara. De [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La periodista de Canal 13 Mónica Pérez está en medio de una transición. De leer el noticiero central (Teletrece) con Ramón Ulloa, pasó a conducir Teletarde junto a Iván Valenzuela. El deseo de hacer nuevos proyectos y más reportajes en el canal, junto con la conducción de noticias, hizo que su rutina se reorganizara. De paso, ahora tiene un mejor horario y puede estar con su hija adolescente durante la semana, cosa que el noticiero central se lo impedía.</p>
<p>Su carrera despegó en 1998, cuando <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Raqd7jRQayE">Pinochet</a> estaba detenido en Londres. Pasó casi casi dos años en esa ciudad dedicada solo a esa cobertura. Después vinieron guerras, catástrofes, entrevistas, exclusivas, muchas urgencias noticiosas. Vivió, estudió y trabajó en Washington DC y pasó otra etapa en Madrid. Todos esos años fueron de vida itinerante como corresponsal.</p>
<p>Con casi dos décadas de regreso al país y en su consolidado rol de mujer ancla, relata su manera de ser periodista:</p>
<p><strong>-2021 fue un buen año para usted, pero un hecho marcó especialmente su trabajo. Fue el enfrentamiento con el candidato <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Av_837jFl9I">Daniel Jadue</a> (PC) en el debate de la primaria presidencial de Apruebo Dignidad. Él la acusó de mentir ¿Qué le pasó en ese momento?</strong></p>
<p>-Yo sabía que no estaba mintiendo. Me había leído las doscientas páginas de su programa de gobierno. Estaba en lo correcto y me llamó la atención que él dijera que no existía ninguna alusión a un Ministerio de las Comunicaciones en su programa, porque se supone que un candidato presidencial debe conocerlo. No me puse nerviosa, pero no me tocaba hablar cuando él me acusó. Mantuve silencio durante los siguientes 24 minutos, era el tiempo de preguntar de Matías del Río y de Mónica Rincón. Cuando me tocó, aproveché de explicarle a Jadue por qué yo no mentía.</p>
<p><strong>-¿Cree que ese encontrón tuvo repercusiones en lo ocurrió con su candidatura política en la primaria? Jadue perdió ante el actual Presidente, Gabriel Boric.</strong></p>
<p>-No podría aseverarlo. Creo que él perdió por muchas razones, pero en un debate el que se enoja pierde. Es una regla para el candidato y para el periodista. En ese debate Jadue tenía que debatir con Gabriel Boric, no conmigo.</p>
<p><strong>-¿Cómo se prepara para un debate presidencial? </strong></p>
<p>-Primero, leyendo mucho. Si hay programas presidenciales, me los leo completos. En los debates se sortean los temas. Entonces, no es que yo tenga que aprenderme todo lo que propone un candidato. Sé cuáles temas me tocarán y los estudio en profundidad. Y luego llamo a especialistas. Después, trabajo con mis jefes. Con el editor político establecemos la estrategia de las preguntas, cómo hacerlas, con qué ritmo. Esto no es solo preguntar, es también un show de televisión. Entonces, tenemos que buscar una manera de enganchar al público. Todo eso después debe aprobarlo la dirección de Prensa.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1471 " src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/Monica-Perez-en-LaHaya.jpg" alt="" width="704" height="645" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/Monica-Perez-en-LaHaya.jpg 800w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/Monica-Perez-en-LaHaya-300x275.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/Monica-Perez-en-LaHaya-768x704.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 704px) 100vw, 704px" /></p>
<h2><strong>In situ</strong></h2>
<p><strong>-¿Qué le gustaría estar cubriendo hoy?</strong></p>
<p>-Hoy me gustaría estar en Ucrania. Obvio que me daría susto, pero me parece una historia súper interesante.</p>
<p><strong>-¿Cómo se informa a diario? </strong></p>
<p>-Tengo la suerte de trabajar con gente muy capaz, así que escucho lo que reportean los periodistas dentro de Canal 13. También en las reuniones de pauta, que tengo todas las mañanas y las tardes, conozco la información que manejan mis editores. También hablo con fuentes que sean atingentes a un tema.</p>
<p><strong>-Reportea para informarse.</strong></p>
<p><strong>&#8211;</strong>Sí, pero también leo los diarios. Algunos me aburren, pero los tengo que leer. Veo sitios online y me gusta mucho Ex-Ante. Y escucho radio todo el día: Duna, T13 radio y la voy cambiando por horarios. Cuando terminan los programas de la mañana, me paso a Cooperativa. Y, por supuesto, miro Twitter, Instagram, y leo la prensa internacional.</p>
<p><strong>-¿Tiene redes sociales? </strong></p>
<p>-Instagram lo tengo privado. Y Twitter público, pero no tuiteo nada y no tengo abierta las notificaciones. Es decir, no sé qué dice la gente de mi. Me di cuenta de que me afectaba. Me daba miedo decir cosas que pienso en Twitter. Alguna vez interpreté hechos con información dura que manejaba y se me tiraron encima por eso. Esas agresiones me quitaban libertad a la hora de expresarme. A veces uno está en lo correcto, pero esas opiniones no son populares. Hacían que mi trabajo en televisión fuera peor, porque me autocensuraba.</p>
<p><strong>-¿Cómo lleva la fama?  </strong></p>
<p>-Es la peor parte. Lo único bueno de la fama es que voy a cualquier lugar de Chile y siempre me reciben con cariño. Lo malo es todo el resto: estar expuesta, que digan mentiras de uno, que te tergiversen, que te quieran hacer daño gratuito, que amenacen a tu hija y a tu marido y que te digan que van a matarlos (como ocurrió durante el estallido). No me gusta no tener vida privada, no tengo tanta libertad.</p>
<h2><strong>Cobro revertido</strong></h2>
<p><strong>¿Por qué estudió Periodismo? </strong></p>
<p>-Porque me gusta mucho hablar. Porque soy muy curiosa. Me gusta saber todo. Porque me encanta contar historias en mi vida personal y en mi vida profesional. Y, sobre todo, porque siento que los periodistas hacemos un gran servicio al comunicar, informar y así ayudamos a tomar decisiones a las personas.</p>
<p><strong>-¿Cuál es su golpe periodístico más relevante?</strong></p>
<p>-El mayor es el caso Pinochet. El hecho de que en 1998 yo fui la única periodista de televisión que logró entrar a la audiencia de formalización de Pinochet en la corte de Belmarsh cuando estaba acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad. Pinochet compareció en la audiencia de formalización y le leyeron los cargos. Queríamos verlo, pero estaba preso. Entonces, nuestra única posibilidad era ir a la audiencia. Fui la única periodista de televisión que entró. Vi todo y pude salir de inmediato a contárselo a los chilenos. Los diarios lo llevaron al día siguiente.</p>
<p><strong>-Si tuviera que comparar la televisión de ahora con la que hacía cuando comenzó su carrera profesional en los 90, ¿en qué se diferencia?</strong></p>
<p>-La televisión de los 90 está a años luz atrás de la televisión de ahora. Ha cambiado muchísimo. La tecnología nos hace las cosas más fáciles. Yo fui corresponsal cuando todavía dependía de un satélite que era carísimo y en que nos daban pocos minutos para subir el material. Ahora puedo despachar en vivo desde mi celular. Antes todo era complicado e, incluso, despachábamos por teléfono fijo. Hubo veces en que tuve que correr a una cabina telefónica a llamar al canal con cobro revertido. Era súper precario. Hoy podemos tener gran cantidad de imágenes de un hecho o enterarnos de una noticia que antes no llegábamos a conocer porque no teníamos una cámara en el lugar. Cualquier persona graba en su celular y nos manda la imagen.</p>
<p><strong>-Es lo que se llaman los “periodistas ciudadanos”.</strong></p>
<p>-Pero nosotros hacemos un control editorial de cualquier cosa que vaya al aire. Todo se chequea. Canal 13 tiene un récord en el control editorial de las imágenes. Nos ha pasado que vemos algunas de la guerra de Irak o de los Balcanes y nos dicen que son de la guerra de Ucrania. ¡No podemos mandarnos una metida de pata de ese tipo!</p>
<h2><strong>Errar</strong></h2>
<p><strong>-Se ha definido como una reportera que, además, es conductora. ¿Qué rol cree que le queda mejor?</strong></p>
<p>-Hoy soy más conductora que reportera. Pero creo que cuando una es reportera tiene una manera de ver las noticias que no cambia nunca. Incluso haciendo el trabajo conducción, yo, de inmediato, voy a la fuente. Reporteo. Es mi instinto natural. Nací así en el periodismo y lo sigo ejerciendo. Creo que cuanta más experiencia o te foguees más en la calle, mejor conductor puedes llegar a ser. A los periodistas jóvenes que llegan a trabajar al canal siempre les digo: traten de trabajar en terreno lo que más puedan. Tienen que conocer el reporteo diario, pasar pellejerías esperando horas una cuña y darse esos plantones en la calle para que salga una persona y, aunque sea, logres grabarle una imagen de dos segundos.</p>
<p><strong>-¿A qué periodistas chilenos o internacionales admira?</strong></p>
<p>-De las internacionales, a Christiane Amanpour. La veo todos los días en CNN. Tiene los mejores entrevistados. Si ella quiere entrevistar a Putin, él le dice que bueno. No hace preguntas fáciles y no es buena para hablar. No adorna, va directo a la noticia. Es amable y educada. Tiene mucho aplomo y pregunta lo que se debe preguntar. En Chile me gustan muchos periodistas. La Cony (Constanza) Santa María, Matías del Río, Ramón Ulloa, Iván Valenzuela, Daniel Matamala, muchos.</p>
<p><strong>-¿Cuál es el peor error que ha cometido en su carrera como periodista?</strong></p>
<p>-Me arrepiento un poco de la época en que era una periodista súper agresiva, pero era estilo del periodismo que se usaba en ese tiempo. Ahora que estoy más vieja me doy cuenta de que no es necesario ponerse tan nerviosa. Ha cambiado mucho mi manera de preguntar. Ya no soy tan puntuda. Pregunto lo que quiero, antes había un poco de histerismo. Y como soy perfeccionista, odio cada vez que me equivoco.</p>
<p><strong>-¿Los errores se multiplican cuando está más horas continuas al aire?</strong></p>
<p>-Por supuesto que el riesgo es muchísimo mayor. Una vez estuve 10 horas en vivo, cinco en la mañana y cinco en la tarde. Fue para una de las tantas elecciones que tuvimos en 2021. Ahí es casi imposible que no te equivoques. Sorprendentemente, no me equivoco tanto, pese a que tengo una horrible mala memoria. Creo no haber metido las patas en algo grave. Por ejemplo, atribuirle a alguien algo que no hizo. O que yo haya dicho que esa persona dijo algo y no fue así. Puedo preguntar mal, equivocarme en un nombre o en un apellido, pero equivocarme en algo grave como es un dato en un reportaje, no me ha pasado. No he tenido que pedir disculpas, ni hacer rectificaciones.</p>
<h2><strong>Redacciones vacías</strong></h2>
<p><strong>-En Canal 13 tercerizan el trabajo de parte del personal. ¿De qué forma ha impactado la calidad de las noticias que emiten tras los recortes en recursos y de personal de los últimos años? </strong></p>
<p>-En términos de la calidad de lo que se muestra en pantalla, milagrosamente, ha impactado poco. Pero hace el trabajo mucho más difícil para todos.</p>
<p><strong>-Los departamentos de prensa durante la pandemia se vaciaron. El periodismo es un oficio colectivo, de colaboración. ¿Qué ocurrió en Prensa de Canal 13? </strong></p>
<p>-Nos arreglamos. En la pandemia seguimos trabajando a <em>full</em>, independiente que estuviéramos en cuarentena. Algunos periodistas tenían que trabajar desde sus casas, editar, y enviar los materiales al canal para poder emitirlos. Y eso era un problema para los sistemas. De hecho, muchas veces salían los propios periodistas a grabar imágenes. La pandemia complejizó mucho nuestro trabajo. Ahora tenemos una burbuja: la mitad de las personas del Departamento de Prensa están sentadas silla por medio con mascarillas en un gran espacio, y la otra mitad de editores y periodistas está en el otro extremo del canal. No nos podemos ver. Ni siquiera en el patio. En los peores momentos, si uno se contagiaba tendría que haberse cerrado todo el Departamento de Prensa.</p>
<p><strong>-¿Cuál es el aporte noticioso de los matinales?</strong></p>
<p>-El aporte de los matinales a la agenda informativa ha sido que han logrado instalar temas complejos, bajarlos, y transmitirlos masivamente. Han generado una especie de plaza pública.</p>
<h2><strong>Mujer en TV</strong></h2>
<p><strong>-¿Cómo ha sido su experiencia como mujer siendo rostro en un departamento de prensa? ¿Ha sufrido discriminación?  </strong></p>
<p>-A lo largo de mi carrera  —llevo como treinta años —, he notado en los departamentos de prensa que me ha tocado trabajar que hay una diferencia notoria en el trato que se le da a las mujeres versus al que se les da a los hombres. Da lo mismo que hayan sido jefas o jefes. No va en el género de la autoridad. Percibí tratos diferenciados. Sin duda que esto se evidencia en los sueldos, pero también en las funciones de las mujeres.</p>
<p><strong>-¿Y cómo nota esa diferencia en las pautas?</strong></p>
<p>-Me han tocado pautas, reuniones de editores y con jefes, que han sido bastante misóginas, donde hay pocas mujeres. Es muy frecuente que los encargados de los noticieros matinales o de mediodía sean mujeres, porque son considerados noticieros “femeninos”, ¡como si a las mujeres les interesaran noticias diferentes que a los hombres! También ocurre que hay jefes (hombres o mujeres) a los que les complica mandar a reporteras a lugares de riesgo como una guerra o un terromoto, simplemente porque son mujeres. Creen que somos más vulnerables, cosa que yo no veo. He cubierto tres guerras y la verdad es que poco importa si se es hombre o mujer ante la bala de un AK47, de un rifle automático o de la bala de un tanque. No creo que un hombre sienta menos miedo que una mujer en una situación de emergencia como una guerra.</p>
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		<title>Rafael Otano: “Se tiene que hacer un periodismo a la altura de la nueva era”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Apr 2022 20:52:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde el balcón de su departamento observó, durante casi dos años, barricadas, bombas molotov, gases lacrimógenos, marchas, fuerzas especiales, turbas de encapuchados, la destrucción del barrio Baquedano, y, en tres oportunidades, cómo quemaban la iglesia de Carabineros que colinda con su edificio. En octubre de 2021 escribió una columna para el diario El País llamada [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el balcón de su departamento observó, durante casi dos años, barricadas, bombas molotov, gases lacrimógenos, marchas, fuerzas especiales, turbas de encapuchados, la destrucción del barrio Baquedano, y, en tres oportunidades, cómo quemaban la iglesia de Carabineros que colinda con su edificio.</p>
<p>En octubre de 2021 escribió una columna para el diario <em>El País</em> llamada “El estallido de Santiago de Chile desde mi balcón”, donde desplegó su mirada de cronista. Hizo lo que casi ningún reportero durante la revuelta: preguntarles a los jóvenes encapuchados por qué destruían. “Yo me acerqué, y les pregunté: por qué hacéis esto. ¿Cuál es la razón?”.</p>
<p>Vive en el piso 11 de un edificio que está en Plaza Italia. Delgado, tiene una calva de monje medieval coronada por una melena canosa.</p>
<p>Lector ávido, en su hogar destaca una biblioteca de cinco mil ejemplares.</p>
<p>Es un tipo inquieto intelectualmente, está actualizado, lee prensa chilena e internacional como menú diario, pero también es un gato viejo de 82 años que ha visto demasiadas veces el teatro de la comedia humana.</p>
<p>Vino al mundo en Pamplona, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, sufrió la dictadura de Franco, se fue de la casa a los 12 años, pasó su adolescencia en monasterios, se ordenó cura, desembarcó en Chile cuando gobernaba Frei Montalva (1968), estudió periodismo en la UC, vivió el golpe militar, fue editor en medios de oposición, volvió a España, retornó a Santiago en 1989, escribió un libro clave sobre la transición, trabajó en el primer diario digital chileno (El Mostrador), fue profesor de varias generaciones de periodistas, y vivió el estallido social desde su ventana.</p>
<p>Crítico de la transición, cree que el neoliberalismo impuesto por los militares y luego administrado por la Concertación es un modelo que produjo en gran medida la crisis social de 2019.</p>
<p><strong>-¿Cree que ser extranjero le ayudó a ser un mejor observador de la realidad chilena?</strong></p>
<p>-Como yo recién estaba conociendo Santiago, tenía más curiosidad que mis compañeros y más capacidad de análisis, porque era mayor. Y tenía una formación distinta, porque dominaba los clásicos.</p>
<p><strong>-¿Cuándo hizo periodismo por primera vez?</strong></p>
<p>-Joan Manuel Serrat vino a Chile cuando tenía 24 años. Yo lo había visto actuar en Barcelona y escribí un artículo de ocho páginas sobre él y la revista <em>Mensaje</em> lo publicó. Al poco tiempo, él llegó y quiso saber quién era este personaje que había escrito sobre él. Lo conocí y me preguntó de dónde había sacado la información para el artículo. Yo le dije que se me había ocurrido escribir sobre su poesía.</p>
<p>Durante siete años, hasta que volvió a vivir a España, fue el periodista que más publicaciones hizo en la revista jesuita <em>Mensaje</em>. Todos los meses salían artículos con su firma y fue la forma en que se hizo un nombre en la prensa chilena. Escribió sobre teatro, cine y literatura.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-1491 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/rafael-otano-web.jpg" alt="" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/rafael-otano-web.jpg 700w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/04/rafael-otano-web-300x192.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></p>
<h2><strong>Tiempos de Apsi</strong></h2>
<p>El golpe de Estado lo pilló en Chile. De estar escribiendo sobre la dictadura de Franco, pasó a vivir en otra. Otano, a los 33 años, entendió que aquel 11 de septiembre no era la culminación de una historia, sino “la hora cero de una larga pesadumbre”.</p>
<p><strong>-¿Cuándo apareció Apsi en su vida?</strong></p>
<p>-En 1976. Un día estaba caminando por la Plaza de Armas y me encuentro con Arturo Navarro, viejo compañero de periodismo, y me invitó a ser editor de una revista llamada Apsi. Lo único que yo sabía es que era una publicación contra el sistema político.</p>
<p><strong>-¿Cuáles eran las condiciones en que trabajaban en Apsi?</strong></p>
<p>-Era una revista quincenal. Había que tener valor en ese momento para hacer una revista de oposición al régimen militar y nos tenían en la mira. Fue una época en que florecieron periodistas jóvenes muy talentosos que no estaban afiliados a partidos políticos. Esos equipos eran extraordinarios. En Apsi estaban los mejores. Fue el grupo más inteligente para poner en pauta nuevos temas.</p>
<p><strong>-Pero dejó Apsi y volvió a España. ¿Por qué?</strong></p>
<p>-Me acababa de casar con una mujer chilena y no teníamos cómo sobrevivir económicamente. Estuve en Madrid casi 12 años, entre 1977 y 1989, y nunca escribí. Trabajé como director de un Centro Cultural en Getafe hasta que me llamaron nuevamente de Apsi en 1989.</p>
<p><strong>-¿Por qué volvió? </strong></p>
<p>-En Apsi tenían un conflicto y el subdirector de ese entonces, Sergio Marras, me pidió que me hiciera cargo de la edición de la revista. Fue una buena decisión, porque me encontré con un equipo de periodistas muy valiosos: Andrés Braithwaite, Nibaldo Mosciatti, Pablo Azócar, Mili Rodríguez, Rafael Gumucio, Milena Vodanovic, Pancho Mouat y Roberto Merino.</p>
<p><strong>-Le tocó asumir una tarea ingrata, carente de épica, ser el director del Apsi de la transición. </strong></p>
<p>-Es duro decirlo, pero era un momento de decadencia. Desde que llegué a Apsi, fue para abajo. En todas las transiciones ha sucedido lo mismo: los medios escritos que dispararon contra la dictadura, desgraciadamente desaparecen. Aquí pasó con el diario <em>La Época</em> y las revistas <em>Apsi</em> y <em>Hoy</em>. Todos estos medios estaban destinados a terminar, una especie de sacrifico ritual.</p>
<p><strong>-¿Por qué cree que esos medios, entre los que también estaba Análisis y Cauce, fueron “sacrificados”?  </strong></p>
<p>-Ellos se adelantaron a su tiempo y el tiempo los abandonó. Se necesitaba una voz renovada. ¿Qué pasó en España? El año 76, cuatro meses después de la muerte de Franco, nació <em>El País</em>. Ellos llegaron en el momento exacto, con el argumento exacto, cosa que no hizo, por ejemplo, el diario La Época en Chile que nació el 87, con la llegada del Papa Juan Pablo II a Chile (antes del término de la dictadura).</p>
<p>Apsi murió en 1995. Otano salió último y apagó la luz.</p>
<p>A mediados de los 90 comenzó a ejercer la docencia en la Universidad Andrés Bello. También hizo clases en la Universidad de Chile. Dice que en ambas universidades tuvo la suerte de tener alumnos sobresalientes como Juan Andrés Guzmán o Rocío Montes.</p>
<h2><strong>Menú periodístico </strong></h2>
<p>Con el cambio de siglo, Otano comenzó a trabajar como colaborador en el primer diario digital de Chile, El Mostrador. Su fundador, Marcelo Mendoza, le encargó una columna -política o cultural- cada dos semanas. Ahí escribió hasta 2006.</p>
<p><strong>-Es curioso que una persona que nació en 1939 haya sido colaborador del primer diario digital de Chile. </strong></p>
<p>-Yo soy ignorante en el tema digital, pero considero que se tiene que hacer un periodismo a la altura de la nueva era. Lo que está pasando ahora es demasiado complejo, ocurren demasiadas realidades al mismo tiempo. He vivido cantidad de crisis, pero una como la de ahora, no he visto.</p>
<p><strong>-¿Qué medios chilenos consume para informarse?</strong></p>
<p>-Leo <em>El Mostrador</em>, de vez en cuando <em>El Desconcierto</em>, el noticiario de la radio <em>BioBío</em>, y <em>La Tercera</em> y <em>Emol</em>. Ese es el menú diario.</p>
<p><strong>&#8211; ¿Cuál es su visión de la actual prensa chilena?</strong></p>
<p>&#8211; En 1991 fui de los primeros que habló de la palabra duopolio, en referencia a <em>El Mercurio</em> y a Copesa (<em>La Tercera).</em> Este ha sido un concepto fundamental para analizar a los medios chilenos. Lo que veo ahora es un sistema de medios en donde da lo mismo que se sea de derecha o de izquierda. Si algo positivo trajo el estallido fue que multiplicó los actores sociales, los actores políticos se han ampliado. Están también las mujeres, los inmigrantes, las minorías sexuales, etcétera. Ahora todos los medios tienen que dar cuenta de muchos más actores que antes.</p>
<p><strong>&#8211; ¿A quién lee en el periodismo chileno? </strong></p>
<p>-A Ascanio Cavallo, escucho a Tomás Mosciatti, pero debo reconocer que a Carlos Peña no lo leo. A Eugenio Tironi, de vez en cuando. En <em>La Tercera,</em> Daniel Matamala me parece una persona culta, respetable, de esos periodistas interesantes.</p>
<h2><strong>La transición de Otano</strong></h2>
<p>Rafael Otano es conocido en el periodismo chileno, entre otros hitos, por ser autor de un libro clásico, <em>Crónica de la transición</em>, que recogió los nombres y decisiones políticas que marcaron el fin de la dictadura militar y el retorno a la democracia en Chile. “Lo comencé el año 92 y lo terminé el 95”.</p>
<p><strong>-¿Cómo comenzó la escritura de ese libro? </strong></p>
<p>-En febrero del 91 faltaban periodistas, yo no tenía dinero, y escribí algunos artículos. El primero que hice fue sobre La Moneda por dentro. Quería saber qué ocurría. Por ejemplo, cuánta gente comía ahí o cuántas docenas de bolsas de basura se eliminaban cada día<em>.</em> Pero hice un artículo político. Y luego tuve que hacer otro. Tras leerlas, me llamó el editor Carlos Orellana, de Planeta, y me preguntó: “¿Podrías escribir una pequeña historia de la transición?”.</p>
<p><strong>-¿Cómo trabajó? </strong></p>
<p>-A diferencia de lo que hace Ascanio Cavallo, yo no anoto. Y doy las fuentes, pero muy parcamente. Tuve un esquema de capítulos. El capítulo es el elemento autónomo y, al mismo tiempo, está abierto a los demás capítulos.</p>
<p><strong>-¿Cómo escribió cada capítulo?</strong></p>
<p>-Hice más de 80 entrevistas como de dos horas y media a personajes importantes como Ricardo Lagos y Alejandro Foxley. Y esas entrevistas resultaron ser dos mil páginas. Entonces las leía y anotaba: esto es del capítulo tres, esto es del capítulo 14.</p>
<p>Otano cuenta que el proceso de edición fue similar a armar un rompecabezas. Pero ese rompecabezas debía tener una unidad de estilo. Había que introducir humor, dramatismo. Según su tesis, en la transición todos se hicieron cómplices a través del lucro. Se creó una especie de pacto de no agresión para administrar el modelo económico y social. “Todos estaban en una falsa paz para que las cosas siguiesen igual en una sociedad pequeña como la chilena”.</p>
<p><strong>-Al contrario de lo que sucede hoy.  </strong></p>
<p>-Efectivamente. Esta complicidad hoy se ha roto.</p>
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