Entrevistas

Marcia Scantlebury, directora del Museo de la Memoria: “No me gusta ponerme de víctima, porque fui una resistente”

La periodista, exintegrante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y actual presidenta del directorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, relata sus vivencias durante la Unidad Popular y su trabajo en plena dictadura. “Nosotros sabíamos que estábamos arriesgando la vida cada día”, dice.

Villa Grimaldi fue el centro de detención y tortura donde, en 1975, Marcia Scantlebury estuvo por 23 días enfrentando largos interrogatorios, durante los cuales también se le aplicaba electricidad. Tres Álamos, Cuatro Álamos y Pirque, fueron otros centros de detención por los que pasó la exmirista, hasta que partió al exilio en 1976.

Tras su regreso a Chile, en 1987, trabajó como reportera de política y cultura en revista Análisis. También escribió para revistas Caras y Sábado, de El Mercurio.

También fue jefa de prensa de Ricardo Lagos y de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, durante su primera campaña presidencial. Y en la administración Frei fue la encargada de la División de Cultura del Ministerio de Educación.

Además, fue editora del Departamento de Prensa de TVN y, entre 2007 y 2016, ocupó un puesto en el directorio del mismo canal.

Desde su oficina den el Museo de la Memoria, del cual fue una de las impulsoras y hoy es presidenta del directorio, relata su paso por el periodismo, la Unidad Popular, la dictadura, el exilio y su lucha por los derechos humanos.

-¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo?

-Cuando estaba en tercer año de periodismo, fui a ofrecerme a Ecran, una revista súper antigua que hablaba mucho de cine y cultura, que era lo que a mi me gustaba. Empecé reporteando a las fans del Pollo Fuentes, unas que andaban con plumeros. Después me pusieron a reportear la noche, el Bim Bam Bum, por decirte, también casos policiales y cultura. Luego de todo eso, pasé a revista Ercilla donde hice mi carrera.

-¿Cómo fue trabajar durante la Unidad Popular?

-Yo había participado un poco en la creación de la revista Paloma, que fue un fenómeno editorial. Eso ocurrió en un periodo muy difícil para la Unidad Popular, donde estaba todo en contra. Pero en el caso de Paloma, llegó a imprimir más de 100 mil ejemplares. Después, me llamó Danilo Bartulin, que era asesor de Allende, para decirme que me quería presentar a Álvaro Covacevich, director de Emelco, que hacía los programas de cultura política del Partido Socialista y del Partido Comunista. Ellos querían que reforzáramos los contenidos, pero que no utilizáramos un lenguaje agresivo, porque eso perjudicaba a la UP. Ahí recuperamos una cinta que se llamaba El Diálogo de América, que era entre Fidel Castro y Allende, e hicimos una película que se llamó Chile, El Gran Desafío, sobre el viaje de Allende. Se estrenó días antes del golpe.

Santiago, 30 noviembre 2022.<br />Entrevista a Marcia Scantlebury en el museo de la memoria.<br /> Jonnathan Oyarzun/Aton Chile
Gentileza El Mercurio

El golpe y el MIR

-¿Cómo se sentían los días previos al golpe?

-Eran tensos y nosotros, que trabajábamos en prensa, sentíamos también la radicalidad. Todo se había radicalizado. La gente ya había perdido la paciencia y se usaba un lenguaje muy confrontacional.

-¿Qué se encontraba haciendo el día del golpe? ¿Cómo se enteró?

-Yo estaba en la casa de la periodista María Olivia Monckeberg, amiga mía desde la infancia, en una comida despidiendo a Óscar González, director de la revista Debate Universitario. Y me enteré porque mi pareja era del Partido Comunista. Era Enrique Paris, que sigue desaparecido hasta hoy. Él llamó para decir que había golpe. También nos avisó Patricia Lutz, su padre era jefe de Inteligencia Militar, y nos dijo que había golpe. Ahí nos despedimos todos y nos fuimos cada uno para su casa.

-¿Cómo se vivieron los días posteriores? ¿Cómo los vivió usted?

-Los viví con mucho dolor, porque estaban desapareciendo y tomando presa a mucha gente amiga de uno. A mí me echaron del trabajo. Trabajaba en el Canal 9, donde por razones obvias la gente que era más de izquierda no volvimos. Y en Emelco, donde también trabajaba, el control lo tomaron unos socios que eran de derecha. Uno de los socios era amigo de mi padre y él me llamó y me dijo: “Marcia, tú te puedes quedar”, y yo le dije que no, que en este contexto no. Porque un día estábamos haciendo la película Chile, el Gran Desafío, y al otro día estábamos haciendo una película que se llamaba La Verdad Sobre Chile, algo miserable.

-¿Cuál fue el hecho más duro que le tocó vivir en dictadura?

-Cuando me tomaron presa. Me llevaron en una camioneta a Villa Grimaldi y me bajaron y sentí los alaridos de la gente. Independiente de que yo sabía que había una situación de represión brutal, para mí, hasta ese momento, el odio era un concepto intelectual. Y darme cuenta ahí del odio, fue duro. Entonces, ahí entras en una dinámica perversa: me revisaron y de ahí pasabas a la parrilla, que era tortura, te ponían electricidad.

-¿Cómo fue su paso por el MIR?

-Cuando yo caí presa, pero en ese momento no era mirista. Era ayudista. Empecé ayudando a un cura que estaba siendo perseguido y lo acogí en mi casa. Después seguí ayudando a más gente, entre ellos gente del MIR, que eran los más perseguidos. Cuando caí presa, alguien me dijo: “Pensamos que tú eres mirista”, y yo les dije que no, pero acepté. Una cosa era ayudar, pero yo igual quería resistir, pertenecer a la resistencia y para eso tenía que elegir un partido político y el MIR era el más radical, y a mí siempre me interesó. Me parece que tenía una postura y una propuesta cercana a mí, porque el MIR era obrerista, tenía una política clara hacia la cultura, hacia la Iglesia Católica, hacia los pobladores. Las feministas, en general, estuvimos en el MIR.

-¿Cómo fue vivir en el exilio?

-Triste, pero también fue un tiempo de crecimiento. Viví un exilio fraccionado. Después de estar en la cárcel por Ley de Seguridad Interior del Estado, salí en libertad el año 76 y de ahí me fui a Colombia, porque mi padre conocía al Ministro de Justicia del régimen, Miguel Schweitzer, y le dijo que me sacara de Chile.

-Cuando estuvo en el exilio, ¿pudo escribir lo que pasaba en el país?

-Como mirista, lo primero que hacíamos al llegar a otro país, era constituirnos. En Colombia me nombraros representante del MIR. Era algo menos nostálgico, porque llegabas y te incorporabas a trabajar en las organizaciones locales. Trabajé en la revista Alternativa, presidida por García Márquez, que era un medio de izquierda muy interesante, y ahí pude escribir.

Periodismo y memoria

-Después de casi 50 años, ¿qué puede decir del periodismo en dictadura?

-Estábamos pasando por momentos muy difíciles. Hoy me encuentro con gente que siente que no hay libertades necesarias para expresar disidencia o cuestionar el sistema. Yo les digo que tendrían que haber conocido la época en la que trabajamos nosotros. Este museo (de la Memoria) es clave en esta época, en resaltar la importancia de la democracia. Lo terrible que significó perder la democracia y lo difícil que fue recuperarla. Mucha gente se quedó en el camino porque la mataron o la desaparecieron o la torturaron. A mí no me gusta ponerme de víctima, porque yo fui una resistente.

“Nosotros sabíamos que estábamos arriesgando la vida cada día. Los periodistas, jugaron un papel fundamental, por lo que fue la resistencia en medios como Análisis, Apsi, Cauce, y también Ercilla. Fue una lucha feroz por recuperar la democracia. Análisis no fue solo una revista, fue un centro de resistencia donde la gente tenía acogida. Hicimos muchas cosas para mostrar que había censura en Chile, también cuando Augusto Góngora creó Teleanálisis y ahí distribuíamos VHS y mostrábamos la realidad de Chile”.

-¿Cómo fue participar en la creación del Museo de la Memoria?

-Fue desconcertante al principio. La Presidenta Bachelet me llamó para que me incorporara al directorio de Televisión Nacional, donde había estado casi 10 años. Después de esa incorporación, me habló María Luisa Sepúlveda, que era la encargada de Derechos Humanos del gobierno, y me dijo: “Marcia, queremos que te ocupes de los contenidos del museo”. Luego de eso tuvimos una reunión las dos solas con la Presidenta Bachelet y me preguntó: “¿Estás segura de que quieres ocuparte de esto?”, y yo le dije, por supuesto que sí.