Ascanio Cavallo: “El periodismo es un oficio peligroso intelectualmente”

Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 2021. Reportero, columnista, crítico de cine, autor de libros, director de medios, hombre de radio y consultor comunicacional. Aquí habla de sus más de 40 años en el oficio, dice añorar las antiguas salas de redacción, desestima la figura del periodista llanero solitario, “del cowboy que se enfrenta a los malos de la sociedad” y fustiga a “los colegas que se pasan el día en Twitter”. Aquí, pantallazos a los distintos personajes que interpreta en la vida Ascanio Cavallo.

-¿De quién se acordó cuando recibió el Premio Nacional de Periodismo?

El día que me avisaron, estaba almorzando con un amigo y no tenía mucha noción de que podría ocurrir, aunque sabía que estaba postulado. En ese momento recordé a los equipos de periodistas con los que he trabajado, como la gente del diario La Época y los de revista Hoy.

Es el único periodista en Chile que escribe para El Mercurio (cine) y La Tercera (política), en simultáneo.

Ascanio Cavallo (64), exdirector del diario La Época y de revista Hoy, crítico de cine y columnista político, autor de La historia oculta del régimen militar, —el libro de periodismo más reimpreso de Chile, con 23 ediciones—, reportero en medios opositores a la dictadura, académico, consultor comunicacional; ganó el Premio Nacional de Periodismo 2021.

De modo pausado y racional, al admirador del director de cine John Ford no le parece bien dictar cátedra ni cree que las opiniones de los periodistas sean importantes. Dice que prefiere escuchar, observar y preguntar.

-Usted es crítico de cine. ¿Qué película muestra mejor una sala de redacción?

-La película His girls Friday de Howard Hawks, que aquí en Chile la llamaron Luna nueva. Una sala de redacción es un espacio abierto. Las oficinas de las salas de prensa siempre son vidriadas, sin tabiques oscuros. Se necesita ese flujo de miradas, no solo de conversaciones. Recuerdo también The Post. Ahí existe una sala de reuniones de los editores que es totalmente transparente. Desde afuera, los periodistas aprecian cuál es el clima por las caras de los que están adentro.

La trayectoria laboral de Ascanio Cavallo se inició en el siglo pasado, en condiciones precarias. Dice que era un mundo muy masculino, donde se fumaba en las reuniones y los periodistas escribían en máquinas ruidosas, mientras discutían las noticias entre gritos y chistes de dudoso tono.

Recuerda que las antiguas redacciones eran espacios con mucho personal, en donde se aprendía a trabajar en equipo, a discutir, a pelear, a resolver y a decidir cuándo publicar. “Post años 50, lo característico fue la horizontalidad. El hecho de que estaban todos los periodistas juntos y que los rangos eran poco definidos. Parte del proceso productivo de la sala de redacción consistía en eso: en el diálogo entre los periodistas”.

– ¿Cómo ve el panorama en las salas de redacción post pandemia?

-Hoy día las redacciones son como un templo. La gente está con audífonos y son lugares asépticos, mientras que antes eran ruidosos. A mí me han preguntado muchas veces cómo puedo escribir con gente conversando al lado y eso ocurre porque siempre lo hice así. No sé escribir de otra forma. Necesito tener bullicio y a personas dando vueltas.

-Su relación con la escritura es colaborativa…

-Esta es una pega colectiva. Hay un momento en que se vuelve individual y es cuando tienes que escribir, pero la generación de información es colectiva. Si no, no funciona. Y hay que escuchar otras opiniones y tienes que aceptar que te corrijan.

En Tironi & Asociados, localizada en un edificio moderno en Las Condes, ejerce hoy su trabajo full time. En la consultora, una de las agencias de comunicaciones más importantes del país, es socio de Eugenio Tironi.

Trabajólico, su ética laboral lo ha convertido en un narrador infatigable de nuestra historia reciente, creando un fresco que va desde 1973 hasta 2010, gracias a una prosa estructurada, precisa, densa y clara.

Censura y creatividad

Hijo único, criado en la educación pública chilena, Ascanio Cavallo sufrió los rigores intelectuales del Instituto Nacional, pero tuvo una adolescencia cinéfila y pícara, en tiempos en que visitaba sitios bohemios como el café Il Bosco, en el centro de Santiago.

Vivió el golpe militar estando en el colegio y estudió en una Universidad de Chile intervenida por los militares que, ha dicho, se parecía más a una comisaría que a una escuela de Periodismo.

Tras egresar en 1978, hizo la práctica en revista Hoy bajo las órdenes del Premio Nacional de Periodismo Emilio Filippi.

– ¿Por qué estudió Periodismo? 

-Yo quería irme de la casa. Esta carrera era corta, y me parecía que yo tenía algunas ventajas comparativas, porque tenía buena ortografía y había ganado unos concursos en el colegio. Entonces, creía que me iba a ser fácil y rápido. Quería trabajar pronto. Justo lo contrario a lo que pasa hoy con los jóvenes. No se me habría ocurrido irme a un año sabático.

– ¿A qué periodistas chilenos admiraba?  

-Al único que conocí como niño, que había escuchado en la radio de mi casa, fue a Luis Hernández Parker. Le tenía gran admiración. Y, bueno, la revista Hoy era un paraíso para el periodismo de calidad en ese momento. Los que estábamos en la escuela de la Chile soñábamos con entrar a Hoy. Estaba el firmamento ahí. Emilio Filippi, Abraham Santibáñez, Hernán Millas y gente más joven que después sería famosa, como María Olivia Monckeberg y Patricia Verdugo.

Historia oculta

Al diario La Época (1987-1998) llegó por quien sería su director fundador, Emilio Filippi. Él le pidió que diseñara el proyecto periodístico y, para armarlo, buscó la ayuda de dos amigos, los periodistas Óscar Sepúlveda y Manuel Salazar. Después, él mismo pasó a ser editor general; Sepúveda, editor político; y Salazar, editor nacional.

– Junto a Manuel Salazar y a Óscar Sepúlveda escribió La historia oculta del régimen militar. ¿Cómo fue el proceso?

-En La Época había días de baja circulación y el martes nos empeoraba el promedio. No era posible producir permanentemente golpes noticiosos. Entonces, buscando subir las ventas, caímos en la cuenta de que no se había escrito sobre el régimen militar. La idea era bastante arrogante. Creamos una serie. Nuestro primer plan de publicación de La historia oculta del régimen militar suponía 20 capítulos. Al final, hicimos 53.

-¿Cómo accedían a las fuentes?

-Mientras más atrás te ibas, mas fácil era el trabajo. Encontrábamos fuentes que estaban alejadas o fuera del poder y que ya no eran protagonistas. Partimos con la teoría de que, una vez que comenzara la publicación de la serie, se nos iban a cerrar todas las puertas. Debíamos entrevistar sin parar, pero ocurrió justamente lo contrario. Nos empezaron a llamar cuando supieron que este libro era cronológico. Después pasó lo mismo con La historia oculta de la transición, en revista Hoy. Nadie quería quedar fuera.

-A diferencia de otros libros de periodismo sobre la dictadura, donde prima la denuncia sobre derechos humanos, La historia oculta del régimen militar dialoga con el poder.

-Siempre nos propusimos que el tema de los derechos humanos no nos consumiera el producto, sino que fuera una historia desde adentro. No queríamos perder la otra dimensión que era la menos contada, el régimen militar no estaba reporteado desde una perspectiva independiente.

-En ese libro fue que ustedes le dieron voz a casi todos los actores, desde un conscripto a un general.

-No queríamos mostrar solo el mundo del poder.

Fin de la transición

Miembro de La Academia Chilena de la Lengua, su segundo libro, La historia oculta de la transición (1998) es un texto clave para entender el cambio de siglo y el modelo político y social chileno que está en crisis desde 2019.

-La historia oculta de la transición la escribe en revista Hoy. El libro termina en 1998. Según algunos, la transición aún no ha terminado. ¿Puso esa fecha porque fue el momento en que Pinochet dejó de ser comandante en jefe?

-Coincidió con la visión que yo tenía de la transición y de que terminaba cuando Pinochet perdiera el poder militar.

-¿Cuál fue su método para escribir estos libros?

-El pilar fue la lectura de la prensa. Y el recurso fundamental fueron las entrevistas, que tenían que ser confidenciales, porque, de otro modo, la gente no te contaba mucho. Había que tener cuidado y chequear bien cuando uno se embarcaba en contar algo y ver que eso coincidiera con otras versiones.

Para Ascanio Cavallo, la pauta noticiosa contingente siempre tiene un lado oculto, al cual no accedemos de inmediato. Y el procedimiento que utiliza para llegar a esa “realidad fondeada” es a través de la investigación y del reporteo, para luego narrar sin moralejas. Sabe que la única verdad que existe en el periodismo es la verdad de los hechos.

Su moral periodística, dice, es jamás revelar sus fuentes.

-Nosotros estábamos siempre sujetos a amenazas de injurias y de calumnias, cosas peligrosas tratándose de la justicia militar. Teníamos que estar seguros de que los diálogos correspondieran. Me acuerdo de que discutimos mucho sobre un incidente en el que Pinochet golpea una mesa y se quiebra el vidrio. Por suerte había suficientes testigos de esa escena.

“La entrevista es un artefacto delicado. El más delicado de todos. Sobre todo porque tiene una similitud bien escalofriante con el psicoanálisis. Existe un grado importante de involucramiento de las personas y creo que hay un nivel de engaño. En general, tienes que ser amable con la gente para que te cuenten cosas. Nadie le va a contar algo a un conversador hostil. Tiene unos bordes éticos muy confusos, difíciles de manejar. Nosotros dijimos que nunca íbamos a revelar las fuentes y lo tomamos bien en serio”.

-Está escribiendo junto a la periodista Rocío Montes un libro sobre los gobiernos de Lagos y Bachelet (2000-2010). ¿Por qué investigar ese período?

-Empezamos a trabajar hace más de cuatro años. Entre los propósitos estaba saber cómo esos años determinaron lo que vino después, pero no el estallido en concreto, sino más bien la anomia social que se produjo desde 2017 para adelante. No partimos con una tesis, quisimos investigar porque nos dimos cuenta de que hubo una convergencia de hechos curiosos. En el comienzo estuvo la detención de Pinochet (1998-2000) y la crisis asiática, que detonó un cambio en el país. Por primera vez en Chile hubo una década en la que gobernaron dos militantes socialistas.

Periodismo y rostros

– ¿Qué cosas debería hacer un estudiante para convertirse en un buen periodista?

-La carrera que llamábamos Periodismo se ha fragmentado en subespecialidades como la comunicación política y la comunicación estratégica. En 2006, 10 por ciento de los estudiantes de Periodismo quería ser periodista. A ese porcentaje le diría que hay que tener ojo, porque esta es una disciplina de verificación, uno trabaja con hechos. Y que es muy importante la conversación, no solo con los amigos, si no que con los entrevistados, con las fuentes, con los conocidos, con los profesores. Y también es imprescindible mucha lectura.

“Esos son los elementos con los que vas a tener que trabajar después. Hay que saber que este es un oficio peligroso intelectualmente. Es muy fácil ponerse idiota con la fama. Y, generalmente, ese camino lleva a trancarte. Es una ruta indeseable e ineficiente”.

-Hoy existe un culto hacia la personalidad de varios rostros que se han convertido en líderes de opinión en televisión y redes sociales. ¿Qué opina?

-Lamentablemente la televisión tiene la tendencia a personalizar el periodismo. Lo ideal sería que no estuviera una misma cara todas las noches, sino que hubiese mucha gente de una sala de redacción alternándose en la pantalla, pero es impracticable. Y este sistema tiende a producir estrellas. Y, además, para ahorrar dinero, los medios le encargan todas las tareas a una misma persona, incluyendo la lectura de la publicidad. Y a mí eso me pone histérico. Todo termina siendo una mescolanza entre lo comercial, el personaje, y la fama.

“Se crea esta idea fatal del periodista llanero solitario, del cowboy que enfrenta a los malos de la sociedad y que los evangeliza. Las redes sociales multiplican este fenómeno y hay colegas que se pasan el día en twitter. Creo que eso es tóxico, tóxico, tóxico. Por razones de privacidad no entré a las redes y, por razones doctrinarias, no entraré”.