Mónica Pérez: “No creo que un periodista hombre sienta menos miedo que una mujer en una guerra”.

La conductora, que ha cubierto tres guerras para la televisión chilena, habla de su oficio como periodista, de los más de 30 años de experiencia reporteando en pantalla, y de sus rutinas, errores y aciertos.

La periodista de Canal 13 Mónica Pérez está en medio de una transición. De leer el noticiero central (Teletrece) con Ramón Ulloa, pasó a conducir Teletarde junto a Iván Valenzuela. El deseo de hacer nuevos proyectos y más reportajes en el canal, junto con la conducción de noticias, hizo que su rutina se reorganizara. De paso, ahora tiene un mejor horario y puede estar con su hija adolescente durante la semana, cosa que el noticiero central se lo impedía.

Su carrera despegó en 1998, cuando Pinochet estaba detenido en Londres. Pasó casi casi dos años en esa ciudad dedicada solo a esa cobertura. Después vinieron guerras, catástrofes, entrevistas, exclusivas, muchas urgencias noticiosas. Vivió, estudió y trabajó en Washington DC y pasó otra etapa en Madrid. Todos esos años fueron de vida itinerante como corresponsal.

Con casi dos décadas de regreso al país y en su consolidado rol de mujer ancla, relata su manera de ser periodista:

-2021 fue un buen año para usted, pero un hecho marcó especialmente su trabajo. Fue el enfrentamiento con el candidato Daniel Jadue (PC) en el debate de la primaria presidencial de Apruebo Dignidad. Él la acusó de mentir ¿Qué le pasó en ese momento?

-Yo sabía que no estaba mintiendo. Me había leído las doscientas páginas de su programa de gobierno. Estaba en lo correcto y me llamó la atención que él dijera que no existía ninguna alusión a un Ministerio de las Comunicaciones en su programa, porque se supone que un candidato presidencial debe conocerlo. No me puse nerviosa, pero no me tocaba hablar cuando él me acusó. Mantuve silencio durante los siguientes 24 minutos, era el tiempo de preguntar de Matías del Río y de Mónica Rincón. Cuando me tocó, aproveché de explicarle a Jadue por qué yo no mentía.

-¿Cree que ese encontrón tuvo repercusiones en lo ocurrió con su candidatura política en la primaria? Jadue perdió ante el actual Presidente, Gabriel Boric.

-No podría aseverarlo. Creo que él perdió por muchas razones, pero en un debate el que se enoja pierde. Es una regla para el candidato y para el periodista. En ese debate Jadue tenía que debatir con Gabriel Boric, no conmigo.

-¿Cómo se prepara para un debate presidencial? 

-Primero, leyendo mucho. Si hay programas presidenciales, me los leo completos. En los debates se sortean los temas. Entonces, no es que yo tenga que aprenderme todo lo que propone un candidato. Sé cuáles temas me tocarán y los estudio en profundidad. Y luego llamo a especialistas. Después, trabajo con mis jefes. Con el editor político establecemos la estrategia de las preguntas, cómo hacerlas, con qué ritmo. Esto no es solo preguntar, es también un show de televisión. Entonces, tenemos que buscar una manera de enganchar al público. Todo eso después debe aprobarlo la dirección de Prensa.

In situ

-¿Qué le gustaría estar cubriendo hoy?

-Hoy me gustaría estar en Ucrania. Obvio que me daría susto, pero me parece una historia súper interesante.

-¿Cómo se informa a diario? 

-Tengo la suerte de trabajar con gente muy capaz, así que escucho lo que reportean los periodistas dentro de Canal 13. También en las reuniones de pauta, que tengo todas las mañanas y las tardes, conozco la información que manejan mis editores. También hablo con fuentes que sean atingentes a un tema.

-Reportea para informarse.

Sí, pero también leo los diarios. Algunos me aburren, pero los tengo que leer. Veo sitios online y me gusta mucho Ex-Ante. Y escucho radio todo el día: Duna, T13 radio y la voy cambiando por horarios. Cuando terminan los programas de la mañana, me paso a Cooperativa. Y, por supuesto, miro Twitter, Instagram, y leo la prensa internacional.

-¿Tiene redes sociales? 

-Instagram lo tengo privado. Y Twitter público, pero no tuiteo nada y no tengo abierta las notificaciones. Es decir, no sé qué dice la gente de mi. Me di cuenta de que me afectaba. Me daba miedo decir cosas que pienso en Twitter. Alguna vez interpreté hechos con información dura que manejaba y se me tiraron encima por eso. Esas agresiones me quitaban libertad a la hora de expresarme. A veces uno está en lo correcto, pero esas opiniones no son populares. Hacían que mi trabajo en televisión fuera peor, porque me autocensuraba.

-¿Cómo lleva la fama?  

-Es la peor parte. Lo único bueno de la fama es que voy a cualquier lugar de Chile y siempre me reciben con cariño. Lo malo es todo el resto: estar expuesta, que digan mentiras de uno, que te tergiversen, que te quieran hacer daño gratuito, que amenacen a tu hija y a tu marido y que te digan que van a matarlos (como ocurrió durante el estallido). No me gusta no tener vida privada, no tengo tanta libertad.

Cobro revertido

¿Por qué estudió Periodismo? 

-Porque me gusta mucho hablar. Porque soy muy curiosa. Me gusta saber todo. Porque me encanta contar historias en mi vida personal y en mi vida profesional. Y, sobre todo, porque siento que los periodistas hacemos un gran servicio al comunicar, informar y así ayudamos a tomar decisiones a las personas.

-¿Cuál es su golpe periodístico más relevante?

-El mayor es el caso Pinochet. El hecho de que en 1998 yo fui la única periodista de televisión que logró entrar a la audiencia de formalización de Pinochet en la corte de Belmarsh cuando estaba acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad. Pinochet compareció en la audiencia de formalización y le leyeron los cargos. Queríamos verlo, pero estaba preso. Entonces, nuestra única posibilidad era ir a la audiencia. Fui la única periodista de televisión que entró. Vi todo y pude salir de inmediato a contárselo a los chilenos. Los diarios lo llevaron al día siguiente.

-Si tuviera que comparar la televisión de ahora con la que hacía cuando comenzó su carrera profesional en los 90, ¿en qué se diferencia?

-La televisión de los 90 está a años luz atrás de la televisión de ahora. Ha cambiado muchísimo. La tecnología nos hace las cosas más fáciles. Yo fui corresponsal cuando todavía dependía de un satélite que era carísimo y en que nos daban pocos minutos para subir el material. Ahora puedo despachar en vivo desde mi celular. Antes todo era complicado e, incluso, despachábamos por teléfono fijo. Hubo veces en que tuve que correr a una cabina telefónica a llamar al canal con cobro revertido. Era súper precario. Hoy podemos tener gran cantidad de imágenes de un hecho o enterarnos de una noticia que antes no llegábamos a conocer porque no teníamos una cámara en el lugar. Cualquier persona graba en su celular y nos manda la imagen.

-Es lo que se llaman los “periodistas ciudadanos”.

-Pero nosotros hacemos un control editorial de cualquier cosa que vaya al aire. Todo se chequea. Canal 13 tiene un récord en el control editorial de las imágenes. Nos ha pasado que vemos algunas de la guerra de Irak o de los Balcanes y nos dicen que son de la guerra de Ucrania. ¡No podemos mandarnos una metida de pata de ese tipo!

Errar

-Se ha definido como una reportera que, además, es conductora. ¿Qué rol cree que le queda mejor?

-Hoy soy más conductora que reportera. Pero creo que cuando una es reportera tiene una manera de ver las noticias que no cambia nunca. Incluso haciendo el trabajo conducción, yo, de inmediato, voy a la fuente. Reporteo. Es mi instinto natural. Nací así en el periodismo y lo sigo ejerciendo. Creo que cuanta más experiencia o te foguees más en la calle, mejor conductor puedes llegar a ser. A los periodistas jóvenes que llegan a trabajar al canal siempre les digo: traten de trabajar en terreno lo que más puedan. Tienen que conocer el reporteo diario, pasar pellejerías esperando horas una cuña y darse esos plantones en la calle para que salga una persona y, aunque sea, logres grabarle una imagen de dos segundos.

-¿A qué periodistas chilenos o internacionales admira?

-De las internacionales, a Christiane Amanpour. La veo todos los días en CNN. Tiene los mejores entrevistados. Si ella quiere entrevistar a Putin, él le dice que bueno. No hace preguntas fáciles y no es buena para hablar. No adorna, va directo a la noticia. Es amable y educada. Tiene mucho aplomo y pregunta lo que se debe preguntar. En Chile me gustan muchos periodistas. La Cony (Constanza) Santa María, Matías del Río, Ramón Ulloa, Iván Valenzuela, Daniel Matamala, muchos.

-¿Cuál es el peor error que ha cometido en su carrera como periodista?

-Me arrepiento un poco de la época en que era una periodista súper agresiva, pero era estilo del periodismo que se usaba en ese tiempo. Ahora que estoy más vieja me doy cuenta de que no es necesario ponerse tan nerviosa. Ha cambiado mucho mi manera de preguntar. Ya no soy tan puntuda. Pregunto lo que quiero, antes había un poco de histerismo. Y como soy perfeccionista, odio cada vez que me equivoco.

-¿Los errores se multiplican cuando está más horas continuas al aire?

-Por supuesto que el riesgo es muchísimo mayor. Una vez estuve 10 horas en vivo, cinco en la mañana y cinco en la tarde. Fue para una de las tantas elecciones que tuvimos en 2021. Ahí es casi imposible que no te equivoques. Sorprendentemente, no me equivoco tanto, pese a que tengo una horrible mala memoria. Creo no haber metido las patas en algo grave. Por ejemplo, atribuirle a alguien algo que no hizo. O que yo haya dicho que esa persona dijo algo y no fue así. Puedo preguntar mal, equivocarme en un nombre o en un apellido, pero equivocarme en algo grave como es un dato en un reportaje, no me ha pasado. No he tenido que pedir disculpas, ni hacer rectificaciones.

Redacciones vacías

-En Canal 13 tercerizan el trabajo de parte del personal. ¿De qué forma ha impactado la calidad de las noticias que emiten tras los recortes en recursos y de personal de los últimos años? 

-En términos de la calidad de lo que se muestra en pantalla, milagrosamente, ha impactado poco. Pero hace el trabajo mucho más difícil para todos.

-Los departamentos de prensa durante la pandemia se vaciaron. El periodismo es un oficio colectivo, de colaboración. ¿Qué ocurrió en Prensa de Canal 13? 

-Nos arreglamos. En la pandemia seguimos trabajando a full, independiente que estuviéramos en cuarentena. Algunos periodistas tenían que trabajar desde sus casas, editar, y enviar los materiales al canal para poder emitirlos. Y eso era un problema para los sistemas. De hecho, muchas veces salían los propios periodistas a grabar imágenes. La pandemia complejizó mucho nuestro trabajo. Ahora tenemos una burbuja: la mitad de las personas del Departamento de Prensa están sentadas silla por medio con mascarillas en un gran espacio, y la otra mitad de editores y periodistas está en el otro extremo del canal. No nos podemos ver. Ni siquiera en el patio. En los peores momentos, si uno se contagiaba tendría que haberse cerrado todo el Departamento de Prensa.

-¿Cuál es el aporte noticioso de los matinales?

-El aporte de los matinales a la agenda informativa ha sido que han logrado instalar temas complejos, bajarlos, y transmitirlos masivamente. Han generado una especie de plaza pública.

Mujer en TV

-¿Cómo ha sido su experiencia como mujer siendo rostro en un departamento de prensa? ¿Ha sufrido discriminación?  

-A lo largo de mi carrera  —llevo como treinta años —, he notado en los departamentos de prensa que me ha tocado trabajar que hay una diferencia notoria en el trato que se le da a las mujeres versus al que se les da a los hombres. Da lo mismo que hayan sido jefas o jefes. No va en el género de la autoridad. Percibí tratos diferenciados. Sin duda que esto se evidencia en los sueldos, pero también en las funciones de las mujeres.

-¿Y cómo nota esa diferencia en las pautas?

-Me han tocado pautas, reuniones de editores y con jefes, que han sido bastante misóginas, donde hay pocas mujeres. Es muy frecuente que los encargados de los noticieros matinales o de mediodía sean mujeres, porque son considerados noticieros “femeninos”, ¡como si a las mujeres les interesaran noticias diferentes que a los hombres! También ocurre que hay jefes (hombres o mujeres) a los que les complica mandar a reporteras a lugares de riesgo como una guerra o un terromoto, simplemente porque son mujeres. Creen que somos más vulnerables, cosa que yo no veo. He cubierto tres guerras y la verdad es que poco importa si se es hombre o mujer ante la bala de un AK47, de un rifle automático o de la bala de un tanque. No creo que un hombre sienta menos miedo que una mujer en una situación de emergencia como una guerra.