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	<title>50 años del Golpe archivos - Museo de Prensa</title>
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	<description>Facultad de Comunicación y Letras - Universidad Diego Portales</description>
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		<title>Clarín, Puro Chile y El Siglo: Tres diarios cerrados de golpe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Dec 2023 19:23:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La polarización era absoluta. Los meses previos al golpe de Estado de 1973, Chile estaba en medio de una intensa lucha política y social en la que se enfrentaban defensores del gobierno de Salvador Allende y opositores a la Unidad Popular. Los medios, a su vez, representaron los profundos contrastes ideológicos que vivió la sociedad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-2019 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-300x142.jpg" alt="" width="708" height="335" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-300x142.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-1024x483.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-768x362.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-1536x725.jpg 1536w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe.jpg 2000w" sizes="(max-width: 708px) 100vw, 708px" /></p>
<p>La polarización era absoluta. Los meses previos al golpe de Estado de 1973, Chile estaba en medio de una intensa lucha política y social en la que se enfrentaban defensores del gobierno de Salvador Allende y opositores a la Unidad Popular.</p>
<p>Los medios, a su vez, representaron los profundos contrastes ideológicos que vivió la sociedad chilena. Y diarios como <em>Clarín</em>, <em>Puro Chile </em>y <em>El Siglo</em>, que desempeñaron un papel crucial como transmisores de información a los sectores populares del país, fueron protagonistas de una verdadera guerra de trincheras contra los medios opositores.</p>
<p>El 11 de septiembre de ese año se produjo el quiebre institucional. Las fuerzas militares, lideradas por el general Augusto Pinochet, bombardearon La Moneda y tomaron el poder. El nuevo régimen abatió estos tres periódicos, entre otros, por medio de la censura y el saqueo. En algunos casos, detuvo a periodistas que jamás aparecieron.</p>
<p><strong>Un cierre de golpe</strong></p>
<p>En un barrio emblemático de Santiago, a tres cuadras de la concurrida Alameda, en la calle Dieciocho, están las instalaciones de Tecnicor, propiedad de Raúl Tagle e hijos. Un intenso olor a goma impregna el lugar, una evidencia de que ahí opera hoy una fábrica de correas de transmisión.</p>
<p>Resulta difícil imaginar lo que ocurría en el mismo lugar hace medio siglo. En 1970, Dieciocho 262 aún pertenecía al popular periódico <em>Clarín</em>. Para Alfredo Sepúlveda, periodista, académico UDP y experto en la historia del periodismo chileno, “fue el diario más importante del género popular comercial, allendista, destinado al pueblo obrero. Se convirtió en un fenómeno arraigado en las entrañas de las zonas populares”.</p>
<p><em>Clarín</em> fue fundado por el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, a solicitud del boliviano Darío Saint-Marie, conocido como “Volpone”, cuando era director del diario oficialista <em>La Nación</em>. Comenzó a circular en 1954 con baja frecuencia y poco éxito, lo que llevó a Ibáñez a tomar la decisión de venderlo a “Volpone”. Vivió su apogeo bajo la dirección del periodista Alberto “Gato” Gamboa, quien tenía una destreza particular para concebir titulares combativos y burlones, y alcanzó gran influencia en el ambiente político durante la Unidad Popular, acompañado de los reconocidos periodistas Eugenio Lira Massi y Hernán Millas, entre otros.</p>
<figure id="attachment_2011" aria-describedby="caption-attachment-2011" style="width: 571px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-2011" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-300x190.png" alt="" width="571" height="362" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-300x190.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-1024x649.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-768x486.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende.png 1462w" sizes="(max-width: 571px) 100vw, 571px" /><figcaption id="caption-attachment-2011" class="wp-caption-text">Volpone y el Presidente Allende</figcaption></figure>
<p>El diario de “Volpone” creció exponencialmente en el sector popular con su lema “Firme junto al pueblo”. Para 1970, ya contaba con una amplia circulación nacional: llegó a imprimir cerca de 180 mil ejemplares diarios y superó los 400 mil los domingos. Sus ácidas y excéntricas portadas, generosas en sobrenombres, hicieron arder la escena política. Por ejemplo, destaca el apodo “La Señora”, referido al expresidente Jorge Alessandri. “La señora se calienta los juanetes”, se lee al pie de una foto de Alessandri al lado de una estufa.</p>
<p><img decoding="async" class="wp-image-2004 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Clarin-2-216x300.png" alt="" width="370" height="514" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Clarin-2-216x300.png 216w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Clarin-2.png 604w" sizes="(max-width: 370px) 100vw, 370px" /></p>
<p>Ya declarado su odio público a Alessandri, “Volpone” decidió apoyar la candidatura de Salvador Allende en las elecciones de 1970, a pesar de su cercanía con el candidato de la Democracia Cristiana, Radomiro Tomic. Tras el triunfo del socialista, tituló: “¡Allende presidente! El pueblo arrasó en los reductos momios”.<span style="font-size: 14px;"><br />
</span></p>
<figure id="attachment_2009" aria-describedby="caption-attachment-2009" style="width: 466px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2009" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-300x169.png" alt="" width="466" height="263" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-300x169.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-1024x576.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-768x432.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-1536x864.png 1536w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-2048x1152.png 2048w" sizes="auto, (max-width: 466px) 100vw, 466px" /><figcaption id="caption-attachment-2009" class="wp-caption-text">Alberto &#8220;Gato Gamboa</figcaption></figure>
<p>En 1972, “Volpone” vendió el periódico al ingeniero civil y empresario español Víctor Pey, un republicano cercano a Allende que llegó a Chile a bordo del “Winnipeg”. Bajo el mando de Pey, el periódico se convirtió en un vocero escrito de la Unidad Popular hasta su clausura en 1973.</p>
<p>Con el objetivo de silenciar a los medios allendistas, la dictadura selló el destino de los periódicos oficiales mediante el Bando N°1. “¡Momias piden a los milicos que las pasen por las armas!”, tituló <em>Clarín</em> en la edición que no llegó a ver la luz. La frase aludía a la constante presión de la derecha por boicotear el gobierno de la Unidad Popular.</p>
<p>En la madrugada del 11 de septiembre de 1973, el Ejército de Chile invadió los talleres del periódico, clausuró sus oficinas y detuvo a la mayoría de sus trabajadores, rememoró Víctor Pey en el medio digital <em>El Mostrador</em>. El 24 de abril de 1975, a través del decreto Nº580 se expropiaron los talleres y se confiscaron los bienes de Pey.</p>
<p><strong>La pluma más ácida del país</strong></p>
<p>Eugenio Lira Massi y José Gómez López dieron vida a <em>Puro Chile</em> en 1970, justo después de las elecciones presidenciales que ganó Allende. Su línea editorial y su espíritu era allendista. Para Alfredo Sepúlveda, “siguió las huellas de <em>Clarín</em>, con un mismo estilo de prensa popular comercial, pero llegó a ser mucho más grosero”. Al respecto, el periodista recuerda que el diario se atrevió a referirse en su portada a los miembros de la Corte Suprema como “viejos de mierda”, lo que resultó en una querella en su contra.</p>
<figure id="attachment_2008" aria-describedby="caption-attachment-2008" style="width: 419px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2008" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi-300x234.png" alt="" width="419" height="327" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi-300x234.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi-768x598.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi.png 978w" sizes="auto, (max-width: 419px) 100vw, 419px" /><figcaption id="caption-attachment-2008" class="wp-caption-text">Eugenio Lira Massi, de Puro Chile</figcaption></figure>
<p>Aunque el proyecto fue financiado por el Partido Comunista, no estaba alineado con esa tienda política. “Es verdad que el PC puso la plata”, declaró Lira Massi a la revista <em>Mundo 70</em>. “Pero ni el director ni yo somos militantes comunistas; ni siquiera en el personal los comunistas son mayoría. Por otra parte, nosotros no somos dependientes. El día que se nos quiera imponer una línea desde fuera, simplemente nos mandamos a cambiar”.</p>
<p style="text-align: left;">En <em>Puro Chile</em>, una caricatura llamada “El enano maldito”, creada por Jorge Mateluna, se convirtió en un fenómeno popular. Este personaje, de baja estatura y con una gran cabeza blanca, utilizó un lenguaje provocador dirigido hacia la derecha política chilena y mostró su apoyo a la candidatura de Allende en las elecciones de 1970. Cada titular de “El enano” encendía el debate y reflejaba la polarización que se vivía en los medios de la época.</p>
<figure id="attachment_2007" aria-describedby="caption-attachment-2007" style="width: 347px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2007" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-231x300.png" alt="" width="347" height="451" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-231x300.png 231w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-788x1024.png 788w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-768x998.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407.png 796w" sizes="auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px" /><figcaption id="caption-attachment-2007" class="wp-caption-text">El enano maldito</figcaption></figure>
<p>El 11 de septiembre, <em>Puro Chile</em> encontró el mismo destino que <em>Clarín</em>. Tras el cierre inmediato del diario, Eugenio Lira Massi se refugió en la embajada de Francia para salir al exilio. La Junta Militar lo incluyó en el listado del Bando N°10, que lo catalogó como una de las 95 personas más peligrosas del país.</p>
<p>La última edición, que vio la luz antes de la llegada de los militares a las instalaciones del tabloide, tituló: “Vilarín lo dijo con todas sus letras a los gremialistas: No queremos camiones, sino que el golpe”, en referencia a las solicitudes de golpe de Estado por parte del gremio de los camioneros.</p>
<p><strong>La voz del proletariado</strong></p>
<p>En contraste con la línea editorial de <em>Clarín</em> y <em>Puro Chile</em>, <em>El Siglo</em> —perteneciente al Partido Comunista— mostraba un contenido más convencional. Su estilo podía ser difícil de leer y, en ocasiones, se asemejaba a un ensayo filosófico de izquierda. “Es un diario más serio; es un estilo similar al de <em>El Mercurio</em>: más reposado, intelectual, pero desde la izquierda comunista, presentando a muchos pensadores, dando espacio a la cultura, muy parecido a los textos de la Unión Soviética”, comenta Sepúlveda.</p>
<p>El 31 de agosto de 1940, <em>El Siglo</em> publicó su primer número, que contó con alrededor de 45 mil ejemplares distribuidos a nivel nacional. Fundado por el tipógrafo revolucionario Luis Emilio Recabarren, era propiedad del Partido Comunista de Chile y tenía sus oficinas en la esquina de Moneda con Mac-Iver, donde también estaba su imprenta. El edificio se destacaba por una imponente estrella roja con un martillo y una hoz en la parte superior, que simbolizaban los ideales comunistas.</p>
<p>El periódico circuló ininterrumpidamente hasta el 14 de julio de 1948, cuando fue obligado a dejar de publicarse debido a la Ley de Defensa de la Democracia, aprobada durante el gobierno de Gabriel González Videla. Esta ley perseguía al Partido Comunista y puso a <em>El Siglo</em> bajo un régimen de “censura previa”, como se menciona en el documento firmado por el presidente.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2012 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-174x300.jpg" alt="" width="333" height="574" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-174x300.jpg 174w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-595x1024.jpg 595w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-768x1323.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-892x1536.jpg 892w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-1189x2048.jpg 1189w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-scaled.jpg 1486w" sizes="auto, (max-width: 333px) 100vw, 333px" /></p>
<p>Luego de la proscripción del partido, en octubre de 1952 <em>El Siglo</em> volvió a estar en pleno funcionamiento. Para entonces, el diario tenía un tiraje cercano a los 25 mil ejemplares, una cifra que se mantuvo hasta su cierre en 1973. A lo largo de esos años, fue una voz activa en el panorama periodístico, brindando información y análisis desde su visión de diario educativo, y se perfiló como una importante fuente de noticias y opiniones para sus lectores.</p>
<p>Su foco en el obrerismo ilustrado marcó el desarrollo de un sistema de comunicación política que destacó por su énfasis en la cultura. Esto se reflejaba en la diversidad de publicaciones que ofrecía, en línea con la importancia que se le daba al acceso a la información para ampliar los conocimientos de esa clase social. A diferencia de sus pares periodísticos, adoptó una línea editorial combativa. Tras la elección de Allende, advirtió: “El pueblo debe armarse para enfrentar a las fuerzas reaccionarias que intentarán obstaculizar el ascenso del compañero Allende y del pueblo al poder”.</p>
<figure id="attachment_2006" aria-describedby="caption-attachment-2006" style="width: 318px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2006" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/El-Siglo-1-192x300.jpg" alt="" width="318" height="497" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/El-Siglo-1-192x300.jpg 192w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/El-Siglo-1.jpg 293w" sizes="auto, (max-width: 318px) 100vw, 318px" /><figcaption id="caption-attachment-2006" class="wp-caption-text">11 de septiembre de 1973</figcaption></figure>
<p>El 11 de septiembre de 1973, bajo el título “Cada cual en su puesto de combate”, <em>El Siglo</em> llamó a defender el gobierno de Salvador Allende ante un posible levantamiento militar, en lo que resultó ser su última portada. Al igual que los demás periódicos, el día de la asonada militar las oficinas del diario fueron allanadas por soldados y su personal fue arrestado, para luego ser cerrado y sus imprentas, confiscadas. Reaparecido en septiembre de 1989, actualmente sobrevive como un portal digital. Su misión, se lee en su web, consiste —entre otros principios— en “la defensa y promoción de los derechos del pueblo y la transformación de la sociedad chilena”.</p>
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		<title>Tras el golpe, el silencio: Las emisoras pro UP el 11 de septiembre de 1973</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Oct 2023 11:54:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Finalmente, fue en la madrugada del 11 de septiembre de 1973 cuando se desató el quiebre democrático. Y los militares tomaron las antenas de radio como uno de sus primeros objetivos. ¿El propósito? Que la información pro Allende no fuera difundida. Durante una jornada marcada por la incertidumbre, las radios Corporación, Magallanes y Portales se [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente, fue en la madrugada del 11 de septiembre de 1973 cuando se desató el quiebre democrático. Y los militares tomaron las antenas de radio como uno de sus primeros objetivos. ¿El propósito? Que la información pro Allende no fuera difundida.</p>
<p>Durante una jornada marcada por la incertidumbre, las radios Corporación, Magallanes y Portales se convirtieron en testigos clave de los acontecimientos que marcaron el inicio de la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet. Entre discursos y boletines de último minuto, también <a href="https://www.cnnchile.com/cultura/las-ultimas-canciones-emitidas-por-radio-magallanes-en-el-chile-socialista_20180911/">hubo espacio para el canto popular.</a> Ese día, las radios emitieron canciones emblemáticas de la época, como “El pueblo unido jamás será vencido” y “No nos moverán”, de Quilapayún.</p>
<p><strong>Radio Portales: la más escuchada durante la UP</strong></p>
<p>Los inicios de Radio Portales datan de la década de los 50, cuando Raúl Tarud y Abraham Hasbún fundaron una estación del mismo nombre en Talca. Posteriormente, compraron una concesión radial en Santiago y, en 1959, fundaron la Emisora Diego Portales S.A. que rápidamente se convirtió en una de las más populares de la capital.</p>
<p>Durante el gobierno de Allende, Radio Portales era la estación de mayor audiencia en Santiago y tenía una cobertura regional en Valparaíso. Raúl Tarud, amigo de Allende, fue el gerente general y mantenía una relación cercana con el presidente. Jorge Venegas, otro amigo del mandatario, desempeñó un papel importante en la adquisición y administración de la radio, que buscaba mantener un equilibrio entre los intereses de los comunistas y los socialistas durante el gobierno de la UP.</p>
<p>El día del golpe militar, Radio Portales se convirtió en una de las primeras en ser bombardeadas por la FACH con el fin de silenciar las voces oficialistas.</p>
<figure id="attachment_1990" aria-describedby="caption-attachment-1990" style="width: 798px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1990 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-2.png" alt="Allende habla para la radio" width="798" height="562" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-2.png 798w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-2-300x211.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-2-768x541.png 768w" sizes="auto, (max-width: 798px) 100vw, 798px" /><figcaption id="caption-attachment-1990" class="wp-caption-text">Allende habla para la radio</figcaption></figure>
<p><strong>Radio Corporación: el relato de Luis Schwaner</strong><strong> </strong></p>
<p>Corporación, una emisora perteneciente al Partido Socialista, se convirtió en un importante medio de comunicación en el Chile de comienzos de los 70. Dos años antes del golpe, ese partido adquirió la radio a un precio muy bajo al grupo El Mercurio S.A. El director de la radio era Erich Schnake, quien también ocupaba el cargo de secretario de comunicaciones del Partido Socialista.</p>
<p>En <a href="https://www.cedocmuseodelamemoria.cl/wp-content/uploads/2018/11/Informe-Proyecto-Radios.pdf">“El rol de las radios opositoras frente a la censura instaurada durante la dictadura cívico-militar en Chile”</a>, un documento publicado por el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, se plantea que, desde la mañana del 11 de septiembre, Radio Corporación comenzó a transmitir informes sobre los extraños sucesos que estaban ocurriendo en el país, como el copamiento de Valparaíso por parte de la Marina. La emisora formaba parte de la cadena voluntaria &#8220;Voz de la patria&#8221;, a través de la que se transmitieron los primeros mensajes de Allende ese día antes de que su antena, instalada en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, fuera bombardeada.</p>
<p>A pesar de este ataque, Radio Corporación no se detuvo. Pronto comenzó a transmitir a través de frecuencia modulada, algo poco común en ese momento dado que  solo había cinco emisoras con esa frecuencia. Esta acción le permitió informar sobre las fuerzas golpistas y dar cuenta de la situación en el país. Sin embargo, la antena FM también fue silenciada.</p>
<figure id="attachment_1991" aria-describedby="caption-attachment-1991" style="width: 454px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1991 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-3.png" alt="Luis Schwaner. Radio Corporación" width="454" height="614" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-3.png 454w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-3-222x300.png 222w" sizes="auto, (max-width: 454px) 100vw, 454px" /><figcaption id="caption-attachment-1991" class="wp-caption-text">Luis Schwaner. Radio Corporación</figcaption></figure>
<p>Luis Schwaner, periodista con una vasta trayectoria en la radiotelefonía chilena, trabajó en la Radio Corporación el día del golpe y fue testigo en primera persona del bombardeo a La Moneda desde la estación ubicada en Morandé 25. Relata que la madrugada del 11 de septiembre despertó con la voz de su suegra advirtiéndole que la radio había anunciado una irrupción militar inminente. Luis, de 26 años, tenía turno por la tarde, por lo que el despertar fue mucho más temprano y agitado de lo normal. Había problemas de movilización y la Alameda estaba cortada. Pero su vecino le ofreció llevarlo en auto y lo dejó a las afueras del Ministerio de Defensa, adonde llegó a eso de las 9:15 de la mañana, cuando se estaba emitiendo el famoso último discurso de Allende a través de Radio Magallanes.</p>
<p>—Allende habló cinco veces —recuerda—. Las primeras tres, al menos, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=PDfOUzaOfRY">fueron transmitidas por la Radio Corporación</a>. Cada vez dijo: “Bueno, esto ya es un golpe declarado. No es solo la Armada en Valparaíso, sino que también hay movilización militar acá en Santiago”. Le iba dando cuenta al oyente lo que estaba pasando y siempre reiterando que se quedaría allí, jurando lealtad a los trabajadores, quienes lo eligieron.</p>
<p>Sobre la interrupción de las transmisiones, rememora:</p>
<p>—Nosotros no pudimos seguir transmitiendo a eso de 10, porque los aviones Hawker Hunter que salieron desde Carriel Sur nos bombardearon las torres. Nos quedamos en la radio sin saber qué hacer. Encontramos un pequeño transmisor de frecuencia modulada que, tras lograr conexión, nos permitió hacer llamados urgentes a los trabajadores a ocupar sus lugares de trabajo en medio del himno de la Unidad Popular y “El pueblo unido”.</p>
<p>En medio de esta incertidumbre, cuenta, él y su equipo analizaron la posibilidad de salir a transmitir en una <em>renoleta</em>. En ese momento, sin embargo, vieron doblar por Morandé un tanque con soldados disparando justo bajo la emisora. “Era una bandada de disparos. La idea era asustar, indudablemente”, dice.</p>
<p>El bombardeo ya había sido anunciado. Quienes se encontraban en la radio decidieron resguardarse en el auditorio, al lado del casino. De pronto, alguien dijo: “Oye, ¿y si almorzamos?”. Echaron abajo el candado y se hizo una porotada, todo bajo el estruendo de los aviones. Schwaner decidió alejarse un poco del resto y acercarse a un ventanal con vista a la calle. Bajó las persianas y, cuando faltaban cinco minutos para el mediodía, empezó el bombardeo. Lo que vio fue una gran nube de polvo, humo negro y llamas rojas.</p>
<p>—El terror, la conmoción, las ganas de llorar… Me temblaban las piernas. Quería gritar y no podía. (Sentí) una angustia y un dolor tremendo. No solo porque fuese tu gobierno. Era un símbolo completo de una época que ahí moría, de la peor forma.</p>
<p><strong>Radio Magallanes: el último discurso de Allende</strong></p>
<p>Administrada originalmente por Radioemisoras Unidas S.A. (Reusa), era una de las principales emisoras de radio en Chile. El ingreso de simpatizantes y miembros de la Unidad Popular a Reusa fue facilitado por Antonio Benedicto, asesor del presidente Allende en materia de radiodifusión. En junio de 1971, tres personas relacionadas con la izquierda pasaron a controlar cerca del 80% de las acciones. El Partido Comunista adquirió una participación significativa en la sociedad.</p>
<p>Durante el período de la Unidad Popular, la estación mantuvo una línea editorial leal al gobierno y se convirtió en una voz confiable para sus oyentes. Abordó temas de interés nacional y promovió la participación ciudadana. Sin embargo, su alineamiento con el gobierno democrático la colocó en una posición vulnerable durante el golpe militar.</p>
<figure id="attachment_1992" aria-describedby="caption-attachment-1992" style="width: 1472px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1992" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-4-.png" alt=" Momentos finales" width="1472" height="852" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-4-.png 1472w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-4--300x174.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-4--1024x593.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/10/FOTO-4--768x445.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1472px) 100vw, 1472px" /><figcaption id="caption-attachment-1992" class="wp-caption-text">Momentos finales</figcaption></figure>
<p>La mañana del 11 de septiembre los locutores y periodistas de Radio Magallanes estaban en el estudio informando cuanto podían sobre lo que ocurría. A medida que avanzaba la jornada y la amenaza se hacía más fuerte, el presidente Salvador Allende se dirigió al pueblo cuatro veces. Radio Magallanes se convertiría en la única emisora oficialista que transmitió <a href="https://www.youtube.com/watch?v=EC4gSxMzzpQ"><strong>el último discurso de Allende</strong></a> -el quinto de esa mañana- a eso de las 9:20 horas. En su culminación, dijo Allende: “Se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir cuanto sea mejor ¡Viva Chile!, ¡viva el pueblo!, ¡vivan los trabajadores! Tengo la certeza que mi sacrificio no será en vano…”. En ese minuto, los militares irrumpieron en los estudios, silenciaron su voz y detuvieron a los periodistas. Radio Magallanes devino en un símbolo de la resistencia y la lucha por la democracia en Chile.</p>
<p>Actualmente, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos conserva un amplio registro de audio de las radios que estuvieron al aire entre las 8 y las 18 horas del 11 de septiembre de 1973. El proyecto, denominado “Sintoniza con la memoria”, se puede revisar <a href="https://sintonizaconlamemoria.cl/">aquí.</a></p>
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		<title>Ignacio González Camus:  “Era irresistible ser opositor a la dictadura”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Aug 2023 19:29:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 8 de septiembre de 1986, el periodista, miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Colegio de Periodistas, José Carrasco Tapia, fue secuestrado. Cuando se supo de la desaparición, fue Ignacio González, que entonces presidía el Colegio, quien se encargó de averiguar qué había pasado con “Pepe”. “En la morgue hay un cuerpo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El 8 de septiembre de 1986, el periodista, miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Colegio de Periodistas, José Carrasco Tapia, fue secuestrado. Cuando se supo de la desaparición, fue Ignacio González, que entonces presidía el Colegio, quien se encargó de averiguar qué había pasado con “Pepe”. “En la morgue hay un cuerpo con características similares”, le dijo un general de Carabineros. “Cuando nos describieron el cadáver, efectivamente se trataba de Pepe Carrasco”. Lo habían asesinado agentes de la Central Nacional de informaciones (CNI) del régimen militar.</p>
<p>Este fue uno de los momentos más crudos que le tocó vivir al periodista Ignacio González Camus durante la dictadura y aún lo recuerda con dolor.</p>
<p>Trabajó en la radio Presidente Balmaceda antes y después del golpe militar de 1973, vivió la censura y la clausura de esa emisora en 1976.</p>
<p>A partir de 1990, asumió como subdirector de Prensa de Televisión Nacional. Luego, pasó a  Canal 11 (hoy CHV), y fue director del diario La Nación.</p>
<p>Entre sus libros está <em>El día que murió Allende</em> (1988), una notable obra de periodismo de investigación sobre los hechos que sucedieron el 11 de septiembre de 1973.</p>
<p>Desde su hogar en Vitacura relata sus experiencias durante la Unidad Popular y el régimen dictatorial de Pinochet. Y reflexiona en torno al periodismo a casi 50 años del golpe.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fue su paso por la radio Presidente Balmaceda?</strong></p>
<p>—Fue una época muy bonita profesionalmente, muy motivadora y satisfactoria. Esta radio pertenecía a la Democracia Cristiana, opositora al gobierno de Allende y a la Unidad Popular, pero igual fue disuelta en 1976.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo se vivían los días previos al golpe? ¿Había rumores sobre lo que iba a pasar?</strong></p>
<p>—Absolutamente. Todo el país estaba lleno de rumores, sobre todo en Santiago y en los partidos políticos. Yo era reportero de La Moneda y le preguntábamos a los presidentes de partidos. Todos sabían que venía. Había una sensación térmica, una convicción.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1974 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-scaled.jpg" alt="" width="2560" height="1438" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-scaled.jpg 2560w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-300x168.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-1024x575.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-768x431.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-1536x863.jpg 1536w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/DSC01001-2048x1150.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /></p>
<p><strong>Un relato del Golpe</strong></p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fue su día del golpe militar?</strong></p>
<p>—Me avisaron a mi casa que estaba pasando algo raro. Me asomé a la ventana y vi aviones, lo que era muy raro. Me levanté y fui a la radio, que quedaba en el octavo piso de calle Nueva York 53, en el centro. Bajé al Palacio de La Moneda. Quise ir a reportarme en mi lugar de cobertura, que era La Moneda, en “La copucha”. Golpeé la puerta pensando: “Si me meto, voy a estar en una especie de trampa”. Pero lo hice y me abrió un carabinero. Me identifiqué como periodista y dije: “Quiero entrar. Vengo a cubrir la información que se produzca en este día”. Y el carabinero se negó a dejarme pasar.</p>
<p>Ahí me fui a la radio de nuevo. Estando allá, un radiocontrolador me propuso que grabara todo lo que se veía desde la ventana. Me puse a grabar (audio) e hice un relato de todo y también del bombardeo a La Moneda. TVN compró este material años después.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo se vivieron los días posteriores?</strong></p>
<p>—Hubo una especie de romería para observar La Moneda bombardeada. Llegó mucha gente, muchos curiosos, algunos partidarios de Allende, otros partidarios del golpe. Nunca se había bombardeado antes, en la historia de Chile, el edificio del gobierno. Era inédito.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Qué pasó con radio Balmaceda durante esos días?</strong></p>
<p>—La radio continuó transmitiendo el relato que había hecho yo. Solo se emitía por frecuencia modulada porque los militares derribaron la antena de la radio que estaba a las afueras de Santiago.</p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo era trabajar ahí estando en dictadura?</strong></p>
<p>—Cuando se produjo el golpe, varios periodistas renunciaron: Gabor Torey, Manuel José Gamonal, etc. El nuevo gerente general, Belisario Velasco, me nombró jefe de prensa. Fue la primera radio que actuó como opositora a la dictadura. Desde el primer día, tuvo una posición disidente con el régimen militar. Dábamos a conocer los recursos de amparo que se presentaban por el desaparecimiento de personas.</p>
<p>“Dentro de la propia radio Balmaceda se produjo una lucha, porque estaba en manos de los ‘chascones’, el sector más progresista de la DC, y fueron los ‘guatones’, el sector más conservador del partido, quienes intentaron sacar de la dirección a Velasco, el pilar de la radio. Finalmente, Belisario Velasco fue relegado por el régimen y los &#8216;guatones’ de la DC tomaron el control.</p>
<p>“Ahí se generó una batalla por la libre expresión de la radio. Los ‘guatones’, una vez fuera Belisario Velasco, censuraron los libretos y crónicas. Lo que ellos hicieron fue impedir la libertad de prensa”.</p>
<p><strong>Un libro, una historia que contar</strong></p>
<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fue su experiencia escribiendo <em>El día que murió Allende</em>?</strong></p>
<p>—Fue un trabajo muy bonito. En esa época, era casi artesanal. Uno lo hacía escribiendo a máquina, recortando o tachando algunas líneas y llevando un párrafo cortado con tijeras a otra página. Era una especie de confección, como la de los sastres, en la que ibas construyendo tu texto. De repente quería modificar un párrafo o cambiarlo de lugar y ese trabajo artesanal tenía mucho sabor.</p>
<p>“Entre reportearlo y escribirlo, me tomó dos años. Hablé con muchas personas y empecé por toda la gente que estuvo en La Moneda en el momento del golpe. Mi primer objetivo eran las personas que habían estado allí, aunque no fueran de primera línea. Esos eran testimonios inéditos, que no se habían recogido antes. Hablé con los detectives que estuvieron en La Moneda, que permanecieron leales a Allende. Conversé con algunos exfuncionarios. Entrevisté, incluso, a un general de Ejército, el general Javier Palacios, que fue el que protagonizó la entrada y toma de La Moneda después del bombardeo. En el extranjero recogí testimonios del secretario de prensa del Presidente Allende, Carlos Jorquera; de su secretaria, Miria Contreras (“La Payita”); del doctor y ministro de Educación, Edgardo Enríquez, y de otros”.</p>
<p><strong>—</strong><strong>Después de 50 años, ¿qué podría decir del periodismo en dictadura?</strong></p>
<p>—Fue nefasto. Claro, quedaban algunos pequeños territorios que no estaban controlados por el gobierno. Por eso nació un diario de oposición que fue <em>La Época</em> y las revistas de oposición como <em>Cauce</em> y <em>Hoy</em> y el diario <em>Fortín Mapocho</em>. Ahí había periodismo de oposición.</p>
<p>“En dictadura podías no tener un medio para publicar, pero sí recolectar información, hacer entrevistas, juntar material para, quizás, publicar en medios del extranjero. Un periodista siempre va a tener la oportunidad de trabajar por la libertad de expresión. Puedes pensar en reconquistar la libertad de prensa para tu país. Y, por mientras, trabajar publicando en medios clandestinos.</p>
<p>“En regímenes como el chileno, al menos en esa época, se podía intentar, por lo menos, ser escuchado. Se podía luchar. La dictadura fue un momento en el que era irresistible ser opositor”.</p>
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		<title>Sergio Campos: La voz de los 80. Cronología del 11.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Aug 2023 19:40:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sergio Campos (Curicó, 1949) es profesor normalista, periodista y locutor de radio. Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2014 y conduce, hace más de 40 años, “El diario de Cooperativa”, desde donde informó diariamente de los sucesos ocurridos en el régimen de Augusto Pinochet. En sus inicios, trabajó cuatro años en Radio Corporación. Eso, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Sergio Campos (Curicó, 1949) es profesor normalista, periodista y locutor de radio. Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2014 y conduce, hace más de 40 años, “El diario de Cooperativa”, desde donde informó diariamente de los sucesos ocurridos en el régimen de Augusto Pinochet.</p>
<p>En sus inicios, trabajó cuatro años en Radio Corporación. Eso, hasta el 11 de septiembre de 1973, cuando la emisora fue silenciada y expropiada. El día del golpe de Estado, Campos estaba en la radio localizada a una cuadra de La Moneda.</p>
<p>En esta entrevista, Sergio Campos habla sobre sus inicios en el periodismo, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, su exilio y su consolidación como la voz más reconocida de las radios chilenas.</p>
<p><strong>Desde la escuela a la radio</strong></p>
<p>Nació en Curicó, pero vivió gran parte de su infancia en Rengo. Luego se mudó a Santiago para estudiar en la Escuela Normal José Abelardo Núñez, donde —en 1967— se tituló de profesor de educación primaria. En ese momento se dio cuenta de que la comunicación era lo que le facilitó convertirse en profesor, cuenta el locutor.</p>
<p><strong>—¿Desde ese momento se inclinó por la radio?</strong></p>
<p><strong>—</strong>La radio te da una excelente oportunidad de comunicación. Era muy fuerte, tenía mucha audiencia en ese tiempo. La televisión recién apareció en Chile a fines del ’61 en la Universidad de Chile, la Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad Católica de Santiago, y había muy poca gente que tenía televisor. La radio era preponderante. Habían aparecido también las radios <em>transistors</em>, una radio portátil que era toda una novedad en esa época.</p>
<p>Era tan grande el entusiasmo que sentía por el medio, dice Campos, que se inscribió en un curso de locutores —mientras cursaba publicidad en la Universidad Técnica del Estado— hasta que Enrique Valladares, exdirector de programas de radio Corporación, lo invitó a trabajar en la emisora.</p>
<p><strong>—¿Qué sentía el joven Sergio Campos al tener espacio en la radio Corporación? </strong></p>
<p>—Una tremenda responsabilidad, pues yo leía las noticias y hacía un programa de música y entretención, el “Corporito Show” en el auditorio de la radio, donde cabían unas 250 personas. Invitábamos a artistas, humoristas y grupos musicales. Teníamos un libretista que preparaba concursos. También comencé a hacer narraciones de radioteatro, me entusiasmé con eso y creé un grupo con chiquillos de liceos.</p>
<p><strong>En la trinchera izquierda</strong></p>
<p>En 1971, el Partido Socialista adquirió la radio Corporación y, junto con otras radios de la red “La Voz de la Patria” <strong>—</strong>como Magallanes, del Partido Comunista; Portales, controlada por el círculo cercano a Allende; Luis Emilio Recabarren, de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); y Sargento Candelaria, del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU)<strong>—</strong> se convirtió en vocera y defensora de la Unidad Popular. “Ahí se instaló un ‘periodismo de trincheras’, donde disputaban estas radios contra las opositoras al gobierno de Allende, como la Agricultura, del Partido Nacional; y la Cooperativa y Balmaceda, propiedad de la Democracia Cristiana”, cuenta.</p>
<p><strong>—¿Cuál era el trabajo en apoyo a Salvador Allende y cómo se enfrentaban a las informaciones de las radios opositoras?</strong></p>
<p><strong>—</strong>Se trataba de dar a conocer los contenidos programáticos y las acciones del gobierno. Por otro lado, las radios opositoras buscaban desprestigiar a la UP. Era una situación muy tensa y conflictiva.</p>
<p><strong>—¿Cómo informaba la radio Corporación y de qué manera se replicaba la información a los sectores populares?</strong></p>
<p>—La radio reproducía los discursos del Presidente y las entrevistas de todos quienes formaban la Unidad Popular. Al mismo tiempo, existía el programa “Corporación a sus órdenes”, que se hacía en un auditorio. Ahí asistían las juntas de vecinos a plantear sus problemas. Se invitaba a los ministros que tuvieran competencia con las dificultades planteadas y ellos respondían. Aunque la información siempre iba a respaldar las políticas de la Unidad Popular.</p>
<p><strong>—¿Cómo recuerda los hechos previos al golpe?</strong></p>
<p>—El escenario era muy complejo. Se produjo un gran desabastecimiento de alimentos. Eso marcó, en gran medida, una crisis de otra dimensión. Había muchos que acaparaban alimentos y los vendían en el mercado negro, porque la fijación de precios fue una mala política aplicada por Allende. Los camioneros, opositores a la UP, recibieron mucha ayuda de Estados Unidos a través de la CIA y realizaron un paro que agravó la escasez de alimentos, creando una crisis en el transporte de comida. Por último, al interior de las Fuerzas Armadas se planteaban medidas económicas como máscara de la real intención de derrocar al Gobierno. Para eso organizaron el denominado “tanquetazo”, una señal muy potente de que había una articulación militar para hacer caer el gobierno de Allende.</p>
<figure id="attachment_1964" aria-describedby="caption-attachment-1964" style="width: 653px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1964 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/sergio-campos-3.png" alt="" width="653" height="354" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/sergio-campos-3.png 653w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/08/sergio-campos-3-300x163.png 300w" sizes="auto, (max-width: 653px) 100vw, 653px" /><figcaption id="caption-attachment-1964" class="wp-caption-text">Año 1990<strong style="font-size: 16px;"> </strong></figcaption></figure>
<p>Era la madrugada del 11 de septiembre de 1973 y Sergio Campos ya se encontraba en Morandé 25, lugar donde estaba localizada la radio Corporación. Desde la salida se podía apreciar, a unos 50 metros, La Moneda. “Ya había noticias sobre Valparaíso y Viña del Mar (del levantamiento de la Armada). Llegué en la madrugada a la radio. A las 6 am comenzamos a hacer el noticiero, dando cuenta de que la radio La Porteña, filial de Corporación en Valparaíso, había sido tomada por la Armada. También de que se habían copado todas las carreteras hacia Los Andes, punto de salida de Chile a Argentina. Esa era la panorámica que se tenía. Por esa razón, la gente comenzó a regresar a sus casas. Luego, el Presidente Allende habló en tres oportunidades, en las que describió la situación y señaló que la Marina se había levantado. Más tarde, describió al general César Mendoza, director de Carabineros en 1973, como un “general rastrero”, debido a su obsecuencia con el gobierno. Finalmente, anunció que él no iba renunciar y que pagaría con su vida la lealtad del pueblo”, recuerda el Premio Nacional de Periodismo 2014.</p>
<p><strong>—La radio Corporación tenía línea directa con La Moneda. ¿Recibieron algún llamado?</strong></p>
<p>—Sí. (Allende) había conversado con nosotros durante la mañana, a través del citófono, diciendo que él iba a permanecer en La Moneda y que les pediría a las mujeres que se retiraran del Palacio de Gobierno. Carabineros lo acompañó en su momento, pero luego también se retiró y se sumó al golpe</p>
<p>Desde las instalaciones de la radio, Campos y los demás trabajadores de Corporación fueron testigos directos del golpe: sintieron venir los Hawker Hunter y escucharon el momento del bombardeo del Palacio de La Moneda. Parapetados en las instalaciones, escuchaban los disparos de las armas automáticas de las fuerzas de a pie del ejército rebelde.</p>
<p>Corporación fue la primera emisora en quedarse sin comunicación y en dejar de transmitir puesto que, cerca de las 10 de la mañana, los militares atacaron la antena transmisora ubicada en el paradero 14 de la avenida Vicuña Mackenna.</p>
<p><strong>—Tras el golpe y la orden de silenciar a los medios, ¿cómo fueron los minutos posteriores? </strong></p>
<p>—Decidimos quedarnos en la radio. A eso de las 17:00 horas quisimos salir por la calle Morandé y la salida estaba cerrada, por lo que nos fuimos hacia Bandera. Ahí estaban los militares deteniendo a toda la gente y nos introdujeron al Banco del Estado. Nos olieron las manos por si teníamos rastros de pólvora. Como no teníamos armas, nos dijeron que si queríamos irnos deberíamos esperar un salvoconducto. Ese era un proceso largo, así que decidimos irnos a la casa de un amigo en el centro de Santiago.</p>
<p><strong>—Usted estuvo detenido en la Academia de Guerra de la FACH.</strong></p>
<p>—Estuve ahí por las transmisiones que hacía en la radio Corporación. Nos acusaban de transmitir los discursos, donde supuestamente Allende llamaba a la gente a salir a las calles. Nosotros lo negamos todo. Aún no existían las reproducciones de los discursos que fueron rescatadas, posteriormente, de la radio Magallanes. Ahí me dejaron detenido. Tuve mucha suerte. Finalmente, todo era muy arbitrario. A muchos los mataron por sospechas; otros fueron asesinados sin preguntar nada. Luego de las gestiones nacionales e internacionales de un amigo abogado, fui dejado en libertad.</p>
<p><strong>—Días antes del golpe, Carlos Altamirano dio a entender que, si había una insurrección militar, el pueblo armado sería quien triunfaría, pero el 11 de septiembre Allende llamó a la calma y al triunfo de la democracia…</strong></p>
<p>—El discurso de Altamirano no tiene relación alguna con la realidad. El tiempo demuestra que estaba equivocado en su diagnóstico, porque resistencia popular no hubo nunca. Existían los cordones industriales, que eran movimientos de defensa de los trabajadores en distintos sectores, los que no tuvieron reacción alguna. En estos 50 años estamos enfrascados en la discusión de cómo se vivió esa experiencia, pero hay sectores que aún no asumen su responsabilidad, sobre todo los grupos más ultras.</p>
<p>Campos se autoexilió en Argentina, fue corresponsal de una agencia con sede en Canadá donde hacía reportes de la situación chilena y argentina, y se casó con una chilena, con quien tuvo una hija<strong>.</strong></p>
<p><strong>La voz del Diario de Cooperativa </strong></p>
<p>—<strong>¿De regreso en Chile volvió de inmediato a las comunicaciones?</strong></p>
<p>—Empecé a hacer clases en un colegio. Luego, con el periodista Óscar Madrid montamos un programa en la radio Yungay, después migramos con el mismo programa a radio Chilena. Hacíamos reportajes sobre los comedores populares. También fui a hacer entrevistas a la Cárcel Pública y a la Penitenciaría. La gente se sorprendía, porque no sabía cómo yo entraba a esos lugares, pero yo tenía el contacto con un alto oficial de Gendarmería que me dejaba entrar.</p>
<p><strong>—En 1978 llegó a la radio Cooperativa. Desde allí a usted le tocó relatar los hechos más terribles de la dictadura. ¿Cuáles fueron los que más lo marcaron?</strong></p>
<p>—El caso de los quemados vivos, Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri. A nosotros nos clausuraron por transmitir esa situación. La primera protesta nacional en 1983 fue muy impresionante también. Fue encabezada por Rodolfo Seguel Molina, dirigente de los trabajadores del cobre y del Comando Nacional de Trabajadores. Esto representó el comienzo de la historia de protestas, donde la ciudadanía se involucró con los “cacerolazos” todos los días a las 8 pm. A nosotros nos prohibieron informar sobre los “cacerolazos”. Yo hacía un programa justo para el momento de la protesta, por lo que lo anunciaba sutilmente. Por ejemplo, si eran las 6 pm horas, yo decía: “Atención, faltan dos horas para las ocho de la noche”. La audiencia entendía el mensaje.</p>
<p><strong>—¿Cómo se luchó para recuperar la libertad de expresión? ¿Recibió amenazas?</strong></p>
<p>—Todos los días había persecuciones o seguimientos. Incluso, algunos auspiciadores mandaban el dinero y solicitaban que no se transmitieran sus avisos. Pero los trabajadores estaban muy enteros, muy comprometidos y entregados al trabajo periodístico de recuperar la democracia. Siempre hubo buena disposición y ánimo colaborativo para luchar contra la dictadura desde el área de la comunicación.</p>
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		<title>Los años oscuros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Jul 2023 20:50:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Video]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Recordamos este documental hecho para el Museo de Prensa en 2017 que describe cómo fue hacer periodismo después del golpe. Entrevistados: Gazi Jalil Trebotic, Isabel Allende, Delia Vergara, Aldo  Schiappacasse. Nibaldo Mosciatti, Cristián Zegers, Ascanio Cavallo, Alejandro Guillier, Fernando Paulsen y Mónica González.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;">Recordamos este documental hecho para el Museo de Prensa en 2017 que describe cómo fue hacer periodismo después del golpe. Entrevistados: Gazi Jalil Trebotic, Isabel Allende, Delia Vergara, Aldo  Schiappacasse. Nibaldo Mosciatti, Cristián Zegers, Ascanio Cavallo, Alejandro Guillier, Fernando Paulsen y Mónica González.</p>
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		<title>La sobrevivencia de Santiago Pavlovic post golpe: “Pinochet llamó al director ejecutivo de TVN para decirle que dentro del canal había un &#8216;infiltrado marxista&#8217;”</title>
		<link>https://museodeprensa.udp.cl/la-sobrevivencia-de-santiago-pavlovic-post-golpe-pinochet-llamo-al-director-ejecutivo-de-tvn-para-decirle-que-dentro-del-canal-habia-un-infiltrado-marxista/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Jul 2023 20:01:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Santiago Pavlovic, egresado de la Universidad de Chile, entró a trabajar como practicante a Televisión Nacional en marzo de 1970. Meses después, en julio de ese año, fue contratado como periodista. Después de casi 53 años, sigue siendo parte del canal estatal, incluso integró el directorio de TVN en representación de los trabajadores. En 1975 [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Santiago Pavlovic, egresado de la Universidad de Chile, entró a trabajar como practicante a Televisión Nacional en marzo de 1970. Meses después, en julio de ese año, fue contratado como periodista. Después de casi 53 años, sigue siendo parte del canal estatal, incluso integró el directorio de TVN en representación de los trabajadores.</p>
<p>En 1975 fue nombrado jefe del Servicio de Informaciones de TVN. En 1981, participó en la primera expedición chilena al monte Everest, tras lo cual creó el programa “Sucesos”. En 1984, junto a Patricio Caldichoury, Guillermo Muñoz, Alipio Vera y Marcelo Araya, lanzó el programa de reportajes “Informe especial”, que perdura hasta hoy.</p>
<p>Hace cuatro años se sumó a la conducción del espacio de conversación “Sin parche”, que hace referencia a su característico parche en el ojo izquierdo. Ojo que perdió de niño jugando con su hermano a la guerra: recibió un flechazo.</p>
<p>Ha cubierto conflictos en Afganistán, Ucrania, Irak e Israel, entre otros. En 2011 fue premiado por la Universidad Adolfo Ibáñez como “Figura del año en televisión”.</p>
<p><strong>—Entró a TVN el año ’70. ¿Cómo fue trabajar en el canal durante la Unidad Popular?</strong></p>
<p>—No era lo que muchos esperábamos. Se había creado Televisión Nacional y muchas de las personas que estudiamos en la Universidad de Chile teníamos la idea de tener una televisión pública. Era como un sueño: un canal público que se iba a diferenciar del gobierno de turno y que resistiría las presiones políticas de la oposición o de los partidos de gobierno. En el fondo, un canal como el que existía en los países democráticos de Europa, en Alemania Federal o como la BBC. Ese era el sueño. Durante el gobierno de Frei, eso se mantuvo relativamente.</p>
<p><strong>—¿Y qué sucedió con el canal en la UP?</strong></p>
<p>—En el gobierno de Allende eso se extremó y el canal fue manipulado y manejado políticamente. Se transformó en un canal partidista, un canal que era parte del sistema de comunicaciones del gobierno.</p>
<p><strong>—Entonces, ¿el canal era completamente pauteado por el gobierno?</strong></p>
<p>—Lo que pasaba es que los principales directivos eran de gobierno eran del Partido Comunista, del Partido Socialista, o independientes de izquierda. Y los programas apuntaban a eso. El canal era un canal de gobierno. Teníamos dificultades con aquello. Nuestro sueño era tener un canal independiente y autónomo.</p>
<p><strong>La Moneda humeando </strong></p>
<p><strong>—¿Cómo vivió el día del Golpe?</strong></p>
<p>—Yo estaba en (la sección) Internacional de TVN en ese tiempo y sabía que había tensión, pero no estaba particularmente metido en el día a día de la situación política. Ese día partí con mi hija pequeña a la sala cuna y cuando llegué me dijeron: “Pero, Santiago, ¿qué está haciendo aquí si hay un golpe de Estado?”. Volví en taxi, mientras veía el desplazamiento de vehículos.</p>
<p>&#8220;A las 11 de la mañana llegué a mi departamento en la Villa Portales, en Quinta Normal. Y mi mujer me dijo que iban a bombardear La Moneda. Entonces, me subí a la torre del block y desde la torre de agua observé el bombardeo. A lo lejos vi los aviones, el humo, y el polvo. Yo estaba impresionado. Nunca me imaginé una situación como esa. Después bajé y me fui a caminar por la Alameda. Pasé por la Universidad Técnica (hoy USACH) que había sido atacada. Seguí caminando y llegué hasta La Moneda. Vi cómo un helicóptero disparaba contra el Ministerio de Educación. No me dejaron acercarme al palacio.</p>
<p>&#8220;Entonces sentí una explosión. Y partí para la sede del Partido Socialista. Luego a la Plaza de Armas y ahí apareció un amigo mío que había conocido en la escuela de periodismo. Era subteniente de la Armada y periodista. Se llamaba Magno Muñoz y estaba casado con Patricia Politzer. Este tipo me dijo que me iban a matar y que tenía que salir de ahí. A las 3:30 de la tarde estaba en el Ministerio de Defensa y vi La Moneda humeando. De ahí me volví caminado por la Alameda hasta mi departamento&#8221;.</p>
<p><strong>—¿Cómo fueron los días siguientes?</strong></p>
<p>—Al día siguiente andaban revisando los departamentos. La gente estaba deshaciéndose de publicaciones. Se escuchaban muchos disparos, no podíamos salir. Al otro día alguien de la población disparó, lo que provocó que el 14 llegaran militares a apuntar al edificio. El 15 volví al canal. Estaba la escoba: habían nombrado al coronel Héctor Orozco Sepúlveda como director de TVN.</p>
<p>A los tres meses del golpe de Estado, en diciembre de 1973, Pavlovic entrevistó a Augusto Pinochet en el canal. Y también le preguntó por las condiciones de los trabajadores. Luego de esta entrevista, Pinochet llamó al coronel Orozco para decirle que dentro de TVN había un “infiltrado marxista”. Se refería a Pavlovic.</p>
<p>En sus palabras, Orozco era más bien de centroizquierda, incluso, años más tarde, tendría una participación en la franja del “No”. Luego del episodio del “infiltrado marxista”, por el cual dice que pudieron haberlo despedido, el coronel le dijo que no se preocupara. Mantuvo al periodista en el canal.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-1938 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos.png" alt="" width="1276" height="590" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos.png 1276w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos-300x139.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos-1024x473.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/pavlovic-dos-768x355.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1276px) 100vw, 1276px" /></p>
<p><strong>Periodismo y democracia</strong></p>
<p><strong>—¿Cómo cambió el canal tras el golpe?</strong></p>
<p>—Al producirse el golpe, el canal se transformó con un equipo propagandístico del gobierno y con militares aquí. El canal perdió toda suerte de credibilidad para buena parte de la población. Los primeros años de dictadura fueron con censura previa. El material que se emitiría tenía que ser revisado antes por los militares que estaban instalados aquí en TVN o por la gente del gobierno.</p>
<p><strong>—¿Qué hacía usted en el canal?</strong></p>
<p>—Estuve un tiempo como jefe de prensa, pero solo como cinco o seis meses porque me sacaron. Al mismo tiempo, me ofrecieron una beca en Alemania. Cuando volví de la RFA, fui jefe de informaciones. Ya después se me ocurrió hacer un programa de reportajes.</p>
<p><strong>—Dentro de TVN, ¿cuál fue el hecho más duro que le tocó presenciar?</strong></p>
<p>—Al segundo o tercer día que yo había vuelto, unos militares estaban quemando material gráfico que era de política. Era una locura. Estaban quemando rollos de películas de transmisiones de Allende, algo completamente impresentable. Además, éramos controlados directamente. Había un militar que se preocupaba de las noticias, de las cosas que se transmitían y de las que no. Eso era muy fuerte.</p>
<p><strong>—¿Y fuera del canal?</strong></p>
<p>—Yo me iba a la Villa Portales sin auto, porque no tenía. Y una vez vimos muertos en el río Mapocho. Un tipo estaba tirado debajo de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y había algunos entrando al río para sacarlo. Obviamente había sido asesinado.</p>
<p><strong>—Después de casi 50 años, ¿qué puede decir del periodismo en dictadura?</strong></p>
<p>—No hay periodismo en dictadura. Su quintaesencia es convivir, vivir y desarrollarse en democracia. En dictadura no puede haber un periodismo libre y autónomo. No existe. En Cuba no hay periodismo. En Rusia, en estos momentos, no hay periodismo. En los países autocráticos o dictatoriales o con un gobierno totalitario de izquierda o derecha, tú no tienes periodismo. El auténtico periodismo se da en los grandes canales de Europa: en la BBC, en Alemania. Se da en los diarios como <em>El País</em> de España, <em>La Repubblica</em> de Italia, y <em>The Guardian</em> del Reino Unido. Esos son íconos del periodismo de verdad. Son los medios que a mí me guían.</p>
<p>&#8220;Siento que, en los otros medios, en los cuales hay una ideología y donde está primero la política y el poder, no hay verdadero periodismo. Para mí está indisolublemente unido el periodismo con la democracia. Donde hay democracia, hay periodismo&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Quimantú: La legendaria editorial de la Unidad Popular</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Jul 2023 18:40:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 1971 comenzó uno de los proyectos más memorables de la Unidad Popular. La editorial Quimantú (sol del saber, en mapudungún) llenó las estanterías de clásicos mundiales, de literatura nacional, de libros de historia de Chile (“Nosotros los chilenos”), y de libros de “educación política” como fueron los famosos “Cuadernos de educación popular”. Quimantú: prácticas, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En 1971 comenzó uno de los proyectos más memorables de la Unidad Popular. La editorial Quimantú (sol del saber, en mapudungún) llenó las estanterías de clásicos mundiales, de literatura nacional, de libros de historia de Chile (“Nosotros los chilenos”), y de libros de “educación política” como fueron los famosos “Cuadernos de educación popular”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1920" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005.png" alt="" width="1210" height="264" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005.png 1210w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005-300x65.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005-1024x223.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005-768x168.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1210px) 100vw, 1210px" /></p>
<p><strong><em>Quimantú: prácticas, política y memoria</em></strong></p>
<p>La meta era brindar a la población un acceso al mundo literario y del conocimiento. Los libros de la editorial no solo llegaron a las bibliotecas, sino que también a los quioscos. Ello, con la idea de masificar la venta de los ejemplares al público. Destacan el trabajo que tuvo la editorial con sindicatos y con las oficinas de bienestar social en la distribución de libros hacia regiones. Las colecciones más vendidas y demandadas fueron, “Nosotros los chilenos”, “Minilibros Quimantú”, “Quimantú para todos” y los “Cuadernos de educación popular”.</p>
<p>La editorial se constituyó tras la compra de la casa editora Zigzag, entonces en quiebra, por parte del Estado. Quimantú mantuvo la mayoría de revistas de esa casa editorial a excepción de la de James Bond, que promovía valores poco ad hoc al proyecto de la Unidad Popular. Aunque muchos buscaban que Quimantú fuese solamente histórico y educativo, había espacio para revistas, <em>comics</em> y libros de fantasía.</p>
<p>En dos años y medio se publicaron 12.093.000 volúmenes de 247 títulos diferentes. De estos, a la fecha del golpe militar, se habían vendido 11.164.000, en días en que la población del país no alcanzaba los 10 millones de habitantes. Fueron 80 mil ejemplares de “Minilibros Quimantú” semanales, 30 mil de “Quimantú para Todos” y 20 mil de “Nosotros los chilenos&#8221;.</p>
<p>Arturo Navarro, director de la colección infantil de Quimantú, explica en el sitio <a href="https://www.youtube.com/watch?v=tz16cd6dnvI">Museo Violeta Parra</a>, cómo nacieron algunas de las ediciones más exitosas de la editorial. Por ejemplo, “Quimantú para todos” publicaba cada 15 días un libro de ficción de alto nivel. Como esto dejaba una semana sin oferta, se decidió crear una edición de no ficción periodística. Por esto nació “Nosotros los chilenos”, que fueron crónicas de trabajadores de todo Chile. Se utilizaba el mismo método que se usaba para hacer revistas e iban a reportear incluso con fotógrafos. Este proyecto estuvo a cargo de uno de los chilenos que mejor pudo interpretar aquella frase: el conocido escritor Alfonso Alcalde. Uno de los primeros ejemplares trataba de las comidas y bebidas de Chile con Alcalde recorriendo la zona del Biobío.</p>
<p>A continuación, nació la edición más exitosa de la editorial: “Minilibros Quimantú”. La casa editora notó que el público de nivel socioeconómico bajo compraba libros como “Corín Tellado” y “Texas Rangers”, que eran sobras de libros impresos en España, lo que explicaba su bajo precio. Por ello, se buscó ampliar el catálogo de lo barato y se editaron libros cortos de ficción con una portada muy reconocible: una ilustración en círculo con un fondo de color. Costaban menos que una cajetilla de cigarrillos Hilton. Dentro de estas ediciones, que eran títulos de calidad, estuvo “El chiflón del diablo de” de Baldomero Lillo, “Sherlock Holmes” y textos de Fedor Dostoievski, Horacio Quiroga, Armando Cassigoli y Edgard Allan Poe.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1918" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/003.png" alt="" width="300" height="422" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/003.png 482w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/003-214x300.png 214w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1919" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/004.png" alt="" width="302" height="424" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/004.png 482w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/004-214x300.png 214w" sizes="auto, (max-width: 302px) 100vw, 302px" /></p>
<p><strong>Quimantú por dentro </strong></p>
<p>Un gran porcentaje de los trabajadores de Zig Zag se quedó en la nueva casa editora. Sin embargo, el modelo laboral cambió. Antes existía un casino “vip” que se eliminó y se crearon los “gerentes obreros”, un cierto porcentaje de los gerentes de la editorial eran a la vez obreros en el taller de la imprenta. Además, existían representantes de los trabajadores en el comité de gerencia.</p>
<p>Cuando habían fallas mecánicas en el taller, los propios trabajadores buscaban formas alternativas de solucionarlos, especialmente cuando no llegaban los repuestos necesarios a Chile, describe María Isabel Molina en el conversatorio <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ir-4v9YoNds">50 años de Quimantú</a>.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1924 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/002-1.png" alt="" width="300" height="307" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/002-1.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/002-1-293x300.png 293w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Sergio Maurin, gerente general de la editorial, señala en el libro <em>Quimantú: prácticas, política y memoria</em>, de María Isabel Molina, Marisol Facuse e Isabel Yañez, que para organizar la nueva editorial se transformó a las secciones de las empresas en comités de producción participativos. Así destituyeron, sin despedir, a los jefes de sección. Cada comité eligió a sus nuevos jefes.</p>
<figure id="attachment_1922" aria-describedby="caption-attachment-1922" style="width: 511px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-1922" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006.png" alt="Pablo Dittborn" width="511" height="549" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006.png 852w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006-279x300.png 279w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006-768x826.png 768w" sizes="auto, (max-width: 511px) 100vw, 511px" /><figcaption id="caption-attachment-1922" class="wp-caption-text">Pablo Dittborn</figcaption></figure>
<p>Pablo Dittborn, con 24 años entonces, era jefe del departamento comercial y secretario del sindicato de la editorial. Hoy destaca la mística y el entusiasmo que se vivía dentro de la editorial: “Había una gran comunicación a todos los niveles. Gran compañerismo y mucha cercanía entre todas las secciones. La gerencia general, que ejercía Sergio Maurin, estaba muy abierta a recibir todo tipo de sugerencias y proyectos que mejoraran la calidad del trabajo editorial. Un solo comedor para los 1.200 trabajadores permitía un diálogo muy estrecho. Creo que todos se sentían muy a gusto ahí. Esto lo pude corroborar el último año cuando fui elegido como secretario del sindicato único de trabajadores”.</p>
<p>María Isabel Molina, autora de <em>Quimantú: prácticas, política y memoria</em>, asegura que, si bien era una sociedad estatal, la estructura de la empresa era más compleja de lo que parecía. “A pesar de ser una editorial del Estado, tenía que autosustentarse”, escribe. Si bien hay testimonios contradictorios, el entonces gerente general de Quimantú, Sergio Maurin, afirma en el libro: “Ya para funcionar nos estábamos endeudando. Los gastos eran mayores que los ingresos, por lo tanto, desde el primer día empezamos a contraer deudas. Teníamos que funcionar con empréstitos, con los intereses que eran elevadísimos en ese entonces, por lo tanto, necesitábamos generar ingresos, terminar con las pérdidas, esa era la tarea urgente”.</p>
<p><strong>El golpe y el fin de la editorial</strong></p>
<p>El 11 de septiembre de 1973 el edificio de la empresa, situado al lado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, sufrió un atentado con cinco bombas incendiarias dirigidas desde la Plaza Italia.</p>
<p>Dittborn, como secretario del sindicato, fue obligado a tomar resguardo el día del golpe: “Me afeité (usaba barba) y me corté el pelo como pude (con tijera de oficina). Tenía que cambiar de aspecto porque la empresa fue rodeada por tanques y jeeps del Ejército. Había algunos dirigentes en casas de seguridad asignadas. Nosotros salimos del edificio de Quimantú luego del bombardeo a la Moneda y caminamos hasta la zona de Macul con Grecia para escondernos. Teníamos poco tiempo por el toque de queda recién impuesto y mucho susto por lo que se veía en las calles. Todos caminaban apurados y temerosos. Eso duró un par de días y, una vez levantado el toque de queda absoluto, pudimos entender un poco el drama en que había terminado todo”.</p>
<p>Lamentablemente, durante la dictadura militar, muchísimos ejemplares fueron destruidos, quemados y prohibidos. Tener hoy en día algún ejemplar de Quimantú no es común.</p>
<p><strong>Legado </strong></p>
<p>La editorial logró que un gran grupo de chilenos y chilenas incluyeran la lectura como parte de sus vidas, personas que antes no tenían acceso a libros, ahora lo tenían por sus bajos precios. Se le dio acceso a la lectura hasta al campesinado regional vía las oficinas de bienestar social.  Si bien no hay cifras que nos permitan graficar la importancia de la editorial en el ámbito de la lectura, Dittborn recuerda cómo se veía durante esos años a la gente leyendo libros de la editorial en las micros y en la calle, cosa que antes no ocurría.</p>
<p>Por su parte María Isabel Molina, destaca el legado editorial de Quimantú con sus ilustraciones, diseño gráfico, portadas y visualidad que se ha revalorizado con el tiempo. Además, rescata el sentir de muchos chilenos que recuerdan con mucho cariño cuando en su niñez iban en familia a comprar ediciones a los quioscos. Muchos aprendieron a leer con “Minilibros Quimantú&#8221; y desarrollaron el hábito de la lectura.</p>
<p>“Si soy coherente, es imposible que en esta sociedad capitalista, economicista, individualista, Quimantú vuelva a ser. Quimantú es un gran episodio de nuestra historia, del cual deberíamos sentirnos orgullosos. Hicimos una gran labor, pero creímos que podíamos ganar con las letras y perdimos contra las armas. Es mejor mantenerla como una de las grandes obras del presidente Allende”, dice el creador de la colección infantil de la editorial, Arturo Navarro, en la <a href="https://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/168657/TESIS-quimant%C3%BA.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y"><em>tesis Quimantú. el legado perdido</em></a><em>.</em></p>
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		<title>Luis Poirot: memorias de un testigo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2023 16:21:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se cortó la barba, el bigote y, con El Mercurio bajo el brazo y su hijo de la mano, Luis Poirot (82) partió rumbo a La Moneda a fotografiar el bombardeo que había tenido lugar días antes y con el que se inició la dictadura. “Como pude, saqué la cámara de entremedio del diario y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Se cortó la barba, el bigote y, con <em>El Mercurio</em> bajo el brazo y su hijo de la mano, Luis Poirot (82) partió rumbo a La Moneda a fotografiar el bombardeo que había tenido lugar días antes y con el que se inició la dictadura.</p>
<p>“Como pude, saqué la cámara de entremedio del diario y saqué unas pocas fotos, no muchas porque cualquier persona te delataba”.</p>
<p>A pesar de la conmoción, el objetivo del fotógrafo era capturar el balcón de La Moneda en ruinas, el mismo en el que casi tres años antes había retratado a Allende junto a su señora Hortensia Bussi, tras ganar las elecciones.</p>
<p>Poirot había acompañado a Allende durante su cuarta campaña presidencial (1970) y en su gobierno. Incluso fotografió momentos icónicos como la visita de Fidel Castro a Chile.</p>
<p>—Me pidió que hiciera la gira por Chile con Fidel Castro, aunque yo no pertenecía al gobierno en esa época. Era un fotógrafo independiente que me ganaba la vida haciendo fotos para la revista <em>Paula</em> y haciendo clases en la Universidad Católica. Allende me lo pidió, pero nunca me pedían que mostrara las fotos…</p>
<p>—<strong>¿Entonces para qué usted tomaba las fotos? </strong></p>
<p>— Yo creo que Allende quería un testigo imparcial, de afuera, a mi me quería como un testigo (no del gobierno), sino como una memoria exterior.</p>
<p>—<strong>¿Qué pasó con esas fotos después? </strong></p>
<p>—Algunas se perdieron después del golpe, pero otras las salvé. De hecho, cuando fue el fallido golpe el 29 de junio de 1973 yo fui el único fotógrafo que estaba adentro (de La Moneda), no había nadie más. Y llegó un momento en que Allende salió a caminar por los pasillos y me miró y me dijo: “¿Y usted qué está haciendo aquí?” y yo le contesté: “Hay que dejar testimonio de esto, esto es un momento histórico”. “No” me dijo, “usted tiene responsabilidades con su mujer y su hijo, váyase para su casa”. Pero no me fui, me quedé hasta el final. El 11 de septiembre traté de hacer lo mismo y no pude llegar porque Santiago estaba dividido en sectores. Quería estar adentro, aunque esta historia no la estaría contando ahora si hubiera estado ahí”.</p>
<p>El año 2017, Luis Poirot publicó <em>La sopa derramada, </em>de LOM Ediciones, una recopilación de fotografías de diversos países entre las cuales hay fotos inéditas tomadas entre 1964 y 1973 en Chile.</p>
<p><strong>Cámara en vez de ametralladora</strong></p>
<p>El día del golpe, el fotógrafo salió de su casa para dirigirse a La Moneda con el fin de retratar el momento histórico que estaba viviendo Chile. Un amigo, hijo de un general, que había sido avisado de los planes del Ejército, detuvo a Poirot mientras este caminaba por la calle.</p>
<p>—(…) Me paró y me dijo: “No, no vas a poder llegar a La Moneda, es imposible. Me dijo el general Brady que esta vez va muy en serio. Y le contesté: “¿qué hacemos?”. Estábamos cerca de Chile Films y nos fuimos para allá. Todavía no habían llegado los militares. Ese amigo tenía una camioneta y la llenamos con latas de películas y las escondimos en un departamento. Después las repartimos entre los corresponsales de televisión internacionales que estaban en Chile”.</p>
<p>Tras ir a las poblaciones a hablar con dirigentes sindicales para saber qué estaba sucediendo y si había instrucciones, el fotógrafo, sin tener respuestas concretas, se reunió con su familia y amigos en una casa en Las Condes.</p>
<p>—Nos quedamos ahí esperando a ver qué pasaba. Vino el toque de queda, ingenuamente hicimos guardia esa noche en la puerta con una pistola que tenía alguien. A las tres de la mañana, mientras escuchaba una radio de Mendoza, me enteré que había muerto Allende. Era tal la falta de comunicación que no sabías nada.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1897" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda.jpg" alt="" width="100%" height="auto" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda.jpg 1280w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda-300x201.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda-1024x686.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/05/Poirot-La-Moneda-768x515.jpg 768w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></p>
<p>—<strong>Y ¿cuál fue su reacción al enterarse de la muerte de Allende?</strong></p>
<p>—Entramos a la casa y nos preguntamos: “¿Qué va a pasar ahora?”. Como trabajamos en asuntos de comunicaciones del Partido Socialista, pensamos que seguramente lo que venía ahora sería la clandestinidad. O sea, iban a empezar a buscar, a perseguir a la gente, pero no había ninguna comunicación con la directiva del PS, con nadie que te diera una instrucción.</p>
<p><strong> —¿Imaginó que usted y sus cercanos corrían peligro tras el golpe? </strong></p>
<p>— No pensé que el Ejército nos iba a dividir, a pesar de que yo había estado más de tres años en la Escuela Militar y sabía cómo pensaban, nunca imaginé la crueldad con la que fue el golpe. El bombardeo a La Moneda no tiene justificación porque ellos tenían tanques y tenían tropas, era una guerra que se terminaba en media hora. Eso fue un acto de terrorismo como los que hicieron después para asustar a la población, para decir nosotros vamos a golpear y vamos a golpear muy duro. Entonces yo dije: “Tengo que hacer lo que pueda para combatir eso, yo no voy a tomar una ametralladora, no voy a tomar una pistola, pero yo voy a combatir esto con lo que sé hacer, que es con la fotografía”.</p>
<p><strong>Humano antes que fotógrafo</strong></p>
<p>—<strong>¿Cómo se plantea el fotógrafo ante el peligro? Porque hay quienes señalan que el fotógrafo no debe involucrarse…</strong></p>
<p>—Después del golpe había que tener credencial de la junta de gobierno para fotografiar. Yo tenía un amigo que era el jefe del equipo de televisión española, había trabajado con él y me dijo: “Mira yo te puedo conseguir credencial y tú formas parte de mi equipo como fotógrafo y vamos a ir al Estadio Nacional a fotografiar a los presos” y yo le dije: “Yo no puedo, porque yo soy parte de esos presos. No puedo pretender que eso no me incumbe”. Entonces hay un momento que tienes que tomar la decisión, o formas parte o te quedas fuera. Yo dije: “No, yo soy parte de los prisioneros y por casualidad no estoy ahí, pero yo debería estar ahí también, son mis amigos no?”. (…) Creo que el fotógrafo cuando fotografía tiene que estar fuera y tener una mirada. Si uno está comprometido emocionalmente, no puede. Hay que dejar la cámara y participar. Es más importante ser humano antes que  fotógrafo.</p>
<p>Días después del golpe, Luis Poirot recibió un aviso. Su vecina se acercó en nombre de su marido, un coronel de la FACH, para decirle que destruyera sus negativos porque los iban a ir a buscar.</p>
<p>—Yo los fui sacando de a poco, repartiéndolos entre amigos, en paquetitos.</p>
<p>—<strong>¿Tenía miedo de que fueran a buscar esos negativos?</strong></p>
<p><strong><em> </em></strong>—Sí, entraron en varias ocasiones. Un año y medio después, yo ya estaba en Francia: Mi hermano menor que estaba en Chile empezó a pesquisar y a recoger estos paquetitos. Se reunía en un café con una secretaria de la embajada de Francia que, con el permiso del embajador, tomaba los negativos y salían por valija diplomática y llegaban a París. Así empecé a reconstruir el archivo. Si no hubiese sido por la embajada de Francia, se habría perdido todo. No tendríamos ni las fotos de la UP ni tampoco la memoria cultural de antes del golpe. No existirían los retratos de Víctor Jara, de Neruda, de Allende… Ese archivo empecé a reconstruirlo. Había fotos que yo sabía que tenía pero que nunca había imprimido. Por ejemplo, la fotografía de La Moneda incendiada, Para mí, enfrentarme al negativo y hacer la ampliación, fue un proceso emocional muy desgastador, muy fuerte.</p>
<p><strong><em>—</em></strong><strong>¿Y cómo fue finalmente enfrentarse a los negativos?</strong></p>
<p>—Ampliar esas fotos fue duro, había muchos amigos muertos ahí (…). En ese momento entendí que Allende me había dado esa misión de ser un testigo y me dije: ese es mi trabajo en fotografía. Aparte de lo que hago para ganarme la vida haciendo fotos de prensa, de publicidad o de arquitectura; mi trabajo es ser testigo, es dar testimonio, y que esto no se olvide.</p>
<p>El mismo año del golpe, Poirot se autoexilió en Francia donde residió hasta 1975. Después se mudó a Barcelona donde comenzó a elaborar su proyecto sobre la memoria de Pablo Neruda, el que en 1986 se convertiría en su libro: <em>Neruda, retratar la ausencia</em>.</p>
<p>—Yo conocí a Neruda y lo fotografié. Tenía el deber de transmitir esto a la juventud, y empecé a trabajar. Me dieron el pasaporte español y el año ‘82 entré a Chile.</p>
<p>—<strong>¿Y cómo fue volver a Chile?</strong></p>
<p>—Fue romper con el mito que tenemos los exiliados que piensas que vas a volver a Chile y va a estar lleno de amigos y banderas y que te van a decir “bienvenido”. No había nadie porque nadie sabía que yo volvía, fue un regreso anónimo. Fui a la casa de Matilde (de Neruda) a decirle que quería fotografiar la casa de Isla Negra. Ahí también empecé a trabajar con la memoria de Neruda, con la memoria de los amigos, a ver lo que estaba pasando en Chile. Cada cierto tiempo volvía a Barcelona, revelaba, ampliaba, y daba a conocer (…). Cada vez más ya se me olvidaba el sueño absurdo de ser un fotógrafo del <em>National Geographic</em> y de sacar fotos en color. Lo mío es la memoria, es el blanco y negro, yo tengo una responsabilidad de ser la memoria de Chile. Primero era la memoria política, después cuando volví yo me di cuenta que se estaba borrando la cultura y me dije: “Voy a trabajar en la memoria de la cultura, en lo que desaparece, en lo que borran”. Todos los libros que he hecho, tienen que ver con la memoria.</p>
<p><strong>Hoy</strong></p>
<p>Sentado en su escritorio mirando hacia afuera, pareciera que Luis Poirot es también de blanco y negro. Su barba blanca contrasta con el marco de sus anteojos y la oscuridad de su oficina llena de libros, fotografías y cámaras. Mientras responde la última pregunta juega con el lente de una cámara análoga:</p>
<p>—<strong>El presidente Boric ha mencionado en diversas ocasiones que desea que esta conmemoración de los 50 años del golpe sea una instancia de diálogo, y en una columna publicada por el diario El País mencionó que uno de los conceptos que marcará esta fecha es “futuro” pero siempre aprendiendo del pasado, ¿qué opina usted sobre esta actitud?</strong></p>
<p>—Yo creo que todavía no hemos vivido el luto, primero hay que vivir el luto para pensar en una reconciliación y en un futuro. En Chile todavía no se ha contado la verdad, todavía la verdad está oculta, disimulada. No sabemos de los asesinos de Víctor Jara, todavía el Ejército oculta, todavía hay tanta gente que tiene familiares desaparecidos y que no se sabe nada. Primero hay que saber la verdad, hay que enfrentarse con ella, después podemos hablar de reconciliación y de futuro. Si no eso tiene pies de barro.</p>
<p>&nbsp;</p>
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