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	<title>Década 1970 archivos - Museo de Prensa</title>
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	<description>Facultad de Comunicación y Letras - Universidad Diego Portales</description>
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		<title>Paloma, una revista para la mujer en la Unidad Popular</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fernando Morales]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 May 2024 19:58:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Revistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Once de septiembre de 1973. El equipo de Paloma, una de las revistas para mujeres más vendidas durante el gobierno de Salvador Allende, se reunió en la Editorial Quimantú, a pasos de lo que hoy es el Metro Baquedano. Aquella mañana, un par de tanques acechaban la Avenida Santa María. Los militares apostados al otro [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Once de septiembre de 1973. El equipo de Paloma, una de las revistas para mujeres más vendidas durante el gobierno de Salvador Allende, se reunió en la <a href="https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3362.html" target="_blank" rel="noopener">Editorial Quimantú,</a> a pasos de lo que hoy es el Metro Baquedano. Aquella mañana, un par de tanques acechaban la Avenida Santa María. Los militares apostados al otro lado del río Mapocho tenían un objetivo: tomar el edificio de Quimantú, baluarte cultural de la Unidad Popular, que producía también la revista Paloma.</p>
<p>Una bala atravesó una de las ventanas. Por el estruendo y el miedo, todos bajaron al casino del lugar. Mientras algunos cantaban y otros trabajadores conversaban para mantener la calma, recibieron la noticia de que el Palacio de La Moneda había sido bombardeado y que el presidente Allende estaba muerto. Minutos después, les ordenaron evacuar. Se iniciaba el primer toque de queda impuesto por el régimen de Augusto Pinochet.</p>
<p>“Habían quemado libros, revistas y el preciado archivo. Las oficinas aparecían vandalizadas, con inscripciones obscenas en las paredes. Nos despidieron a la mayoría. Así comenzó otra vida, la del exilio. Paloma, al igual que la mayoría de los medios de comunicación, pasó a ser parte de la historia del periodismo”, relata Mary Zajer, periodista en Paloma quien vio cómo un proyecto revolucionario quedó truncado.</p>
<h2>Un poco de tranquilidad</h2>
<p>Con el propósito de aportar a la mujer chilena en noviembre de 1972 se creó la revista Paloma. Destinada a la clase media baja, entretuvo y, al mismo tiempo, ayudó a enfrentar la complicada situación de tensiones sociales y económicas de la época. Su directora, Cecilia Allendes, explica que dentro de sus propósitos estaba “contarle a la gente cómo se podía vivir con todos esos problemas”.</p>
<figure id="attachment_2105" aria-describedby="caption-attachment-2105" style="width: 920px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-2105 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/paloma_cecilia.jpg" alt="" width="920" height="690" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/paloma_cecilia.jpg 920w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/paloma_cecilia-300x225.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/paloma_cecilia-768x576.jpg 768w" sizes="(max-width: 920px) 100vw, 920px" /><figcaption id="caption-attachment-2105" class="wp-caption-text"><em><strong>Cecilia Allende &#8211; Directora Revista Paloma</strong></em></figcaption></figure>
<p>Gracias al esfuerzo del director de la División Periodística de Quimantú, Alberto Vivanco, nació Paloma, que en sus inicios estuvo a cargo de Hilda López y Rose Marie Graepp, periodistas en la editorial.</p>
<p>Su equipo de trabajo, ya formado cuando llegó Allendes a Quimantú, estaba compuesto por la subdirectora Gabriela Meza, y las periodistas Mary Zajer, Luisa Ulibarri, María Angélica Álvarez, María Elena Hurtado y Jimena Castillo. También estaban Graciela Torricelli y Susana Martínez en la sección “Hogar” –a la que llamaron Micaela–; y Sylvia Ríos y Carmen Raga en Magazine.</p>
<p>De periodicidad quincenal, tuvo 22 ediciones en total, con un tiraje aproximado de 200 mil ejemplares. Su primera edición fue publicada el 14 de noviembre de 1972 y la última el 4 de septiembre de 1973 con una venta de 152 mil revistas. Paloma número 23 habría salido el 18 de septiembre de no haber sido por el golpe.</p>
<figure id="attachment_2112" aria-describedby="caption-attachment-2112" style="width: 920px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-full wp-image-2112" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/collage_revista.jpg" alt="" width="920" height="690" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/collage_revista.jpg 920w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/collage_revista-300x225.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/collage_revista-768x576.jpg 768w" sizes="(max-width: 920px) 100vw, 920px" /><figcaption id="caption-attachment-2112" class="wp-caption-text"><em><strong>Colección Revista Paloma</strong></em></figcaption></figure>
<p>El inicio de Paloma fue icónico para la época y tal fue el éxito que su primera edición se agotó en un solo día en los quioscos del país. Se tuvieron que imprimir más ejemplares. Una colorida portada donde estaba la periodista y hoy presidenta del Museo de La Memoria, Marcia Scantlebury. En la foto, ella sostenía una paloma blanca, símbolo de paz en días turbulentos, lo que llamó la atención de diversos sectores del país.</p>
<p>“Empezamos a tomar temas que le importaban a la mujer y sabíamos de eso a partir de las cartas que nos llegaban, de los llamados telefónicos, de la gente que iba a la revista. Fue impresionante ver cómo, poco a poco, iba subiendo el tiraje y llegamos a vender 550 mil ejemplares”, señala Allendes.</p>
<h2>La esencia de Paloma</h2>
<p>Si bien existía otra revista alineada con la UP, Ramona, su público era más joven. Paloma, en cambio, iba dirigido a las mujeres de familia, con o sin marido.</p>
<p>Sus portadas ilustraban a la adulta chilena promedio que podía vivir entre Arica y Punta Arenas. No pretendía ser aspiracional, sino mostrar la vestimenta que las mujeres realmente usaban. El objetivo, según Allendes, estaba en que “si vas a sacar moda, no vas a ir a tiendas elegantes, tienes que fotografiar a gente en la calle o entrar a tiendas que tengan ropa barata”.</p>
<p>Paloma no tenía casi publicidad en sus interiores y, la que aparecía, era de empresas o productos del Estado. Por ende, su papel no era de la mejor calidad, pero sus reportajes, artículos, entrevistas e ilustraciones eran producidos por un equipo totalmente dedicado. “Nosotros ganábamos bastante poco, pero tampoco nos importaba ganar poco”, confiesa Cecilia Allendes, recalcando que el amor y las buenas ideas era lo que les impulsaba a trabajar.</p>
<p>Entre sus secciones se podían observar reportajes, entrevistas, moda, artesanía, decoración, consejos, cocina, el horóscopo, cartas a la directora, comentarios sobre cine, cuentos, chistes y, además, un consultorio jurídico con respuestas de una abogada en materias legales. Para temas sobre salud mental, había una psicóloga.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2113" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/consultorio.jpg" alt="" width="920" height="613" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/consultorio.jpg 920w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/consultorio-300x200.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/consultorio-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 920px) 100vw, 920px" /></p>
<p>A lo largo de sus ediciones, hacía conocer numerosos consejos prácticos como, por ejemplo, técnicas para eliminar la mancha azul de un vestido, entre otras recomendaciones para facilitar la vida diaria de la época.</p>
<h2>Retratar a la mujer chilena</h2>
<p>Mary Zajer, periodista del equipo, propuso hacer reportajes en diversos lugares del país. Esto, porque ella pensaba que había que “descentralizar y asomarse a la vida de la mujer chilena, recoger sus inquietudes y sus cambios, sus luchas para integrarse y sus motivaciones”.</p>
<p>“No estábamos pensando en más derecha o menos derecha o más izquierda, era por el hecho de que a la persona valía la pena entrevistarla por lo que hacía”, relata Cecilia Allendes.</p>
<p>Zajer recuerda una de sus mejores experiencias como notera en Paloma. “El faro del fin del mundo” llamó a su reportaje en que convivió con un farero y su mujer, quienes vivían en Punta Dungeness, en el extremo sur de Chile. Eran los únicos habitantes de la zona. En la portada de la edición número 15, desplegada acá, la fotografía pertenece a la cónyuge del guardián.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-2114 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/portada_paloma.jpg" alt="" width="383" height="520" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/portada_paloma.jpg 383w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2024/05/portada_paloma-221x300.jpg 221w" sizes="auto, (max-width: 383px) 100vw, 383px" /></p>
<p>Así, este y otros reportajes se podrán ver a futuro en su totalidad gracias al esfuerzo de una digitalización de las ediciones publicadas de la revista. Esto será llevado a cabo por la periodista Milena Vodanovic en conjunto con el Centro de Investigación y Documentación Universidad Finis Terrae.</p>
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		<title>Clarín, Puro Chile y El Siglo: Tres diarios cerrados de golpe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Dec 2023 19:23:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2019 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-300x142.jpg" alt="" width="708" height="335" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-300x142.jpg 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-1024x483.jpg 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-768x362.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe-1536x725.jpg 1536w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Portada-Tres-diarios-cerrados-de-golpe.jpg 2000w" sizes="auto, (max-width: 708px) 100vw, 708px" /></p>
<p>La polarización era absoluta. Los meses previos al golpe de Estado de 1973, Chile estaba en medio de una intensa lucha política y social en la que se enfrentaban defensores del gobierno de Salvador Allende y opositores a la Unidad Popular.</p>
<p>Los medios, a su vez, representaron los profundos contrastes ideológicos que vivió la sociedad chilena. Y diarios como <em>Clarín</em>, <em>Puro Chile </em>y <em>El Siglo</em>, que desempeñaron un papel crucial como transmisores de información a los sectores populares del país, fueron protagonistas de una verdadera guerra de trincheras contra los medios opositores.</p>
<p>El 11 de septiembre de ese año se produjo el quiebre institucional. Las fuerzas militares, lideradas por el general Augusto Pinochet, bombardearon La Moneda y tomaron el poder. El nuevo régimen abatió estos tres periódicos, entre otros, por medio de la censura y el saqueo. En algunos casos, detuvo a periodistas que jamás aparecieron.</p>
<p><strong>Un cierre de golpe</strong></p>
<p>En un barrio emblemático de Santiago, a tres cuadras de la concurrida Alameda, en la calle Dieciocho, están las instalaciones de Tecnicor, propiedad de Raúl Tagle e hijos. Un intenso olor a goma impregna el lugar, una evidencia de que ahí opera hoy una fábrica de correas de transmisión.</p>
<p>Resulta difícil imaginar lo que ocurría en el mismo lugar hace medio siglo. En 1970, Dieciocho 262 aún pertenecía al popular periódico <em>Clarín</em>. Para Alfredo Sepúlveda, periodista, académico UDP y experto en la historia del periodismo chileno, “fue el diario más importante del género popular comercial, allendista, destinado al pueblo obrero. Se convirtió en un fenómeno arraigado en las entrañas de las zonas populares”.</p>
<p><em>Clarín</em> fue fundado por el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, a solicitud del boliviano Darío Saint-Marie, conocido como “Volpone”, cuando era director del diario oficialista <em>La Nación</em>. Comenzó a circular en 1954 con baja frecuencia y poco éxito, lo que llevó a Ibáñez a tomar la decisión de venderlo a “Volpone”. Vivió su apogeo bajo la dirección del periodista Alberto “Gato” Gamboa, quien tenía una destreza particular para concebir titulares combativos y burlones, y alcanzó gran influencia en el ambiente político durante la Unidad Popular, acompañado de los reconocidos periodistas Eugenio Lira Massi y Hernán Millas, entre otros.</p>
<figure id="attachment_2011" aria-describedby="caption-attachment-2011" style="width: 571px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2011" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-300x190.png" alt="" width="571" height="362" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-300x190.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-1024x649.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende-768x486.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/volpone-y-alllende.png 1462w" sizes="auto, (max-width: 571px) 100vw, 571px" /><figcaption id="caption-attachment-2011" class="wp-caption-text">Volpone y el Presidente Allende</figcaption></figure>
<p>El diario de “Volpone” creció exponencialmente en el sector popular con su lema “Firme junto al pueblo”. Para 1970, ya contaba con una amplia circulación nacional: llegó a imprimir cerca de 180 mil ejemplares diarios y superó los 400 mil los domingos. Sus ácidas y excéntricas portadas, generosas en sobrenombres, hicieron arder la escena política. Por ejemplo, destaca el apodo “La Señora”, referido al expresidente Jorge Alessandri. “La señora se calienta los juanetes”, se lee al pie de una foto de Alessandri al lado de una estufa.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2004 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Clarin-2-216x300.png" alt="" width="370" height="514" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Clarin-2-216x300.png 216w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Clarin-2.png 604w" sizes="auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px" /></p>
<p>Ya declarado su odio público a Alessandri, “Volpone” decidió apoyar la candidatura de Salvador Allende en las elecciones de 1970, a pesar de su cercanía con el candidato de la Democracia Cristiana, Radomiro Tomic. Tras el triunfo del socialista, tituló: “¡Allende presidente! El pueblo arrasó en los reductos momios”.<span style="font-size: 14px;"><br />
</span></p>
<figure id="attachment_2009" aria-describedby="caption-attachment-2009" style="width: 466px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2009" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-300x169.png" alt="" width="466" height="263" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-300x169.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-1024x576.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-768x432.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-1536x864.png 1536w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/GATO-GAMBOA-2048x1152.png 2048w" sizes="auto, (max-width: 466px) 100vw, 466px" /><figcaption id="caption-attachment-2009" class="wp-caption-text">Alberto &#8220;Gato Gamboa</figcaption></figure>
<p>En 1972, “Volpone” vendió el periódico al ingeniero civil y empresario español Víctor Pey, un republicano cercano a Allende que llegó a Chile a bordo del “Winnipeg”. Bajo el mando de Pey, el periódico se convirtió en un vocero escrito de la Unidad Popular hasta su clausura en 1973.</p>
<p>Con el objetivo de silenciar a los medios allendistas, la dictadura selló el destino de los periódicos oficiales mediante el Bando N°1. “¡Momias piden a los milicos que las pasen por las armas!”, tituló <em>Clarín</em> en la edición que no llegó a ver la luz. La frase aludía a la constante presión de la derecha por boicotear el gobierno de la Unidad Popular.</p>
<p>En la madrugada del 11 de septiembre de 1973, el Ejército de Chile invadió los talleres del periódico, clausuró sus oficinas y detuvo a la mayoría de sus trabajadores, rememoró Víctor Pey en el medio digital <em>El Mostrador</em>. El 24 de abril de 1975, a través del decreto Nº580 se expropiaron los talleres y se confiscaron los bienes de Pey.</p>
<p><strong>La pluma más ácida del país</strong></p>
<p>Eugenio Lira Massi y José Gómez López dieron vida a <em>Puro Chile</em> en 1970, justo después de las elecciones presidenciales que ganó Allende. Su línea editorial y su espíritu era allendista. Para Alfredo Sepúlveda, “siguió las huellas de <em>Clarín</em>, con un mismo estilo de prensa popular comercial, pero llegó a ser mucho más grosero”. Al respecto, el periodista recuerda que el diario se atrevió a referirse en su portada a los miembros de la Corte Suprema como “viejos de mierda”, lo que resultó en una querella en su contra.</p>
<figure id="attachment_2008" aria-describedby="caption-attachment-2008" style="width: 419px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2008" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi-300x234.png" alt="" width="419" height="327" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi-300x234.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi-768x598.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Eugenio-Lira-Massi.png 978w" sizes="auto, (max-width: 419px) 100vw, 419px" /><figcaption id="caption-attachment-2008" class="wp-caption-text">Eugenio Lira Massi, de Puro Chile</figcaption></figure>
<p>Aunque el proyecto fue financiado por el Partido Comunista, no estaba alineado con esa tienda política. “Es verdad que el PC puso la plata”, declaró Lira Massi a la revista <em>Mundo 70</em>. “Pero ni el director ni yo somos militantes comunistas; ni siquiera en el personal los comunistas son mayoría. Por otra parte, nosotros no somos dependientes. El día que se nos quiera imponer una línea desde fuera, simplemente nos mandamos a cambiar”.</p>
<p style="text-align: left;">En <em>Puro Chile</em>, una caricatura llamada “El enano maldito”, creada por Jorge Mateluna, se convirtió en un fenómeno popular. Este personaje, de baja estatura y con una gran cabeza blanca, utilizó un lenguaje provocador dirigido hacia la derecha política chilena y mostró su apoyo a la candidatura de Allende en las elecciones de 1970. Cada titular de “El enano” encendía el debate y reflejaba la polarización que se vivía en los medios de la época.</p>
<figure id="attachment_2007" aria-describedby="caption-attachment-2007" style="width: 347px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2007" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-231x300.png" alt="" width="347" height="451" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-231x300.png 231w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-788x1024.png 788w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407-768x998.png 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/Enano-Maldito.-Puro-Chile-e1702325656407.png 796w" sizes="auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px" /><figcaption id="caption-attachment-2007" class="wp-caption-text">El enano maldito</figcaption></figure>
<p>El 11 de septiembre, <em>Puro Chile</em> encontró el mismo destino que <em>Clarín</em>. Tras el cierre inmediato del diario, Eugenio Lira Massi se refugió en la embajada de Francia para salir al exilio. La Junta Militar lo incluyó en el listado del Bando N°10, que lo catalogó como una de las 95 personas más peligrosas del país.</p>
<p>La última edición, que vio la luz antes de la llegada de los militares a las instalaciones del tabloide, tituló: “Vilarín lo dijo con todas sus letras a los gremialistas: No queremos camiones, sino que el golpe”, en referencia a las solicitudes de golpe de Estado por parte del gremio de los camioneros.</p>
<p><strong>La voz del proletariado</strong></p>
<p>En contraste con la línea editorial de <em>Clarín</em> y <em>Puro Chile</em>, <em>El Siglo</em> —perteneciente al Partido Comunista— mostraba un contenido más convencional. Su estilo podía ser difícil de leer y, en ocasiones, se asemejaba a un ensayo filosófico de izquierda. “Es un diario más serio; es un estilo similar al de <em>El Mercurio</em>: más reposado, intelectual, pero desde la izquierda comunista, presentando a muchos pensadores, dando espacio a la cultura, muy parecido a los textos de la Unión Soviética”, comenta Sepúlveda.</p>
<p>El 31 de agosto de 1940, <em>El Siglo</em> publicó su primer número, que contó con alrededor de 45 mil ejemplares distribuidos a nivel nacional. Fundado por el tipógrafo revolucionario Luis Emilio Recabarren, era propiedad del Partido Comunista de Chile y tenía sus oficinas en la esquina de Moneda con Mac-Iver, donde también estaba su imprenta. El edificio se destacaba por una imponente estrella roja con un martillo y una hoz en la parte superior, que simbolizaban los ideales comunistas.</p>
<p>El periódico circuló ininterrumpidamente hasta el 14 de julio de 1948, cuando fue obligado a dejar de publicarse debido a la Ley de Defensa de la Democracia, aprobada durante el gobierno de Gabriel González Videla. Esta ley perseguía al Partido Comunista y puso a <em>El Siglo</em> bajo un régimen de “censura previa”, como se menciona en el documento firmado por el presidente.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2012 aligncenter" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-174x300.jpg" alt="" width="333" height="574" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-174x300.jpg 174w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-595x1024.jpg 595w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-768x1323.jpg 768w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-892x1536.jpg 892w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-1189x2048.jpg 1189w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/el-siglo-2-jpg-scaled.jpg 1486w" sizes="auto, (max-width: 333px) 100vw, 333px" /></p>
<p>Luego de la proscripción del partido, en octubre de 1952 <em>El Siglo</em> volvió a estar en pleno funcionamiento. Para entonces, el diario tenía un tiraje cercano a los 25 mil ejemplares, una cifra que se mantuvo hasta su cierre en 1973. A lo largo de esos años, fue una voz activa en el panorama periodístico, brindando información y análisis desde su visión de diario educativo, y se perfiló como una importante fuente de noticias y opiniones para sus lectores.</p>
<p>Su foco en el obrerismo ilustrado marcó el desarrollo de un sistema de comunicación política que destacó por su énfasis en la cultura. Esto se reflejaba en la diversidad de publicaciones que ofrecía, en línea con la importancia que se le daba al acceso a la información para ampliar los conocimientos de esa clase social. A diferencia de sus pares periodísticos, adoptó una línea editorial combativa. Tras la elección de Allende, advirtió: “El pueblo debe armarse para enfrentar a las fuerzas reaccionarias que intentarán obstaculizar el ascenso del compañero Allende y del pueblo al poder”.</p>
<figure id="attachment_2006" aria-describedby="caption-attachment-2006" style="width: 318px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2006" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/El-Siglo-1-192x300.jpg" alt="" width="318" height="497" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/El-Siglo-1-192x300.jpg 192w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/12/El-Siglo-1.jpg 293w" sizes="auto, (max-width: 318px) 100vw, 318px" /><figcaption id="caption-attachment-2006" class="wp-caption-text">11 de septiembre de 1973</figcaption></figure>
<p>El 11 de septiembre de 1973, bajo el título “Cada cual en su puesto de combate”, <em>El Siglo</em> llamó a defender el gobierno de Salvador Allende ante un posible levantamiento militar, en lo que resultó ser su última portada. Al igual que los demás periódicos, el día de la asonada militar las oficinas del diario fueron allanadas por soldados y su personal fue arrestado, para luego ser cerrado y sus imprentas, confiscadas. Reaparecido en septiembre de 1989, actualmente sobrevive como un portal digital. Su misión, se lee en su web, consiste —entre otros principios— en “la defensa y promoción de los derechos del pueblo y la transformación de la sociedad chilena”.</p>
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		<title>Quimantú: La legendaria editorial de la Unidad Popular</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Paulina Jara]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Jul 2023 18:40:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[50 años del Golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 1971 comenzó uno de los proyectos más memorables de la Unidad Popular. La editorial Quimantú (sol del saber, en mapudungún) llenó las estanterías de clásicos mundiales, de literatura nacional, de libros de historia de Chile (“Nosotros los chilenos”), y de libros de “educación política” como fueron los famosos “Cuadernos de educación popular”. Quimantú: prácticas, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En 1971 comenzó uno de los proyectos más memorables de la Unidad Popular. La editorial Quimantú (sol del saber, en mapudungún) llenó las estanterías de clásicos mundiales, de literatura nacional, de libros de historia de Chile (“Nosotros los chilenos”), y de libros de “educación política” como fueron los famosos “Cuadernos de educación popular”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1920" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005.png" alt="" width="1210" height="264" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005.png 1210w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005-300x65.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005-1024x223.png 1024w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/005-768x168.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1210px) 100vw, 1210px" /></p>
<p><strong><em>Quimantú: prácticas, política y memoria</em></strong></p>
<p>La meta era brindar a la población un acceso al mundo literario y del conocimiento. Los libros de la editorial no solo llegaron a las bibliotecas, sino que también a los quioscos. Ello, con la idea de masificar la venta de los ejemplares al público. Destacan el trabajo que tuvo la editorial con sindicatos y con las oficinas de bienestar social en la distribución de libros hacia regiones. Las colecciones más vendidas y demandadas fueron, “Nosotros los chilenos”, “Minilibros Quimantú”, “Quimantú para todos” y los “Cuadernos de educación popular”.</p>
<p>La editorial se constituyó tras la compra de la casa editora Zigzag, entonces en quiebra, por parte del Estado. Quimantú mantuvo la mayoría de revistas de esa casa editorial a excepción de la de James Bond, que promovía valores poco ad hoc al proyecto de la Unidad Popular. Aunque muchos buscaban que Quimantú fuese solamente histórico y educativo, había espacio para revistas, <em>comics</em> y libros de fantasía.</p>
<p>En dos años y medio se publicaron 12.093.000 volúmenes de 247 títulos diferentes. De estos, a la fecha del golpe militar, se habían vendido 11.164.000, en días en que la población del país no alcanzaba los 10 millones de habitantes. Fueron 80 mil ejemplares de “Minilibros Quimantú” semanales, 30 mil de “Quimantú para Todos” y 20 mil de “Nosotros los chilenos&#8221;.</p>
<p>Arturo Navarro, director de la colección infantil de Quimantú, explica en el sitio <a href="https://www.youtube.com/watch?v=tz16cd6dnvI">Museo Violeta Parra</a>, cómo nacieron algunas de las ediciones más exitosas de la editorial. Por ejemplo, “Quimantú para todos” publicaba cada 15 días un libro de ficción de alto nivel. Como esto dejaba una semana sin oferta, se decidió crear una edición de no ficción periodística. Por esto nació “Nosotros los chilenos”, que fueron crónicas de trabajadores de todo Chile. Se utilizaba el mismo método que se usaba para hacer revistas e iban a reportear incluso con fotógrafos. Este proyecto estuvo a cargo de uno de los chilenos que mejor pudo interpretar aquella frase: el conocido escritor Alfonso Alcalde. Uno de los primeros ejemplares trataba de las comidas y bebidas de Chile con Alcalde recorriendo la zona del Biobío.</p>
<p>A continuación, nació la edición más exitosa de la editorial: “Minilibros Quimantú”. La casa editora notó que el público de nivel socioeconómico bajo compraba libros como “Corín Tellado” y “Texas Rangers”, que eran sobras de libros impresos en España, lo que explicaba su bajo precio. Por ello, se buscó ampliar el catálogo de lo barato y se editaron libros cortos de ficción con una portada muy reconocible: una ilustración en círculo con un fondo de color. Costaban menos que una cajetilla de cigarrillos Hilton. Dentro de estas ediciones, que eran títulos de calidad, estuvo “El chiflón del diablo de” de Baldomero Lillo, “Sherlock Holmes” y textos de Fedor Dostoievski, Horacio Quiroga, Armando Cassigoli y Edgard Allan Poe.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1918" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/003.png" alt="" width="300" height="422" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/003.png 482w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/003-214x300.png 214w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1919" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/004.png" alt="" width="302" height="424" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/004.png 482w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/004-214x300.png 214w" sizes="auto, (max-width: 302px) 100vw, 302px" /></p>
<p><strong>Quimantú por dentro </strong></p>
<p>Un gran porcentaje de los trabajadores de Zig Zag se quedó en la nueva casa editora. Sin embargo, el modelo laboral cambió. Antes existía un casino “vip” que se eliminó y se crearon los “gerentes obreros”, un cierto porcentaje de los gerentes de la editorial eran a la vez obreros en el taller de la imprenta. Además, existían representantes de los trabajadores en el comité de gerencia.</p>
<p>Cuando habían fallas mecánicas en el taller, los propios trabajadores buscaban formas alternativas de solucionarlos, especialmente cuando no llegaban los repuestos necesarios a Chile, describe María Isabel Molina en el conversatorio <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ir-4v9YoNds">50 años de Quimantú</a>.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-1924 size-full" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/002-1.png" alt="" width="300" height="307" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/002-1.png 300w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/002-1-293x300.png 293w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Sergio Maurin, gerente general de la editorial, señala en el libro <em>Quimantú: prácticas, política y memoria</em>, de María Isabel Molina, Marisol Facuse e Isabel Yañez, que para organizar la nueva editorial se transformó a las secciones de las empresas en comités de producción participativos. Así destituyeron, sin despedir, a los jefes de sección. Cada comité eligió a sus nuevos jefes.</p>
<figure id="attachment_1922" aria-describedby="caption-attachment-1922" style="width: 511px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-1922" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006.png" alt="Pablo Dittborn" width="511" height="549" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006.png 852w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006-279x300.png 279w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2023/07/006-768x826.png 768w" sizes="auto, (max-width: 511px) 100vw, 511px" /><figcaption id="caption-attachment-1922" class="wp-caption-text">Pablo Dittborn</figcaption></figure>
<p>Pablo Dittborn, con 24 años entonces, era jefe del departamento comercial y secretario del sindicato de la editorial. Hoy destaca la mística y el entusiasmo que se vivía dentro de la editorial: “Había una gran comunicación a todos los niveles. Gran compañerismo y mucha cercanía entre todas las secciones. La gerencia general, que ejercía Sergio Maurin, estaba muy abierta a recibir todo tipo de sugerencias y proyectos que mejoraran la calidad del trabajo editorial. Un solo comedor para los 1.200 trabajadores permitía un diálogo muy estrecho. Creo que todos se sentían muy a gusto ahí. Esto lo pude corroborar el último año cuando fui elegido como secretario del sindicato único de trabajadores”.</p>
<p>María Isabel Molina, autora de <em>Quimantú: prácticas, política y memoria</em>, asegura que, si bien era una sociedad estatal, la estructura de la empresa era más compleja de lo que parecía. “A pesar de ser una editorial del Estado, tenía que autosustentarse”, escribe. Si bien hay testimonios contradictorios, el entonces gerente general de Quimantú, Sergio Maurin, afirma en el libro: “Ya para funcionar nos estábamos endeudando. Los gastos eran mayores que los ingresos, por lo tanto, desde el primer día empezamos a contraer deudas. Teníamos que funcionar con empréstitos, con los intereses que eran elevadísimos en ese entonces, por lo tanto, necesitábamos generar ingresos, terminar con las pérdidas, esa era la tarea urgente”.</p>
<p><strong>El golpe y el fin de la editorial</strong></p>
<p>El 11 de septiembre de 1973 el edificio de la empresa, situado al lado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, sufrió un atentado con cinco bombas incendiarias dirigidas desde la Plaza Italia.</p>
<p>Dittborn, como secretario del sindicato, fue obligado a tomar resguardo el día del golpe: “Me afeité (usaba barba) y me corté el pelo como pude (con tijera de oficina). Tenía que cambiar de aspecto porque la empresa fue rodeada por tanques y jeeps del Ejército. Había algunos dirigentes en casas de seguridad asignadas. Nosotros salimos del edificio de Quimantú luego del bombardeo a la Moneda y caminamos hasta la zona de Macul con Grecia para escondernos. Teníamos poco tiempo por el toque de queda recién impuesto y mucho susto por lo que se veía en las calles. Todos caminaban apurados y temerosos. Eso duró un par de días y, una vez levantado el toque de queda absoluto, pudimos entender un poco el drama en que había terminado todo”.</p>
<p>Lamentablemente, durante la dictadura militar, muchísimos ejemplares fueron destruidos, quemados y prohibidos. Tener hoy en día algún ejemplar de Quimantú no es común.</p>
<p><strong>Legado </strong></p>
<p>La editorial logró que un gran grupo de chilenos y chilenas incluyeran la lectura como parte de sus vidas, personas que antes no tenían acceso a libros, ahora lo tenían por sus bajos precios. Se le dio acceso a la lectura hasta al campesinado regional vía las oficinas de bienestar social.  Si bien no hay cifras que nos permitan graficar la importancia de la editorial en el ámbito de la lectura, Dittborn recuerda cómo se veía durante esos años a la gente leyendo libros de la editorial en las micros y en la calle, cosa que antes no ocurría.</p>
<p>Por su parte María Isabel Molina, destaca el legado editorial de Quimantú con sus ilustraciones, diseño gráfico, portadas y visualidad que se ha revalorizado con el tiempo. Además, rescata el sentir de muchos chilenos que recuerdan con mucho cariño cuando en su niñez iban en familia a comprar ediciones a los quioscos. Muchos aprendieron a leer con “Minilibros Quimantú&#8221; y desarrollaron el hábito de la lectura.</p>
<p>“Si soy coherente, es imposible que en esta sociedad capitalista, economicista, individualista, Quimantú vuelva a ser. Quimantú es un gran episodio de nuestra historia, del cual deberíamos sentirnos orgullosos. Hicimos una gran labor, pero creímos que podíamos ganar con las letras y perdimos contra las armas. Es mejor mantenerla como una de las grandes obras del presidente Allende”, dice el creador de la colección infantil de la editorial, Arturo Navarro, en la <a href="https://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/168657/TESIS-quimant%C3%BA.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y"><em>tesis Quimantú. el legado perdido</em></a><em>.</em></p>
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		<title>Alberto Gamboa: La historia del gato que siempre cae de pie</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Oct 2015 14:17:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
		<category><![CDATA[El Clarín]]></category>
		<category><![CDATA[Fortín Mapocho]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sus seguidores llegaban a hacer fila para contarle sus complicaciones amorosas por su conocido ‘consultorio sentimental’, mientras, los militares lo apresaban cada vez que incendiaba la opinión pública con sus titulares en El Clarín.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Candentes eran los ejemplares que cada mañana se repartían en los quioscos de todo Chile a comienzos la década de los 70’. <em>El Clarín,</em> bajo la dirección de Alberto &#8220;Gato&#8221; Gamboa, era el responsable de grandes disgustos de la oposición en el período de la Unidad Popular.</p>
<p>Según el mismo Gamboa, la irreverencia y él van de la mano. El miedo, en cambio, no es parte de su vida: yaa sea estando preso o siendo blanco constante de sospecha, aprendió a caer de pie. Como testimonio de sus 1.115 días de prisión política y víctima de tortura, escribió <strong>“Un viaje al Infierno”,</strong> donde recopiló testimonios de sus compañeros de encierro e intentó reflejar la humanidad que existió entre los presos durante la dictadura de Pinochet, el período de mayores violaciones a los derechos humanos vivido en Chile.</p>
<p>Tras el golpe de Estado de 1973 se terminó la libertad de expresión y varios medios sucumbieron al poder de la Junta Militar. <em>El Clarín</em> fue uno de los que desapareció. Sin embargo, la astucia del periodista de trincheras fue puesta al servicio del retorno de la democracia. Alberto Gamboa, fue uno de los periodistas que dejó huella.</p>
<p>Gamboa nació el 16 de febrero de 1921. Se tituló como profesor del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, pero jamás ejerció su profesión. El periodismo fue lo que se transformó en su pasión, dedicándose a este oficio por más de seis décadas.</p>
<p>Gato, su apodo, también lleva largo tiempo haciéndole compañía, pues nació del ingenio de su compañero de la primaria, en el José Victorino Lastarria.</p>
<p><strong>Triunfo de Allende y el ascenso de El Clarín</strong></p>
<p>En un principio, el interés periodístico de Gamboa se dirigió al ámbito del deporte. Ahí se desempeñó como reportero del diario <em>La Opinión</em> a la edad de 17 años. Su esposa, María Estela Urzúa, sostiene que lo que lo potenció fue su formación en la calle bajo un gran tutor, Raúl Morales Álvarez.</p>
<p>Una vez que Allende llega al poder en 1970, el diario <em>El Clarín</em> ya contaba con una gran circulación nacional y el periodismo popular vivía su auge. El dueño, Darío Saint-Marie, vio en Gamboa la audacia en la escritura y el reporteo, por esto le pide que sea él quien se encargue de los temas policiales, amorosos y sociales que presentará <em>Clarín</em> en cada edición.</p>
<p>‘<strong>Firme junto al pueblo’</strong> era el eslogan del diario, qué décadas después sería adoptado por<em> The Clinic</em>. Gamboa se esforzó por obedecer ese eslogan al pie de la letra, participando de cada actividad social que se realizara en poblaciones; reuniones sindicales, centros de madres o cumpleaños de personajes populares, donde pudiera conseguir una buena historia. Para él, cualquier hecho noticioso por insignificante que fuese tenía aristas interesantes. Esto se reflejaba en su narrativa, simple y cercana pero abundante en detalles expresados en un lenguaje coloquial que cualquier chileno pudiese comprender.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-624" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/portadaclarin11-215x300.jpg" alt="" width="215" height="300" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/portadaclarin11-215x300.jpg 215w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/portadaclarin11.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 215px) 100vw, 215px" />La insistente preocupación de <em>El Clarín</em> por la clase popular tenía además una motivación política.  El diario era muy cercano al gobierno de Salvador Allende y también lo eran en lo personal Saint-Marie y Gamboa. “Allende siempre fue amigo nuestro. Naturalmente había que marcar distancia públicamente. Casi todos los días, Salvador iba en la noche a revisar qué material íbamos a publicar en la mañana, tipo siete de la tarde. Tengo que decir que él jamás pidió censurar ni editar nada”, recuerda Gamboa.</p>
<p>El talento del ‘Gato’ para titular era una gran herramienta para captar audiencia, en tiempos en que no se esperaba corrección política de los diarios. Algunos de los titulares más recordados de su autoría son <em>“<strong>La Chabelita es liviana de sangre: tiene buenos choclos”,</strong></em> en alusión a la visita de la Reina Isabel a Chile o <strong><em>“Ramírez habló a poto pelado”, </em></strong>debido a la fotografía de un futbolista sin ropa interior. “La mezcla de espectáculos y política era sagrada para el éxito, podías divertirte, informarte y tener opinión propia, algo que hoy no existe en ningún medio”, enfatiza el periodista Federico Gana, cercano a Gamboa.</p>
<p><strong>T</strong><strong>érmino de El Clarín y de la libertad de Gamboa</strong></p>
<p>La edición de <em>El Clarín</em> del 11 de septiembre del 73’ no alcanzó a llegar a los quioscos. En la madrugada, los militares allanaron las oficinas ubicadas en calle Dieciocho y junto con otro grupo de periodistas, el Gato Gamboa fue llevado al Estadio Nacional en calidad de preso político. “El título que teníamos para ese día era más o menos así: <em>‘Curas engañan a los feligreses haciendo creer que el Golpe es panacea’</em>, y bueno, no estábamos lejos de la realidad”, señala Gamboa.</p>
<p>La estadía del Gato en el Estadio Nacional duró alrededor de tres meses y luego fue llevado a Chacabuco, el campo más grande de presos políticos en Chile. Estuvo allí tres años y fue liberado en marzo de 1976. Durante su estancia en Chacabuco, su capacidad de reportear, además de sociabilizar, siempre estuvo presente. Esta vez con la creación del diario mural redactado por los presos y editado por Gamboa.</p>
<p>En su libro “Un viaje por el infierno”, Gamboa relata que tras su salida de Chacabuco, logró comprender que <em>“esa pelea de la mente y el espíritu, tan agotadora, la había ganado yo. De nuevo estaba entero”.</em></p>
<p><strong>De vuelta a la vida, de vuelta al periodismo</strong></p>
<p>La reinserción en la vida periodística que tuvo Gamboa durante la dictadura fue un camino complicado. “El Gato tocó muchas puertas que se le cerraron, pero también hubo otras dondelo  recibieron con los brazos abiertos. Lo que sí, ya no optaba a cargos como director por su asumida y conocida oposición al régimen de Pinochet”, asegura su esposa. Ante las sugerencias de autoexiliarse, él confiesa en su libro que <em>“no quería perder el vínculo con los que peleaban acá adentro, me gustaba el merengue y la lucha, aunque fuera silenciosa y completamente ineficaz”.</em></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-625" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/portada_fortín-218x300.jpg" alt="" width="218" height="300" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/portada_fortín-218x300.jpg 218w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/portada_fortín.jpg 600w" sizes="auto, (max-width: 218px) 100vw, 218px" />El primer cargo importante en el que se desempeñó pasados los años más intensos de persecución política fue como director del diario <em><a href="http://www.archivofortinmapocho.cl">El Fortín Mapocho</a></em>, que recogió parte de lo que fue la línea editorial de <em>El Clarín</em>, convirtiéndose en un periódico de oposición. Uno de los titulares más famosos de la autoría de Gamboa en el <em>Fortín</em> recorrió el mundo y decía así: “<strong>Corrió solo y llegó segundo</strong>”, en referencia a la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988.</p>
<p><strong>Últimas andanzas en el periodismo</strong></p>
<p>Alberto Gamboa se retiró del periodismo en el año 2010 debido a conflictos internos en el diario estatal <em>La Nación</em>, donde se desempeñó como asesor alrededor de cinco años.  Antes habría trabajado en trabajó en los diarios <em>La Época</em> y <em>La Cuarta</em> (siendo Gamboa uno de los fundadores de este último), además de la revista <em>Ercilla</em>, donde acudió a la llamada del periodista, Emilio Filippi. Sin embargo, ninguno de estos diarios los recuerda con tanta pasión y entusiasmo como <em>El Clarín</em> y <em>El Fortín Mapocho.</em> ¿La razón? <em>“Yo ya no veo ningún diario como antes. El diario que nosotros hicimos (El Clarín), era popular porque íbamos a la casa de la gente, cosa que hoy es poco usual. Yo dejé ‘las patas’ en la calle, no como ahora que el ‘hueveo’ es por Internet”, </em>admite el Gato.</p>
<p>A raíz de sus <strong>vivencias</strong> como periodista antes, durante y después de la dictadura, el escritor y periodista Francisco Mouat, le propone a Gamboa escribir un libro, el cual se publicó en el 2010 con el título <em>‘Las siete vidas del Gato Gamboa’.</em></p>
<p>Gamboa ha sido nominado en variadas oportunidades al Premio Nacional de Periodismo, el cual no ha ganado y se rehúsa a seguir siendo postulado <em>(*ver nota final).</em> Sin embargo, ha ganado el Premio a la Trayectoria Periodística otorgado por el Colegio de Periodistas de Chile, Premio a periodistas destacados de Chile por la Intendencia de Valparaíso, el Premio Camilo Henríquez y el Premio Bicentenario de Periodismo de Chile.</p>
<p>Su vasta experiencia en el periodismo dejó un legado de la narrativa dirigida a la clase popular y le dio importancia a quienes eran marginados de la agenda noticiosa. Se permitió ahondar en temas antes no abordados de manera llamativa y que produjo un acercamiento por parte de los sectores populares a la lectura de prensa. En palabras de su amigo Federico Gana, jugó con la psicología y fisionomía de la sociedad chilena, logrando reflejar una realidad social impresionante.</p>
<p><iframe loading="lazy" src="https://www.youtube.com/embed/fTeiwZgnCG8" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p><strong>* <em>En 2017, la trayectoria de Alberto “Gato” Gamboa fue reconocida con el Premio Nacional de Periodismo. Falleció en enero de 2019. </em></strong></p>
<p><em>Este artículo fue publicado originalmente en octubre de 2015 y re-editado en abril de 2020</em></p>
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		<title>Delia Vergara, ícono del periodismo femenino en Chile</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Oct 2015 16:43:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
		<category><![CDATA[Delia Vergara]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Revista Paula]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fue parte de las primeras generaciones de periodistas profesionales y dejó una huella en los medios chilenos tras fundar la revista Paula, a la que impuso un marcado sello feminista.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En una época en que todavía rompía esquemas que una mujer quisiera ser una profesional independiente, Delia Vergara Larraín fue parte de las primeras generaciones de periodismo de la Universidad de Chile y a los 24 años ya había terminado un magíster en Comunicaciones en la Universidad de Columbia, Nueva York.</p>
<p>En 1965 se mudó a Ginebra, Suiza, donde vivía cuando recibió una carta que definiría su carrera de ahí en adelante. Roberto Edwards, fotógrafo y dueño de la editorial Lord Cochrane, le pedía que asumiera la dirección de un nuevo proyecto periodístico en Chile: “<em>Compré unas máquinas para imprimir en colores y en couché, empecé a hacer revistas y quiero hacer una revista femenina. Pensé en ti para dirigirla. Contéstame pronto</em>.” El mensaje era así de corto y poco exigente. Delia le contestó de inmediato que sí, con una sola condición: que ella elegía el equipo y la línea editorial. Edwards accedió a todo. La carta la guarda como un tesoro hasta el día de hoy.</p>
<p>Al recibir la propuesta de Roberto Edwards, cuyo hermano Agustín era el dueño del diario <em>El Mercurio</em>, Vergara comenzó a preparar lo que sería su gran proyecto editorial. Comenzó comparando el periodismo chileno con el europeo y llegó a la conclusión de que el nacional era muy básico y que le faltaban nuevos aires, algo innovador. Es por esto que su primera idea para la revista<em> Paula</em> fue hacer de ésta un medio moderno.</p>
<p>Mientras seguía viviendo en Europa estudió todas las revistas de mujeres y se dio cuenta de que hablaban de los problemas de las mujeres reales y mostraban moda “ponible”. En general facilitaban la vida de las mujeres, hacían buen periodismo, además de ser bellas, con buenas fotos, buen diseño y diagramación. Esta fue su inspiración para la creación de <em>Paula</em>.</p>
<p>Diseñó la revista completa, con todas sus secciones, mientras seguía en Ginebra. Quería poner el énfasis en hacer buen periodismo y en servir a las mujeres.</p>
<p>Al volver a Chile, a finales de 1966, eligió a un equipo de periodistas afines, todas egresadas de la Universidad de Chile y a Isabel Allende, quien no estudió en la universidad, pero cuya genialidad conocía a través su madre, casada con el embajador de Chile en Ginebra.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-628" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/revista-paula-216x300.png" alt="" width="216" height="300" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/revista-paula-216x300.png 216w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/revista-paula.png 598w" sizes="auto, (max-width: 216px) 100vw, 216px" />Las mujeres que formaron el equipo fundador de Paula eran casadas, con hijos pequeños y se volvieron muy amigas. A poco andar empezaron para todas los problemas del doble trabajo, la poca participación de los maridos en la crianza y las labores del hogar y el impacto que fue para ellos el tremendo éxito que tuvieron sus esposas. Se convirtieron en feministas, pero unas bastante convencionales.</p>
<p>La revista, en cambio, era transgresora para esos años, relevando la importancia de la independencia de la mujer y exponiendo temas que hasta entonces habían permanecido en el ámbito de lo privado, muchos de ellos relacionados con la sexualidad.</p>
<p>Cuando la situación política chilena se polarizó en el año 1972, un grupo de mujeres conservadoras se ensañó con la revista y comenzaron a mandar cientos de cartas diciendo que eran inmorales y comunistas.</p>
<p>El golpe de Estado echó el proyecto de Paula abajo.  Roberto Edwards le repetía a Delia Vergara una y otra vez: “yo no quiero más revoluciones, yo quiero una revista femenina, no una revista feminista”. Ella lo entendía, pero no estaba dispuesta a cambiar su línea editorial.  Con el tiempo su presión se fue haciendo más fuerte. Hasta que un buen día, a fines de 1974, con lágrimas en los ojos, él la despidió.</p>
<p>D<img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-629" src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/revista-paula-2-228x300.png" alt="" width="228" height="300" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/revista-paula-2-228x300.png 228w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2015/10/revista-paula-2.png 300w" sizes="auto, (max-width: 228px) 100vw, 228px" />e ahí para adelante, la revista cambió para siempre y se convirtió en una revista femenina más tradicional, aunque con el regreso a la democracia volvió a destacarse por sus temas transgresores. Sus pautas tenían una mezcla de tendencias, moda, cocina y periodismo en profundidad de calidad, pero sus ventas comenzaron a bajar a tal punto que tuvieron que empezar a regalarla con <em>El Mercurio</em>. Luego Edwards la vendió a Copesa, que comenzó a repartirla junto a <em>La Tercera</em>.</p>
<p><strong>“No me gusta la Paula actual. Si bien ha conservado el buen periodismo que siempre la caracterizó y que yo le imprimí desde el primer número, ahora se ha convertido en una revista elitista, demasiado comercial, difícil que la mayoría de las mujeres se puedan identificar con ella”,</strong> confesaba en esos día Delia Vergara.</p>
<p>Su carrera no se quedó en <em>Paula</em> y logró marcar otros hitos en el periodismo chileno. Fundó el <em>Diario de Cooperativa</em>, que durante la dictadura fue clave en entregar a los chilenos información independiente, pese a la censura existente.</p>
<p>En 1990 lanzó “Encuentros con Lola Hoffmann”, una serie de entrevistas a la fisióloga, psiquiatra y guía del crecimiento interior, a quien considera su maestra. Aunque es su único libro, rápidamente se transformó en un clásico en su ámbito.</p>
<p>En el año 2009 fue propuesta para el premio Nacional de Periodismo por sus pares ex directoras de <em>Paula</em> como Milena Vodanovic, Alexandra Edwards, Andrea Eluchans, Paula Recart, Cecilia Eluchans y Constanza Vergara. Enviaron una carta en que la definieron como visionaria y pionera: “Visionara para intuir las transformaciones a que fue enfrentándose la sociedad chilena durante la segunda mitad del siglo XX. Y pionera al ser capaz de fundar nuevos medios de comunicación que reflejaran estos cambios, dando espacio a las voces emergentes que dichos procesos pusieron en escena”.</p>
<p>En enero 2021 recibió el premio Lenka Franulic, que otorga la Asociación Nacional de Mujeres Periodistas, como un reconocimiento a su trayectoria profesional.</p>
<p>A Delia Vergara le gusta mantener su vida privada, familiar y privada en la intimidad. Concede pocas entrevistas y cuando lo hace suele responder por correo electrónico, tal como lo hizo para este perfil.</p>
<p><em>*Este artículo fue publicado en 2015 y re-editado en abril de 2020. La última actualización es de enero de 2021.</em></p>
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		<title>Hernán Millas, el cronista que retrató a Chile</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Oct 2015 16:20:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
		<category><![CDATA[Cronista]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Millas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando Arturo Alessandri Palma gobernaba el país y lidiaba con el Congreso para tramitar sus aclamadas leyes sociales, Hernán Emiliano Millas Correa nacía un 5 de mayo de 1921 en una casa de calle Domeyko en Santiago. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Nació el 5 de mayo de 1921 en una casa de calle Domeyko, en Santiago, y desde sus orígenes la vida de Hernán Emiliano Millas Correa estuvo ligada al quehacer periodístico. Su padre, Columbano Millas, trabajó en <em>El Mercurio</em> y fue director del diario <em>La Unión</em> de Punta Arenas, ciudad a la que se mudaron cuando él tan solo tenía nueve años. “De su padre aprendió la rigurosidad que involucra el oficio, lo llevaba en la sangre. Siempre lo ponía en práctica al momento de redactar”, comenta el periodista Eduardo Santa Cruz.</p>
<p>Su madre, Laura Correa, fue quien le brindó la delicadeza para aproximarse a las personas y la humanidad del retrato, esa misma habilidad que desarrolló con el tiempo y que le permitió desde narrar desde la humildad y sencillez del sacerdote Juan Bagá y su regreso a Chile; hasta forjar un fiel retrato de las atrocidades realizadas por Manuel Contreras mientras era instructor en la Escuela Militar.</p>
<p>Su vida en el sur de Chile transcurrió en la vieja casona de dos pisos donde vivían y, a su vez, se imprimía el diario. Ahí escuchaba los taconeos de su madre desde el segundo piso para que Columbano subiera y se diera cuenta de que “ya no eran horas de estar trabajando”. Este esfuerzo se veía diariamente en la casa de los Millas-Correa: “en la mañana, al irnos al colegio, en la mesa del comedor, acompañando el pan fresco, estaba el ejemplar del día”, recuerda el escritor de “Una loca historia de Chile”.</p>
<p>Millas se convirtió en periodista por oficio y todo lo que aprendió lo hizo a la usanza de su época: en la calle y en las salas de redacción. Si bien alguna vez pisó los pasillos de la Universidad de Chile, ello no fue con el afán de convertirse en reportero, sino con el de dedicarse a la abogacía, carrera de la cual desertaría después de dos años, en vista de la muerte de sus padres y la necesidad de salir a trabajar.</p>
<p>Impregnando cada idea y noticia con su sentido del humor y su estilo marcado por el sarcasmo, Millas llegó a ser director de la <a href="http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3683.html">revista <em>Topaze,</em></a> además redactor de los diarios <em>Clarín</em> y <em>La Época</em> y en las revistas <em>Ercilla</em> y <em>Hoy</em>.</p>
<p>Su pluma no se encerró solamente al quehacer periodístico, sino que también exploró el amplio mundo de la narrativa: “Francotiradores del humor”, “Anatomía de un fracaso”, “Los Señores Censores” y “Una loca historia de Chile” son algunos de sus más reconocidos libros.</p>
<p>En su momento, también proyectó su voz a través de los micrófonos de la <em>Radio Santiago</em>, de la cual llegó a ser director durante la dictadura. Sin embargo, Hernán Millas confiesa que entre la radio y la prensa, prefiere esta última. “La radio es un medio que se enfoca, más que nada, a la entretención. El diario y las revistas son de un estilo más dedicado”, apunta.</p>
<h3><strong>La objetividad ante todo</strong></h3>
<p>“Él (Millas) era un gran admirador de <a href="https://museodeprensa.udp.cl/hernandez-parker-barometro-politico-de-gonzalez-videla/">Luis Hernández Parker</a> y Lenka Franulic. Siempre defendía la objetividad enseñada por quienes fueron sus mentores. Lo anterior le permitió acceder a todos los entrevistados para armar sus notas, sabían que él hacía con responsabilidad su trabajo”, dice el periodista Abraham Santibáñez.</p>
<p>Millas conserva un sentido de la ética periodística muy marcado. Como reportero político iba frecuentemente al ex Congreso Nacional. Aunque gustaba de la política, siempre fue reacio a militar en algún partido. “Alguna vez le ofrecieron abanderarse por la Democracia Cristiana, pero se rehusó”, relata Ascanio Cavallo, ex editor general del diario <a href="http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-96761.html"><em>La Época</em>.</a></p>
<h3><strong>Millas de historias</strong></h3>
<p>El trabajo periodístico de Hernán Millas se inicia con su llegada a la <a href="http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-94923.html">revista <em>Ercilla</em></a> en los años ‘40. En ese lugar conoció y trabajó con quienes fueron sus mentores desde sus inicios: <a href="https://museodeprensa.udp.cl/la-periodista-que-fue-su-propia-maestra/">Lenka Franulic</a> y Luis Hernández Parker. “Todas las grandes plumas que yo admiré estaban ahí. La elegancia de sus escritos y el respeto por el trabajo eran transmitidos en cada ápice de sus artículos”, recuerda Hernán Millas sentado en un sillón de su casa en Las Condes.</p>
<p>Sus trabajos son reconocidos por la humanización de sus escritos y el cuidado en los detalles. La periodista María Olivia Mönckeberg señala que su estilo se caracterizaba por las narraciones que, muchas veces, podían convertirse en verdaderos cuentos con un protagonista real. “Hernán tenía una característica que había aprendido muy bien en el oficio: retratar cada noticia con una sonrisa, humanizar a los personajes”, señala Abraham Santibáñez mientras, con sus dedos, dibuja la imagen de su colega tipiando en su vieja Remington.</p>
<h3><strong> Una historia de amor</strong></h3>
<p>Durante sus primeros 40 años, Hernán Millas tuvo nueve hijos y 4 esposas. Le tomó casi la mitad de su vida, pero finalmente conoció a quien se transformaría en su mejor amiga y en el amor de su vida: Trinidad Melo. Las primeras salidas de la pareja fueron a un mirador ubicado en Lo Curro donde, de noche, podían ver la ciudad desde las alturas y conversar.</p>
<p>“Yo conocí a Hernán cuando tenía 20. Tenemos una diferencia de 22 años. Es más, yo tengo la misma edad que su hijo menor”, relata Trinidad Melo, su actual esposa.</p>
<p>Ha pasado el tiempo. A sus 94 años, Hernán Millas es cuidado por su esposa, quien lo atiende y le cocina su comida favorita: tallarines. “Si no lo conociera, yo diría que es italiano. Es más, Emilio Filippi le puso el Millazzi. Las masas son su debilidad.”, cuentaTrinidad Melo.</p>
<p>Sin embargo, su gran historia de amor no ha sido fácil. Trinidad no ve a su familia desde que se casaron, ya que nadie en ella aprobó la relación con el periodista. “Lo encontraban muy viejo, muy mujeriego”, relata Trinidad Melo.</p>
<p>Hernán Millas lleva la historia a cuestas. Conoció a la Reina de Inglaterra, a Chaplin y a las figuras más importantes del país. En todas esas ocasiones estuvo acompañado por Trinidad. “Gracias a Hernán pude estar presente en los momentos más importantes de este país como por ejemplo en los cambios de mando presidenciales en medio del Salón Plenario”, recuerda su esposa con un aire a nostalgia y gratitud.</p>
<h3><strong>En lo más alto</strong></h3>
<p>En su afán de decir la verdad, Hernán Millas fue detenido en 1973, tras anunciar por radio una noticia sobre la marcha de los mineros, a pesar de que La Moneda lo había prohibido.</p>
<p>A partir del régimen militar, Millas sintió un deber mayor con respecto al hecho de ser veraces en el trabajo. Por ello, rechazó la propuesta que le hizo el gobierno, para formar parte de su equipo de prensa. En lugar de eso, el apasionado periodista quedó a cargo de la famosa columna Semi-Serio, de la revista <em>Hoy</em>, donde caricaturizaba el acontecer de la política nacional.</p>
<p>En agosto de 1985 Hernán Millas recibió el Premio Nacional de Periodismo, a pesar de ser un conocido opositor a la dictadura. Su elección contó sólo con un voto en contra: el de Sergio Gaete, ministro de Educación de la época.</p>
<p>Desde el podio del Premio Nacional brindó una de sus mayores lecciones: “No hay que enamorarse del dato que reciben, ya que pueden estar equivocados o tener errores. Es muy importante investigar, porque el gran reportaje serio es aquel que no solo dice cosas, sino que además debe ser indesmentible’’.</p>
<p>Sobre los diarios de la actualidad piensa que “detrás de ellos hay una enorme empresa que busca conquistar lectores y avisadores, con grandes suplementos. Ideológicamente están contentos con el sistema, pero son híbridos”. Sin embargo, defiende la idea de que el periodismo actual está mejor y más potenciado que el de antaño.</p>
<p>Con los últimos años de la dictadura, Hernán Millas trabajó en el diario <em>La Época</em>. Ahí publicó sus aclamadas crónicas dominicales que le ayudaron a seguir manteniendo en pie, en palabras de Darío Saint Marie, su “prodigiosa pluma”. Su último trabajo periodístico fue en su querida<em> Ercilla</em> donde se encargó de su columna “La última página” de la publicación, abocada a temas de actualidad.</p>
<p><em>*Hernán Millas falleció el 20 de diciembre de 2016. Esta nota fue publicada originalmente en octubre de 2015 y re-editada en julio de 2020. </em></p>
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		<item>
		<title>Eugenio Lira Massi, el cronista que retrató a los políticos</title>
		<link>https://museodeprensa.udp.cl/y-tu-que-te-creias-el-rey-de-todo-el-mundo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2015 15:51:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Periodista de oficio, Lira Massi pasó por medios de izquierda y fue autor de libros que perfilaron sin pelos en la lengua a los congresistas de su época. Perseguido por la dictatura, se exilió en Francia, donde murió de causas nunca aclaradas a los 40 años. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Eugenio Lira Massi nació el 30 de septiembre de 1934 en Santiago de Chile. Durante su infancia vivió en Quitratué, una localidad ubicada en la Región de la Araucanía, y también pasó un par de años en la pampa, en el poblado salitrero de María Elena, pero siempre recordó su infancia en la comuna de Independencia, en Santiago. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Era un barrio de canchas de tierra, pobreza y perros, como su leal Pirincho, que nunca dejó de ir a esperarlo cuando volvía del Instituto Nacional. Su padre falleció cuando Eugenio tenía 16 años. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Pasó por cuanto trabajo hubo antes de llegar al periodismo, incluyendo la labor de escribiente de Carabineros, en la Decimosexta Comisaría del barrio Vivaceta. Cuando por fin se interesó en los medios, en 1959, fue como dibujante del <i>Clarín</i>. Ahí conoció a su gran amigo José Gómez López, con quien unos años más tarde, fundaría <i>Puro Chile</i>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Se hizo un nombre por sus ácidas columnas y crónicas de política. Hizo radioteatro en Radio <i>Agricultura</i>, <i>Minería</i> y <i>Portales</i>. Incursionó en la televisión, con <i>La entrevista impertinente </i>en <i>Canal 13</i>. Su rotundo éxito tan joven, terminó por aumentar su ego y formar, según sus propias palabras, “un tonto grave que le hacía juego a los demás”.</span></p>
<h2 style="text-align: justify;"><b><span lang="ES-CL">La cueva del Senado<br />
</span></b></h2>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Las crónica de Lira Massi se caracterizaban por sus descripciones de escena y personalidad cuando hablaba de alguien. Un estilo que él mismo describió como “un lenguaje claro, directo y gráfico”, que no se iba con rodeos y hablaba las cosas tal como son.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Era también un deslenguado periodista que no tenía miedo de expresar su opinión, “una escritura popular única”, como indica su amigo Nibaldo Mosciatti.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Fue junto a José Gómez López que hizo uno de sus más grandes proyectos: la fundación del <i>Puro Chile</i>. Un medio que sería uno de los más polémicos de la época. Según contó en una columna que escribió en marzo de 1971, el “Pepe” y él pasaban de juzgado en juzgado declarando por la forma en que escribían, con garabatos y siendo directos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Sus libros <i>La cueva del senado y los 45 senadores</i> y <i>La cámara y los 147 a dieta</i><span style="color: #33cccc;">,</span> fueron los que lo llevaron a la fama en todo el país. Se dice que se demoró cuatro días en escribir cada libro, que perfilaban sin pelos en la lengua a cada uno de los congresistas de su época. Fueron éxito de venta y lo hicieron pasar a la historia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Esa fama y reconocimiento lo hicieron ser uno de los periodistas más populares del periodo previo al golpe de Estado de 1973. La gente seguía sus columnas por la manera en que desmarañaba a los políticos y las decisiones del país. Siempre al hueso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Un éxito que él creía podría haber llegado antes si su padre no hubiese fallecido: “Él me habría guiado, no habría perdido el tiempo. En vez de haber sido yo un periodista conocido a los 29 años, lo habría sido a los 17”, señaló en una entrevista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">Tras el Golpe Militar de 1973, Lira fue considerado dentro de los 95 hombres más buscados por la dictadura. Se asiló en Francia, donde trabajó en el diario <i>L’Humanité</i>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL">En 1975, a los 40 años, falleció por causas que aún no se esclarecen, pero hay quienes creen que fue asesinado por orden de la DINA con gas sarín. Fue encontrado así en una pieza en París. Dejó a su mujer y a sus tres hijas: Eugenia, Regina y Ángela. En su máquina de escribir, sus últimas palabras:<strong> “Y tú que te creías el rey de todo el mundo, y tú que nunca fuiste capaz de perdonar, y cruel y despiadado de todos te reías…”.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="ES-CL"> </span></p>
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		<title>Antonino Vera: referente del periodismo deportivo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Jul 2014 15:18:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fue director de la revista Estadio y obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Deportivo en 1971. Influyó en otros comunicadores deportivos, incluido su hijo.   </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Pese a no tener el título de periodista, <strong>Antonino Vera</strong> llegó a ser un reconocido profesional de la prensa chilena. Destacó por más de nueve años como director de la revista<em> Estadio</em>, la cual alcanzó su máximo apogeo bajo el mando de AVER, pseudónimo de Vera. Como dijo el Premio Nacional de Periodismo <strong>Julio Salviat</strong>, “en aquella época para ser periodistas deportivos se requería solamente ser muy aficionado al deporte”.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonino Vera llegó a ser director de la revista Estadio luego que el dueño y fundador,<strong> Alejandro Jaramillo</strong>, vende el medio a la editorial Zig Zag. Vera ocuparía el puesto por más de nueve años, tiempo en el que la revista deportiva logró &#8220;codearse&#8221; con los medios deportivos más grandes de Sudamérica.</p>
<figure id="attachment_309" aria-describedby="caption-attachment-309" style="width: 604px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-309 " src="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2020/02/Antonio-Vera.png" alt="De izquierda a derecha: Luis Santibáñez, Julio Salviat, Edgardo Marín y Antonino Vera" width="604" height="345" srcset="https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2020/02/Antonio-Vera.png 700w, https://museodeprensa.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2020/02/Antonio-Vera-300x171.png 300w" sizes="auto, (max-width: 604px) 100vw, 604px" /><figcaption id="caption-attachment-309" class="wp-caption-text">De izquierda a derecha: Luis Santibáñez, Julio Salviat, Edgardo Marín y Antonino Vera</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">Ya en dictadura, la revista -que estaba bajo la editorial Gabriela Mistral- es vendida y llega a manos de Francisco Fluxá, el cual le ofrece el cargo de socios y trabajadores del medio a <strong>Antonino Vera, Edgardo Marín y Julio Salviat</strong>. Bajo esta nueva administración, el medio logró cambios en el diseño y un notable aumento de páginas y publicidad, las cuales traían consigo un aumento en los ingresos: “Gracias a él [Vera] la revista llegó a tener prestigio en todo Sudamérica”, asegura Sergio Jeréz, uno de los colaboradores del medio en aquella época.</span></p>
<p style="text-align: justify;">Crítico de la Unidad Popular y luego de la Dictadura, <strong>recibió en la revista a varios periodistas que se quedaron sin trabajo producto del golpe de estado</strong>: “Vera me acogió, yo trabajaba en el diario Puro Chile y después de la llegada de Pinochet me tuve que preocupar de salvar mi pellejo. Entonces Antonino me abrió las puertas para volver al periodismo”, explica Sergio Jeréz, quien en aquella época militaba en el Partido Comunista.</p>
<p style="text-align: justify;">Según Salviat acogedor y cariñoso; según Jeréz un tipo sumamente reservado. Sin embargo, los dos concuerdan en la calidad de persona que era Antonino, destacando su parcialidad al escribir, su gran rigurosidad al momento de seleccionar información y su gran habilidad al entrevistar. “Era una de las mejores plumas que desarrolló el periodismo, siempre nos inculcó la distancia”, comentó Salviat.</p>
<p style="text-align: justify;">“Para nosotros fue el maestro, el tipo que nos formó periodísticamente”, agrega <strong>JED</strong>, pseudónimo de Salviat. Pues <strong>ni él, ni Edgardo Marín, ni Sergio Jeréz tienen problemas en admitir que gracias a Antonino lograron ser los periodistas que son hoy en día</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">Físicamente, Antonino no sobrepasaba el metro sesenta, pero poseía una voz ronca y áspera, que algunos la explican debido a su adicción al cigarrillo. “Tenía un aspecto serio, una mirada intimidante, pero era una muy buena persona, acogedor, cariñoso y didáctico”, recuerda Julio Salviat con cariño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Según Sergio Jeréz, Vera fue un hincha oculto de Universidad Católica</strong>, aunque no aparezca en el acta. Sin embargo, lo que es seguro es su profunda amistad con la dirigencia cruzada, donde destacaba Mario Marín, hermano mayor de Edgardo.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">Antonino, bajo el pseudónimo AVER, escribía y gozaba del fútbol con una <strong>profunda admiración al portero cruzado de la época: Sergio “Sapito” Livingstone</strong>. Sin embargo, no todo en la vida de Vera era el deporte rey, ya que <strong>bajo la firma de Guante, se escondía un fanático del boxeo</strong> en una época donde Chile dominaba los ring de Sudamérica gracias a Estanislao Loayza. Guante era un gran admirador de la carrera del </span><i style="line-height: 1.5em;">Tani</i><span style="line-height: 1.5em;">.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">Como periodista lo conocen muchos, como amigo lo conocen pocos, pero como padre lo conoce solo uno. Antonino Vera, a pesar de no ser papá biológico, <strong>crió a Edgardo Marín</strong> en medio de años de marcados conflictos políticos y sociales. AVER, siempre solitario y soltero, le abrió las puertas de su casa a Edgardo cuando él tenía tan solo quince años. Mientras estudiaba en el colegio, <strong>Vera lo hacía colaborar en el diario Ilustrado</strong>. Ese Marín que ahora se puede escuchar en radio Cooperativa, es periodista gracias al gran tutor que tuvo en su infancia, el mismo que le pagó los estudios universitarios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">En esos años los equipos de fútbol galardonaban a los destacados periodistas deportivos y Antonino Vera no pasó desapercibido. <strong>Ganó los premios Amador Yarur del club Palestino, Raúl Prado Cavada de Colo Colo y el Manojitos de Claveles de Magallanes</strong>, entre otros. No obstante, el máximo galardón que consiguió AVER a lo largo de su carrera fue el <strong>Premio Nacional de Periodismo Deportivo</strong>, siendo el tercero en conseguirlo (1971) después de Renato González y Julio Martínez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">La ágil pluma del destacado director de la revista Estadio se puede apreciar no solo en las publicaciones de este medio, sino en el único libro que escribió, titulado <strong>&#8220;El fútbol en Chile&#8221;</strong>. Éste fue lanzado en 1973 gracias a la editorial Quimantú y ahondó en los orígenes tanto históricos como nacionales del deporte rey, su profesionalización y un detallado listado de la tabla de posiciones de todos los campeonatos hasta la época.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">Sus días finales como periodista los pasó escribiendo para el diario <strong>Las Últimas Noticias</strong>, antes de caer enfermo por mucho tiempo. Pese al cuidado de Marín en sus últimos años, Antonino <strong>falleció en 1986</strong> a la edad de 68 años. </span></p>
<p><em>*Esta nota fue publicada originalmente en julio de 2015 y re-editada en noviembre de 2020.</em></p>
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		<title>Tevito: la mascota de TVN entre 1970 a 1973</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 22:25:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hitos]]></category>
		<category><![CDATA[TV]]></category>
		<category><![CDATA[Charagua]]></category>
		<category><![CDATA[Tevito]]></category>
		<category><![CDATA[TVN]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Durante el gobierno de la Unidad Popular Televisión Nacional de Chile abrió sus transmisiones con el perro Tevito, al son de una canción de Víctor Jara.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A principios de la década del 70` TVN comenzó a &#8220;abrir&#8221; sus transmisiones con <strong>Tevito</strong>, un perro caricaturizado de lentes que interpretaba distintos ritmos musicales.</p>
<p style="text-align: justify;">Su aparición más recordada es como <strong>&#8220;chinchinero&#8221;</strong> con el tema la <strong>&#8220;Charagua&#8221;</strong> de Víctor Jara de fondo (interpretado por el grupo Inti Illimani).  El personaje fue creado por el estudiante de Bellas Artes <b>Carlos González</b>, cuyo dibujo ganó un concurso entre otros seis postulantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos de los cortos de Tevito desaparecieron tras el golpe militar por ser considerado un símbolo de la Unidad Popular. En 2009 TVN revivió al personaje en su aniversario 40 años con el personaje &#8220;El menú de Tevito&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><iframe loading="lazy" src="https://www.youtube.com/embed/NiEwgcbipxg" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
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		<title>Nace la Revista Hoy</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Jul 2014 06:36:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hitos]]></category>
		<category><![CDATA[Revistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Revista Hoy surge en 1977 como un proyecto de ex periodistas de la Revista Ercilla, entre ellos su director Emilio Filippi.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La génesis de la revista <em>Hoy</em> se entrelaza con un momento de <strong>crisis interna en la <em>Revista Ercilla</em></strong>. Esta última fue vendida a un grupo de empresarios y su equipo se mantuvo relativamente estable, hasta que el director del medio, <strong>Emilio Filippi</strong>, decidió renunciar.</p>
<p style="text-align: justify;">Filippi sería seguido por diversos periodistas, los que en conjunto crearían la revista <em>Hoy</em>. Dicho propósito se haría público el jueves 27 de enero de 1977 durante la cena en honor a los profesionales que dejaban <em>Revista Ercilla</em>. Ahí, en el desaparecido restaurante El Parrón, Filippi daría la noticia:</p>
<p style="text-align: justify;">“Este mismo equipo al cual ustedes festejan esta noche está resuelto a seguir unido en nuevos propósitos. Nos estamos moviendo para editar otra revista, hecha con el mismo espíritu y con la misma identidad profesional como la que hicimos hasta la semana pasada” (Libro Revista Hoy: 1.108 ediciones con historia).</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="line-height: 1.5em;">Finalmente,  <strong>el 1 de junio de 1977,</strong> luego de más de cuatro meses de gestión para conseguir el financiamiento y el permiso de las autoridades,  <em>Hoy</em> saldría a la venta en quioscos.</span></p>
<p>La revista jugó un rol clave para romper el cerco informativo de la dictadura, pero comenzó a debilitarse tras el regreso a la democracia. Dejó de circular en 1998.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La Segunda: &#8220;Exterminados como Ratones&#8221;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernán Calvo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Jul 2014 06:07:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diarios]]></category>
		<category><![CDATA[Hitos]]></category>
		<category><![CDATA[La Segunda]]></category>
		<category><![CDATA[Operación Colombo]]></category>
		<category><![CDATA[Pinochet]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este titular fue parte de un montaje para cubrir el asesinato de más de cien disidentes al gobierno de Pinochet en la llamada Operación Colombo. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El 24 de julio de 1975 el diario vespertino La Segunda tituló en su portada “Exterminados como Ratones”.</p>
<p style="text-align: justify;">El titular se enmarca en la llamada <strong>Operación Colombo o Caso de los 119</strong>, la cual llevó a cabo la desaparición de 119 personas opositoras al régimen militar de Augusto Pinochet.</p>
<p style="text-align: justify;">La Operación Colombo se efectuó en momentos en que el gobierno de Pinochet era fuertemente criticado por organismos internacionales por violaciones a los derechos humanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Como una forma de desacreditar estas criticas, la <strong>DINA</strong> -en conjunto con organismos represivos argentinos y medios de prensa como <em>El Mercurio, La Segunda </em>y <em>La Tercera</em>&#8211; informaron que los &#8220;supuestos&#8221; detenidos desaparecidos eran extremistas y miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que se eliminaban unos a otros en medio de una guerra interna.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiempo después se comprobó que <strong>estas 119 personas fueron asesinadas</strong> dentro de la llamada Operación Colombo en el marco de la <strong>Operación Cóndor</strong>, ideada por la DINA, y que la noticia publicada por los diarios era parte de un montaje.</p>
<p>Ver <a href="https://www.ciperchile.cl/2008/05/29/el-rol-de-los-medios-en-la-operacion-colombo/">reportaje de CIPER sobre el rol de los medios en la Operación Colombo</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p>&nbsp;</p>
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