Historia

Allende y “El Mercurio”: historia de un conflicto

La relación conflictiva entre Salvador Allende y El Mercurio no surgió durante la Unidad Popular. Mucho antes de llegar a La Moneda, el líder socialista ya veía al diario como un actor político antes que como un medio de comunicación. El conflicto entre Allende y El Mercurio fue, durante décadas, una disputa ideológica.

Las primeras tensiones se remontan a 1948, durante la discusión de la Ley de Defensa de la Democracia, conocida como la “Ley Maldita”. Desde el Senado, Allende criticó duramente la posición editorial del periódico, acusándolo de actuar sin imparcialidad y de representar los intereses de los sectores conservadores del país.

La distancia volvió a marcarse en 1952, cuando Allende calificó al gobierno de Gabriel González Videla como una “farsa”. El diario respondió defendiendo lo que consideraba una política de protección nacional frente al avance del comunismo. Ahí comenzó a consolidarse una división que marcaría las décadas siguientes: El Mercurio como representante del orden tradicional y Allende como representante de un proyecto de cambio estructural.

En 1976, para el entonces senador socialista, El Mercurio no interpretaba la realidad social chilena, sino que defendía un modelo político y económico contrario a las transformaciones que impulsaba la izquierda.

Con el triunfo de la Unidad Popular en 1970, el conflicto salió del terreno discursivo y llegó directamente al interior de la redacción de El Mercurio. En las oficinas del diario se conformó el Comité de la Unidad Popular (CUP), integrado por trabajadores que denunciaban discriminación política y acusaban a la directiva de publicar información sesgada para favorecer al empresariado y a la oposición.

La tensión alcanzó uno de sus momentos más críticos en septiembre de 1971, cuando cinco trabajadores vinculados al CUP fueron despedidos del periódico. El hecho provocó un fuerte escándalo político. Mientras sectores oficialistas denunciaban persecución ideológica dentro del diario, El Mercurio afirmaba ser víctima de un intento del gobierno por debilitar su credibilidad. Sonia Edwards, hermana de Agustín Edwards y vicepresidenta de la empresa, manifestó públicamente su desacuerdo con los despidos, dejando en evidencia divisiones internas dentro de la propia familia propietaria.

En paralelo, la relación entre Allende y el director del diario, René Silva Espejo, se volvía cada vez más agresiva. Aunque el presidente insistía públicamente en que respetaba la libertad de prensa, nunca ocultó su rechazo hacia la línea editorial del medio. En junio de 1971, durante el aniversario del periódico, Allende envió una carta donde afirmaba conocer cómo El Mercurio defiende sus posiciones y ataca a quienes no las comparten”. Su recomendación a los partidarios de la Unidad Popular fue directa: “No compren el diario”.

Silva Espejo respondió defendiendo la tradición periodística del medio y acusando al gobierno de mantener una actitud hostil hacia la libertad de expresión. Mientras Allende calificaba la escritura del periódico como “sinuosa, sibilina y oblicua”, el director insistía en que el diario solo cumplía con su deber informativo. Sin embargo, a medida que avanzaba la crisis política, el intercambio entre ambos dejó de parecer una discusión editorial y comenzó a transformarse en una batalla abierta por el control del relato público.

Hacia 1972, el conflicto tomó una dimensión internacional. El gobierno presentó acciones judiciales contra la dirección del diario por infracción a la Ley de Seguridad del Interior del Estado. Al mismo tiempo, comenzaron a revelarse documentos relacionados con la empresa estadounidense International Telephone & Telegraph (ITT), que mostraban operaciones destinadas a debilitar al gobierno de Allende.

Las revelaciones dieron cuenta de que El Mercurio había recibido ayuda económica para enfrentar la crisis financiera que atravesaba. Estados Unidos, a través del denominado Comité 40, aprobó inicialmente 700 mil dólares para asegurar la continuidad del periódico. Con el tiempo, el financiamiento alcanzó un total de 1,7 millones de dólares destinados a sostener al diario y fortalecer su oposición al gobierno chileno. Así se estableció en 1975, cuando un comité del Congreso de Estados Unidos revisó las operaciones encubiertas en Chile.

Para la Unidad Popular, aquello demostraba que parte importante de la prensa chilena operaba articulada con intereses extranjeros. Para la oposición, en cambio, el apoyo económico era una forma de proteger a un medio que consideraban amenazado por el gobierno.

En medio de una polarización cada vez más profunda, El Mercurio dejó de actuar únicamente como observador de la contingencia. Para 1973, el periódico ya se había transformado en uno de los principales centros de operaciones políticas de la oposición, consolidando un escenario donde la prensa pasó a ocupar un rol central dentro de la crisis chilena.

Como se puede apreciar, y tal como plantea el profesor Milton Cortés en el octavo episodio de Museo de Prensa Podcast, el conflicto entre Allende y El Mercurio no fue solamente una pelea entre un gobierno y un diario, sino también una disputa sobre cómo entender la libertad de expresión, el rol de los medios y el derecho a la información en una sociedad democrática.

 


Fotografía del encabezado: Diario La Nación, 23 de junio de 1973. Fondo Diario La Nación / Archivos Universidad Diego Portales

Fotografía del texto: Diario La Nación, 14 de septiembre de 1971, página 1. Fondo diario La Nación / Archivos Universidad Diego Portales