Y el ganador es…

Cerca de cumplir 20 años, el Premio Periodismo de Excelencia de la UAH se ha consolidado como uno de los más importantes para la prensa en Chile. Entre sus ganadores y seleccionados se cuentan varias generaciones de periodistas que aún brillan en la profesión y trabajos que se recuerdan hasta hoy. Pero lo más importante: este premio refleja los cambios que ha experimentado el periodismo nacional en los últimos años.

Visto desde la distancia de casi 20 años, el empeño de la primera directora de la Escuela de Periodismo de la modesta Universidad Alberto Hurtado, Andrea Vial, parece un sueño loco. Frente a gigantes de la enseñanza del periodismo con décadas de trabajo como la Universidad de Chile, la Universidad Católica de Santiago y la Universidad Católica de Valparaíso, nuestra casa de estudios tenía apenas tres años y la universidad misma apenas un par de años más. Todavía no se había recibido la primera generación.

Y entonces, en 2003 Andrea Vial creó un Premio Periodismo de Excelencia al estilo del Pulitzer estadounidense, destinado a recibir todo lo valioso que se había publicado el año que acababa de terminar y eligiera ganadores en las categorías de Reportaje, Entrevista o Perfil, Golpe Periodístico y Opinión.

No contenta con eso, organizó una ceremonia para entregar esos premios y convenció la Ediciones Universidad Alberto Hurtado de publicar cada año el libro El mejor periodismo chileno, con los trabajos ganadores y finalistas que debía entregarse a los autores y jurados y repartirse en librerías y universidades nacionales.

Como actual co-editor del libro en los últimos años, sé que esa idea de editar e imprimir un libro cuyo contenido está disponible un mes y medio antes de su distribución (el día en que el jurado elige a los ganadores y finalistas) es demencial.

Este año el jurado se reunió el 9 de marzo, y el 10 de mayo, día de la ceremonia, las cajas con los libros ya impresos lucían expectantes en el puesto de Ediciones UAH. Recién cuando se anunciaron los ganadores, se repartieron los libros. ¡No podíamos hacer spoiler!

En los primeros años, el premio fue solo para los trabajos escritos, y hasta la irrupción de Ciper (el primer proyecto periodístico de alta calidad en investigación publicado online) los trabajos venían de diarios impresos tradicionales (como El Mercurio y La Tercera) y revistas que apostaban por estos géneros largos (como Paula, The Clinic y Qué Pasa).

Tengo sobre mi mesa los 19 libros, editados por Vial, después por los valientes que siguieron su posta: Alfredo Sepúlveda, Catalina May y Juan Cristóbal Peña, ahora por Montserrat Martorell y por mí, que repasan ese camino.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

Primero, el valor de esta serie como testimonio de los temas y personajes que jalonaron la realidad chilena en lo que va del siglo XXI.

De los poderosos: la corrupción en todas sus variantes (ladrones de corbata y de uniforme, pícaros de engaños novedosos y antiguos, mentirosos de derecha y de izquierda).

De los marginados y oprimidos: historias terribles de maltrato, de infancias desamparadas y vejez en soledad.

En la primera década abundan investigaciones de violaciones a derechos humanos en dictadura; en la segunda, femicidios y abusos a mujeres y minorías sexuales, xenofobia contra inmigrantes y pueblos originarios.

Hay muchos políticos: la mayoría de las entrevistas y perfiles son sobre los que gobiernan o quieren gobernar. Desde 2006, nunca falta algo de Sebastián Piñera.

Hay pocos artistas y pensadores y, curiosamente, muy poco de deportes, una extrañeza dado su predominio en las páginas y horas de los medios. En las crónicas y reportajes priman las tragedias: asesinatos, asaltos, terremotos, desastres ambientales.

Se repiten los nombres de los ganadores y finalistas: tres cuartas parte de los nombres vuelven una y otra vez a los índices de los libros. Si desaparecen de las listas, es porque algunos, como Juan Cristóbal Peña o Juan Pablo Figueroa, no pueden participar más al entrar a trabajar a nuestro departamento. Y porque otros han cambiado de rumbo, como el más persistente de los ganadores en crónica literaria, Rodrigo Fluxá, el autor de crónicas sorprendentes Gazi Jalil, el valor emergente Matías Sánchez, o el más duro de los investigadores, Juan Andrés Guzmán. Fluxá y Sánchez se pasaron a la televisión, Jalil está en la UDP y Guzmán está en Gran Bretaña.

Pero siguen en la brecha varios de los que siempre destacan: Claudio Pizarro, Estela Cabezas, Francisca Skoknic,e Ivonne Toro.

A lo largo de los años, el periodismo chileno cambió, y el premio escrito se fue adaptando a esos cambios. Tras la primera década se suprimió “Golpe Periodístico”. En varios años había quedado desierto, porque pocos golpean con arte y mimo, en textos que merecen quedar para el futuro.

En su lugar, incorporamos “Investigación” como un desprendimiento de “Reportaje”.

Ahora consideramos como Reportajes aquellos trabajos en profundidad que echan luz sobre problemas, desafíos, tendencias, cambios en la sociedad. Muchos de estos textos periodísticos tratan de los mismos temas que las investigaciones en ciencias sociales. Los textos sorprendentes que no responden a la pregunta clásica de “¿qué pasó?” sino a la más profunda de “¿qué nos está pasando?”

En cambio, en Investigación esperamos que se presenten reportajes de lo que usualmente se entiende como “periodismo de investigación”: búsqueda acuciosa de datos, testimonios, documentos, archivos, que muestren crímenes de estado, falencias de las autoridades y abuso por parte de poderes económicos, sociales, religiosos. Temas como violaciones de los derechos de ciudadanos, mal uso de fondos y bienes públicos, y corrupción.

En las últimas ediciones del premio, mejoró la calidad del periodismo de investigación por la excelente formación en las carreras de periodismo, la apuesta de los medios y el financiamiento de fundaciones e instancias internacionales.

Pero vemos con preocupación una disminución tanto en la cantidad como en la calidad de los textos con ambición literaria. Ya lo apuntaba en 2018 el anterior director del PPE, Juan Cristóbal Peña: están desapareciendo o reduciéndose drásticamente las revistas que publicaban textos largos, y los periodistas que escribían esas crónicas y perfiles que llevaban semanas de elaboración ahora trabajan en medios audiovisuales o en universidades.

Y hace tres años eliminamos la subcategoría de “Opinión”.

Durante sus años de presencia, habían ganado grandes nombres de la prosa chilena, como Álvaro Bisama, Alejandro Zambra, Lina Meruane, Nona Fernández, y Alberto Fuguet. Y también columnistas influyentes como Ascanio Cavallo, Daniel Matamala, Constanza Michelson, Oscar Contardo, Patricio Fernández, y Carlos Peña.

Pero nos pareció que muchos de estos opinadores se prodigaban en muchos frentes y tenían abundante posibilidad de reconocimiento y visibilidad. Queríamos centrarnos en los periodistas de calle, los más jóvenes, los que se mataban para conseguir una gran historia y se enfrentaban al ninguneo y las veladas amenazas del poder.

Por eso agregamos “Crónica” y la juntamos con “Perfil”. En ambos casos buscamos historias muy bien contadas que no tengan como eje la defensa de una hipótesis explícita.

Y separamos “Perfil” de “Entrevista”: preferimos dejar como un mundo aparte este intercambio de preguntas y respuestas, lo más parecido en periodismo al arte del ajedrecista o la tenista, el arte de la reacción rápida.

En 2010 dimos un paso ambicioso: incorporamos la categoría Audiovisual, en sus géneros Reportaje, Entrevista y Documental. Con los años desapareció “Documental” (había poco, viraba más a lo artístico que a el periodismo o la no ficción), y se agregó la subcategoría de “Especial Audiovisual”, que permitía incluir trabajos híbridos y hechos en capítulos.

Si bien han surgido algunas productoras que ofrecen material online o vía streaming, en Chile los productos audiovisuales de relevancia e influencia siguen siendo producidos por los canales abiertos, especialmente TVN, Chilevisión, CNN Chile y Canal 13.

Muy distinta es la trayectoria de la otra categoría profesional incorporada en los últimos años: la Digital.

Aquí han coexistido productos de medios tradicionales que apuestan por contenidos multimedia, como La Tercera y las radios Cooperativa y Biobío, con nuevos medios, sobre todo los que presentan creativamente datos, mapas interactivos, líneas de tiempo, estadísticas e información económica, como Fastcheck, 24horas.cl, LaBot y el medio universitario de la Universidad Diego Portales Vergara 240.

En la categoría digital irrumpió en los últimos años un género de grandes posibilidades, que también se incorporó a las herramientas que se enseñan en las carreras de Periodismo: el Podcast. Se han destacado en este campo medios especializados como Relato Nacional y otros que complementan los contenidos de diarios, como La Tercera, o radios, como Cooperativa.

En todas las categorías y desde el comienzo ha sido difícil para el equipo organizador del PPE encontrar jurados idóneos: que al mismo tiempo sepan mucho, tengan prestigio y el respeto de sus colegas y no sean ni autores ni jefes de los finalistas… ¡y que no sean siempre los mismos!

En Digital es especialmente difícil, porque los que más saben son los que lo están haciendo: estamos convencido de haber elegido muy bien grupos de siete jurados para cada categoría y de tres prejurados seleccionadores para cada subcategoría o género.

En todas las categorías, es la calidad de los jurados y prejurados lo que otorga al premio su lugar de relevancia actual. Son colegas muy respetados y profesores connotados los que eligen con total independencia lo mejor.

Como conclusión, de cara a la tercera década del premio dos elementos nos permiten asegurar que goza de buena salud por su sólida imagen de independencia.

En primer lugar, han ganado el premio investigaciones periodísticas que dejaron al descubierto negocios sospechosos de políticos de todo el arco ideológico: desde el Caso Caval al Caso Minera Dominga, y hasta las cuentas de Karina Oliva.

Y, por otro lado, la seguridad de que nadie es intocable. En varias ocasiones los trabajos premiados dejan en evidencia males de la institución que es dueña de nuestra universidad: la orden Jesuita, sobre todo con los premios a las entrevistas en prensa y TV a la víctima del sacerdote Renato Poblete.

Una última categoría, el Premio Universitario, nuestro mayor orgullo, fue propuesto en 2009 por un grupo de alumnas y alumnos de nuestra carrera. Desde entonces, casi todos los años nuevas generaciones de alumnos se han encargado de pedir a sus colegas de otras universidades trabajos premiables y de elegir y coordinar el trabajo de los jurados.

Es una frustración, pero a la vez una última demostración de nuestra absoluta independencia, que ese premio solo lo haya ganado una vez un alumno nuestro: en 2010, el entonces estudiante Gregorio Riquelme con un reportaje sobre la falta de donantes para trasplantes de órganos. Todos los demás, tremendos trabajos de alumnos de la Universidad Católica, la del Desarrollo y la Diego Portales.