
Con solo cuatro páginas, el diario El Ferrocarril apareció en diciembre de 1855 como un producto periodístico moderno. Abandonaba la vieja idea “doctrinaria”, es decir, que la misión de los diarios era ser un vehículo de ideas políticas, y la reemplazaba por un discurso periodístico que tenía más que ver con la información. Además, planteaba hacerle competencia a El Mercurio de Valparaíso, periódico que, desde su fundación en 1827, se había convertido en el más importante del país.
En enero de 2025, la Biblioteca Nacional Digital subió a internet los seis primeros años de El Ferrocarril. Se trata de una muestra contundente, de algo más de 1800 ejemplares, que se pueden leer perfectamente. Se pueden ver aquí.
El diario tenía 58 cms. de alto y su contenido estaba distriubio en seis columnas. En 1855 aún no se instalaban en Chile imprentas capaces de trabajar con fotografías, de modo que se trata de puro texto, a excepción de pequeñas ilustraciones que se despliegan junto a los textos y que aligeran la lectura.
Como es habitual en la prensa de la segunda mitad del siglo XIX, la primera página de El Ferrocarril estaba íntegramente dedicada a la publicidad. En este ejemplar, correspondiente al 27 de diciembre de 1855, en la portada hay avisos de pasajes en barco, curtidos, licores y libros.
La segunda página contiene un informe sobre la factibilidad de construir la vía de tren entre Santiago y Talca. También hay una breve reproducción del contenido del diario El Monitor, de Francia. Esta pequeña pieza es muy interesante, puesto que de alguna manera hace eco de cómo El Ferrocarril quiere que Chile -y el gobierno- sean: vehículos que promuevan la idea de progreso; ayudantes más que adversarios de los gobiernos en la búsqueda de un ideal de desarollo comercial e industrial.

En la página 3 tenemos, por fin, la marca más clara de modernidad periodística: noticias. Entre otras, el diario informa que Agustín Rengifo, estudiante de Derecho de la Universidad de Chile, dio su examen de grado; da cuenta también de las resoluciones de la Corte de Apelaciones de Santiago, de un robo de pavos y de una persona que se ahogó. Resulta ilustrativo también esta pequeño texto sobre un robo en la Intendencia de Santiago, porque en él se mezcla lo nuevo (dar a conocer la noticia), con lo antiguo (una opinión explícita del redactor sobre cómo la policía está manejando el robo).

En la página 4, el diario vuelve a publicar avisos. Al final, inserta los suyos propios:

Como se puede apreciar, y tal como lo señala la profesora Carolina Cherniavsky en el capítulo 7 de Museo de Prensa Podcast, la intención de los fundadores del diario era llegar al más amplio público. Por eso declaraban abiertamente que el diario iba a ser “lo más barato posible”. No siempre lo lograron, pero El Ferrocarril, de todas maneras, fue, hasta 1911, uno de los diarios más importantes de Chile. ♦


